Espacio de Sergio

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Argentina: Cuando el odio entra en campaña

Bárbara Ester – http://www.celag.org/argentina-cuando-el-odio-entra-en-campana/

Génesis del odio: Yegua

El origen del odio al kirchnerismo no fue claro. Sin embargo, pueden rastrearse sus comienzos en los comentarios que se dejaban en los espacios virtuales de los diarios de mayor circulación, Clarín y La Nación.  El odio fue in crescendo y quedó al descubierto en las proclamas de los “cacerolazos” –llevados adelante por sectores medios y altos- durante el gobierno kirchnerista. Allí los carteles que llevaban los “caceroleros” decían “yegua”, “¡no te vayas con Chávez! Andáte con…chuda” o “histérica” entre otros. Lo que evidenciaban los mensajes era que el foco estaba puesto en su condición de mujer, “quién se cree que es (una mujer) para hablar por cadena nacional, para cortarme la novela o el fútbol, o bien para ostentar poder” eran algunos de los imaginarios reinantes. Una mujer electa presidenta en dos oportunidades consecutivas incomodaba bastante, tanto por su condición, como por sus políticas.

Militantes de las redes

La disputa por la Ley de Medios que el kirchnerismo presentó ante el Congreso significó el punto más álgido de virulencia mediática, el cual encontraría en las redes sociales un terreno fértil para hacer circular sus discursos de odio. Las frases agresivas sobre los proyectos clave de la gestión anterior, como las leyes de identidad de género o actos emblemáticos en defensa de los Derechos Humanos, fueron impugnadas y criticadas anónimamente desde las redes.

Poco a poco comenzó a instalarse una reprobación hacia la militancia, a la que se tildó de ociosa, de fanáticos o de “ñoquis”. El mejor ejemplo del odio hacia la militancia fue expresado por Maia Ferrua[1], ex funcionaria del Ministerio de Modernización, quien se burló en redes sociales del femicidio de Micaela García, militante del Movimiento Evita, una agrupación vinculada a la anterior gestión.

Los actos multitudinarios fueron criticados  con repugnancia. Primero por la asociación de pobreza e ignorancia. Se buscó deshumanizar a  los y las participantes, que eran presentados como  “ganado”. Luego, fueron vinculados con oportunistas que “participaban  por el chori y por la coca” o “se embarazan para cobrar un plan”. El periódico Clarín en 2009, titulaba: “La fábrica de hijos: conciben en serie y obtienen una mejor pensión del Estado” para referirse a las mujeres de bajos recursos que perciben el beneficio de madre de 7 hijos[2]. Finalmente todo se redujo a su condición social, a su estética o a su color de piel: “por negros” y “kukas, que no quieren trabajar”.

Construyendo enemigos

La llegada al poder de Cambiemos tuvo como principal plataforma de campaña las redes sociales, con un discurso estructurado sobre el ataque al gobierno anterior. Se lo  tildó de populista y despilfarrador. Un conjunto de promesas de Cambiemos sostenían que “el cambio” mantendría la mayoría de los beneficios que el gobierno anterior había otorgado, es decir que la re-estructuración no conllevaría despidos y devaluación. Que la inflación bajaría, que mantendrían el presupuesto para la ciencia, que se “llegaría” a la pobreza cero y, a la vez, que se   eliminaría el impuesto a las ganancias. Como sabemos, todas promesas incumplidas con agravamiento de indicadores sociales negativos.

Los buenos augurios, sumados a una campaña colorida y desideologizada, lograron atraer al votante apuntando al individuo en lugar del colectivo. Sin lugar a dudas parte de las clases medias que recuperaron su poder adquisitivo gracias al consumo promovido por el kirchnerismo fueron sensibles a un hastío producido y reproducido por los medios. Los mismos sectores que en la crisis del 2001 cantaban “piquete y cacerola, la lucha es una sola” disolvieron su solidaridad tras haber recuperado su poder adquisitivo y afirmarse en nuevas expectativas de consumo. Comenzó a instalarse una nueva subjetividad que hizo posible que el derecho del peatón a transitar por las calles sea más importante que cualquier otro derecho (laboral o social) vulnerado. La apelación del macrismo a una nueva subjetividad consumista, ecologista y New Age no se corresponde con la tradicional derecha culta y de élite argentina, sino con un nuevo sentido común de las capas medias que ponen –paradójicamente- sus intereses y esperanzas en el macrismo.

El macrismo desde el gobierno encontró en la figura de CFK a la responsable directa e indirecta de todos los males. Toda explicación del ajuste neoliberal del macrismo es justificado a partir de la figura de la ex mandataria, o algo tan etéreo e intangible como “la pesada herencia”.  Así, la falta de inversiones, la toma de deuda o los despidos son efectuados con nula responsabilidad gubernamental o política.

Derechos y humanos

En 2014, cuando todavía gobernaba la capital porteña, Macri afirmó que de resultar electo presidente acabaría con “el curro de los Derechos Humanos” -probablemente se trate de la única promesa que intentó cumplir-. El gobierno de Cambiemos significó una reactualización de la teoría de los dos demonios e intentó desmantelar el consenso social en torno al genocidio perpetrado por la última dictadura militar. Distintos funcionarios han puesto en duda el número de desaparecidos, cuestionado a las referentes y activistas -madres o abuelas de Plaza de Mayo-. Sin ir más lejos, el pasado 24 de marzo, aniversario número 41 del último golpe de Estado, las redes sociales comenzaron a difundir una imagen de algunos diputados oficialistas posando con un cartel que rezaba “Nunca más a los negocios con los derechos humanos”. En el plano internacional, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y la diplomacia internacional han denunciado la arbitraria detención de  Milagro Sala, quién ya lleva más de un año privada de su libertad.  Ese odio construido en relación a la militancia y hacia los sectores populares se articula en la figura de Milagro Sala, mujer, con rasgos indígenas y dirigente social.

Ajuste y Represión

Mauricio Macri asumió en diciembre de 2015. El 29 de enero de 2016, entre 85 y 100 jóvenes de la murga “Los Auténticos Reyes del Ritmo” ensayaban en la villa 1.11.14 cuando se presentó  la Policía Federal  y la Gendarmería Nacional. Dispararon balas de goma. Siete personas resultaron heridas, entre ellos tres menores de edad. Recientemente, once gendarmes fueron citados a declarar por el incumplimiento de sus deberes y el ejercicio de violencia injustificada. Nahuel Berguier, abogado de una de las víctimas afirmó que “pasada la primera vuelta electoral de 2015, comenzó a imperar en las fuerzas de seguridad un clima de revancha, que se denotó en el aumento inmediato de las denuncias de violencia institucional, las razzias, las vejaciones. Es un discurso que se elabora y promueve  desde el gobierno, siendo replicado en el accionar de las estructuras intermedias y en los bajos rangos de las fuerzas de seguridad. Hay que recordar que después del hecho, salió Bullrich a reivindicar la actuación de estos agentes, y hasta se sacó fotos con ellos”[3].

Protesta social

Julieta Quirós, antropóloga  y especialista en organizaciones sociales y sus métodos de protesta, considera que la versión oficial de Cambiemos ha reeditado la imagen estigmatizante de la protesta social, haciendo hincapié en ‘los métodos’ de la protesta o sus efectos colaterales. “Esa operación de demonización e irracionalización de la protesta es condición de posibilidad para la represión”[4], sostiene Quirós. Así, fueron justificadas las represiones a docentes, manteros, extranjeros, pueblos originarios, mujeres, estudiantes, trabajadores, sindicalistas o  artistas.

Mientras parte de la política de derechos humanos de la gestión kirchnerista fue reservar la represión para una última instancia, un sentido común progresista veía con beneplácito esta postura. En los últimos tiempos, este sentido común se trastocó y desde los medios se fogoneó el hastío a el “caos” de la protesta. La empatía con el manifestante fue dejada a un lado y la primera plana de los periódicos o las imágenes en programas de TV se la llevaba el caos del tráfico en la ciudad.

Desde la asunción de Macri cuatro gremios fueron intervenidos, lo que representa una clara confrontación con  el  sector sindical en un contexto de caída del salario real, inflación y despidos masivos. A menos de dos meses para las elecciones legislativas de agosto de 2017, es el propio presidente el que instó al jefe de gobierno porteño de Cambiemos, Horacio Rodríguez Larreta, a reprimir una protesta social. Precisamente porque desde el laboratorio de Durán Barba –principal asesor político del macrismo- estimaron que el rédito sería mayor al perjuicio que la represión suponía. El 28 de junio, manifestantes –en su mayoría cooperativistas- cortaron la avenida 9 de Julio en las puertas del Ministerio de Desarrollo Social. No se trataba de desestabilizadores sino de referentes de distintas organizaciones sociales que buscaban mediante este método obtener visibilización para negociar unas medidas concretas, las cuales habían expuesto sin éxito ante la ministra de Desarrollo Social, Carolina Stanley.  Los reclamos incluían tarifas diferenciales para las empresas recuperadas, sostener los emprendimientos de las cooperativas frente al creciente desempleo y la declaración de la emergencia alimentaria.

