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La doble vara del Poder Judicial y el silencio del gobierno

IRINA SANTESTEBAN – http://www.laarena.com.ar/opinion-la-doble-vara-del-poder-judicial-y-el-silencio-del-gobierno-1188989-111.html

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En esta época del año, Mar del Plata es noticia por sus playas y porque muchos famosos de la farándula, la política o el fútbol eligen esa ciudad balnearia para veranear. Sin embargo, la temporada 2018 muestra menos afluencia turística que otros años, y más movilizaciones por Derechos Humanos. Es que, desde fines de 2017, un nuevo residente en el coqueto barrio Bosque Peralta Ramos, ha provocado el repudio de los vecinos. Se suma así al rechazo que el pueblo argentino ha expresado a las sucesivas medidas que viene intentando el gobierno de Mauricio Macri y una parte del Poder Judicial, con la intención de terminar con las políticas de Memoria, Verdad y Justicia y los juicios por los crímenes de la dictadura.

Récord de condenas.

Alguna vez la diputada Elisa Carrió, para justificar la posibilidad de un perdón para los genocidas, los calificó como “pobres viejitos”. 

Miguel Osvaldo Etchecolatz, a los 88 años, si bien biológicamente es un anciano, dista mucho de merecer esa calificación casi misericordiosa que la jefa del ARI les prodigara a los responsables del terrorismo de Estado. El ex jefe de Investigaciones de la Policía Bonaerense hasta 1979, mano derecha del general Ramón Camps, fue condenado en 1986 a 23 años de prisión por 91 casos de tormentos reiterados. En 1990, Etchecolatz recuperó su libertad, beneficiado con el indulto del entonces presidente Carlos Menem.

En 2004, obtuvo su segunda condena, 7 años de prisión por la privación de la identidad de una hija de desaparecidos, Carmen Sanz; y en 2006, fue el primer miembro de una fuerza de seguridad, que, luego de la anulación de las Leyes de Obediencia Debida y Punto Final, fue enjuiciado por “crímenes de lesa humanidad”.

En las audiencias orales, fue decisivo el testimonio de una de las víctimas, Jorge Julio López, quien luego de declarar en su contra, fue desaparecido y permanece en ese estado desde el 18 de septiembre de 2006, un día antes del dictado de la sentencia por parte del Tribunal Oral Federal Nº 1 de La Plata, que condenó a Etchecolatz a prisión perpetua por 6 homicidios con el agravante de ensañamiento y alevosía, privación ilegítima de la libertad y 2 casos de secuestro y tormentos. 

Luego vendrían 3 condenas más, totalizando media docena, 3 de ellas a prisión perpetua, para el ex comisario que tuvo bajo su directo dominio 21 centros clandestinos de detención en la provincia de Buenos Aires.

De lesa humanidad. 

En la sentencia de 2006, el TOF1, integrado por Carlos Alberto Rozanski, Horacio Alfredo Isaurralde y Norberto Lorenzo, consideró que se habían cometido delitos “de lesa humanidad” y por ello, imprescriptibles, por la “primacía del derecho internacional sobre el derecho interno argentino en materia de derechos humanos”, citando la Convención sobre la Imprescriptibilidad de los crímenes de guerra y de los crímenes contra la humanidad, que fuera adoptada por la Asamblea General de la ONU de 1968. 

Frente a la defensa de Etchecolatz, que había planteado la inaplicabilidad de la figura del delito de lesa humanidad, por no estar específicamente previsto en nuestra legislación interna, los jueces sentenciaron haciendo prevalecer los pactos suscriptos por Argentina en materia de Derechos Humanos; y así sucedió en los siguientes 200 fallos que han dictado los Tribunales Orales en todo el país, hasta la fecha, conforme el informe de la Procuraduría de Crímenes contra la Humanidad, que coordinan los fiscales Jorge Auat y Carolina Varsky.

Clara Anahí.

En el juicio de 2006, Etchecolatz fue condenado, entre los seis casos de homicidio calificado, por el de la joven Diana Teruggi de Mariani, una estudiante de Letras de 26 años, que vivía junto a su marido Daniel Mariani y su beba de 3 meses, en una casa en La Plata, en la que funcionaba una imprenta clandestina de la organización Montoneros. 

Cuando fue descubierta, la casa fue atacada y bombardeada por fuerzas policiales y del Ejército, todos sus ocupantes fueron asesinados, incluida Diana, quien salió al patio ocultando con su cuerpo a su pequeña hija, Clara Anahí Mariani. Según testimonios de los vecinos, la beba habría sobrevivido y es una de los 500 bebés secuestrados y apropiados por los genocidas, buscada desde hace más de 40 años por su abuela paterna, Isabel “Chicha” Chorobik de Mariani, una de las fundadoras de Abuelas de Plaza de Mayo. A los 94 años, Chicha dice: “Yo quisiera que los jueces hicieran hablar a Etchecolatz, pero en lugar de eso lo mandan a su casa veraniega. Pasé mucho tiempo sufriendo y esto es como un golpe final. ¿Voy a aguantar esta nueva crueldad?” (Revista Resumen Latinoamericano, 6/01/2018).

Varios intentos.

No es la primera vez que el ex jefe policial goza del beneficio de la prisión domiciliaria. La tuvo en el año 2004, luego de ser condenado por la privación de la identidad de una hija de desaparecidos, pero le fue revocada porque en un procedimiento para embargarle bienes se le descubrió una pistola 9 mm. 

En 2016 la Sala I de la Cámara Federal porteña le había otorgado el beneficio pero fue anulado por la Cámara de Casación Penal, ante la apelación de la fiscalía y los querellantes.

En esa oportunidad, los camaristas de Casación Juan Carlos Gemignani, Gustavo Hornos y Mariano Borinsky manifestaron que en materia de crímenes de lesa humanidad “se encuentra comprometida la responsabilidad internacional del Estado argentino” ante el sistema de Derechos Humanos.

Doble vara.

Mientras un condenado por crímenes contra la humanidad, que no ha presentado ningún signo de arrepentimiento ni ha colaborado con la Justicia para que se pueda saber el paradero de los jóvenes que fueron apropiados al nacer durante el cautiverio de sus madres, ni para que se sepa el destino de miles de desaparecidos, goza del beneficio de prisión domiciliaria, en condiciones muy favorables, otros presos no tienen ese tratamiento por parte del Poder Judicial.

Milagro Sala, quien va a cumplir dos años de prisión preventiva el próximo 16 de enero, que no tiene ninguna condena, ni se le ha iniciado siquiera el juicio oral por las causas por las que se la ha privado de su libertad, si bien se encuentra en prisión domiciliaria, la misma demoró más de un año en ser concedida y sus condiciones son mucho más rigurosas que las del represor Etchecolatz. Custodiada por efectivos de Gendarmería, en una casa que no era su residencia, la dirigente de la organización social Tupac Amaru es víctima de un duro tratamiento por parte de la justicia jujeña y el servicio penitenciario de esa provincia. 

Y en el caso de Sala, se dictó el beneficio porque hubo resoluciones de la Comisión y el Comité Interamericano de Derechos Humanos, que aconsejaron tal medida; y hubo un dictamen de las Naciones Unidas, calificando de “arbitraria” su detención.

Silencio que aturde. 

No se han escuchado voces oficiales respecto a la prisión domiciliaria de Etchecolatz, siendo que el gobierno nacional ha denostado a aquellos jueces que con sus fallos han cuestionado medidas oficiales. Tanto el presidente Mauricio Macri como el ministro de Justicia Germán Garavano mantuvieron una dura política de hostigamiento contra Alejandra Gils Carbó, la ex Procuradora General, consiguiendo finalmente su renuncia. El titular del Juzgado Nº 1 en lo Contencioso Administrativo de La Plata, Luis Arias, magistrado que había fallado haciendo lugar al amparo presentado por ciudadanos en contra de los tarifazos y también a favor de los docentes, fue suspendido por el Jury de Enjuiciamiento de la provincia de Buenos Aires. Los integrantes de la Cámara Nacional de Apelaciones del Trabajo Graciela Marino y Enrique Arias Gibert fueron denunciados por el ministro de Trabajo Jorge Triaca, ante el Consejo de la Magistratura por supuesto “mal desempeño”, por haber avalado la paritaria bancaria, que había pactado un aumento salarial por encima de lo que había pautado el gobierno. 

