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Largas noches frente a la TV

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Por Luis Rivera – http://www.elargentino.com/nota-98904-Largas-noches-frente-a-la-TV.html

La comunicación se ha convertido en un fenómeno cada vez más difícil de abarcar y también de explicar. Los viejos axiomas científicos van quedando desactualizados conforme la mente y la inquietud del hombre genera nuevas tecnologías que devienen en nuevas formas comunicacionales.

Hoy, a los adolescentes parece no alcanzarles con un celular, una casilla de correo electrónico, una sala de chat, Facebook y Twitter, que aún así apelan a un llamado telefónico para repetirse lo que probablemente ya se dijeron por cualquiera de esas vías.

Para los que tienen algunos años más, la radio y la televisión, sobre todo ésta, siguen guardando un espacio privilegiado en la búsqueda de información. Y su figura se agiganta cuando se recuerda momentos trascendentes que parecían definirse conforme la pantalla lo transmitía.

Surgen así, jornadas donde todos esperaban con ansiedad y decisión de vencer al sueño, lo que se gestaba con sensación de cosa trascendente para el país. Interminables veladas enteras frente a la TV para saber de qué iba la cosa.

Se repitió este miércoles en que se jugaba la posibilidad de que personas con una determinada orientación sexual tuvieran la posibilidad de casarse como lo hacen otras personas con otra orientación sexual.

Una de esas primeras jornadas interminables frente a la tele fue la del 30 de octubre de 1983. Sí, no era para menos: es una de las fechas más caras a la conciencia de libertad de varias generaciones ya que tras la noche más oscura, millones de personas empezaban a entender qué era la democracia y practicaban el hermoso ejercicio de elegir.

Más allá de ganadores y perdedores, siempre quedó la sensación de que aquella fue una noche mágica. Quizás por lo desconocido, quizás por la novedad, quizás porque a los 18 años uno valora todo de otra forma.

La tele devolvía imágenes impensadas: un pueblo en la calle, cronistas poco entrenados en el oficio de puntear votos y pronósticos, candidatos muy medidos a la hora de los vaticinios, telegramas que iban y venían y viejas calculadoras sumando votos hasta consagrar a Raúl Alfonsín como el primer presidente de la joven democracia argentina.

Mientras ahora los senadores debatían y debatían consumiendo horas de sueño de muchos otros, también apareció en el recuerdo otra noche de esas trascendentes: el día en que se debatía la ley de divorcio.

Corría el 3 de junio de 1987. El escenario era muy similar al de esta histórica noche de julio de 2010: un grupo de legisladores dispuestos a defender un derecho para todos y grupos muy poderosos, encabezados por la Iglesia, accionando para que la ley no saliera, fuera como fuera. Como espejo de esa dicotomía (cualquier semejanza con la actualidad no es pura coincidencia), la tele que entraba en las casas de aquellos que querían saber qué pasaba.

Discursos encendidos, derechos defendidos, apocalipsis profetizados, imágenes de una noche en la que los senadores se sienten a sus anchas y la gente, ávida espectadora pasiva de un espectáculo con fuerza de ley, quiere que voten y ya.

Las sensaciones de aquella madrugada eran idénticas a la que se fue, con matrimonio gay incluido. Se asistía a la seguridad de asistir a esas jornadas históricas que sólo se valoran en la proyección del tiempo, a esas decisiones que son mojones en la vida de los pueblos: no había TV entonces, pero suena parecido a cuando un día se le permitió a la gente casarse, o tener educación pública, laica y gratuita, o cuando le dieron vacaciones pagas y aguinaldo a los trabajadores, o cuando le dieron derecho a la mujer para poder votar.

Otra noche que no se puede soslayar es la que puso punto final a la infame década del 90, al Menemato. Ese domingo de octubre de 1999, avance tecnológico mediante, fue menos de espera y más de análisis: se supo enseguida quién había ganado, pero la irrupción de la luego desilusionante Alianza se comió una madrugada entera de comentarios y proyecciones. También entonces, muchos se pegaron a la TV para vivir lo que se sabía era una noche trascendente.

No menos importante fue la madrugada de la famosa (y ya olvidada) Resolución 125 que establecía el cariz de las retenciones a las exportaciones agropecuarias. Hasta que Julio Cobos consumó el artero y traidor voto no positivo en contra de un gobierno que decía defender, la TV mostró una serie de discursos de barricada en defensa de los privilegios de unos pocos.

Paradójicamente, muchos de los que entonces defendían las ganancias de un grupo ahora se oponían al derecho de otros pocos.

Eran los mismos. Esos que antes encendían la garganta para gritar que no era justo que se le saque a unos pocos para darle a mayoría eran los que ahora se oponían a un derecho igualitario (¿los hay de otra característica?) para una supuesta minoría.

La noche del 17 de julio del año pasado, muchos asistieron expectantes a esa sucesión de discursos fuertes y plenos de ideología donde no sólo estaba en juego un número de ingreso de dólares por agroexportaciones sino fundamentalmente una forma de concebir la acción de gobierno y sus posteriores consecuencias: sacarle a los que más ganan para hacerle un poquito mejor la vida a los que poco o nada tienen.

El acto de Cleto el Iscariote se consumó pasadas las cuatro de la mañana y hasta entonces, el rating fue histórico en esa madrugada: parte de la historia se jugaba en esa votación que la TV mostró en primer plano.
Sin entrar en las largas noches de espera por algún acontecimiento deportivo donde uno le pone al alma el color argentino , hay otras jornadas que surgen con la misma fortaleza.

Por ejemplo, el día en que otra ley sustancial de la democracia, la Ley de Servicios Audiovisuales, se jugaba también en el Senado. Sin la incógnita por el número de votos (las presiones monopólicas no amedrentaron a los legisladores que apoyaban la democratización de la palabra), fue muy interesante ver cómo cada uno defendía su posición argumentando muchas veces lo que era difícil de sostener. Fue la noche en que muchos quedaron definidos por sí mismos como más defensores de los intereses mediáticos que de sus propias convicciones.

Finalmente, la noche del 14 de julio con ley sancionada ya el día después. Volvió a verse un país pendiente de un debate aunque muchos se rindieron a la almohada y al sueño.

Esta noche, muy cercana, también se hizo historia: todas las personas se pueden casar con quien quieran, el derecho es uno para todos. La TV también fue el escenario de otra larga noche de discusiones.

Autor: Sergio

boquense ortodoxo

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