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La UNLP celebra 105 años de vida y los protagonistas de hoy debaten sobre su rol

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La Universidad Nacional de La Plata (UNLP) celebra hoy los 105 años de la firma del convenio para su creación. Aquel texto, considerado fundacional, establecía, entre otras cosas, la cesión del Museo, el Observatorio Astronómico, la Facultad de Astronomía y Veterinaria, la Escuela Práctica de Santa Catalina, el Instituto de Artes y Oficios, el terreno donde luego fue edificado el Colegio Nacional, la Escuela Normal, el edificio del Banco Hipotecario, y un lote sobre Plaza Rocha.

Hoy, 105 años después, Diagonales convocó a representantes de todos los sectores que tienen participación activa en la vida universitaria, a reflexionar sobre el rol, los desafíos, los logros, y las deudas que la institución tiene en la sociedad en la que está inserta. La voz del presidente Fernando Tauber, como representante de la autoridad, se complementa con la de los representantes institucionales de los docentes (ADULP), los alumnos (FULP), y los no docentes (ATULP), a los que se suma la mirada de un graduado.

La consigna fue utilizar el nuevo cumpleaños como disparador para que los actores, parados en lugares distintos, tanto en roles como en sus posiciones políticas, puedan aportar una mirada desde adentro, reflexiva y con espíritu crítico y constructivo.

Aunque aquella fecha quedó establecida como la del nacimiento, su gestación comenzó a fines del siglo XIX, cuando el entonces senador bonaerense Rafael Hernández impulsó la iniciativa de crear una casa de estudios que atendiera la demanda de formación científica, técnica y cultural de los jóvenes de entonces, que llegaban para poblar la joven capital provincial.

A mediados de 1889 se formó una corriente de opinión a favor de la creación de la casa de estudios provincial que derivó en la sanción, el 27 de diciembre de ese año, de la ley.

Pero la norma no tuvo cumplimiento hasta el 8 de febrero de 1897, cuando se constituyó la Universidad Provincial. Funcionó hasta 1905 en condiciones precarias por falta de recursos materiales y elementos para la enseñanza. Para ese entonces, el ministro de Justicia e Instrucción Pública de la Nación, el riojano Joaquín V. González, comenzó a elaborar la idea de instaurar una Universidad de carácter Nacional. El 12 de febrero envió al gobernador de Buenos Aires, Marcelino Ugarte, una amplia memoria para analizar las ventajas del proyecto. Y sobre la base de ese documento se firmó, el 12 de agosto, el convenio fundacional.

El análisis de Fernando Tauber (Presidente de la UNLP)

Las universidades, tal como las comprendemos, comparten tres finalidades esenciales: la transmisión de conocimientos en el más alto nivel, la generación de nuevos conocimientos y la búsqueda de la verdad.

Promovemos una Universidad que forme científicos, tecnólogos, profesionales, docentes, intelectuales y artistas con la sensibilidad, el conocimiento, la habilidad y la experiencia adecuados para ejercer con eficacia sus destrezas, capaces de aprender a aprender a lo largo de toda la vida, y conscientemente orientados en sus valores ciudadanos, bien informados y profundamente motivados, provistos de sentido crítico y preparados para analizar y buscar soluciones a los problemas de la sociedad en un mundo básicamente cambiante.

En este proyecto se inscribe nuestra Universidad Pública, identificada con valores como el saber, la libertad, la creatividad, la responsabilidad individual, la tolerancia y la participación, tratando de ser cada vez más científica y a la vez más comprometida socialmente, de estar más relacionada internacionalmente y más involucrada localmente

La Universidad que promovemos en consecuencia, estrechamente vinculada con las circunstancias locales, aunque plenamente comprometida con la búsqueda universal de la verdad y el avance del conocimiento, es fundamentalmente un ámbito para pensar, tener ideas y discutirlas, y un espacio de inquietudes, rechazos, audacias, escrúpulos y esperanzas.