Semejante actividad de intromisión frente al Poder Judicial, por parte de un gobierno que decía durante la campaña electoral que pretendía una “Justicia independiente”, hoy contrasta con el silencio ante una resolución judicial muy cuestionable, la de otorgar la prisión domiciliaria para quien está acusado de delitos gravísimos, y que además no ha demostrado nunca una actitud de arrepentimiento ni de colaboración con la Justicia para reparar el enorme daño que se hizo a miles de familias, con la desaparición de personas y la apropiación de niños.

Verano con marchas. 

La recepción al genocida en Mar del Plata fue contundente: tres jornadas seguidas con marchas multitudinarias, y los vecinos del barrio Bosque Peralta Ramos manifestando en las redes sociales su rechazo a convivir con el represor, demuestran que las políticas de Memoria, Verdad y Justicia, han calado hondo en el pueblo argentino.

Es que, si se intenta volver a las políticas de impunidad para los genocidas, sea por parte del Poder Judicial o de las autoridades nacionales, habrá resistencia por parte de amplios sectores del pueblo.
Hasta la hija de Etchecolatz ha repudiado a su padre, y logró que la Justicia aceptara su reclamo de supresión del apellido paterno. Ahora se llama Mariana Dopazo, y ha contado en diversos medios de prensa el calvario que sufrió durante su niñez y adolescencia conviviendo con un represor.

La formación del colectivo “Historias Desobedientes: Hijos e Hijas de Genocidas por la Memoria, la Verdad y la Justicia”, marca un nuevo paso adelante, pues están pidiendo que se modifique el Código de Procedimiento Penal para poder declarar en contra de sus progenitores. Explican que como hijos, hijas o familiares de genocidas, han tomado conciencia de la información que pueden contar, y “aportar al esclarecimiento de una causa, teniendo muy en cuenta la obligación ética que sentimos, por tratarse de crímenes de lesa humanidad”, y por la urgencia de hacer justicia, teniendo en cuenta la edad avanzada de muchos familiares que buscan a sus hijos/as y nietos/as.

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El enemigo (Ima/Ori)ginario

Guillermo Javier González – https://www.alainet.org/es/articulo/190114

La cuestión mapuche se ha vuelto un tema central del debate público en Argentina. Impulsado fuertemente por la desaparición -y posterior hallazgo sin vida- de Santiago Maldonado, se volvió un tema opinable por parte de comunicadores sociales, políticos, militantes o simplemente ciudadanos de a pie. Un sector de ellos salió a demonizar y criminalizar a los mapuche -principalmente por su ¨naturaleza¨ violenta y su sistema anárquico- utilizando vocablos como ¨extremistas¨ o ¨terroristas¨, los cuales nos remiten a la época más oscura de nuestra historia.

La construcción por parte de los liberales -aquellos formadores de sentidos comunes por excelencia- de un enemigo interno como el sujeto a erradicar, no es precisamente una estrategia innovadora. Desde los tiempos de la barbarie, pasando por la subversión setentista y más recientemente el populismo, han caracterizado a la otredad como aquella que obstaculiza la conquista del bien común. La más reciente de estas configuraciones ha sido la del mapuche como el nuevo/viejo antagonista.

 

El origen de los originarios: la otredad

En primer lugar, es menester destacar que para una cabal comprensión de la cuestión mapuche debemos remitirnos a su historia en la región, que data de antes del “descubrimiento de América” y de los dos lados de la cordillera. Es por ello que considerar al mapuche como argentino o chileno es plantear un falso debate, debido a que la identidad mapuche es muy anterior a la conformación de los estados nacionales en el continente.

Declaraciones de Patricia Bullrich (Ministra de Seguridad y principal responsable de la desaparición de Santiago Maldonado) en las cuales atribuyó a los mapuche una voluntad separatista al sostener que “No vamos a permitir una república mapuche independiente y autónoma en medio del territorio argentino”[1], no hacen más que confirmar la ¨confusión¨ del actual Gobierno a este respecto. Pero no se trata en realidad de desconocimiento sobre la preexistencia de la Nación Mapuche sino de una maniobra política, con un inestimable apoyo mediático, que busca, a través de la noción de extranjeridad mapuche –invasores chilenos-, la edificación de un enemigo de la Patria que permita justificar represiones pasadas y por venir.

 

En agenda

Los reclamos de la comunidad mapuche, cuyos miembros vienen dando una larga lucha por la reivindicación de sus derechos, pasaron de no tener lugar en la agenda pública a ser tema central de debate a nivel nacional. Sin embargo, no es una buena noticia. La necesidad del Gobierno Nacional de legitimar su política represiva mediante la confrontación con un enemigo interno devino en la implantación de un discurso y unas prácticas ¨antiterroristas¨. La construcción del enemigo imaginario apoyada en la prosecución de la “seguridad nacional” reactualiza viejos estereotipos del otro a criminalizar.

La verdadera razón de esta centralidad no se debe tan sólo a la búsqueda de un chivo expiatorio. La elección de los mapuche para ocupar tal lugar no es azarosa sino que responde principalmente a la necesidad de presionar a las comunidades que reclaman territorios en disputa con las grandes multinacionales latifundistas/extractivistas. Como sostiene Moira Millán, miembro de la comunidad Pïlan Mahuïza –territorio recuperado en 1999- : ¨Hemos venido recuperando territorio en Argentina desde la década del noventa. La represión ahora adquiere ribetes más radicales y profundos porque los territorios que hemos recuperado en esa época hoy están bajo programas de megaproyectos extractivistas¨[2]. Para cumplir con dicho objetivo, el macrismo apela a la condición de foráneos que le es atribuida a los pueblos originarios, la cual permite reforzar un sentimiento nacionalista/eurocentrista –despreciar la barbarie en alas de la civilización en clave sarmientina-.

 

Estado de derecha

De un tiempo a esta parte, y exacerbada a partir del caso Maldonado, se observa una derechización en la sociedad argentina. En 2015, con la victoria de Mauricio Macri en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, se dio un fenómeno hasta el momento inusitado: nunca desde 1916, año en que se realizaron las primeras elecciones presidenciales bajo la Ley Sáenz Peña; la derecha había accedido al poder a través de las urnas –el menemismo, si bien aplicó un programa neoliberal en los años ‘90, arribó desde el histórico Partido Justicialista (PJ) y prometiendo lo opuesto a lo que finalmente desarrolló-.

Propuesta Republicana (PRO) es una derecha autoreconocida como tal e inscrita en la Unión Demócrata Internacional (UDI)[3] -también conocida como ¨Liga de Partidos de Derecha¨- creada por Thatcher y Bush padre, y de la cual forman parte, entre otros, el Partido Republicano estadounidense o el Partido Popular español. La UDI dio su bienvenida al PRO en su sitio oficial afirmado que ¨La victoria del Presidente en 2015 dejó atrás décadas de un populismo de izquierda sin reglas. El presidente Macri es el primer líder de centro derecha en tomar el poder desde el regreso de la democracia en Argentina en 1983¨[4]. Paradójicamente, el informe 2017 de la Coordinadora Contra la Represión Policial e Institucional (CORREPI) advierte que estamos ante el pico represivo más violento desde 1983. María del Carmen Verdú, fundadora de CORREPI, afirmó ¨por primera vez superamos la marca del muerto diario por gatillo fácil o torturas. Hubo 725 muertos en 721 días de gobierno de Cambiemos, un muerto por día de gobierno¨[5].

 

Gobierno represivo y populismo punitivo

Acuñado originalmente en 1995 por el criminólogo británico Anthony Bottoms[6], el concepto ¨populismo punitivo¨ refiere a la implementación de políticas punitivas por los siguientes motivos: convencimiento de que éstas reducirán la criminalidad, refuerzo del consenso moral de los ciudadanos contra el delito y, la razón principal, que el Gobierno las evalúa como fructíferas en términos electorales –a esta última adscribe el macrismo-. Las mismas, afirma Bottoms, son catalogadas de populistas ya que parten de considerar que serán populares.

El Gobierno de Mauricio Macri, quien a diez días de la desaparición de Santiago Maldonado tras la represión a manos de sus fuerzas de seguridad habló por primera vez en público sobre el tema para calificar a los mapuche de “poco democráticos y bastante violentos”[7], no vio mellada su imagen a raíz de su política represiva -sustentada además desde el ámbito discursivo-. No la deterioró el caso Santiago Maldonado, encontrado sin vida coincidentemente un 17 de octubre y a 5 días de las elecciones legislativas. Tampoco el más reciente de Rafael Nahuel, joven mapuche de 22 años asesinado por la espalda en un operativo de desalojo de la comunidad Lafken Winkul Mapu a manos de Prefectura el 25 de noviembre, casualmente –una vez más- el mismo día del velatorio de Santiago Maldonado.