Tal vez lo más grave sea que las escenas de policías de civil arrastrando de los pelos a manifestantes, cooperativistas o  desocupados no generaron un repudio masivo. Por el contrario, vastos sectores de la sociedad aprobaron o justificaron  el accionar policial priorizando su interés individual a transitar la ciudad sin ser demorados. Estas escenas ya se evidenciaron en la represión a docentes ante el intento de instalar una carpa itinerante frente al Congreso -un domingo, sin daños colaterales a transeúntes- luego de reiterados paros. El método de la huelga fue impugnado por un discurso que consideraba que no era el método adecuado. En vísperas electorales y gracias a la movilización, miles de docentes obtuvieron al fin un aumento del 24%.

El rechazo y el odio en marcha

El odio está en marcha. La construcción del odio, del rechazo y del hastío –promovida desde Cambiemos- busca reorganizar el campo político e impactar en las próximas elecciones. Allí se enfrentan dos liderazgos que necesitan consolidarse electoralmente: Mauricio Macri y Cristina Fernandez de Kirchner. El quid de la cuestión  parece apuntar a la exPresidenta y a un electorado que está en proceso de redefinición cultural y, parte de éste, asediado por las malas condiciones económicas.

[1]http://www.politicargentina.com/notas/201704/20385-echaron-a-la-funcionaria-pro-que-se-burlo-del-asesinato-de-micaela-garcia.html

[2]https://www.clarin.com/ultimo-momento/fabrica-hijos-conciben-serie-obtienen-mejor-pension_0_Sk6l6QqCTFx.html

[3]http://www.agenciapacourondo.com.ar/violencia-institucional/represion-murga-en-el-bajo-flores-citan-indagatoria-gendarmes-implicados

[4] http://www.revistaanfibia.com/cronica/codigos-de-la-calle/


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Venezuela: ¿Quién piensa por nosotros?

Javier Pineda Olcay – http://noesnalaferia.cl/2017/07/09/venezuela-quien-piensa-por-nosotros/

 

Si le preguntamos a nuestros familiares o amigos por el peor gobierno del mundo probablemente nos respondan Venezuela. No importa que los estándares internacionales de desarrollo humano de Venezuela estén por sobre el promedio de los países de América Latina. Tampoco parece importar que en México mueran 23.000 personas al año (más que en Afganistán e Irak) o que sea el país con más periodistas muertos. No importa que en la mayoría de los países del Caribe y Centroamérica hayan altísimos niveles de desnutrición infantil o los índices de pobreza alcancen a cerca de la mitad de la población, a diferencia de Venezuela.

Pareciera no importar que en Brasil el actual presidente, Michel Temer, esté ahí a través de un golpe de Estado blando o que esté acusado por corrupción. No importa que las medidas económicas de Macri en Argentina tengan a la mitad de la población en la pobreza. No importa que en Colombia maten todas las semanas a dirigentes sociales. El peor Gobierno sigue siendo el de Venezuela.

¿Por qué la mayoría de las personas sigue pensando que es el peor Gobierno del mundo si el 99% de ellos nunca ha estado ahí? Por la prensa, quizás. Todos los días vemos en los noticiarios televisivos y en las portadas de los periódicos malas noticias sobre Venezuela. No importan las atrocidades que se cometan en otros países, siempre son más importantes las “heroicas” manifestaciones venezolanas (sólo de la oposición, porque ni siquiera muestran las multitudinarias marchas del chavismo).

Los mismos medios de comunicación que criminalizan a los estudiantes y mapuches en Chile por manifestarse tratan a los encapuchados que QUEMAN PERSONAS como luchadores por la libertad. Las bombas mólotovs lanzadas que incendian instituciones públicas en Venezuela y ponen en riesgo la vida de personas son justificadas, mientras que esa misma molotov que se lanza en contra del capital forestal en el Wallmapu es un arma terrorista. El actuar de la policía venezolana para disolver las manifestaciones que alteran al orden público es considerado como un acto represivo y tiránico, mientras que el actuar de la policía que golpea a mujeres, niñas y niños, estudiantes, mapuches en Chile es considerado como un deber que permita restaurar el orden público y “defienda” a esas mayorías silenciosas que no se manifiestan.

Lo mismo hicieron con Libia. Un país absolutamente desconocido en el norte de África pasó de un día para otro a ser preocupación mundial. Aquellos países que no se quejaban hace unos años cuando tenían acuerdos comerciales con Gaddafi, ahora lo consideraban un tirano del cual debían proteger al pueblo libio. No importaba que la mayoría de los gobernantes del “primer mundo” que apoyaban (y siguen apoyando) en África y Medio Oriente sean dictadores. El único país en el cual importaban sus “condiciones humanitarias” era Libia, a pesar de que sus índices de desarrollo humano hayan sido los más altos de toda África. Vaya coincidencia: Libia era uno de los mayores exportadores de petróleo y sus recursos se encontraban en manos del Estado.

Puesta en escena conocida: (1) desprestigio en la prensa; (2) financiamiento a oposición y mercenarios contratados para desestabilizar algunas zonas del país; (3) reconocimiento como interlocutor válido a la oposición; (4) inventos de ataques o auto-atentados de la oposición y generación de clima de “intervención humanitaria”; (5) decisión del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas para “intervenir humanitariamente” (a veces se pueden saltar este paso, como en Irak); (6) asesinar al “dictador”; (7) privatizar el petróleo. Y pareciera que este último es el objetivo: luego de la “intervención humanitaria” en Libia, a nadie le importa que el país esté sumido en el caos, que gran parte de su territorio esté controlado por mercenarios y por organizaciones terroristas como Al Qaeda. Tampoco importa la crisis de refugiados ni que las condiciones de vida de las personas en Libia sean mucho peor a los momentos anteriores al bombardeo “humanitario”.

Vaya coincidencia: Venezuela es el país con mayor reserva de petróleo del mundo y su explotación se encuentra en manos del Estado desde el Gobierno de Hugo Chávez. A diferencia de los más de 30 días que se demora en llegar el petróleo de Medio Oriente a Estados Unidos, el petróleo de Venezuela tarda menos de 5 días. ¿Será esa la verdadera razón del ataque mediático a Venezuela?

Hace unos días un inspector de la policía científica de Venezuela se robaba un helicóptero para disparar ráfagas de balas y lanzar granadas en contra del Tribunal Supremo de Justicia. Este hecho hubiese sido condenado por toda la comunidad internacional si se hubiese tratado de otro país, pero como se trataba de Venezuela los gobiernos autodenominados como democráticos guardaron silencio. Los medios de comunicación trataron el hecho prácticamente como una anécdota, destacando que el autor de los hechos era actor, además de inspector de la policía científica de Venezuela.

Las editoriales y noticias en contra del Gobierno venezolano no paran. El boicot económico tampoco. Mientras en los supermercados y locales de abastecimiento los productos escasean, en los barrios altos los almacenes no tienen problemas. Como siempre, el pueblo es el que sufre las consecuencias de las acciones de los poderosos para recuperar sus intereses. Al igual que en Libia y en Irak, están creando las condiciones para intervenir militarmente a Venezuela. Da igual si el discurso de la oposición sea ahora “más democracia”, “más libertad” o “más comida”. Están decididos a destituir al Gobierno de Maduro cueste lo que cueste. No dudan en sacrificar a un pueblo para recuperar las riquezas del petróleo en beneficio propio. Esto lo vivimos en Chile. Los poderosos de siempre se dedicaron a desabastecer la economía local para que hubiese grandes filas buscando alimentos y se acrecentara el descontento popular, mientras que los ricos nunca pasaron hambre. Al día siguiente del golpe de Estado todos los mercados se encontraban con alimentos. Miles de ejecutados políticos y detenidos desaparecidos fueron el precio a pagar para “eliminar las colas” para la comida y saquear hasta el último recurso del país.

Frente a la guerra sin cuartel de los poderosos del mundo y de Venezuela en contra del pueblo venezolano no se puede ser vacilante. Venezuela está lejos de ser el paraíso y como todo proceso de transformaciones sociales está lleno de tensiones y se han cometidos errores. Pero el proceso bolivariano ha significado que Venezuela se haya transformado en un pueblo soberano y un apoyo vital para los procesos transformadores en toda Nuestra América, además de lograr un avance notable en el acceso a derechos sociales y derechos humanos en general del pueblo venezolano.

Sabemos que cuando el Imperio mete mano, los que sufren son los pueblos. No les bastará con privatizar el petróleo y privatizar los derechos sociales, también comenzarán con los asesinatos y desapariciones como ha sido lamentablemente frecuente en los países de la periferia.

Y si esto es así, ¿por qué seguimos odiando a Venezuela? No dejemos que piensen por nosotros los medios de comunicación que están al servicio de los poderosos: nos hacen amar al opresor y odiar al oprimido. En estos momentos de crisis en que están en juego las posibilidades de éxito de los procesos revolucionarios en Nuestra América, no podemos ser indiferentes y tenemos el deber de solidarizar activamente con el pueblo venezolano.

