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“Hubo un derrame de pueblo”

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Por Sebastián Premici –http://www.revistadebate.com.ar//2010/05/28/2923.php
El filósofo Ricardo Forster analiza el entramado cultural y político que puso al desnudo la conmemoración del Bicentenario


¿Cómo interpreta el hecho de que más de seis millones de personas hayan estado en las calles de la Ciudad festejando el Bicentenario? 

Una de las primeras impresiones que tuve fue que algo profundo había ocupado nuevamente lo público, la ciudad, las plazas, con una mezcla de festejos, alegría, serenidad, desmintiendo casi rotundamente el discurso monocorde de algunos medios de comunicación, que hablan todo el tiempo de un país violento, crispado. Lo que vimos fue una ciudad capturada por una pueblada.  Venían de todos lados, en trenes, subtes, colectivos. Había muchos jóvenes, familias enteras, participando activa y plenamente. Se podía caminar entre la multitud sin riesgos, sin policías vigilando. Mientras participaba de los festejos pensaba en el concepto de patria que nos vienen enseñando desde la década de 1960, un concepto brutalizado de la patria. Pero en realidad, gracias a estos fes

desolación, el regocijo, la burla del carnaval, las ideas libertarias. Cuando creíamos que la batalla la había ganado el neoliberalismo, nos dimos cuenta de que se pueden plantear nuevos horizontes. Quizás estemos ante un momento de inflexión. No podemos comprar el discurso de que “la gente” salió a decir basta de discusiones, queremos consenso. Ése es el discurso de los que le tienen miedo al pueblo. Lo bueno de estos festejos es que quedó claro que la historia no terminó.



¿Cuál sería ese punto de inflexión?

La movilización de tantas personas hubiera sido inimaginable sin la recuperación del tejido social. Creo que ahí jugó mucho la Asignación Universal por Hijo, la recuperación del trabajo, la confianza de que el país tiene una oportunidad. Esta imagen se contrapone con la catástrofe de los 90, con el país liquidado y el exilio masivo de jóvenes. En los últimos años hubo un camino de reparación social, no de filantropía, sino de reparación de derechos, reconstrucción de identidades, lenguajes que unen sus raíces en temas colectivos. En la década del 80 también hubo mucho fervor, mucha utopía alrededor de la democracia pero luego terminó en la desilusión de Semana Santa. Mal que le pese a muchos, el Gobierno salió fortalecido con estos festejos. Durante la caminata del martes entre la Casa Rosada y el Cabildo, hubo un fuerte fervor hacia Lula, Hugo Chávez, Evo Morales y la propia Presidenta. Esto le hace bien a la política, que con sus limitaciones y desafíos, todavía está ahí, no claudicó.

Antes de los festejos se decía que el kirchnerismo se había apropiado del Bicentenario. ¿Cree que es así?

La pregunta es otra. ¿Qué habría pasado si la fundación de la patria hubiese sido en 1794? En ese caso, el Bicentenario hubiera caído en pleno menemismo, con festejos al estilo Tinelli, con la utopía del “deme dos”, los viajes a Miami y la pizza con champagne. Jamás se hubiera podido imaginar un desfile donde quedaran representados los luchadores sociales, las Madres de Plaza de Mayo, hubiese sido la Argentina de los que vendieron el patrimonio del país. Hubiesen sido los festejos del puro kitsch y el cholulismo de cuarta. Lo que hubo fue una lectura de la patria, en un momento peculiar para América Latina, que marca una profunda diferencia con el primer centenario, donde la invitada central había sido la Infanta Isabel. En cambio, ahora los festejos fueron junto a los presidentes de América Latina, y donde se inauguró en la Casa de Gobierno un salón con las imágenes de Perón, Evita, el Che, José Martí, Túpac Amaru, entre otros patriotas latinoamericanos. Cada presente produce su propia relación con el pasado y eso fue lo que se puso de manifiesto en estos festejos.



Hizo mención al cholulismo. Es un poco lo que pudo verse en la transmisión que hizo Canal Trece en la reinauguración del Teatro Colón.