La  construcción del enemigo interno permite legitimar ante la sociedad las políticas represivas que, en definitiva, persiguen la implementación de las políticas económicas neoliberales y, a su vez, ocupar una centralidad mediática que permite desviar la atención de temáticas incómodas al Gobierno. De esta forma, la alianza entre Gobierno y medios hegemónicos distorsiona los atropellos institucionales perpetrados, hasta el punto de convertir a estos grupos en violentos para el imaginario social, responsabilizando así a las víctimas por la violencia institucional recibida.

Es crucial frente a esta coyuntura el reforzamiento de los lazos de solidaridad y la visualización de un nosotros. Quienes detentan el poder impulsan el miedo al otro como forma de control social. Para estar a salvo nos dicen, debemos librarnos de aquel que es distinto, hoy encarnado en el indígena y el inmigrante de países limítrofes. Además de éstos, antaño también ocuparon ese lugar los negros, gauchos, anarquistas, peronistas, subversivos, comunistas, etc. Es siempre una lógica peligrosa, nunca  se sabe quién puede ser el próximo en la lista.

 

Notas

[1] https://www.pagina12.com.ar/55937-macri-contra-los-mapuches

[2] http://www.revistaanfibia.com/cronica/con-armas-no/

[3] http://www.politicargentina.com/notas/201701/19085-el-pro-formara-parte-de-una-liga-de-partidos-de-derecha-junto-a-rajoy-y-el-partido-republicano-de-trump.html

[4] http://idu.org/meet-pro-argentina-the-idus-newest-member/

[5] https://www.pagina12.com.ar/84672-un-muerto-por-dia-de-gobierno

[6] Bottoms, A.E. (1995) ‘The Philosophy and Politics of Punishment and Sentencing’, en C.M.V. Clarkson and R. Morgan (eds), The Politics of Sentencing Reform. Oxford: Clarendon

[7] https://www.laizquierdadiario.com/Macri-Estamos-intentando-ver-que-paso-con-Maldonado-pero-los-mapuches-no-colaboran

 

Guillermo Javier González es investigar de CELAG – @GonzalezGuiChe

http://www.celag.org/enemigo-ima-originario/


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El infame boato de la antipolítica

Flavio Crescenzi* – http://www.lateclaene.com/flavio-crescenz-boato-de-la-antipoltica

antipol

Este es el lugar donde el escéptico le da la mano al inmoral / y llamo inmoral a aquél que carece de la virtud de reconocerse en el otro, / el insumergible en su mina de talco, el que ejerce la jerarquía como innato derecho / y construye su tormento sobre la escoria de otros, el obsesivo en la negación de los actos ajenos, / el impostor que muta, el himno con el que se alaba lo que se desprecia, la cautela ante el gozo.

Juan Carlos Mestre

 

1. El fin de la inocencia

Cambiemos termina su segundo año de mandato habiendo superado con creces la barrera de las elecciones legislativas de medio término y teniendo la no tan descabellada convicción de que puede repetir la hazaña en las presidenciales de 2019. Cambiemos saborea su triunfo con la perversa fruición de quien sabe que está incurriendo en pecado de gula, es decir, con altanería, libre de culpas. Así se vive el éxito en las inmediaciones macristas, éxito que no es sino fruto del único plan de Gobierno más o menos claro desde que sus representantes arribaron a Balcarce 50, me refiero a esa rara entelequia que hemos convenido en llamar meritocracia. 

Así como no creíamos posible que Macri llegara al poder en 2015, pensábamos que, después de la interminable lista de medidas lesivas para la gran mayoría del pueblo argentino que el Gobierno llevó adelante en poco menos de dos años (en la que no faltan presos políticos ni víctimas de la represión), nadie en su sano juicio iba a avalar su gestión. ¿Qué fue lo que sucedió entonces? Sucedió lo que tenía que suceder, máxime si tenemos en cuenta que buena parte del electorado no se rige por serias convicciones políticas, sino por emociones tuteladas y nutridas desde los medios masivos de comunicación. La sociedad del espectáculo votó motivada por la seducción del espectáculo; la sociedad de la posverdad, como en una catarsis «orwelliana», materializó sus odios y prejuicios con un voto que sólo tenía la intención de sepultar para siempre al «populismo», el más peligroso enemigo de la república blanca, rubia y pura que había que restaurar forzosamente.

A este promovido y celebrado «analfabetismo político» habría que sumarle la crisis de representación de la dirigencia opositora. Una oposición dividida entre los que querían en verdad ejercerla; los que estaban dispuestos a limar las asperezas con el oficialismo en nombre del diálogo, la tolerancia y otros significantes vacíos semejantes (actitud que, por cierto, llegó al extremo del grotesco cuando Pichetto, Urtubey y otros senadores del bloque del PJ-FpV aprobaron el proyecto de ley de reforma previsional hace poquísimos días), y los que se contentaban con asumir una posición meramente testimonial, alejada de cualquier posibilidad concreta de construir poder y hegemonía. Lo curioso es que estas tres divisiones no se presentaron como compartimentos estancos, sino que, en mayor o en menor medida, afectaron por igual a todo el arco político opositor.

Huelga decir que vivimos tiempos de ignominia. Todo es póstumo, la esperanza de rectificación ha durado excesivamente y el macrismo se da el lujo consumar sus traiciones cada mañana sin convicción ni arte. Es hora de aceptar que hemos sido demasiado inocentes en la mayoría de los casos; es hora de repensar las estrategias.

2. La mani pulite o de los placeres onanistas de la lucha contra la corrupción

Detrás del apoyo a Cambiemos hubo un reclamo —elevado fundamentalmente por la clase media—, que aun si fuera genuino, sería sólo en parte atendible: el de juzgar y encarcelar a los políticos y sindicalistas corruptos. Este reclamo apareció como dato relevante en todas las encuestas previas a las PASO, y, como es lógico, los candidatos del macrismo (quiénes sino) supieron captar esas demandas y así gozar de la simpatía de un electorado sediento de «justicia».

Digo que este reclamo dista mucho de ser genuino porque sólo apunta a los políticos y sindicalistas que no están alineados con el Gobierno, lo cual demuestra a todas luces que se trata de un ejercicio más de revanchismo. Pero aun si fuera amplio y realmente exigiese que se investigara a los políticos y sindicalistas que ocupan cargos de importancia en áreas sensibles del actual Poder Ejecutivo (y convengamos que son muchos), el método, que podríamos denominar de linchamiento, vulnera los más elementales soportes institucionales, como lo demuestran los encarcelamientos sin condena de De Vido y de Boudou —amparados en la excepcional figura legal de prisión preventiva—, la insólita presión judicial que terminó por acelerar la renuncia de la procuradora Gils Carbó o el tan reciente procesamiento y pedido de desafuero a CFK por la absurda acusación de «traición a la patria». Por otra parte, hay que apuntar que poner tanto énfasis en la corrupción de la política sólo puede hacerle mal a la política, pues tras la consecuente estigmatización del término, cualquier discusión de fondo que requiera una argumentación social, histórica y tendiente al bien común quedará inhabilitada de antemano.

Naturalmente, este procedimiento no es nuevo. En el libro Estrategia y táctica del movimiento nacional, escrito por Arturo Frondizi (figura otrora elogiada por Mauricio Macri), hay un capítulo titulado «La corrupción, pretexto para derribar gobiernos populares», donde el expresidente da cuenta del que parecería ser el modus operandi preferido de los poderes fácticos a lo largo de la historia argentina, que, sin duda, se inaugura con las difamaciones proferidas contra Hipólito Yrigoyen antes y después del golpe de Uriburu.

El electorado macrista, constituido en gran parte por personas con una formación política más bien deficitaria, pretende que los políticos corruptos (que, para este reaccionario colectivo, serían únicamente aquellos que estuvieron vinculados al kirchnerismo) vayan a la cárcel, y quien debe ocupase de garantizar esta suerte de Némesis, tan fatal como deseada, es un Gobierno conformado por empresarios acusados o sospechados de corrupción. El blindaje mediático y la ya mencionada posverdad impiden que la gente se dé cuenta de la triste paradoja en la que vive. El macrismo, entretanto, se regodea en la implementación de una mani pulite que no es otra cosa que una escena distractora para que el mundo corporativo, ahora felizmente instalado en el Gobierno, pueda seguir erosionando los derechos adquiridos en democracia (la reforma laboral que se quiere imponer a cualquier precio sería uno de los ejemplos más recientes de esta siniestra tendencia), desguazando el Estado (léase endeudamiento por cien años, exenciones impositivas, reformas tributarias, etc.) e inoculando en la población el mezquino «ideario» neoliberal.

