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La discriminiación contra los migrantes en Argentina

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Por Verónica Trpin – http://www.8300.com.ar/2010/12/13/la-discriminiacion-contra-los-migrantes-en-argentina/

Los hechos ocurridos en Villa Soldati reflota un debate que parece poner a “argentinos” en contra de los “migrantes” de países limítrofes. “La continua apelación a la discriminación como base argumental de la diferencia social en términos raciales o nacionales, impide comprender cómo operan los contextos de interacción entre los “señalados” y los que “señalan”. Estadísticamente la migración no creció. Entonces: ¿qué fue lo que cambió?

En la Argentina de los 90, ante un índice de desocupación que había trepado a un 19% histórico, el sentido común y algunos medios de comunicación no dejaban de significar la presencia de migrantes limítrofes como causales de competencia en un mercado de trabajo signado por la precarización. Los hechos recientes acontecidos en Villa Soldati vuelve a reflejar sólo la ferocidad de enfrentamientos entre vecinos y “ocupantes” que parecería replicar una equivalencia entre “pobres pero honrados argentinos” y “migrantes limítrofes usurpadores”. Desde las ciencias sociales se suelen traducir estos fenómenos como parte de discursos y prácticas de discriminación hacia los extranjeros -tildados corrientemente como “chilotes”, “paraguas”, “bolitas”-; entendiéndose la discriminación como parte de procesos que, buscando confirmar el carácter blanco y europeo de la Argentina, exaltan el sentimiento anti-latinoamericano y racista de los pobladores argentinos. Sin embargo, esta respuesta se limita a (des)calificar el señalamiento de migrantes limítrofes como peyorativo en vez de explicarlo (Trpin y Vargas, 2003).
La continua apelación a la discriminación como base argumental de la diferencia social en términos raciales o nacionales, impide comprender cómo operan los contextos de interacción entre los “señalados” y los que “señalan”, sus relaciones sociales materiales y las posibilidades de inserción de los migrantes en las redes formales e informales de las sociedades receptoras. Esas posibilidades de llegar, permanecer y asentarse en la Argentina no ha variado para los migrantes limítrofes, los cuales representaron en los diferentes censos nacionales entre un 2 y 2,9 % de la población total:

AÑO

% NACIDOS EN PAISES LIMÍTROFES

1869

2,4

1893

2,9

1914

2,6

1947

2,0

1960

2,3

1970

2,3

1980

2,7

1991

2,6

2001

2,8

Fuente: Indec

La presencia migratoria debe ser analizada entonces como una problemática enmarcada históricamente, no como excepcionalidad actual sino como parte de la reproducción de relaciones de desigualdad en la Argentina. Los migrantes limítrofes nunca estuvieron ausentes en los mercados de trabajo en nuestro país, menos aún en las economías agrarias de las provincias. La constitución de los migrantes como mano de obra no impacto en una disputa de los puestos laborales de los nativos, sino más bien significó un complemento necesario de la expansión capitalista.

Si estadísticamente no aparece la diferencia, ¿qué cambió entonces? ¿Los migrantes o la Argentina?

Desde la organización del Estado como nación en la Argentina los pobladores de las áreas definidas como “fronteras” debieron aprender a funcionar como migrantes, lo cual demostraba cómo vínculos económicos y culturales se sostenían y se sostienen más allá de las delimitaciones políticas de los estados modernos: por ejemplo un criancero de la actual zona del norte de Neuquén debió socializarse a lo largo del siglo XX como “argentino” o “chileno” según naciera en un lado u otro de los Andes, así como los collas quedaron definidos como argentinos o bolivianos. Las calificaciones nacionales no son naturales, a pesar que funcionan permanentemente como operaciones de clasificación para acceder a derechos ni negarlos.