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Disculpe el Señor

LEANDRO CABELLO – http://rinacional.com.ar/sitio/disculpe-el-senor/

Para ponerle una fecha certera a la debacle del poder adquisitivo de los trabajadores diremos 16 y 17 de diciembre de 2015; días en los que se modificaron las retenciones y que se devaluó, respectivamente. Esto significó que los exportadores recibieron más dólares por cada producto y más pesos por cada dólar. Quedaba luego equiparar la nueva rentabilidad del mercado internacional con el interno, dando puntapié inicial a la enorme inflación del 2016.

Entre noviembre (2015) y enero (2016), sólo en el Gran Buenos Aires (que representa alrededor de un cuarto de la población), cambiar el régimen de retenciones y el tipo de cambio significó: 187.000 nuevos indigentes, 1.223.000 nuevos pobres y 175.000 nuevas personas en situación de vulnerabilidad. Estos indicadores empeoraron en los meses siguientes fundamentalmente por la quita de subsidios. La contrapartida son los $128 millones adquiridos por los exportadores, anunciados con bombos y platillos por Macri en la Rural.

Entre diciembre del 2015 y mayo del 2017 se acumula una inflación del 57%, mientras que el aumento del salario mínimo vital y móvil (SMVyM) fue del 44,2%. Para comprender las causas del deterioro del poder adquisitivo de los argentinos, hay que separar el actual gobierno en dos etapas. La primera, caracterizada por lo explicado previamente (devaluación, inflación), significando una fuerte transferencia de riqueza del mercado interno a los exportadores, y la actual.

En esta segunda etapa la inflación se ha desacelerado y el tipo de cambio se ha estabilizado. La apertura de las importaciones, la caída del consumo y el dólar estable ha hecho bajar los precios de varios rubros, mientras que el único que se mantiene encareciéndose es el de alimentos. Mientras menor es el poder adquisitivo, estos productos tienden a ocupar mayor parte o la totalidad del presupuesto mensual, cuando no lo superan.

Tanto inflación como tipo de cambio estable son herramientas fundamentales para los especuladores. Cambian pesos por Letras que tienen una tasa de interés arriba del 2% mensual. Luego, al reclamar los pesos correspondientes, necesitan que la cotización del dólar no se haya modificado, así cambian por dólares.

Aparece así un nuevo problema: no todos los empresarios especulan, también producen, pero muchos carecen de conciencia nacional. El gobierno federel les ofrece entonces algunas formas de equiparar las ganancias especulativas con las productivas.

Por un lado tenemos las “mafias de los juicios laborales”, que según el presidente son la causa del cierre de las PyMEs. Contundentemente tenemos que decir que estas cierran por los tarifazos y por la imposibilidad de acceder al mercado crediticio. El objetivo de buscar el fin de los juicios laborales (a secas, sin el término “mafias”) es disminuir el costo de las grandes empresas y marcar la cancha: cualquiera puede ser despedido, sobre todo los de mayor antigüedad o los de militancia sindical, sin mayores consecuencias.

Por otro lado, el SMVyM era de $8.060; debería de aumentar inmediatamente a unos $14.000 para que una familia pueda costear la Canasta Básica Total (CBT). La oferta de las cámaras empresarias fue de llegar a $9.800 en julio del año que viene en tres cuotas, la cual fue rechazada. Entonces el gobierno intervino impuso, por decreto la superadora oferta de $200 más, lo que da $10.000. Menores salarios es mayor rentabilidad.

Mientras tanto, la cobertura del SMVyM sobre la CBT ha caído un 28% en 18 meses, y la tasa de interés de las LEBAC ha llegado al 25,5%. Si bien no son datos económicamente complementarios, sirve para ejemplificar cómo el Estado ha intervenido para hacer que una parte de la sociedad pierda poder adquisitivo y para que otra aumente sus ganancias, siendo esto la transferencia de riqueza. Fundamental es decir que los que pierden tienen que sufrir las vicisitudes y tragedias del descenso social. Los que ganan no ascienden ni se consolidan como clase social, sino que se mantienen, solo aumenta su rentabilidad.

¡Pobres los viejos ricos que tendrán que gastar su renta extraordinaria en mudarse o en adquirir la seguridad necesaria para que no se les llene de pobres el recibidor!


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Perón, muerte y resurrección

 

PABLO VÁZQUEZhttp://rinacional.com.ar/sitio/peron-muerte-resurreccion/

peron

 

Militar y docente, conductor y político, ante todo fue el intérprete de un sentido histórico nacional. En una época de corrupción política y sometimiento al Imperio Británico, canalizó entre 1945 a 1955 las esperanzas de aquellos que buscaron el despegue industrial, la integración social y la dignificación de los trabajadores. Y ellos encontraron en Perón su referencia política y pertenencia cultural.

Derrocado en 1955, su retorno por el poder popular en 1972 – 1973 significó un hito liberación que aún motiva. En sus memorias de reciente publicación, Antonio Cafiero reflexionó: “Perón tuvo que enfrentar la falta de comprensión de su propuesta de unidad nacional y de revolución pacífica. Desde distintos sectores, aparentemente opuestos, las acciones terrorista pretendían socavar al gobierno constitucional y popular… el 1º de julio de 1974, Perón nos dejaría para siempre”.

Dos meses antes de su muerte Perón anunció el Modelo Argentino.

La base fue recuperar al hombre y sus valores, donde la Argentina es el hogar.

A las tres banderas justicialistas: Soberanía Política, Independencia Económica y Justicia Social, anexándole la de Cultura Nacional. La síntesis de las mismas, expresada en la Tercera Posición – potenciada esos años con el Tercer Mundo – se complementó con la evolución a través del Continentalismo y Universalismo.

Incorporó la cuestión ecológica y racionalización de recursos naturales como política de Estado. Se contempló el papel de los medios de comunicación y se potenció el aspecto científico – tecnológico, interactuando con lo económico, lo político y lo social. A su vez se remarcó el rol de la mujer y la juventud en este Modelo Argentino.

Planteó formas más amplias de institucionalización, a través de la Democracia Social y la participación de las instituciones intermedias en el marco de la Comunidad Organizada. En la misma gobierno, partidos políticos, intelectuales, empresarios, Iglesia, Fuerzas Armadas y trabajadores.

El contenido del mismo  mostró cabalmente la dimensión de estadista y adelantado a su tiempo, a vez que, dolorosamente, enseñó que el haber  descontinuado su  obra tuvo consecuencias irreparables.

Perón: figura política del siglo XX, epónimo de una época y catalizador de anhelos de millones de argentinos.

A pesar de tensiones políticas actuales, las ideas de Perón se proyectan en sentir del pueblo peronista, quien mantiene vivo su legado.


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La judicialización antidemocrática de la política

Emir Sader* – http://www.alainet.org/articulo/186354

Además de las acusaciones a grandes líderes populares latinoamericanos como Lula y Cristina de supuesto involucramiento con casos de corrupción, para intentar pasar la idea de que todos los políticos son corruptos, otras acusaciones, igualmente significativas, intentan criminalizar los actos de gobierno.

En el caso de Cristina, se intenta transformar en caso judicial la política cambiaria de su gobierno, que puede ser discutida como política de gobierno, pero nunca criminalizada. Para hacerlo, intentan pasar la idea de que esa política habría traído ventajas financieras para la ex-presidenta y para su ex-ministro de economía. Se trata de ir acumulando sospechas que, aunque sin fundamento, vayan generando niveles de rechazo a grandes líderes populares, para intentar ponerles techo a su popularidad e ir generando una imagen de involucramiento con irregularidades.

En el caso de Lula pasa algo igual. Como no han encontrado ninguna prueba de algún tipo de involucramiento con corrupción y su popularidad no deja de crecer, buscan condenarlo no con pruebas, como confiesan que no tienen, sino con “convicciones”, como si estas pudieran fundamentar alguna condena judicial. En contra de Lula se agregan políticas de su gobierno, de promoción de los intereses de empresas brasileñas, con financiamientos públicos y con promoción internacional de esas empresas. Como no pueden concebir que Lula lo haya hecho por el interés del país, tratan de adjudicarle alguna ventaja a cambio de esas promociones. Un departamento que Lula nunca compró, un sitio que nunca fue de su propiedad, algo que pudiera demostrar que Lula actuó en función de intereses personales (como suele ser el caso de los gobernantes de derecha).

Para confirmar esa forma antidemocrática de intentar excluir a políticos de gran arraigo popular de la disputa electoral y de la vida política, quitando de las manos del pueblo el derecho de decidir sobre sus destinos, en Colombia surge un caso similar. El ex-alcalde Bogotá, Gustavo Petro, candidato de la izquierda a las elecciones presidenciales del país, es blanco de un no menos espantoso proceso que intentar sacarle de la disputa electoral, además de llevarlo a la bancarrota personal, con multas de varias decenas de millones de dólares por una política de tarifas diferenciadas en trasporte urbano, cuando fue alcalde de la capital colombiana.