Nuestra Universidad no sólo debe desarrollar un proyecto académico, debe fortalecerse como un proyecto sociopolítico que se caracterice por tener capacidad de impulsar el cambio; por asumir una actitud de liderazgo en ese cambio y por lograr consolidarse como un factor social.

Esta Universidad no puede eludir su responsabilidad de ser una "organización inteligente": es decir una organización que aprende, que cambia, que se adapta, que se transforma y que se proyecta creativamente hacia el futuro.

En este contexto enumeramos algunos de los desafíos y compromisos fundamentales que queremos y debemos asumir: Consolidar una Universidad inclusiva que asuma un rol protagónico en la construcción de una sociedad en la que la educación, el conocimiento y los demás bienes culturales se distribuyan democráticamente; garantizar la formación de ciudadanos responsables, identificados con los mejores valores éticos de la cultura científica y humanística de nuestro tiempo e incrementar la cantidad de graduados altamente calificados; impulsar un modelo académico caracterizado por la calidad; desarrollar políticas de articulación con todo el sistema educativo para facilitar el tránsito del nivel medio a la educación superior, avanzar en el control de la deserción, emergente de causales externas, en general socioeconómicas; de causales propias del sistema, como las devenidas de la masividad, de la insuficiencia de becas, de los sistemas de ingreso, de la orientación vocacional y del ambiente educativo; avanzar éticamente en la distribución social del conocimiento, convirtiendo a la educación en un mecanismo de cohesión e integración social; promover la educación continua de los graduados y su vinculación permanente con la Universidad para la actualización o incorporación de nuevos conocimientos; incentivar la vinculación con el sector productivo, el Estado, los movimientos sociales y comunitarios y el conjunto de la Sociedad Civil; propiciar investigaciones básicas en todos los campos disciplinares e investigaciones aplicadas a la resolución de problemas relevantes en temas prioritarios; articular políticas científicas con los organismos nacionales y provinciales de promoción de la ciencia y la tecnología para la definición y financiación de esas  investigaciones; asimilar y promover las nuevas tecnologías de la información y la comunicación con criterios de pertinencia y relevancia para seleccionar lo que conviene a nuestro desarrollo; asumir con firmeza la responsabilidad social de la Universidad y reforzar las acciones universitarias de servicio a la sociedad, en particular sus actividades para erradicar la pobreza, la intolerancia, la violencia, el analfabetismo, el hambre, el deterioro del medio ambiente y las enfermedades.

La razón fundamental de ser de nuestra Universidad Nacional de La Plata es servir a la comunidad y ayudarla a progresar. Nuestra sociedad tendrá más oportunidades de progresar si sus miembros saben más y si están mejor formados, y es la universidad pública la que debe hacer ese aporte. Ese es el desafío y el compromiso con nuestro pueblo. 

El análisis de Marcial Cabello (Licenciado. Docente de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social)

Pensar en resumir la historia de la Universidad Nacional de La Plata sería una tarea muy difícil de emprender por la riqueza que posee. Pero sí sirve este nuevo aniversario para reflexionar la preponderancia de la institución no sólo para nuestro territorio sino también para toda América Latina. Y sobre todo pensar en la Universidad como un eslabón importantísimo para la construcción del modelo nacional.

La ciencia y la tecnología, el conocimiento y sus aplicaciones productivas son el motor principal del progreso económico y social de una nación. El mayor recurso de una sociedad es el talento y desarrollo intelectual de sus habitantes. En esto la Universidad juega un rol ineludible.

El propósito es el de convertirse en actor social concreto analizando con compromiso y con rigor científico las necesidades de la sociedad.

Con este objetivo, la territorialización es uno de los ejes más importantes con la necesidad de reparar la inequidad y la injusticia social que provocó el modelo de exclusión del que estamos saliendo. Es imprescindible universalizar el conocimiento para que todos los individuos tengan mayores herramientas.
La universidad pública estuvo siempre ligada a la construcción del proyecto de nación; sin proyecto nacional sólo hay contextos globales y en eso también debe tomar un rol preponderante.

