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Las nuevas universidades

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Por Ernesto F. Villanueva – http://tiempo.elargentino.com/notas/las-nuevas-universidades

La posibilidad de cursar una carrera universitaria sin trasladarse a los grandes centros urbanos que durante muchos años se habían reservado el monopolio de impartir enseñanza universitaria, contribuye a la democratización de la educación.

Recientemente el Congreso de la Nación ha creado por ley nuevas universidades, gran parte de ellas en la provincia de Buenos Aires. Las Universidades Nacionales Arturo Jauretche, de Merlo, Moreno, José C. Paz, y Avellaneda formarán parte de un sistema en el que vienen operando transformaciones vinculadas a una continua expansión y diversificación, tanto en matrícula como en el número de instituciones que lo conforman.

En algunos sectores de la comunidad universitaria esta iniciativa ha generado fuertes resistencias bajo el argumento central de que “no hay necesidades reales que justifiquen su creación, porque la matrícula universitaria se ha amesetado y la demanda de educación superior estaría cubierta con las universidades existentes”. Argumento que choca con un fenómeno evidente y que no podemos dejar de reconocer: la expansión geográfica de nuestras universidades actuales, lo que no es patrimonio exclusivo de las privadas, como podría pensarse.

La creciente demanda de ampliar la cobertura geográfica de la educación superior se traduce en un fuerte incremento de ofertas distantes y de dictado de carreras en centros regionales o extensiones áulicas. La principal universidad argentina cuenta a la fecha, por ejemplo, con 18 subsedes, alguna de ellas a más de 100 kilómetros de su sede principal. Y un mapa de esas extensiones áulicas nos permite conocer superposiciones y expansiones territoriales que hablan de necesidades y requerimientos en crecimiento. Y no se trata sólo del Conurbano. En muchas ciudades del interior de la provincia se ubican extensiones de universidades localizadas a gran distancia respecto de su lugar central.

Es que la posibilidad de cursar una carrera universitaria sin trasladarse a los grandes centros urbanos que durante muchos años se habían reservado el monopolio de impartir enseñanza universitaria, contribuye sin duda a la democratización de la educación, especialmente por la ampliación en el acceso a la educación superior.

Pero uno de los desafíos que tenemos es la búsqueda de estrategias que garanticen un carácter ordenado de esta expansión y de cómo lograrlo en términos de elevar la calidad, la pertinencia y la equidad. En este marco, resulta una paradoja que se desacredite la creación de nuevas universidades nacionales, que se conciben desde proyectos institucionales que significan un aporte valioso para el desarrollo económico, social y cultural de las regiones, mientras se extienden instituciones preexistentes.

Y acá es necesario detenerse en las conceptualizaciones que subyacen al rechazo a estas nuevas universidades. Porque se visualizan claramente dos miradas diferentes sobre cómo atender al crecimiento del sistema. Una de ellas entiende que esta expansión es el devenir natural de un sistema que se reproduce desde la lógica de sus propios actores: los de las universidades con sus iniciativas académicas y los que desde sus municipios canalizan las demandas de la población para cursar estudios superiores.

La otra, que ha imperado en la reflexión sobre las necesidades del país que tuvo lugar en los ámbitos legislativos y que ha resultado en la creación de estas nuevas casas de altos estudios públicas, concibe que la articulación entre Estado y actores del sistema debe complementar la lógica del crecimiento librada a iniciativas particulares del mundo académico, de forma de avanzar en la cobertura de educación superior de forma sostenida y coordinada, priorizando la calidad y la equidad. En definitiva, está en juego quiénes son los actores legítimos que deciden en este proceso de expansión y cuál es el lugar del Estado en la planificación educativa.

En la primera lógica resuena el eco de quienes suponen que la formación de profesionales es patrimonio de algunas pocas casas de educación superior; expresiones y reacciones que reflejan un criterio elitista del conocimiento. Es cierto también que no es novedosa esta resistencia al surgimiento de nuevas instituciones públicas de educación superior. Una revisión histórica de los contextos en los que se propulsaron políticas de expansión institucional, nos conduce a las voces que se levantaban contra la creación de algunas instituciones que hoy están consolidadas en el sistema universitario argentino y que nadie se atrevería a cuestionar. Al respecto, es muy interesante leer artículos de sesudos porteños que hacia 1918 explicaban por qué era innecesario crear una nueva institución universitaria en la provincia de Santa Fe. Y los argumentos son idénticos a los de hoy.

También cabe reflexionar en este punto sobre el significado del surgimiento de nuevas instituciones de educación superior en la Argentina. El proceso de hace 20 años, con la creación de nuevas universidades en el Conurbano Bonaerense, (como las de Lanús, Quilmes, San Martín, entre otras), implicó un importante avance en la diversidad del sistema. Estas universidades, que cuentan con cuerpos académicos que han fortalecido su carrera docente y de investigación, logran dar respuesta en sus territorios a la demanda de acceder a estudios universitarios. Pero también, y esta es su marca distintiva, lo han hecho desde una fuerte vinculación con las problemáticas de sus regiones: la cuestión ambiental, las necesidades de los sectores vulnerables, el fortalecimiento de las pequeñas y medianas empresas del medio, los requerimientos del sistema educativo y de formación docente, etc.  La extensión de sus acciones a la comunidad ha contribuido enormemente a los requerimientos de las organizaciones sociales, las asociaciones profesionales, sindicales y empresarias, y las instituciones educativas de los municipios.

De ahí que deba apostarse a universidades públicas comprometidas con la inclusión de los jóvenes y con las necesidades de la población en territorios en los que se requieren capacidades para  lograr mejores condiciones de vida para sus habitantes. La Argentina no tiene otra opción que apostar a la formación y calidad educativa de los argentinos

 

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Autor: Sergio

boquense ortodoxo

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