Se puede, como en los casos de Cristina y de Lula, discutir las políticas públicas de Petro, pero nunca criminalizarlas, menos todavía cuando tienen un carácter claramente popular y democratizador.

La operación, además de los ataques personales a esos líderes, incluye la criminalización de las políticas de carácter público, la judicialización de los programas de gobierno, el ataque a las acciones de los Estados, considerando que perjudican los intereses del país. ¿Pero quiénes son los que acusan, quien les dio representación democrática en el Estado de Derecho, para intentar descalificar a gobiernos y políticas escogidas por el voto popular, por la vía democrática?

Es una nueva vía de intentar inviabilizar a gobiernos democráticos. En los tres casos, Cristina, Lula y Petro, representan asimismo las alternativas de izquierda en las próximas elecciones de Argentina, Brasil y Colombia, tres países fundamentales en la región. Argentina y Brasil fueron los ejes de los procesos de integración regional, que tanta incomodidad ha producido en la derecha de nuestros países, así como en los EEUU. Colombia tiene como alternativa de la derecha a Vargas Lleras o al candidato que lance Uribe. Petro aparece en segundo lugar en las encuetas o incluso empatado en primero lugar.

La democracia parece que, cada vez más, ahoga a la derecha, la condena a la derrota. Sus políticas neoliberales chocan no solo con los intereses de la gran mayoría de la población, sino también con la misma democracia.

En Brasil un llamado Instituto Millenium esta semana ha llamado la atención sobre cómo las elecciones del 2018 ponen en riesgo las (contra) reformas que la derecha trata de poner en práctica mediante un golpe y por medio de un gobierno que tiene el 2% de apoyo (con el margen de error, puede tener cero o menos que cero). El neoliberalismo choca frontalmente con la democracia y con los intereses de nuestros pueblos. De ahí que busquen, ahora de nueva forma, mediante la judicialización de la política, burlar la democracia y la voluntad popular.

 

*Emir Sader, sociólogo y científico político brasileño, es coordinador del Laboratorio de Políticas Públicas de la Universidad Estadual de Rio de Janeiro (UERJ).


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La deuda externa argentina como mecanismo de despojo y dependencia

Horacio Rovelli* – http://www.lateclaene.com/horacio-rovelli-deuda-externa

En toda la historia Argentina la deuda externa se utilizó para detraer riquezas, afianzar la dependencia al capital extranjero y beneficiar a una minoría en desmedro de la mayoría de la población que termina abonando la misma “con sangre, sudor y lágrimas”, como dijo en el año 1877 el por ese entonces Presidente de nuestro país, Nicolás Avellaneda. Deuda que no se tomó en la guerra de la independencia, sí lo hizo la burguesía comercial porteña que se endeudaba hipotecando los destinos del país, cuando Bernardino Rivadavia, como Ministro de Martín Rodríguez en 1824, tomó el crédito con la Baring Brothers, cediendo en garantía del empréstito la  hipoteca de todas las tierras y demás bienes inmuebles de propiedad pública, prohibiendo su venta (se cedía su uso en enfiteusis, mediante el cual se arrendaban contra el pago de un canon). La deuda fue de un millón de libras esterlinas, una parte menor llegó al país para financiar las importaciones principalmente de Inglaterra, pero se terminó pagando más de veinte veces esa suma hasta saldarla en la presidencia de Manuel Quintana (quién antes y después de ser Presidente de la República fue abogado principal del Banco de Londres en el Río de la Plata), en el año 1904.

Deuda ampliada por el gobierno de Bartolomé Mitre en 2.500.000 libras esterlinas para financiar la guerra contra el Paraguay, y vuelta a refinanciar y a ampliar en todos los gobiernos conservadores que sucedieron a Mitre hasta el gobierno constitucional de Don Hipólito Yrigoyen. La crisis de 1890 demostró palpablemente que el país para pocos era incluso insustentable por la deuda y la necesidad de importar la mayoría de los bienes industriales, principalmente de Gran Bretaña, a la vez que el precio de nuestras exportaciones también lo fijaba Gran Bretaña, de donde eran la mayoría de las embarcaciones comerciales y el seguro.

Yrigoyen impulsó desde el Estado la defensa de cierta independencia, se desendeudó como lo hicieron todos los gobiernos nacionales y populares,  protegió a la producción y al consumo nacional, y propició el desarrollo y la nacionalización de los principales resortes de la economía del país: “La política del Poder Ejecutivo es mantener en poder del Estado la explotación de fuentes naturales de riqueza, cuyos productos son elementos vitales del desarrollo del país… El Estado debe adquirir una posición cada día más preponderante en las actividades industriales que respondan principalmente a la realización de servicios públicos” H.Yrigoyen

Con la crisis del 30 se derrocó al gobierno constitucional y los conservadores retomaron el camino de la deuda y de la dependencia con Gran Bretaña, que incluso llevó al vergonzante Pacto Roca-Runciman que le aseguró al imperio alimentos a bajos precios y  se les permitía a sus empresas remitir sus utilidades en oro.

Se produce la Segunda Guerra Mundial y nuestro país le vendió a los dos frentes, lo que generó un fuerte superávit que acumulado permitió cancelar toda la deuda externa e incrementó las Reservas Internacionales del BCRA (Banco Central de la República Argentina); en esa época los estancieros y exportadores ahorraban en pesos fuertes; el peronismo ya en el gobierno nombra Presidente del BCRA a Don Miguel Miranda, quién duplicó la base monetaria (la cantidad de billetes emitidos y puestos en circulación por el Banco Central) y de esa manera transfirió recursos de los exportadores a los trabajadores y a la industria, y estatizó los FFCC y los teléfonos que eran ingleses.

Pero esa independencia económica duró hasta septiembre de 1955 en que lo derrocan a Perón y se acuerda con el nuevo fiscalizador de la deuda que es el FMI (Fondo Monetario Internacional), que siempre propone la misma receta para conceder créditos, que ahora se denomina Programa de Ajuste Estructural (PAE) y que consiste básicamente en reducir el desequilibrio fiscal de los países prestatarios a como dé lugar, por ejemplo reduciendo salarios y gastos sociales, y a levantamiento de restricciones a la importación y a la exportación con lo que ello implica sobre nuestro trabajo y nuestra producción (sustitución inversa, se importa lo que debemos y podemos producir)

Llega al gobierno de Arturo Frondizi y propicia la inversión extranjera principalmente en petróleo y en la industria automotriz. Estrangulado el sector externo por los intereses de la deuda, la compra de equipos y el giro de utilidades de las empresas extranjeras, quisieron compensarlo con un fuerte ajuste del gasto público incluyendo el congelamiento salarial, para ello reemplazan a Rogelio Frigerio por Álvaro Alsogaray quién anuncia el plan con su frase “Hay que pasar el invierno”, abriendo un período de resistencia de gran parte de la población, se decidieron paros, planes de lucha y ocupaciones de fábricas que el gobierno respondió con represión generalizada aplicando el Plan Conintes (Conmoción interna del Estado).

Con la proscripción del peronismo ganó Arturo Illia la presidencia de la República que asumió el 12 de octubre de 1963. Retomó la defensa acérrima del mercado interno, canceló los leoninos contratos petroleros, controló las inversiones y los precios de empresas extranjeras en las automotrices y en medicamentos, y fijó el control de cambio. En tres años de gobierno, Illia logró superar la dura recesión heredada. Durante 1964, el PBI aumentó en un 10,3% y, al año siguiente, fue del 9,1%, una extraordinaria cantidad de bienes y servicios adicionales puestos a disposición de la sociedad. La actividad de las industrias manufactureras, que representaban entonces la tercera parte del PBI (la producción agropecuaria era un sexto), registró un aumento del 18,9% en el primer año y del 13,8% en el segundo, y su participación en el PIB en 1964 fue del  32,5%  y alcanzaría en 1965 el récord histórico de participación del PIB del 33,9%, ni antes ni después logrado.

Ante la suba constante de los precios de los empresarios y la falta de acción del gobierno para impedirlo, más el desgaste permanente de la CGT conducida por el “vandorismo”, que le hace decir años más tarde a Andrés Framini, el Gobernador electo de la Pcia. de Buenos Aires en las elecciones de marzo de 1962: “Había un pacto militar sindical para sacarlo a Illia del poder. Muchos no estábamos de acuerdo pero sí los que manejaban más la cosa: Vandor, Coria, Alonso“. También es claro el trabajo de inteligencia de la embajada de los EEUU en los medios, con la burocracia sindical y con las FFAA.

El golpe de Estado del 28 de junio de 1966 para derrocar a Illia se genera con el pretexto de  impedir las elecciones en la provincia de Buenos Aires, pero estaba patrocinado por la embajada y las empresas extranjeras, y tenía como ariete popular a la burocracia sindical que, de saco y corbata, fue a la asunción como presidente de facto del General retirado Juan Carlos Onganía, recibiendo a cambio la administración de las obras sociales.