3. El sujeto neoliberal, el «hombre nuevo» del capitalismo tardío

Quien piense que el neoliberalismo es sólo una ideología que defiende el repliegue del Estado, su hundimiento en defensa del mercado o de la especulación financiera está equivocado. El neoliberalismo, de acuerdo con la descaminada lógica que se quiere instalar desde el macrismo, tiene como principal proyecto producir un nuevo tipo de subjetividad.

Contrariamente a lo que ocurría con el sujeto en la modernidad, que actuaba en función de los distintos ritos sociales (jurídicos, religiosos o institucionales) —ritos que, a su vez, exigían una determinada conducta en cada caso—, el sujeto neoliberal se consolida como un individuo que está por encima de las normas, entregado a su máximo rendimiento y competencia, asumiendo una actitud «empresarial» anta la vida, la actitud de un empresario cuya empresa no sería otra más que él mismo. Cualquier ley que limite el crecimiento pecuniario de este sujeto (y recordemos que toda empresa que se precie busca siempre un crecimiento) será tildado enseguida de autoritaria, aun si la ley en cuestión se funda en principios éticos o morales; del mismo modo, cualquier consideración intelectual que cuestione el frívolo hedonismo que practica este individuo será tildada por él enseguida de arbitraria, y vale decir que la posmodernidad le ha dado a argumentos de sobra para hacerlo. El sujeto neoliberal sólo se ampara en su «voluntad de poder», aunque ésta sea apenas una posibilidad, una aspiración, una fantasía. A grandes rasgos, éste es el perfil del votante de Cambiemos.

En suma, el fin último del capitalismo tardío es la producción de un nuevo sujeto, un sujeto íntegramente asimilado por la lógica empresarial, por su inherente competitividad, por su proverbial hipocresía, es decir, un sujeto que encarne y reproduzca el pensamiento del sistema. Es por esto por lo que el sujeto neoliberal —provenga de la clase social que provenga— desprecia la ética, la política y la cultura, en tanto valores de origen humanista, pues estos dispositivos simbólicos, estos abstractos mecanismos, amén de ser perfectibles, evidencian la falta de escrúpulos que atraviesa todo el edificio filosófico del neoliberalismo, un edificio poshumanista, posindustrial y antipolítico.

 

*Docente y crítico literario


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Las potenciales consecuencias de una reforma laboral con olor a siglo XIX.

Mariano Ventrice – http://www.elcohetealaluna.com/elogio-la-esclavitud/

sin pan

 

Desde la formación de los primeros grupos sociales, seres humanos saturados de odio e individualismo llegaron a un cruel descubrimiento: el hombre podía ser domesticado al igual que los animales. “La utilidad de los animales domesticados y la de los esclavos —decía Aristóteles, un acérrimo defensor de la servidumbre en la Antigüedad— son poco más o menos del mismo género. Unos y otros nos ayudan con el auxilio de sus fuerzas corporales a satisfacer las necesidades de nuestra existencia”.

Tamaña perversidad intelectual se hizo presente con fuerza por estas tierras desde la conquista de América, una de las obras maestras del desprecio humano hacia otros grupos humanos. Ya desde el siglo XVI en adelante, debido al aniquilamiento permanente de la mano de obra proveniente de los pueblos originarios, el trabajo hostil en las plantaciones algodoneras y agrícolas, en la producción azucarera o en las arriesgadas actividades mineras (oro y plata fundamentalmente), solo fue factible debido al tráfico de millones de esclavos africanos hacia el continente americano.

Esta descomunal muestra de odio, racismo y otredad tuvo un enorme impacto en la vida virreinal rioplatense, pues luego de siglos de intercambios de personas en condiciones despiadadas, negros y mulatos conformaban hacia el año 1778 el 28.4% de la población en Buenos Aires, el 81.4% de ellos esclavos. El abuso hacia su fuerza laboral alcanzaba todo tipo de trabajo, desde tareas domésticas hasta actividades ganaderas o artesanales en carpinterías o zapaterías. Sin más suerte, décadas más tarde la población negra, enviada sistemáticamente a los ejércitos regionales, fue exterminada en los más de cincuenta años de guerras civiles argentinas.

Desde lo ideológico, en el sostenimiento de tamaña injusticia social, un aspecto primordial lo constituía la marcada necesidad de las clases favorecidas en encontrar argumentos serviciales para la degradación o inferiorización extrema de los grupos oprimidos. Resultaba fundamental evidenciar sus supuestas desventajas biológicas, para eliminar cualquier tipo de derecho o mejora social. Así, como una continuidad natural del orden divino, la idea xenófoba de la superioridad racial de los “blancos y puros” se propagó dogmáticamente (sin demostración científica alguna) pues el falso apoyo biológico constituía una artimaña para la discriminación de los grupos proletarios y el aprovechamiento sin rebeldía de su fuerza laboral.

En consecuencia, la dicotomía civilización o barbarie, símbolo de la discriminación y la opresión durante el siglo XIX, atravesó toda discusión política. Personalidades destacadas como Domingo Sarmiento, Bartolomé Mitre o José Ingenieros, por ignorancia y/u odio de clase asociaron la por entonces clara superioridad tecnológica y científica europea, y por ende la mayor capacidad de generación de fuentes de trabajo que requieren mayor nivel de educación, con cuestiones supuestamente raciales, como la sangre o el color de piel. “La instrucción sola —razonaba Sarmiento— no es suficiente para sacar a la Argentina de su barbarie; se requiere una real infusión de genes blancos, representantes de la civilización, de lo urbano”. Para Mitre, la inmigración era “una evolución grandiosa que permitía robustecer la nacionalidad argentina para que templara y regenerara la raza blanca”. Ya en 1908, Ingenieros afirmaba que “la historia no es un registro de la lucha de clases ni de la lucha institucional sino antes bien de la lucha racial. América latina es un claro ejemplo de este fenómeno ya que la raza blanca ha ocupado un área previamente dominada por miembros de una raza inferior”.

El impacto de este tipo de afirmaciones doctrinales y despectivas repetidas hasta el hartazgo por los más importantes formadores de opinión, además de desprestigiar ferozmente a la mano de obra autóctona (si se lograba imponer que los aborígenes, los negros y, en general, los grupos menos favorecidos conformaban una raza inferior, sus derechos podían ser totalmente minimizados y su fuerza laboral sobreexplotada, uno de los verdaderos propósitos) enaltecía abiertamente al “europeísmo”, fomentando así la por entonces división internacional del trabajo impuesta por el capitalismo internacional (una Argentina pastoril, empobrecida, científica y tecnológicamente dependiente y una Europa culta e industrializada vendedora de manufacturas “imposibles de fabricar localmente”).

En ese dramático contexto social para las clases trabajadoras, de democracia fraudulenta y restringida, y donde el socialismo, el anarquismo y el sindicalismo emergían como los medios posibles para la lucha por una mejor calidad de vida, las condiciones laborales continuaron siendo paupérrimas En su Informe sobre las clases obreras de 1904, Juan Bialet Massé describió las miserias de las clases trabajadoras argentinas, a pesar que la esclavitud había sido abolida por la Constitución de 1853. “En las cumbres del Famatina he visto al ‘apire’ cargado con 60 y más kilogramos deslizarse por las galerías de las minas, corriendo riesgos de todo género, en una atmósfera de la mitad de la presión normal; he visto en la ciudad de la Rioja al obrero, ganando sólo 80 centavos, metido en la zanja estrecha de una cañería de aguas corrientes, aguantando en sus espaldas un calor de 57° a las dos de la tarde; he visto a la lavandera de Goya lavar la docena de ropa a 30 centavos, bajo un sol abrasador; he visto en todo el interior la explotación inicua del vale de proveeduría; he visto en el Chaco explotar al indio como bestia que no cuesta dinero, y he podido comprobar, por mí mismo, los efectos de la ración insuficiente en la debilitación del sujeto y la degeneración de la raza”.

Afortunadamente, desde finales del siglo XIX, estudiosos de diferentes ramas del conocimiento (como la antropología y la arqueología) lograron demostrar, ya con sólidos argumentos científicos resumidos en el “materialismo cultural”, que las razas humanas no existían y que las principales diferencias entre los grupos humanos se debían a las desigualdades en los años de escolarización, la calidad de la enseñanza, el entrenamiento, el medio familiar, la injusta repartición de las tierras y otros recursos naturales escasos, la concentración excesiva de la riqueza en grupos elitistas reducidos, a las profundas asimetrías en el desarrollo industrial de los países, como también, por supuesto, al desprecio visceral que mucho hombres vacíos de solidaridad sienten por otros hombres, a quienes solo reconocen como mano de obra barata.