Esos migrantes que participaron y participan activamente como mano de obra en las economías regionales se hicieron presentes también en las urbes industrializadas durante el peronismo de mediados del siglo XX; sin embargo, sus diversas procedencias quedaron licuadas en la construcción de los llamados “cabecitas negras”, manera despectiva en que se estigmatizó a la población trabajadora durante ese período. La especificación étnica-nacional se disolvió en la clase, racializando la oscuridad: los trabajadores manuales se transformaron en negros. Esa racialización de las relaciones de clase ha sido acompañada por un ímpetu blanqueador proveniente del estado y de la retórica de la homogeneidad cultural en la construcción de la nación.

Los propios vecinos en Soldati que probablemente desciendan de aquellos trabajadores calificados 6 décadas atrás como “cabecitas negras” por las elites y el estado argentino, expresan un odio atravesado por un origen étnico nacional, alentado por cierta dirigencia política y los medios de comunicación que exaltan una y otra vez el origen como una clasificación natural.

Alejando Grimson (2006) analiza tres transformaciones socioeconómicas de las últimas décadas que abonan las posibilidades de pensar en los hechos violentos y los términos xenófobos difundidos en esta semana:
1. La difusión de marcaciones étnicas de los migrantes trasladadas a las generaciones nacidas en Argentina: un hijo o hija de bolivianos es calificado/a y tratado/a por los/as nativos/as como un/a boliviano/a a pesar de ser argentino o argentina.
2. Las calificaciones peyorativas en las que en determinados contextos “negros” y “pobres” son interpelados como migrantes limítrofes. Los excluidos son extranjeros. Identificar a los pobres como bolivianos, paraguayos o peruanos implica explicar que un nuevo tipo de distancia social y simbólica se ha instituido en las relaciones entre grupos en la Argentina.
3. Los migrantes limítrofes solían ocupar nichos laborales en ciertos trabajos que los nativos no ocupaban (trabajos rurales estacionales cercanos a las áreas de frontera). Desde la década del ’60 son incluidos en la demanda de mano de obra urbana (construcción, empleo doméstico). Así, la mano de obra migrante contribuyó a superar el déficit de mano de obra no calificada: un papel complementario y no competitivo. Pero en períodos de altos índices de desocupación los argentinos pasaron a aceptan trabajar en condiciones que antes eran sólo aceptadas por los migrantes. No hay más migrantes, simplemente el horizonte ocupacional de los argentinos cambió, quienes pasaron a competir por algunos tipos de trabajos antes sólo ocupados por los migrantes.

Al transformarse las condiciones socioeconómicas y sociopolíticas también comenzaron a exacerbarse manifestaciones xenófobas, adjudicadoras a los migrantes de aumento de desocupación y de delincuencia. La insistencia de algunos agentes del estado en la nacionalidad como estructuradora de derechos (civiles y políticos) así como su valoración positiva en otros contextos, encuentra su correlato en la organización social de los grupos migratorios. Frente al contexto hostil, las dinámicas de exclusión y la imposibilidad de articular identidades sociales más amplias, presenta una tendencia a una creciente identificación étnico-nacional que incluye diversos dispositivos institucionales: desde fiestas, ferias y ligas hasta organizaciones civiles y federaciones que luchas por derechos.

En un contexto de fuerte crisis social y procesos de exclusión, la nacionalidad apareció crecientemente como argumento político para establecer derechos diferenciales. En ese sentido crecieron las manifestaciones de xenofobia, lo cual hizo inviable las estrategias de invisibilización de grupos migratorios de países limítrofes. Por el contrario, hizo necesario que desarrollen formas de organización social que les permitan reivindicar y expresar públicamente las condiciones de desigualdad en la que se insertan en la argentina.

En un país en el que se proclamó asimilador de naciones como anhelo blanqueador, ante tanto migrante limítrofe que desde el sentido común tiende a disputar trabajo y programas asistenciales, dos recursos limitados y demandados por amplios sectores de la población en la Argentina, cabe observar los matices desde los cuales se construyen y dirimen los derechos para argentinos y extranjeros.

 

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Autor: Sergio

boquense ortodoxo

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