El plan benefició a las grandes empresas y sobre todo a las extranjeras, de manera tal que mientras para 1956, unas 75 de las 100 grandes empresas censadas por la revista “Panorama de la Industria Argentina” eran argentinas, para 1967 la participación había descendido a sólo 50 empresas, y en 1970, el predominio de las empresas extranjeras ya era decisiva, onda que siguió cuando observamos que en la encuesta del ENGE – INDEC del año 2013, de las 500 primeras empresas 315 eran de capital extranjero. Esto es, no es que nuestra burguesía sea una maravilla, al contrario, es rentística y se apoya en el Estado para desarrollarse, pero con Onganía se recomienza el proyecto de extranjerización y subordinación al capital financiero internacional de la época de Frondizi.

Los conflictos sociales fueron incrementándose de manera tal que en el año 1969 se producen una serie de incidentes estudiantiles y obreros. En Rosario, Corrientes y Resistencia por el cierre del comedor escolar mueren Juan José Cabral y Adolfo Bello. En Córdoba la agitación sindical es por las quitas zonales y la supresión del sábado inglés, lo que genera la movilización de conductores de ómnibus y de trabajadores mecánicos de IKA-Renault, y el llamado a una huelga general seguida de agitación estudiantil. Los dirigentes sindicales cordobeses, con el apoyo de la CGTA (Confederación General del Trabajo Argentino, liderada por Raimundo Ongaro) organizan el 29 de mayo una marcha sobre Córdoba. Al sumarse los estudiantes y buena parte de la población, se genera un motín que desborda a la Policía. Interviene el Ejército, que debe enfrentar barricadas y francotiradores. Hay catorce muertos según las cifras oficiales, numerosos heridos y detenidos, entre ellos los dirigentes sindicales Agustín Tosco y Elpidio Torres, condenados luego por un tribunal militar a ocho y cuatro años de cárcel respectivamente.

Las luchas obreras, la aparición de organizaciones armadas, y los serios problemas económicos reflejados en la inflación y en la caída del PIB, obligan a las fuerzas armadas usurpadoras del gobierno a llamar a elecciones. La llegada del gobierno popular estuvo condicionada desde el principio por las grandes empresas extranjeras que operan en nuestro país y los grupos locales más concentrados, que se opusieron al plan pergeñado por un importante sector empresarial nacional distribuido en todo el país, encabezado por la Confederación General Económica que, apalancado sobre los trabajadores, proponían un acuerdo con el Estado que básicamente invertiría en infraestructura y a la vez mediante planes promocionales permitiría que crezca más la burguesía nacional que la extranjera. Esto se plasmó en el denominado Pacto Social (“congelamiento” de salarios y precios, con nacionalización del crédito y del comercio exterior) y se proyectó en un plan trienal de crecimiento y expansión de los mercados internacionales con los países del este europeo.

Muerto Perón el 1 de julio de 1974, el avance de las grandes empresas locales y extranjeras fue sistemático, el solo hecho de abrir el comercio a Rusia y obligar a las empresas automotrices extranjeras, principalmente de los EEUU, venderle a Cuba, condicionaban la política de apoyo a la burguesía local poniéndole fin a la experiencia, con lo que José Ber Gelbard debió renunciar el 21 de octubre de ese año.

La lógica del capital monopolista fue la que primó, quienes se fijaron como objetivos el control de las industrias básicas, las finanzas y el comercio exterior, que se logra si esas actividades están en manos privadas, que por la ley de concentración y centralización de capitales termina en monopolios. Sumados al monopolio de la tecnología y del conocimiento, a la necesidad de importar insumos industriales estratégicos (coeficiente técnico de importación), a la necesidad de recurrir al endeudamiento, condicionando  el presente y el futuro del país, asociado a la libertad de entrada y salida de capitales.

“Rodrigazo” mediante, plan inspirado y guiado por Ricardo Mansueto Zinn, hombre del Grupo FIAT (y miembro del “grupo Azcuénaga” que fueron los que elaboraron el plan económico de Martínez de Hoz, y años más tarde directivo de SEVEL – MACRI) que fue Vice Ministro de Celestino Rodrigo en junio de 1975, quién en agosto del año 1976 publicara un libro titulado “La Segunda Fundación de la República,  y en él va a sostener:  “… cuando un país cae en la decadencia, la única salida posible es el aniquilamiento de un modelo para reemplazarlo por otro”.

En ese marco se produce el golpe militar del 24 de marzo de 1976 con el objetivo de romper la alianza de hecho entre los trabajadores y las empresas que venden al mercado interno y que necesitan del poder adquisitivo de la población para acrecentar sus ventas.

El Profesor Mario Rapoport va a decir: “A partir del golpe de Estado del 24 de marzo 1976 se produjeron profundos cambios en la estructura económica argentina, que terminaron por conformar un nuevo modelo económico basado en la acumulación rentística y financiera, la apertura externa irrestricta, comercial y de capitales, y el disciplinamiento social. La dictadura militar se propuso restablecer la hegemonía del mercado en la asignación de recursos, restringir la participación del Estado y abrir la competencia de los productos nacionales con los extranjeros”.

El plan de la dictadura militar respaldado en las fuerzas armadas y el control militar de la Nación, es de una estructura muy sencilla y se instrumenta en tres medidas básicas:

a) Retrasar el tipo de cambio (Ejecutado por Martínez de Hoz en una “tablita” cambiaria que prefijaba el valor del dólar muy menor al del crecimiento de los precios)

b) Baja generalizada de los aranceles y disminución de medidas para arancelarias (desprotección aduanera)

c) Tasas de interés positivas y por encima del crecimiento del dólar

De esa manera propiciaba el ingreso de capitales especulativos atraídos por tasas de interés que eran mayor que el crecimiento de los precios y muy superior a la evolución cambiaria, a su vez que se encarecía el crédito a las empresas y a las personas, siendo confiscatorio de su capital, generando una brutal transferencia de la producción y del consumo al favor del sector financiero,  basándose en el excedente de los países petroleros árabes, con lo que el sistema financiero mundial debía colocar los petro-dólares, a tasas muy bajas. La burguesía local pedía préstamos en el exterior (en dólares) a bajas tasas y compraban títulos públicos o acciones o depósitos a plazo fijo en pesos, ganando la diferencia y luego se volvían al dólar retirando la renta. Renta que se abonó con más endeudamiento externo y cuando no se pudo pagar ni los intereses de la deuda (default), se cedieron los más preciados activos públicos: YPF, FFCC, SEGBA, Gas del Estado, se privatizaron las rutas, puertos y hasta el sistema previsional, etc.

En ese lapso juega un papel destacado el FMI como orientador de la política económica de todos los gobiernos que deben subordinarse a sus recomendaciones en interminables acuerdos stand by y de condicionamientos suscriptos desde fines de 1975 hasta el 25 de mayo del año 2003.

Esto es, tras la derrota en Malvinas, los sectores beneficiados por la acción dictatorial se plantearon el inevitable reemplazo del gobierno militar por otro civil que les permitiera y les garantizara junto a la primacía en las decisiones, traspasar su deuda a la población, cuya maniobra iban a perfeccionar con el arribo del gobierno constitucional que iba a legitimar la deuda “estatizada” por los seguros de cambio.  Pero la gran banca nacional y extranjera  presionó por el reconocimiento de toda la deuda y el pronto y mayor pago posible de los servicios de la misma. El 18 de febrero de 1985 Bernardo Grinspun echó del Ministerio de Economía a Joaquín Ferrán representante del FMI en la Argentina, el 19 Alfonsín le pidió la renuncia, el plan de legitimar la deuda externa y de acordar con los grupos económicos locales se ponía en marcha. En marzo de ese año, el presidente viajó por segunda vez en su mandato a Estados Unidos y, subrayó la necesidad de adoptar medidas de reforma estructural del Estado y de privatizaciones, de manera acorde con la filosofía ortodoxa de los financistas y empresarios norteamericanos (Plan Houston).

Asume en reemplazo de Grinspun, Juan Vital Sourrouille con un equipo compuesto por Mario Brodersohn, Adolfo Canitrot,  José Luis Machinea y Roberto Frenkel, entre otros, y aplican un plan de ajuste ortodoxo con cambio de la moneda que se denominó Austral, con el apoyo del FMI y de la Reserva Federal de los EEUU; el por ese entonces Presidente de su Directorio, Paul Volcker, que sólo había venido a nuestro país a pescar truchas en los lagos del sur argentino, avaló con su presencia el acuerdo. Con fecha 1 de julio de 1985 mediante los Comunicados A-695, A-696, y A-697 del BCRA se reemplazaron títulos de deuda externa heredados de la dictadura militar (y por ende firmado por nadie, por funcionarios de un régimen de facto) a los que la gestión de Grinspun se negó a reconocer hasta que no se supiera el origen y destino de los fondos,  por “Obligaciones de Banco Central de la República Argentina” firmados por las autoridades puestas por el gobierno constitucional.