Aunque desde el punto de vista científico las teorías dogmáticas discriminativas ya carecen de todo sentido, de manera muy preocupante, en los últimos años, y tal como sucedió anteriormente con el primer peronismo (cabecitas negras, aluvión zoológico) en la Argentina se produjo un recrudecimiento en el odio de clase (vagos, planeros, choripaneros, negros de las villas, etc.), como respuesta conservadora a la acción de un gobierno popular que supo poner sobre la mesa, luego de muchas décadas de ocultamiento, temas imprescindibles como la injusta distribución de la riqueza, la precarización laboral o la necesidad de un desarrollo científico-tecnológico imprescindible para la generación de trabajo digno. Medidas significativas como la creación de miles de escuelas en todo el país (un logro incomparable frente a las solo siete escuelas construidas entre los años 1989 y 2002), universidades nacionales en barrios humildes del conurbano bonaerense, retenciones a grupos económicos concentrados, desendeudamiento externo, restricciones a la fuga de divisas, entrega de material didáctico y computadoras para alumnos de escuelas públicas, asignación universal por hijo, jubilaciones, etc. despertaron el desprecio ancestral de los sectores económicos dominantes, quienes, ante la pérdida en aumento de determinados privilegios, supieron arrastrar hacia su costado odioso de la grieta a los sectores medios más despolitizados y confundidos de la población.

Una grieta que, indudablemente, seguirá abriéndose (separando más a los ricos de los pobres) si se avala una reforma laboral con aires de siglo XIX, propuesta por un gobierno especialista en burlarse de los más necesitados, que implique más horas de trabajo, menores salarios o menos oportunidades de alcanzar una vivienda propia, es decir, un país sumamente injusto donde una minoría beneficiada continúe aprovechándose del casi esclavo esfuerzo ajeno.


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¿Qué es la OMC? (Organización Mundial del Comercio)

Leandro Morgenfeld [*]- http://www.resumenlatinoamericano.org/2017/12/08/argentina-por-que-decimos-no-a-la-omc/

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Al final de la Segunda Guerra Mundial surgieron nuevas instituciones multilaterales. En 1948, se estableció el Acuerdo General de Comercio y Tarifas (GATT por sus siglas en inglés), que funcionó hasta 1994. Sus sucesivas rondas de negociación promovieron reglas para liberalizar el comercio de manufacturas, pero no el de bienes agrícolas y servicios. En efecto, se disminuyeron progresivamente las tarifas y barreras comerciales a escala global. En la Ronda Uruguay (1986-1994), corporaciones farmacéuticas y agropecuarias, entre otras, presionaron para incorporar nuevos temas comerciales. Se creó una nueva institución, la Organización Mundial del Comercio (OMC).

Surgida en el particular contexto de la posguerra fría, la OMC fue el marco para garantizar que el proceso de acumulación del capital, tras el derrumbe del llamado “mundo socialista”, operara a escala planetaria. Paralelamente, estos temas se fueron incorporando en los nuevos acuerdos de libre comercio, como el Tratado de Libre Comercio de América del Norte(TLCAN), el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), y en los Tratados Bilaterales de Inversión (TBI). Hoy, la OMC está compuesta por 164 de los cerca de 200 países existentes. Su actual director general es un brasilero, Roberto Azevedo, pero la máxima autoridad del organismo es la Reunión Ministerial que se realiza cada dos años.

La XI Reunión Ministerial se realizará en Buenos Aires, Argentina, entre el 10 y el 13 de diciembre de 2017. Allí, las grandes corporaciones de los países centrales pretenderán relanzar esta institución, luego de la parálisis de los mega-acuerdos regionales, generada, en parte, tras el Brexit y la asunción de Donald Trump como presidente de Estados Unidos. Intentarán que se dé por clausurada la Ronda de Doha, conocida como Ronda del Desarrollo, que se inició en 2001; también procurarán introducir nuevos temas en la agenda.

Más allá de estos objetivos, en la cumbre de la OMC se expondrán las contradicciones internas: por un lado, las críticas de Trump, que prefiere los acuerdos bilaterales y expresó su desdén hacia la OMC y otros organismos multilaterales; por el otro, las demandas de los países menos desarrollados, que no quieren dar por muerta la Ronda del Desarrollo; y, frente a ellas, las de las organizaciones sociales y políticas que proponen agendas alternativas.

A la vez que las corporaciones trasnacionales promovieron sus intereses en esta institución global, emergieron resistencias. En noviembre de 1999 se produjo la famosa “Batalla de Seattle”, más de 40 mil manifestantes bloquearon la reunión ministerial, iniciando el movimiento por la alter-globalización. Cuatro años más tarde, en Cancún, hubo enormes protestas de organizaciones sindicales, ecologistas y campesinas, lideradas por La Vía Campesina, que lograron que colapsara la ministerial. Allí, los gobiernos de países no centrales, muchos de ellos perjudicados por los subsidios agrícolas de Estados Unidos, Europa y Japón, entendieron que antes que conseguir un mal acuerdo era mejor que no hubiera ninguno.

Ante la parálisis de las negociaciones multilaterales, las potencias impulsaron los tratados mega-regionales, que incorporan nuevos temas como la llamada “coherencia regulatoria”: ningún país miembro podría establecer una nueva regulación sin acordarla con los demás, afectando así la capacidad de los estados de desplegar políticas públicas, ya sea en materia laboral, medioambiental, de salud o educación.

En la reunión de diciembre, uno de los tópicos centrales será el de comercio electrónico. Como bien señalan Francisco Cantamutto y Mariano Treacy en un reciente artículo, “… la OMC busca abrir una nueva frontera de negocios como salida -siempre precaria- a la crisis global. De la mano de la revolución tecnológica en curso, las grandes multinacionales pretenden que la OMC en Buenos Aires sea sede de una globalización “recargada” donde se consolide la regulación de los “nuevos temas” como el comercio de servicios o la propiedad intelectual. En este sentido, uno de los puntos más peligrosos en curso es que se busca lograr una suerte de desregulación preventiva del comercio electrónico y del tráfico de datos.

Deborah James, coordinadora de la red Nuestro mundo no está en venta, explicó en un detallado análisis de la Ministerial de Buenos Aires de qué manera la agenda que intentan imponer los países ricos en la OMC refuerza las asimetrías a nivel global, en detrimento de los países menos desarrollados, a la vez que limita la posibilidad de que estos últimos, a través de políticas regulatorias, reduzcan esas diferencias. En su artículo “Malestar en el libro comercio”, Clara Weinhardt y Fabian Bohnenberger explican las crecientes impugnaciones a la liberalización que promueve la OMC, “…la oposición pública frente a la liberalización del comercio en muchas sociedades occidentales se alimenta de la preocupación por su efecto en el proceso democrático de formulación de leyes, en especial si los acuerdos comerciales conducen a una erosión de las ‘regulaciones sociales’ tales como la protección al consumidor y los estándares laborales y medioambientales. Mientras tanto, en muchas regiones de países en desarrollo –como América Latina–, la preocupación por la privatización y la desregulación ya había conducido previamente a una crítica de la agenda de globalización neoliberal en respuesta al desempleo creciente”.

La resistencia en Buenos Aires

Este año se conformó en la Argentina la Confluencia Fuera OMC, integrada por organizaciones y redes sociales, sindicales, de derechos humanos, territoriales, estudiantiles, de mujeres, políticas, campesinas y anti-extractivistas que hace años rechazamos los acuerdos de libre comercio. Lo hicimos con el ALCA, hasta su derrota en 2005, y con los que se vienen negociando en los últimos años: Mercosur-Unión Europea, Transatlántico (TTIP), Transpacífico (TTP) y de Servicios (TISA).

El 24 de junio de 2017, se realizó en Buenos Airesel primer Encuentro Nacional para promover la Semana de Acción Global contra el libre comercio, que tendrá lugar en la capital argentina, en forma paralela a la ministerial de la OMC de diciembre. En julio, se dio a conocer nuestra primera Declaración, a la cual adhirieron numerosas organizaciones y redes de diversos países:
“Llamamos a los pueblos del mundo a movilizarse en el marco de la XI Reunión Ministerial de la OMC, que tendrá lugar en Argentina entre los días 10 y 13 de diciembre de 2017. Para ello, convocamos a realizar una Cumbre de los Pueblos en la ciudad de Buenos Aires que colabore en la articulación de la resistencia contra el llamado “libre comercio” que sólo genera políticas de explotación y expoliación de nuestros pueblos y de la naturaleza, y que avance en visibilizar y discutir las alternativas a este sistema productivo y comercial. Entendemos que la lucha contra la OMC es global y lleva una rica historia de movilizaciones y articulaciones, ya que esta institución representa los intereses de las empresas transnacionales y no los derechos ni las necesidades de los pueblos.