El camino por el cual vamos es la recuperación de la universidad como política pública perdida por el modelo neoliberal, que asocie los logros educativos a procesos reales de superación de la pobreza, la exclusión y la discriminación.

El gran desafío de cara a los próximos años deberá centrarse en dos ejes: contribuir con un proyecto de nación que considere la educación un bien público y que prepare a sus graduados para construir el desarrollo sostenible y la equidad; y afianzar la identidad cultural latinoamericana contribuyendo a la integración de sus países mediante investigaciones que refuercen la conciencia colectiva regional.

Por ese camino transitamos y el horizonte parece prometedor.

El análisis de Blas Cadierno (Titular de ATULP)

Joaquín V. González, el fundador de la UNLP, la imaginó hace 105 años como una república, marcando diferencia y progreso respecto de las dos universidades existentes (Córdoba y Buenos Aires. El concepto republicano aplicado a los claustros universitarios fue evolucionando desde entonces al impulso de la Reforma Universitaria de 1918 y sufrió los vaivenes propios de las interrupciones institucionales, de las que los trabajadores fueron siempre víctimas.

Pero la incorporación plena e igualitaria de los trabajadores de la UNLP en su propio cogobierno se materializó recién este año, tras la Asamblea de reforma del Estatuto de 2008. Los trabajadores estamos mostrando en los hechos todo aquello que las generaciones de militantes que nos precedieron sólo pudieron proclamar: que somos capaces de involucrarnos y aportar al igual que los profesores, los estudiantes y los graduados.
En la Asamblea Universitaria, en todos los consejos directivos de las facultades y en el Consejo Superior, los representantes de los trabajadores ponen en claro que tantos años de trabajo y lucha para obtener el voto no han sido en vano.

Así como Joaquín V. González en el "Juicio del Siglo" (1910) señalaba ese momento como un punto de inflexión para proyectarse hacia el futuro, queremos continuar los próximos años trabajando y construyendo (desde una Asociación de Trabajadores -ATULP- más inclusiva, democrática y representativa) la Universidad Pública libre, gratuita, cogobernada igualitariamente y con ingreso irrestricto, herramienta imprescindible de superación y progreso para nuestro Pueblo. Serán entonces las próximas generaciones de militantes las que podrán valorar mejor que nosotros la importancia de este 2010 que para nosotros es un hito complejo y desafiante. 

Al nombrar a Ernesto "Semilla" Ramírez expresamos el homenaje y reconocimiento a todos los que nos antecedieron en esta tarea y sembraron dejando hasta su propia vida para nosotros, para los que pronto nos seguirán en el gremio y para todas las generaciones de trabajadores que en adelante deberán preservar y mejorar los logros obtenidos.

El análisis de Verónica Bethancourt (Secretaria general de ADULP)

La Universidad Nacional de La Plata festeja sus 105 años de existencia. La historia y trayectoria la ubican entre una de las universidades públicas más reconocidas de toda Latinoamérica, y sin duda gran parte de esa jerarquización se debe al desempeño de los trabajadores docentes.
No sólo hay que reconocer la calidad de actividad académica,  el compromiso de los extensionistas y la trayectoria de los investigadores, que sin duda constituyen los pilares básicos de nuestra Universidad, sino también el compromiso que los trabajadores han demostrado a la hora de sostener la educación pública, gratuita y de calidad. Y en este sentido es necesario recordar a los compañeros que han dado su vida por una idea, por un compromiso intelectual y militante; y que fueron víctimas de la dictadura militar.