El desmanejo de la deuda y su empleo en las privatizaciones

El reemplazo adelantado de Menem por Alfonsín tras una impresionante corrida cambiaria es fisgoneado por los grandes grupos locales y la banca extranjera para “cerrar” el circuito de la legitimación de la deuda, ante un Estado insolvente por la magnitud que la misma había alcanzado y por la suba sistemática de los intereses, que se reflejó cuando el 6 de febrero de 1989 el por ese entonces presidente del BCRA, José Luis Machinea reconoció que no podía cambiar un dólar más, dado que las reservas internacionales no alcanzaban a los U$s 500 millones. Ese día, el tipo de cambio oficial era de Australes 37,62, paso la barrera de los Australes 100 en abril y el 9 de julio de 1989 cuando asumió anticipadamente la presidencia de la República Carlos Menem fue de Australes 650.-. Pero siguió la corrida cambiaria y el 1° de abril de 1991, cuando comienza el plan de “Convertibilidad”, el tipo de cambio fijado fue de Australes 10.000.- por un dólar americano, con lo que en un poco más de dos años el tipo de cambio creció en un 266 veces; la híper inflación es hija de la hiper devaluación de nuestra moneda.

Semejante dislate demuestra que la valorización financiera del capital se convirtió en el eje ordenador de las relaciones económicas, con lo que la deuda externa para el sector más concentrado y oligopólico deja de ser fuente de financiamiento de la inversión real y es un mecanismo de despojo y dominación.

Inmediatamente asume Menem y envía al Congreso de la Nación los proyectos de Reforma del Estado y de Emergencia Económica que se convierten en las leyes 23.696 y 23.697 respectivamente, que dieron la cobertura legal para las privatizaciones que se realizaron con el fin de laudar y dar una respuesta al conflicto desatado en la década anterior entre los grupos económicos locales y los acreedores externos (representados por el FMI) por el pago de la deuda. En ese momento, la incapacidad de poder pagar la deuda externa hace que el gobierno radical deba dejar de subsidiar a los grandes contratistas del Estado (disminución de la obra pública, limitación a las promociones industriales y otros tipos de promociones impositivas; desprotección arancelaria y cambiaria, etc.), para poder “honrar” la misma. Menem, no bien asume como Presidente de la República, plantea la Reforma Económica y la Reforma del Estado como un medio para superar la crisis, donde la venta de las empresas públicas permite:

  • Restablecer el pago a los acreedores externos

  • Asegurar a los tenedores de títulos públicos una fuerte recomposición de su valor, al poder emplearse los bonos a su valor nominal como parte de los aportes de capital en las privatizaciones.

  • Permitir la entrada de la Argentina al Plan Brady y con ello, poder zanjar la brecha financiera para “honrar” la deuda.

En un principio y por ley, en todas las privatizaciones las UTE (Unidad Transitoria de Empresas) que participaban en las privatizaciones, debían contar con una empresa de capital nacional, pero luego vendieron su parte y, de esa manera la creciente presencia del capital extranjero sobre ellas, las altas tasas de ganancias con que operaron ante un mercado cautivo y estratégico, hace que su predominio sea absoluto, como lo demuestra que de las primeras 20 –veinte- empresas que más facturaron en el país en el año 2001, 17 –diecisiete- sean extranjeras (Repsol YPF; Grupo Promodies; Telecom.; Telefónica; Techint; Cargill; Shell; Grupo Philips Morris; Disco.Ekono; Carrefour; etc.) y solo tres pertenezcan a grupos nacionales (Coto, Clarín y Pérez Companc), dibujando una estructura de la cúpula económica nueva, fundamentalmente extranjerizada , y por lo tanto más dependiente del exterior, y a nivel de toda la sociedad un perfil más regresivo.

El Plan de Convertibilidad

En 1991, bajo la presidencia de Carlos Menem y con Domingo Cavallo como Ministro de Economía se implementó por ley el plan de Convertibilidad, se determinó un tipo de cambio fijo que establecía que un peso (por la ley de presupuesto del año 1992 se cambió la moneda local de Australes 10.000 a un peso) sería intercambiable por un dólar. De esta manera el peso argentino se encontraba sobrevaluado, es decir, el dólar era demasiado barato, lo que hacía que todos los productos importados fueran también artificialmente baratos y que, al mismo tiempo, los productos argentinos fueran caros para los extranjeros. Además de las privatizaciones y la contracción del Estado, esta política monetaria fue una de las causas de la acelerada desindustrialización de la Argentina durante la década de 1990.Para sostener esa paridad cambiaria Argentina debió recurrir en forma indiscriminada al endeudamiento externo. Cuando el radicalismo accede al gobierno de la mano de De la Rúa en 1999, decide sostener la convertibilidad, de esta manera, la necesidad de dólares era cada vez mayor, porque el sobreendeudamiento no se empleó para alcanzar un mayor crecimiento o una mejora en la distribución de la riqueza, sino para sostener un esquema financiero que beneficiaba al capital oligopólico extranjero y nacional que opera en el país.

Se aplica una vez más la receta del FMI con su monitoreo constante. Obviamente la resistencia a la desocupación y al ajuste fiscal con el fin explícito de pagar a los acreedores a como dé lugar, hicieron que renunciara Machinea y durara solo una semana su reemplazante López Murphy, y es allí que vuelve Domingo Cavallo al ministerio, y vuelve habiendo acordado con determinados bancos (Francés, Santander –Río, Central Hispano, Galicia, Citigroup, HSBC, JP Morgan, y Credit Suisse First Boston) y con el ex secretario del Tesoro de los Estados Unidos, David Mulford, que por ese entonces trabajaba para el banco Credit Suisse First Boston.

La idea era extender los vencimientos en 5 – cinco- años de plazo, reconociendo tasas del 18 al 22% anual en dólares, con lo que dejaba al descubierto la frágil situación financiera del país.  Esa situación provocó la corrida de los depósitos y su conversión al dólar, lo que impuso el “corralito” para restringir las extracciones de los bancos, el descontento fue tomando una magnitud tal que primero se llamó al estado de sitio, segundo la gente sale a la calle y se le reprime violentamente, de manera tal que en el país entre el 18 y el 19 de diciembre de 2001 fueron asesinados por las fuerzas de seguridad 38 –treinta y ocho- personas, el Presidente De la Rúa huye en un helicóptero de la casa rosada y la población se convocó en las calles al grito de que se vayan todos.

El modelo perverso de sustituir producción local por importaciones y financiarse con deuda colapsó en el año 2001, pero el descontrolado incremento del precio del dólar hizo que se caiga fuertemente el poder adquisitivo de los trabajadores (relación inversamente proporcional entre el poder adquisitivo del salario y el valor de la divisa norteamericana), empujando a la mayoría de la población a la pobreza y a una parte considerable de ella a la indigencia.

La implosión del modelo de valorización financiera se explica por la constante y creciente fuga de capitales que en el año 2001 fue de 29.913 millones de dólares, que se realizaron a través de múltiples firmas controladas, a lo que se sumó que esos mismos empresarios que tenían deuda en dólares en el mercado local se le “pesificó” la misma, fijándolo a un tipo de cambio de un peso un dólar,  pero la devaluación real fue incontrolable, en el mercado paralelo y en Montevideo en abril del año 2002 se cambiaba el dólar a 4 –cuatro- pesos lo que impactó en el poder adquisitivo del salario.

Los grandes beneficiados fueron el grupo Pérez Companc, el grupo Techint, el grupo Clarín, SOCMA (Sociedad Macri), el grupo Bulgheroni y empresas como Cargill SA, Telefónica Argentina SA, Repsol SA, Telecom Argentina SA, Nidera SA, Shell SA, Esso Argentina SA, Bunge Cerval SA; IBM Argentina SA, SA Louis Dreyfus y Cía, Ford Argentina SA, Renault Argentina SA, etc., los artífices fueron entre otros José Ignacio De Mendiguren, Ministro de Producción y Jorge Todesca Vice Ministro de Economía del gobierno de Duhalde

En ese contexto se siguió reprimiendo las manifestaciones de reclamo y disconformidad, produciéndose la muerte de los jóvenes Kosteki y Santillán el 26 de junio de 2002 en la localidad de Avellaneda, su sangre generosa obligó al gobierno de Duhalde a llamar a elecciones donde ganó en la segunda vuelta Néstor Kirchner.