Un hito en el proceso de descrédito ha sido la movilización de las organizaciones sociales que en 1999 pusieron en evidencia los impactos negativos del proyecto de liberalización comercial durante la reunión de la OMC en Seattle, Estados Unidos, y que inspiró a un amplio movimiento de resistencias anticapitalistas en todo el planeta. Cuatro años después, la gran movilización popular durante la Reunión Ministerial de la OMC en Cancún también significó un avance en la resistencia contra la agenda del gran capital transnacional. Pretendemos, asimismo, que la lucha contra la OMC adopte un fuerte carácter regional, sumándose en la recuperación de nuestra valiosa historia de organización social y política contra las múltiples formas de dominio que fue adquiriendo el capital en los últimos años.

La lucha contra el ALCA fue un proceso destacado de articulación continental, y la Cumbre de los Pueblos de Mar del Plata, en 2005, habilitó avances importantes en la discusión de alternativas de integración. Más de diez años después,  es necesario que volvamos a juntar nuestras luchas para movilizarnos contra la libertad corporativa y los privilegios de los inversionistas en la región.
La libertad debe ser para las personas: la libertad de movilidad para los trabajadores, y no para los empresarios e inversionistas que especulan con nuestras riquezas sociales y naturales. En este contexto debemos discutir nuevamente la cuestión de las alternativas populares y la urgente necesidad de avanzar en proyectos que construyan nuevas formas de relaciones entre nuestros pueblos, que sean solidarias y complementarias. (…) Rechazamos la agenda de ‘libre’ comercio y protección de inversiones en todas sus formas, sea mediante acuerdos bilaterales o inter-regionales (como el tratado entre la UE y el Mercosur, que se intenta cerrar para diciembre de este año) por medio del ámbito multilateral como la OMC o por decisión de grupos como el G20. Proponemos avanzar en la re-articulación de las agendas y las campañas de las organizaciones sociales y políticas, tanto en nuestro país como en la región y a nivel global. Es por esto que, desde este Encuentro Nacional, realizamos un llamamiento a todas las organizaciones y pueblos de Argentina y del mundo, a participar activamente en la organización y desarrollo de la Cumbre de los Pueblos en Buenos Aires entre los días 10 y 13 de diciembre de 2017, para oponernos al régimen que la OMC impulsa a nivel global  y pensar y discutir alternativas al capitalismo desde nuestros pueblos. Juntos/as, podemos construir esos otros mundos posibles”.

El 30 de septiembre se hizo un segundo encuentro y se lanzó la Confluencia Fuera OMC, que organizó el Encuentro de los Pueblos contra el libre comercio y por las alternativas, que se reunirá entre el 11 y el 13 de diciembre en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, e impulsa las movilizaciones que se realizarán durante esos días en la ciudad. En esta suerte de contra-cumbre, se realizarán las siguientes actividades: Foro “Soberanía Sanitaria: El impacto del Neoliberalismo sobre el Derecho a la Salud”; Foro Feminista Frente al Libre Comercio; Foro “Derechos y Soberanía frente al Libre Comercio, la Deuda y el Poder corporativo”; Foro “Bienes Comunes, Justicia Climática y Soberanía Energética”; Foro sobre Soberanía Educativa; Taller Coordinación Continental ALBA frente a la OMC; Panel – Debate “Los derechos laborales en el marco de la liberalización comercial”; Taller “Israel el brazo armado de la OMC”; Gran Asamblea de Mujeres; Panel-Debate “Pensamiento Crítico en América Latina”; Foro “Bienes Comunes, Justicia Climática y Soberanía Energética”; Foro de Soberanía Alimentaria; Foro de Migración; Foro de Trabajadorxs; Panel – Debate “La Economía Social y Solidaria – ¿Una alternativa a la economía capitalista?; y finalmente, el 13 de diciembre se realizará una Asamblea de Confluencia  y el Acto de Cierre “Fuera OMC – Solidaridad con los Pueblos que luchan”.

Recogiendo las mejores tradiciones de coordinación de las luchas globales, la Campaña está llamando a recuperar el espíritu de Mar del Plata, y de anteriores batallas, como la de Seattle y Cancún. Aquella lucha contra el proyecto hegemónico con el cual Estados Unidos pretendía consolidar su dominio continental, se ganó hace casi 12años.

Frente a la OMC y al G20: Foro Mundial del Pensamiento Crítico

La lucha contra la ministerial de la OMC atraerá la atención mundial hacia Buenos Aires; la Cumbre Presidencial del G20, que el presidente argentino Mauricio Macri insistió en que se realizara en la Argentina, también.

En 2016, se repudió la visita de Obama a la Argentina, que coincidió con el 40 aniversario del golpe de estado del 24 de marzo de 1976. Más allá de las masivas movilizaciones promovidas por los organismos de derechos humanos, hubo que soportar el enorme embelesamiento de la prensa hegemónica local con la familia Obama. Con Trump, la situación no será igual: si sobrevive a las iniciativas para realizarle un juicio político y todavía es presidente a mediados de 2018, visitará la Argentina para asistir a la Cumbre Presidencial del G20. Allí va a enfrentar en las calles concentraciones similares a las que se produjeron en Mar del Plata, durante la IV Cumbre de las Américas, en noviembre del 2005, con las consignas No al ALCA y Fuera Bush de Argentina y América Latina.

Enfrentamos grandes desafíos. Tanto los defensores de la globalización neoliberal como los nuevos líderes xenófobos de las potencias centrales defienden a los intereses de las grandes corporaciones. La llegada de Trump a la Casa Blanca es un gran peligro. Sus iniciativas misóginas, xenófobas, anti-obreras, plutocráticas, militaristas, injerencistas y contra cualquier protección del medio ambiente son una amenaza para el mundo entero, pero a la vez una oportunidad, por el rechazo que genera, para retomar el debate sobre nuevas agendas y estrategias, con una perspectiva antiimperialista y anticapitalista. También, para ampliar la coordinación y cooperación políticas, confluyendo con las organizaciones populares que lo enfrentan en Estados Unidos.

Trump expresa descarnadamente el afán de dominio imperial de Estados Unidos sobre Nuestra América. Y eso puede incrementar aún más el rechazo a la subordinación claudicante que proponen las derechas regionales como único camino posible. Pero esto, de ninguna manera, debe llevarnos a abrazar la estrategia neoliberal que, en contra del discurso de Trump, edulcora y promociona una agenda corporativa que sólo beneficia al 1% que concentra cada vez más riquezas a expensas del resto de la sociedad y de la depredación de los bienes comunes de la tierra. Más “libre comercio” no equivale a más desarrollo, ni a menos pobreza ni a menor desigualdad. Las opciones que nos ofrecen los defensores de la OMC y los críticos como Trump son en realidad funcionales a distintas fracciones de las clases dominantes de los países centrales. Frente a ese escenario, la salida no es optar por esa falsa disyuntiva, ni limitarse a aceptar meras reformas cosméticas de la OMC, sino avanzar en la construcción de un orden social menos desigual y depredatorio.
El gran desafío para las izquierdas, los movimientos populares y las fuerzas progresistas, es articular las luchas globales, regionales y nacionales –“pensar global y actual local”-, y ofrecer una alternativa favorable a nuestros pueblos y a la preservación de los bienes comunes de la tierra. La lucha contra los mega-acuerdos de libre comercio y la agenda pro corporaciones que promueven las potencias en la OMC y el G20 es una oportunidad para coordinar con las organizaciones sociales, sindicales, ecologistas, de mujeres, migrantes, LGBT y de derechos humanos que resisten en todo el mundo.

Por primera vez, la Reunión Ministerial de la Organización Mundial del Comercio se hará en América del Sur. Las grandes corporaciones trasnacionales van a intentar imponer sus intereses. En paralelo, organizaciones sociales y políticas de todo el mundo nos movilizamos en Buenos Aires para rechazar la agenda de la OMC y debatir sobre las alternativas

En noviembre de 2018 se realizará también en Buenos Aires el Primer Foro Mundial del Pensamiento Crítico, impulsado por el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, CLACSO. Esa cita, sin lugar a dudas, será un acontecimiento histórico, no sólo para enfrentar la ofensiva del capital contra el trabajo a escala global sino para avanzar en la construcción de nuestras agendas alternativas.