También debemos tener presente que fueron los trabajadores los que salieron en defensa de los numerosos recortes presupuestarios, y como muestra basta recordar el año 2001, en el que los trabajadores docentes convocando a toda la comunidad platense marcharon con antorchas por las calles de la ciudad durante muchos días. Y no sólo fue el reclamo por recursos, sino la búsqueda de formas creativas de enfrentar la falta de insumos y materiales para trabajar, enseñar e investigar, y para afrontar clases masivas, siempre tratando de mantener la excelencia que hoy genera reconocimiento. 

También debemos reconocer la participación de los trabajadores docentes, a través de su organización sindical, en los principales debates que han atravesado a la UNLP durante los últimos años.

Fue sin duda uno de los sectores con mayores propuestas a la hora de plantear la reforma del estatuto, que si bien no ha generado grandes cambios nos permitió instalar temas  importantes en la agenda, que hacen a la democratización de nuestra Universidad, como la constitución de un claustro único, la ciudadanía plena para los interinos, la participación del claustro no docentes en los consejos y en la Asamblea, la representación de los docentes de los colegios de la UNLP en el co-gobierno y la incorporación de la carrera docente entre otros  puntos fundamentales.

Hoy nos interpela el desafío de poner a la universidad  como un actor más en un proyecto de país, que pueda comprometerse con la comunidad y con el desafío de ser parte de la construcción un proyecto nacional inclusivo y para todos y todas. Como trabajadores deberemos estar a la altura de las circunstancias.

El análisis de Daniela Ramos (Presidente de la Federación Universitaria de La Plata (FULP). Organización COPA  Frente Popular Darío Santillan (FPDS))

Recorrer la historia de la UNLP desde el movimiento estudiantil es una tarea ambiciosa, que aporta una perspectiva no sólo interesante sino también necesaria para entender el proceso de construcción de nuestras universidades. Pero que además obliga a trascender sus puertas y a redescubrir a los estudiantes como grandes protagonistas de la historia de nuestro país: en la lucha y entrega por una sociedad más justa y solidaria, en su compromiso con los Derechos Humanos, en la estrecha coordinación con otros sectores y, en la afirmación de la educación como un derecho.

A 105 años de la fundación, los estudiantes entendemos que la construcción (y deconstrucción) de la Universidad sigue en marcha y es una tarea inagotable. Las universidades latinoamericanas hemos sufrido salvajes contrarreformas durante las últimas décadas, sumado al desfinanciamiento recurrente. Esta realidad le otorga vigencia a la lucha por la gratuidad de la enseñanza y la democratización política y social de la Universidad, entendiendo que hay que profundizar el acceso de las clases populares.

A este desafío, se suma la reflexión acerca del paradigma educativo hegemónico y la búsqueda de un proyecto diferente, donde pueda prosperar un pensamiento crítico y emancipador. Así lo exige la situación de nuestro país y de América Latina, donde hacer una contribución al bienestar de nuestros pueblos, significa repensar críticamente la sociedad. En este sentido, la Universidad tiene una importante responsabilidad en lo que hace a producción de conocimientos, recuperando la tradición del pensamiento crítico latinoamericano.

Otro de los grandes desafíos tiene que ver con el vínculo entre la Universidad y la sociedad en la que está contenida. La palabra extensión quizás sea insuficiente para expresar la multiplicidad de tareas que se pueden abordar, si nos asumimos en un diálogo franco con las necesidades sociales. Esto significa sostener una práctica que no se agote en la transferencia de capacidades y conocimientos, sino que genere un vínculo dialéctico donde la producción de saberes involucre a los distintos sujetos.

Por eso, insistimos en nuestra afirmación inicial respecto a la construcción de la UNLP como tarea diaria, junto a los distintos sectores, y conscientes de la inserción en un continente que está siendo protagonista de importantes transformaciones. Como estudiantes nos impulsa la certeza de ser parte importante de este desafío, en la búsqueda de una modelo de Universidad centrado en las necesidades, deseos y voluntades de las grandes mayorías.

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Autor: Sergio

boquense ortodoxo

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