El tratamiento de la deuda externa en el gobierno de los Kirchner

Fue Néstor Kirchner el que pergeñó el canje de los títulos de la deuda con una quita de un 65% de la misma y reescalonar los plazos que habiéndose realizado en los años 2005 y 2010 alcanzan al año 2038. Cuando asumió Néstor Kirchner el 25 de mayo de 2003 la deuda externa representaba el 160% de lo que producíamos, al 31 de diciembre de 2015, último dato de deuda externa Argentina del gobierno de los Kirchner, la misma ascendía a un total de 222.703 millones de dólares, que es el 42,8% del PIB, pero además, de esa suma, 132.421 millones de dólares estaba en poder  del mismo sector público nacional (BCRA; Banco de la Nación Argentina, Fondo de Garantía de Sustentabilidad de la  ANSeS, BICE, Fondos Fiduciarios, etc.), por ende la deuda externa en poder de los privados y organismos de créditos internacionales era de 90.282 millones de dólares que representa solo el 18% del PIB. Más allá de la patraña de los fondos buitres avalado por la justicia norteamericana, lo cierto es que la deuda dejaba de ser un condicionante del país. Una deuda externa que por su monto y sus vencimientos era totalmente administrable y hacía que se destinara menos del 2% de lo que producimos por año para cumplir con ella.

En la campaña para presidente  Mauricio Macri sostuvo  que había que cumplir con la sentencia del Juez Griesa y pagarle el 100% a  los “hold out”[1]. Tanto su ministro de Hacienda y Finanzas del comienzo de la gestión (Alfonso Prat Gay) como el Secretario de finanzas y después ministro (Luis Caputo), dos empleados jerárquicos del JP Morgan, se abocaron desde el primer día de su designación (y aún antes en forma oficiosa) a acordar con los tenedores de los títulos que no habían ingresado a los dos canjes del gobierno de los Kirchner, de allí que se reúnen con el representante del juez y mediador Daniel Pollack, quién fue el que anunció que  las partes alcanzaron un principio de acuerdo por una suma de  4.635 millones de dólares, que fue  abonada en efectivo el 14 de abril 2016 con la condición previa y cumplida que el que el Congreso de la Nación apruebe dicho pago  y que derogara las denominadas “Ley Cerrojo” y la “Ley de Pago Soberano”.

El gobierno de Macri solicita autorización para endeudarse al Congreso de la Nación en la ley de  Presupuesto Nacional  2016, que contempla un aumento de la deuda externa en 23.400 millones de dólares, a lo que se le debe sumar los  16.500 millones de esa moneda para pago a los holdouts, y otros (recordemos que el gobierno se endeudó en 4.000 millones de dólares más para financiar el gasto público), lo que conforma un  sub total 39.900 millones de dólares, a los que se le agrega los intereses devengados de la deuda del año por 12.400 millones de dólares:  TOTAL  52.300 millones.

A su vez en la Ley de Presupuesto del año 2017 amplia la deuda en 38.200 millones de dólares y se prevé el pago de intereses por 13.800 millones de dólares. TOTAL: 52.000 millones de dólares.

Quiere decir que en dos años de gestión Macri se endeuda por el 46% del stock de deuda externa al 31 de diciembre de 2015.

En primer lugar debe tenerse en cuenta que el modelo pergeñado por el macrismo, tiene como acicate el ingreso de capitales a los que le reditúan la perniciosa combinación de revaluación cambiaria y altas tasas de interés, que como ha sucedido en su momento, con Martínez de Hoz y con Cavallo, parten primero de una brusca devaluación para después permitir que,  por el ingreso de capitales, se retrase el tipo de cambio, con ello se favorecen las importaciones, y el resultado es la desindustrialización y la menor producción en general, con la desocupación de empleo y de factores que genera.

Esto es, en lugar que el tipo de cambio lo fije la cuenta corriente de la Balanza de Pagos, lo fija la Cuenta de Capital atraída por la perniciosa combinación de atraso cambiario y altas tasas de interés, base de la inconsistencia del modelo macrista que es la antípoda de los países que crecen, esencialmente los del este asiático en general y de China en particular que combinan bajas tasas de interés con tipo de cambio competitivo

El modelo macrista es insustentable, significa ganancia rápida y no supera el corto plazo. Los empresarios lo aplauden, pero ninguno invierte, tratan de sacarle todo lo que pueden: desgravaciones impositivas, que no los fiscalicen, que puedan seguir importando lo que quieren y sustituir producción por productos extranjeros (desde un alimento a un auto), que le dejen seguir fijando libremente los precios con las altas tasas de ganancia (por ejemplo la leche, a comienzos del año 2017 le pagan al tambero $ 4 o en el mejor de los casos $ 5.- por litro y lo venden a no menos de $ 20.-, peor pasa con la yerba que le pagan al productos $ 4 o $ 5 el kilo y la venden en los supermercados a $55.- o $ 60.-).  EEUU y el FMI lo aplauden pero para colocar los productos excedentes que no venden por la recesión mundial.

Conclusión

La deuda externa ha sido el mecanismo de enriquecimiento de los sectores más concentrados de la economía que operan en el país, quienes se endeudaron y lograron traspasar el grueso de esa deuda al Estado nacional, y con ello a la población.  Paralelamente fugaron capitales porque se le da todas las posibilidades para que compren y extraigan divisas de la Argentina, esto explica porque la Argentina tiene el raro privilegio de ser la única nación cuyos residentes más ricos, poseen activos financieros (por fuga de capitales) de similar magnitud de su PBI (la cantidad de bienes y servicios finales que se producen en el país en un año).

Los gobiernos democráticos de Hipólito Yrigoyen, Juan Perón, Arturo Illia y los de los Kirchner lograron reducir la deuda externa y reorientar la economía para un crecimiento autosostenido basado en el mercado interno, donde prevaleció el crecimiento de los salarios y el de la producción en desmedro del capital financiero.  Todos los demás gobiernos se subordinaron en mayor o menor medida y la burguesía local adoptaron el rol de socio menor en el mejor de los casos, modelando un país dependiente al capital financiero internacional y funcional a sus intereses

Con el gobierno de Macri se retorna al modelo de valorización financiera del capital, que solamente puede superar la restricción externa y las inconsecuencias del modelo que aplica, endeudándose y ofreciendo pingues negocios al capital más concentrado, en ese marco no puede existir proyectos de inversión productiva, se prioriza lo financiero, a costa de un mercado interno que se achica, se concentra y se extranjeriza, máxime cuando no ponen ningún límite, al contrario y por eso lo hacen, facilitan la fuga persistente de divisas del país, con lo que  condena a amplias franjas de la población a la desocupación y a la pobreza en el presente y en el futuro, con un efecto anestésico por el ingreso de dólares para un sector de la población en la actualidad, pero insustentable en el tiempo.

Referencias

[1]El informe oficial sobre la deuda muestra también que los pasivos “no presentados al canje”, es decir la deuda no performing que en algunos casos todavía se dirime en tribunales internacionales., asciende a 8.468 millones de dólares al 31/12/2016

Buenos Aires, 15 de mayo de 2017

*Horacio Rovelli es Economista especializado en temas fiscales y monetarios. Profesor de Política Económica en la Universidad de Buenos Aires. Ex Director de Políticas Macroeconómicas del Ministerio de Economía. Miembro de EPA (Economía Política para la Argentina).


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Los fusilamientos de José León Suarez, a 61 años

Carlos Ciappina – http://www.diariocontexto.com.ar/2017/06/09/los-fusilamientos-de-jose-leon-suarez-a-61-anos/

 

 

Pero si este género de violencia pone al descubierto la verdadera sociedad argentina, fatalmente escindida, otra violencia menos espectacular y más perniciosa se instala en el país con Aramburu. Su gobierno modela la segunda década infame, aparecen los Alsogaray, los Krieger, los Verrier que van a anudar prolijamente los lazos de la dependencia desatados durante el gobierno de Perón. La República Argentina, uno de los países con más baja inversión extranjera (5% del total invertido), que apenas remesaba anualmente al extranjero un dólar por habitante, empieza a gestionar esos préstamos que sólo benefician al prestamista, a adquirir etiquetas de colores con el nombre de tecnologías, a radicar capitales extranjeros formados con el ahorro nacional y a acumular esa deuda que hoy grava el 25% de nuestras exportaciones. Un solo decreto, el 13.125, despoja al país de 2 mil millones de dólares en depósitos bancarios nacionalizados y los pone a disposición de la banca internacional que ahora podrá controlar el crédito, estrangular a la pequeña industria y preparar el ingreso masivo de los grandes monopolios (Rodolfo Walsh, 1968)

Primero, el relato

Nueve de Junio de 1956, nueve meses después del Golpe de Estado que derrocó el gobierno constitucional de Juan Domingo Perón, un grupo de militares y civiles dirigidos por el General Juan José Valle se rebelaron contra la Dictadura militar que gobernaba el país.

El movimiento  estalló en varios puntos del país en forma descoordinada y desigual. En Capital Federal el objetivo era tomar la antena de alcance  nacional del Automóvil Club Argentino para emitir una proclama al pueblo; otros estaban esperando la señal para tomar el Regimiento de Infantería de Plaza Italia en Capital Federal , algunos se habían reunido para esperar la señal en una casa de la localidad de Florida en el Gran Buenos Aires, otros se reunieron en una escuela de Avellaneda.

Todos fueron descubiertos antes que puedan llevar adelante lo previsto. El Gral. Raúl Tanco se refugió en la Embajada de Haití. La esposa del embajador detuvo al General del Ejército Quaranta en la puerta. El General , al grito de “correte negra de mierda”, violó la embajada y entró para llevarse al General y a cinco de sus compañeros. No hubo tregua ni respeto a ninguna ley internacional.