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[*] Leandro Morgenfeld – es integrante de la Confluencia Fuera OMC. Profesor UBA. Investigador adjunto del CONICET. Co-coordinador del Grupo de Trabajo CLACSO Estudios sobre Estados Unidos. Autor de Vecinos en conflicto. Argentina y Estados Unidos en las conferencias


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El uso de la mentira como una forma de fraude electoral

Fernando Buen Abad Domínguez – http://www.la-epoca.com.bo/index.php?opt=front&mod=detalle&id=6436

mentira

Una democracia seria debería sancionar con todo rigor las mentiras electorales. Antes, durante y después. Debería haber tribunales populares instruidos con todo el poder para ejecutar leyes que resguarden el voto, como documento histórico que es, y como exigencia de cumplimiento político inexcusable. Justicia exigente al máximo que debería encarcelar al que promete falsedades, para ejecutar traiciones, tanto como al que corroe votos para imponer fraudes. La voluntad democrática de los pueblos debería contar con blindajes de hierro y con castigos ejemplarísimos. Para que nadie se atreva a la falacia y para que nadie se sorprenda del castigo ejemplar y contundente. Por el engaño (también electoral) nos han traicionado más que por la publicidad… y ya es mucho decir. Es que estamos verdaderamente hartos de la democracia burguesa… urge el avance de la democracia participativa y de las bases.

Debería haber un comité popular de ética que sometiera a escrutinio y sanción el papel de aquellos “medios de comunicación” que solidarizaran con el plan de las mentiras en campaña y que, como resultado de su connivencia delincuencial probada, perdieran todo permiso para el uso de “medios” de manera definitiva… de por vida. Para garantizar la legitima libertad de expresión de la voluntad democrática. Por salud cultural y comunicacional para todos.

Debería exigirse, al lado de los requisitos para gozar de una candidatura (y del dinero del pueblo que eso conlleva en muchos países) la firma de compromisos de promesas, pasar de la palabrería de la “buena voluntad” aparente, a los proyectos realizables con explicación del sustento conceptual, político, técnico y financiero. Uno por uno caso por caso. Debería ser una exigencia pasar la prueba, el examen, que las bases decidan para garantizar el nivel de conocimiento y aceptación que desde la base debe tener cualquier candidato a cualquier cargo “público” o “privado”. Sin excusas porque de los cargos “privados” también salen dediciones que involucran a lo “público”.

Reina el desparpajo de la impunidad. Reina la alevosía en el descaro premeditado. Reina la estratagema del engaño que “embriaga” con demagogia a los votantes para traicionar lo dicho haciendo lo indecible. Reina el absolutismo de la desfachatez oligarca, irresponsable e impúdica, borracha de munición “antidisturbios” y oropel de “informativos” centrales. Ellos sonríen, bailan y cantan. Ellos se aplauden, se abrazan y se besan. Reina el relato de empresarios triunfadores de avaricia macabra sobre el abismo de las falacias donde pende de un hilo inflacionario la verdad que teje la amargura. Por decreto de “necesidad y urgencia”. Hay que ver el desastre que han hecho en México, en España, en EE.UU…

Así las cosas nos llenan con “frases hechas” inyectadas de estafa. Nos llenan las calles con propaganda de “cambios” y “futuro”. Nos llenan el oído con promesas endulzadas entre nepotismo promiscuo y capitalismo de amigos. Nos infectan la vida con su oratoria esculpida con cinceles de predicadores. Hablan de progreso a cambio de votos; hablan de felicidad a cambio de votos; hablan de empleo, educación, justicia, salud y vivienda a cambio de votos y prometen oportunidades a granel, aquí y allá, oportunidades a raudales, oportunidades para todos y en todas partes… igualdad de de oportunidades pero no igualdad de condiciones. Eso es sólo para ellos. La mentira como moneda de curso legal.

Es la pachanga desaforada de la “plus-mentira” convertida en parte del paisaje y en forma de resignación. Muchas personas aceptan que los “políticos” mientan porque andan en “campaña”. Como si fuese lógico o natural. La mentira premeditada queda liberada de toda culpa o penitencia. Reina la inmoralidad misma y se hace Cultura. El vacío de principios. La desfiguración alevosa de la realidad cómo signo de clase. El dogmatismo de la falacia, el fundamentalísimo de la irracionalidad impune. Y entonces lo falso es real.

Y, entonces, parece que la gracia es competir para ver quién miente “más bonito”. Quién promete “pobreza cero”, “hambre cero”, “desempleo cero”, “insalubridad cero”, “analfabetismo cero” … con desparpajo, sonrientes, rozagantes y cínicos. Acaso el “plus” de la mentira en la “pos-verdad” sea su capacidad de consenso aplastante, su manera de obturar la duda. Incluso su glamour autoritario. La “plus-mentira” basada en componentes dinámicos de usurpación simbólica para asesinar la verdad con las banderas de lo que se niega o se combate. Hitler se hizo llamar “socialista”, Franco en nombre de Dios produjo matazones diabólicas. Así que ni la “pos-verdad” ni la “plus-mentira” son novedades ni hallazgos teóricos actuales y acaso un factor decisivo, o de su vigencia, sea el uso de las tecnologías subordinándolas a sus fechorías. La tecnología aporta su “prestigio” para hacer más contundente el desprestigio de la verdad. Total pasará nada. Y todo conduce a la antipolítica. Los procesos electorales convertidos, por las mafias en el poder, en emboscadas ideológicas.

Estamos en una encrucijada de importancia suprema donde toda idea de “democracia” está en peligro y bajo amenaza. Es litigio filosófico profundo y crítico que atañe a la “verdad” sus búsquedas, encuentros y desencuentros siempre históricos. No sobre el valor de su existencia social e histórica sino sobre sus depredadores aunque en la “pos-verdad” se los niegue. Y todo esto pone de relieve la responsabilidad social por la verdad, su lugar y sus desafíos.

Es fundamental desplegar fuerzas políticas empeñadas en sellar con la verdad cada pliegue de las luchas sociales; marcar con el fuego de la verdad cada hecho social o individual de las masas y para las masas. La verdad que expresa la ética política de la lucha emancipadora. La verdad desde las bases con sus derrotas y sus victorias. La verdad y sus procesos, sus logros reveladores como saltos cualitativos de conciencia y compromiso. La verdad que es táctica inmediata de combate, la verdad revolucionaria siempre. En suma, si el capitalismo anhela manipular la percepción, las creencias y la confianza de los pueblos con mentiras, rumores y calumnias, con promesas prefabricadas para que se conviertan en todo lo contrario, para venderse en campañas políticas modelo farándula; para imponer “guerras económicas” y convencernos de que la voluntad popular no es confiable o lograr que nadie pueda reconocer la verdad de las luchas y eso deje de tener importancia… entonces hay que doblar la apuesta por la verdad que habita en las bases, en los pueblos y en sus luchas. Mentir no es una gracia.

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    La Vuelta de Obligado

    Extracto del libro Los mitos de la historia argentina 2, de Felipe Pigna, Buenos Aires, Planeta. 2004.https://www.elhistoriador.com.ar/articulos/epoca_de_rosas/la_vuelta_de_obligado.php

     

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    El 20 de noviembre de 1845, siendo el general Juan Manuel de Rosas responsable de las Relaciones Exteriores de la Confederación Argentina, tuvo lugar el enfrentamiento con fuerzas anglofrancesas conocido como la Vuelta de Obligado, cerca de San Pedro. La escuadra agresora intentaba obtener la libre navegación del río Paraná para auxiliar a Corrientes, provincia opositora al gobierno de Rosas. Esto permitiría que la sitiada Montevideo pudiera comerciar tanto con Paraguay como con las provincias del litoral. El encargado de la defensa del territorio nacional fue el general Lucio N. Mansilla, quien tendió de costa a costa barcos “acorderados” sujetos por cadenas. La escuadra invasora contaba con fuerzas muy superiores a las locales. A pesar de la heroica resistencia de Mansilla y sus fuerzas, la flota extranjera rompió las cadenas y se adentró en el Río Paraná.