No por nada Mauricio Macri le vendió los derechos de transmisión al Grupo Clarín, que se dedicó a mostrar figuras relevantes como el personaje de los chocolates (ndr: Ricardo Fort), y a Macri diciendo que debíamos recuperar la Argentina del Centenario. Es decir, lo peor de la oligarquía nacional, ni si quiera la Generación del 80 con sus ideas de libertad, sino el país agroexportador de la Sociedad Rural. Éste es un tiempo histórico donde se están dirimiendo diferentes Argentinas. Y en el Colón, más allá de su importancia histórica, se reunió esa Argentina que se define como “gente”. Sin embargo, hubo algunos vasos comunicantes entre quienes vieron la reapertura desde afuera, los que estuvieron en la puerta del Colón y también participaron de los festejos en la 9 de Julio.



¿La privatización de la transmisión de la reapertura del Colón da cuenta de una política del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires?

Es una herencia directa del neoliberalismo, la privatización del espacio público. El propio Colón, cuestionado por su gestionamiento, tiene que ver con la forma en que se piensa la Ciudad. Puerto Madero, por ejemplo, es la insignia de la destrucción de la vida urbana, que se contrapone a  los cuatro días de recuperación popular de la ciudad. Los festejos del Bicentenario fueron la contraposición al barrio privado, a la plaza cercada. Hay proyectos de sociedad diferentes, y eso pudo leerse alrededor del acto dentro del Colón. Afuera del teatro, fue otra historia.



¿Qué pasó con ese miedo que se dice que es la principal preocupación de la población?

El miedo pega fuerte en sociedades frágiles, desiguales. Sería absurdo decir que en la Argentina, como en muchos lugares del mundo,  no existen situaciones peligrosas. Sin embargo, cuando se naturaliza el discurso sobre el miedo, el poder apunta a romper espacios compartidos entre los distintos sectores de una misma sociedad. Se criminaliza al pobre, para que las clases medias sólo vean en las clases bajas lo oscuro, sin poder ver la generosidad. En la Argentina se puso en evidencia que existe una construcción política mediática del miedo. Como decía el viejo Spinoza, “el miedo es una pasión que favorece a unos pocos”. En cambio, cuando se abren espacios compartidos, aparece la fiesta. Durante estos días también pensé en los intentos del intendente de San Isidro, Gustavo Posse, para separar a los vecinos de su municipio con los de San Fernando. Los festejos del Bicentenario fueron los derrumbes de los muros invisibles. Y era algo que ya se venía venir, hubo señales previas de cambio, como pudo ser la última marcha del 24 de Marzo o la movilización a favor de la nueva ley de medios. Hay que darse cuenta que dentro de un proyecto de transformación económica, la cultura tiene mucho que ver. La democracia se reinventa cuando se recupera el espacio público. Ahora, hay que seguir avanzando en la deconstrucción del miedo y de una sociedad para unos pocos.



¿Cuáles son los desafíos de este Gobierno o la próxima administración para continuar con la construcción de una sociedad más justa?

Creo que tanto Cristina como Néstor Kirchner estarán preguntándose qué generaron para ser parte de este giro e incipiente recuperación de la Argentina rapiñada en las últimas décadas. Esto conlleva una enorme responsabilidad para darse cuenta de que son los pueblos los que construyen la historia. En este sentido, habría que profundizar lo más generoso de estos años, el nuevo lazo con Latinoamérica, la política de derechos humanos, el cambio de la justicia. Y faltan cosas, la desigualdad sigue siendo muy profunda y el Estado sigue debilitado. Esto es parte de la responsabilidad y el desafío. Si algo demostraron Néstor y Cristina fue que frente a las paradas difíciles, pudieron ponerle el cuerpo. Abrir la ciudad para los festejos del Bicentenario fue un gran riesgo, porque nadie sabía cómo iba a ser la reacción popular. También me parece que los sectores de la derecha quedaron desconcertados, están inquietos y preocupados. Ya no se trata de defenderse de los ataques destituyentes de algunos sectores. La pelota está del otro lado. Es probable que se haya abierto una nueva dimensión de participación, con la posibilidad de discutirlo todo. Ahora el desafío es ser inventivos y generar las condiciones para que la participación popular sirva para construir una sociedad más justa.

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Autor: Sergio

boquense ortodoxo

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