En Rosario, los confabulados fueron detenidos sin que alcanzaran sus objetivos: toma de comisarías y de radios. La Gendarmería, la Policía y el ejército fueron movilizados y detuvieron a unos pocos jóvenes sublevados. Fueron a parar a la comisaría 12 de Rosario. El Comisario los dejó ir al tercer día de detenidos, para que no los vaya a buscar el Ejército.

En Salta, Abraham Cabral lideraba un grupo de sublevados. Alguien propuso volar el tren que cruza los Andes. Cabral se opone, no podían caer inocentes. Cuando el movimiento es derrotado, lo encarcelan diez y seis interminables días y lo torturan  hasta fracturarle el cráneo.

En la casa de Florida, un grupo de civiles estaba reunido (escuchando la pelea de box del campeón nacional  Lausse como pantalla), esperando la señal para sumarse al levantamiento. Irrumpió la policía. Todos fueron llevados al basural de León Suárez. El comisario Desiderio Fernández Suarez ordenó el fusilamiento sin juicio y sin legalizar siquiera la detención.

En la ciudad de La Plata se dieron los mayores éxitos del movimiento: se tomó el Regimiento 7 de calle 19 y 53, todas las Comisarías y varias instituciones platenses por el Teniente Coronel Cogorno.

El Departamento Central de la Policía resistió, Cogorno y Valle consideraron tomarlo utilizando tanques de guerra, pero desistieron pensando en el número de vidas que iba a costar tal acción.

El teniente Coronel Cogorno fue fusilado en el regimiento 7 y el subteniente de reserva Alberto Juan Abadie en lo que hoy es la escuela de adiestramiento de perros de la Policía Bonaerense en el paseo del Bosque.

En La Pampa, los sublevados lograron tomar la ciudad capital por un tiempo pero tienen que entregarse cuando el Ejército entró a la misma.

El movimiento se agotó en tres días y los principales líderes y algunos civiles fueron detenidos. La Dictadura militar proclamó el Estado de Sitio y la pena de muerte después de las detenciones y con este argumento fusiló a varios de los sublevados. En  total, fueron treinta y ocho los fusilados entre civiles y militares. Sin juicio, sin ley.

El Gral. Juan José Valle se entregó esperando detener la ola de fusilamientos y persecuciones. Su compañero de curso en el Colegio Militar, Pedro E. Aramburu, gobernaba el país después del golpe militar contra Perón. Era quien había firmado la orden de fusilamiento. La esposa del Gral. Valle, quien conocía a Aramburu, se trasladaba a pedir por la vida de su esposo en un intento desesperado por salvarle la vida. “El sr. Presidente duerme y pidió no ser molestado”, fue la respuesta que recibió.

El Gral. Valle fue fusilado.

Fueron asesinados en el basural de León Suarez; Carlos Alberto Lizaso, Nicolás Carranza, Francisco Garibotti, Mario Brión y Vicente Rodríguez.

En sedes militares los fusilamientos se llevaron a cabo en: la Unidad Regional de Lanús, en el Regimiento 7 de La Plata y en el Bosque, en Campo de Mayo, en el Regimiento 2 de Palermo y en el Penal de Las Heras.

En estas sedes los fusilados fueron: General de división Juan José Valle; Coroneles Ricardo Santiago Ibazeta, Alcibiades Eduardo Cortínez y José Albino Irigoyen; Teniente coronel Oscar Lorenzo Cogorno; Capitanes Eloy Luis Caro, Dardo Néstor Cano y Jorge Miguel Costales; Tenientes 1º Jorge Leopoldo Noriega y Néstor Marcelo Videla; Subteniente Alberto Juan Abadie; Suboficiales principales Miguel Ángel Paolini y Ernesto Gareca; Sargentos ayudantes Isauro Costa y Luis Pugnetti; Sargentos Hugo Eladio Quiroga y Luis Bagnetti; Cabos Miguel José Rodríguez y Luciano Isaías Rojas; ciudadanos Clemente Braulio Ross, Norberto Ross, Osvaldo Alberto Albedro, Dante Hipólito Lugo, Aldo Emir Jofre, Miguel Ángel Mauriño, Rolando Zanetta, Ramón Raúl Videla y Carlos Irigoyen.

Todos fueron fusilados por un decreto posterior a su supuesto “delito” (sublevarse contra una Dictadura es, obviamente un derecho y una obligación democrática) . La gran mayoría sin ningún juicio , ni siquiera sumario y varios (los de León Suárez) en forma clandestina.

Segundo, la interpretación de la crónica:

Aún hoy (y después de varias dictaduras más) el relato de los hechos de junio de 1956 sigue conmoviendo y generando dolor y rebeldía. Cómo todas las epopeyas heroicas sólo puede crecer con el tiempo y, la memoria,  rescata cada vez más los detalles y a los protagonistas de esos hechos.

Pero un aspecto sin el cual sería incomprensible tanta saña , es el de interpretar y encuadrar los sucesos del  9 al 12 de Junio en el momento en que se produjeron.

¿Porqué se rompió la tradición de no fusilar por motivos políticos a los líderes militares de una sublevación?

¿Porqué se llegó violar el espacio hasta de las embajadas para perseguir a los sublevados?

¿Porqué se ordenó fusilar en forma clandestina a civiles indefensos?

La respuesta es desde esa época y desde hoy bastante clara: lo que estaba en juego era mucho más que el anhelo del retorno del Gral. Perón. O dicho de otro modo, la intención de los sublevados, llamar elecciones libres sin proscripciones, suponía el seguro triunfo y regreso de Perón, y esto,   ponía en discusión el modelo de país que la “Libertadora” y sus aliados civiles tenían previsto.

Por  supuesto, que la represión era aceptada y fervientemente apoyada por los tradicionales dueños del poder económico y político que habían visto con temor y repulsión como durante diez años se habían ido  ocupando “sus” espacios tradicionales en las ciudades, en los teatros, en los cines, en la cultura, en las pautas de consumo, en la Universidad, en el  machismo de una organización política y sindical cerrada a la participación femenina. Todo un orden social había sido puesto en discusión, y, para horror de la oligarquía y sus intelectuales , los “negros” realmente se creían ciudadanos con iguales derechos al resto de los ciudadanos “decentes” del país.

Esta visión simbólica escondía, por supuesto, una comprobación mucho más concreta: la transformación social era el resultado de cambios profundos en la distribución de la riqueza, los alcances de la organización sindical, el respeto de los derechos laborales y sociales, la nacionalización de empresas públicas y la creación de varias nuevas, el cierre al ingreso indiscriminados de productos que podían producirse en el país, el fin del control terrateniente sobre la comercialización de ganado y granos, la autonomía en materia de política internacional. En síntesis, el primer momento de la historia argentina en que efectivamente hay una distribución de la riqueza que afecta los intereses de quienes dirigían desde siempre  a su antojo los resortes claves de la economía.

Cuando los sublevados de Junio comienzan su movimiento cívico- militar, están enviando un mensaje claro: esa Argentina nueva está en riesgo de desaparecer y nosotros la queremos recuperar.

La dictadura de Rojas y Aramburu lee correctamente lo que está en juego.

Ellos, y los actores económicos privilegiados desde adentro del país  y desde fuera  tienen precisamente el proyecto opuesto, y actúan sin límites éticos , sin piedad y sin pasión.

A partir de este momento , y durante dieciocho años, la preocupación central del poder económico-militar fue la de impedir el regreso al gobierno de quienes habían iniciado la construcción de un proyecto de país nacional y popular. Los fallidos intentos de las dictaduras militares por alcanzar la cuadratura del círculo (esto es lograr legitimidad política llamando a elecciones donde le estaba prohibido participar al partido que era mayoría) terminaban invariablemente en nuevas dictaduras que aumentaban la represión sobre el movimiento peronista.

Lo que la dictadura “leyó mal” fue el resultado de su “escarmiento”.

Lejos , muy lejos de sumirse en la apatía y el temor, en las fábricas, los barrios, las villas, los pequeños pueblitos del interior, las escuelas y si, finalmente también , las universidades, se inicia el  lento y constante crecimiento de una ola de resistencias, reclamos , luchas, reuniones que se transformarán en un mar que con el Gral. Perón como líder , quebrará una a una los proyectos represivos de las distintas dictaduras.

La resistencia que se inicia en el levantamiento de junio se inscribe , por  lo tanto , en esa lucha por volver a un proyecto democrático nacional y popular.

Los fusilados de junio florecerán dieciocho años después, en marzo de 1973,  cuando el peronismo vuelva al poder en  forma todavía mas amplia y mayoritaria, incorporando a sus tradicionales columnas sociales (los obreros y los trabajadores urbanos y rurales), a las clases medias  y a los jóvenes universitarios.

Los fusilados de junio siguen floreciendo hoy, sesenta y un años después.