    Quizás uno de los aspectos más notables e indiscutidamente positivos del régimen de Rosas haya sido el de la defensa de la integridad territorial de lo que hoy es nuestro país. Debió enfrentar conflictos armados con Uruguay, Bolivia, Brasil, Francia e Inglaterra. De todos ellos salió airoso en la convicción –que compartía con su clase social- de que el Estado era su patrimonio y no podía entregarse a ninguna potencia extranjera. No había tanto una actitud nacionalista fanática que se transformaría en xenofobia ni mucho menos, sino una política pragmática que entendía como deseable que los ingleses manejasen nuestro comercio exterior, pero que no admitía que se apropiaran de un solo palmo de territorio nacional que les diera ulteriores derechos a copar el Estado, fuente de todos los negocios y privilegios de nuestra burguesía terrateniente.

    En el Parlamento británico se debatía en estos términos el pedido brasileño y de algunos comerciantes ingleses para intervenir militarmente en el Plata a fin de proteger sus intereses: “El duque de Richmond presenta una petición de los banqueros, mercaderes y tratantes de Liverpool, solicitando la adopción de medidas para conseguir la libre navegación de el Río de la Plata. También presenta una petición del mismo tenor de los banqueros, tenderos y tratantes de Manchester. El conde de Aberdeen (jefe del gobierno) dijo que se sentiría muy feliz contribuyendo por cualquier medio a su alcance a la libertad de la navegación en el Río de la Plata, o de cualquier otro río del mundo, a fin de facilitar y extender el comercio británico. Pero no era asunto tan fácil abrir lo que allí habían cerrado las autoridades legales. Este país (la Argentina) se encuentra en la actualidad preocupado en el esfuerzo de restaurar la paz en el Río de la Plata, y abrigo la esperanza de que con este resultado se obtendrá un mejoramiento del presente estado de cosas y una gran extensión de nuestro comercio en esas regiones; pero perderíamos más de lo que posiblemente podríamos ganar, si al tratar con este Estado, nos apartáramos de los principios de la justicia. Pueden estar equivocados en su política comercial y pueden obstinarse siguiendo un sistema que nosotros podríamos creer impertinente e injurioso para sus intereses tanto como para los nuestros, pero estamos obligados a respetar los derechos de las naciones independientes, sean débiles, sean fuertes”.

    El canciller Arana decía ante la legislatura: “¿Con qué título la Inglaterra y la Francia vienen a imponer restricciones al derecho eminente de la Confederación Argentina de reglamentar la navegación de sus ríos interiores? ¿Y cuál es la ley general de las naciones ante la cual deben callar los derechos del poder soberano del Estado, cuyos territorios cruzan las aguas de estos ríos? ¿Y que la opinión de los abogados de Inglaterra, aunque sean los de la Corona, se sobrepondrá a la voluntad y las prerrogativas de una nación que ha jurado no depender de ningún poder extraño? Pero los argentinos no han de pasar por estas demasías; tienen la conciencia de sus derechos y no ceden a ninguna pretensión indiscreta. El general Rosas les ha enseñado prácticamente que pueden desbaratar las tramas de sus enemigos por más poderosos que sean. Nuestro Código internacional es muy corto. Paz y amistad con los que nos respetan, y la guerra a muerte a los que se atreven a insultarlo”.

    Se ve que Su Graciosa Majestad decía una cosa y hacía otra, porque en la mañana del 20 de noviembre de 1845 pudieron divisarse claramente las siluetas de cientos de barcos. El puerto de Buenos Aires fue bloqueado nuevamente, esta vez por las dos flotas más poderosas del mundo, la francesa y la inglesa, históricas enemigas que debutan como aliadas, como no podía ser de otra manera, en estas tierras.

    La precaria defensa argentina estaba armada según el ingenio criollo. Tres enormes cadenas atravesaban el imponente Paraná de costa a costa sostenidas en 24 barquitos, diez de ellos cargados de explosivos. Detrás de todo el dispositivo, esperaba heroicamente a la flota más poderosa del mundo una goleta nacional.

    Aquella mañana el general Lucio N. Mansilla, cuñado de Rosas y padre del genial escritor Lucio Víctor, arengó a las tropas: “¡Vedlos, camaradas, allí los tenéis! Considerad el tamaño del insulto que vienen haciendo a la soberanía de nuestra Patria, al navegar las aguas de un río que corre por el territorio de nuestra República, sin más título que la fuerza con que se creen poderosos. ¡Pero se engañan esos miserables, aquí no lo serán! Tremole el pabellón azul y blanco y muramos todos antes que verlo bajar de donde flamea”.

    Mientras las fanfarrias todavía tocaban las estrofas del himno, desde las barrancas del Paraná nuestras baterías abrieron fuego sobre el enemigo. La lucha, claramente desigual, duró varias horas hasta que por la tarde la flota franco-inglesa desembarcó y se apoderó de las baterías. La escuadra invasora pudo cortar las cadenas y continuar su viaje hacia el norte. En la acción de la Vuelta de Obligado murieron doscientos cincuenta argentinos y medio centenar de invasores europeos.

    Al conocer los pormenores del combate, San Martín escribía desde su exilio francés: “Bien sabida es la firmeza de carácter del jefe que preside a la República Argentina; nadie ignora el ascendiente que posee en la vasta campaña de Buenos Aires y el resto de las demás provincias, y aunque no dudo que en la capital tenga un número de enemigos personales, estoy convencido, que bien sea por orgullo nacional, temor, o bien por la prevención heredada de los españoles contra el extranjero; ello es que la totalidad se le unirán (…). Por otra parte, es menester conocer (como la experiencia lo tiene ya mostrado) que el bloqueo que se ha declarado no tiene en las nuevas repúblicas de América la misma influencia que lo sería en Europa; éste sólo afectará a un corto número de propietarios, pero a la mesa del pueblo que no conoce las necesidades de estos países le será bien diferente su continuación. Si las dos potencias en cuestión quieren llevar más adelante sus hostilidades, es decir, declarar la guerra, yo no dudo que con más o menos pérdidas de hombres y gastos se apoderen de Buenos Aires (…) pero aun en ese caso estoy convencido, que no podrán sostenerse por largo tiempo en la capital; el primer alimento o por mejor decir el único del pueblo es la carne, y es sabido con qué facilidad pueden retirarse todos los ganados en muy pocos días a muchas leguas de distancia, igualmente que las caballadas y todo medio de transporte, en una palabra, formar un desierto dilatado, imposible de ser atravesado por una fuerza europea; estoy persuadido será muy corto el número de argentinos que quiera enrolarse con el extranjero, en conclusión, con siete u ocho mil hombres de caballería del país y 25 o 30 piezas de artillería volante, fuerza que con una gran facilidad puede mantener el general Rosas, son suficientes para tener un cerrado bloqueo terrestre a Buenos Aires”.

    Juan Bautista Alberdi, claro enemigo del Restaurador, comentaba desde su exilio chileno: “En el suelo extranjero en que resido, en el lindo país que me hospeda sin hacer agravio a su bandera, beso con amor los colores argentinos y me siento vano al verlos más ufanos y dignos que nunca. Guarden sus lágrimas los generosos llorones de nuestras desgracias aunque opuesto a Rosas como hombre de partido, he dicho que escribo con colores argentinos: Rosas no es un simple tirano a mis ojos; si en su mano hay una vara sangrienta de hierro, también veo en su cabeza la escarapela de Belgrano. No me ciega tanto el amor de partido para no conocer lo que es Rosas bajo ciertos aspectos. Sé, por ejemplo, que Simón Bolívar no ocupó tanto el mundo con su nombre como el actual gobernador de Buenos Aires; sé que el nombre de Washington es adorado en el mundo pero no más conocido que el de Rosas; sería necesario no ser argentino para desconocer la verdad de estos hechos y no envanecerse de ellos”.

    El encargado de negocios  norteamericano en Buenos Aires, William A. Harris, le escribió a su gobierno: “Esta lucha entre el débil y el poderoso es ciertamente un espectáculo interesante y sería divertido si no fuese porque (…) se perjudican los negocios de todas las naciones”.

    Dice el historiador H. S. Ferns: “Los resultados políticos y económicos de esa acción fueron, por desgracia, insignificantes. Desde el punto de vista comercial la aventura fue un fiasco. Las ventas fueron pobres y algunos barcos volvieron a sus puntos de partida tan cargado como habían salido, pues los sobrecargos no pudieron colocar nada”.

    Los ingleses levantaron el bloqueo en 1847, mientras que los franceses lo hicieron un año después. La firme actitud de Rosas durante estos episodios  le valió la felicitación del general San Martín y un apartado especial en su testamento: “El sable que me ha acompañado en toda la guerra de la independencia de la América del Sur le será entregado al general Juan Manuel de Rosas, como prueba de la satisfacción que, como argentino, he tenido al ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que trataban de humillarla”.