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Debate en las izquierdas europeas y la enseñanza del kirchnerismo

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Por Lucas Carrasco – http://www.diarioregistrado.com/Politica-nota-45997-Debate-en-las-izquierdas-europeas-y-la-ensenanza-del-kirchnerismo.html

Una pequeña y simplificada introducción: el fin último del socialismo -la etapa comunista- es la abolición de la propiedad privada y, en tanto el estado es un instrumento de clase, la abolición del estado.

Sin estado y propiedad privada, con medios de producción socializados, dice la tesis marxista, no habrá clases sociales. El fin de la historia, en tanto la historia es la lucha de clases.

Caído el Muro de Berlín se cristalizó un debate al interior de las izquierdas europeas que comienza con Gramsci y Rosa Luxemburgo pero se aplica, prematuramente, en el Partido Comunista Francés y el Italiano: el distanciamiento para con las tesis leninistas y, aunque no se dijera, un fuerte alejamiento de la estrategia marxista de arribar al Estado para instalar una dictadura del proletariado, que suena feo, ya sé, pero en realidad quería decir algo así como un Estado controlado por obreros que a su vez controlen los principales medios de producción. Lo que, más o menos, sucedió en la Unión Soviética y China. Es decir, las izquierdas -con el eurocomunismo como norte-  podían confluir con el reformismo fundado (principalmente) por un adversario contemporáneo de Marx como Eduard Bernstein, que promovía en vez de una revolución, reformas parciales a través del parlamento. 

Abandonando el materialismo dialéctico como modalidad de abordar el análisis de la realidad, en los años 90 las tibias izquierdas europeas plantearon una agenda enmarcada en los llamados derechos de tercera generación: diversidad sexual y cultural, ampliación de libertades civiles, tolerancia a la inmigración, etc, a la par que promovían la integración territorial y económica que, ciertamente, lograron en tiempos récord (sobre todo si se hace un repaso de las cruentas guerras europeas no sólo de los últimos veinte siglos, sino de apenas décadas atrás). Hoy en día, esa articulación paneuropea, está en crisis. Con la consecuente crisis teórica, que impacta, mayormente, en las izquierdas (después de todo, con la excepción de Irlanda; en España, Grecia y Portugal gobierna la socialdemocracia. Y ahí se siente la mayor gravedad de la crisis)

Es muy interesante el debate al interior de estas izquierdas. 

En Suecia, durante la larga hegemonía de la socialdemocracia (pasa que no la tienen a Carrió allá denunciando que la hegemonía está mal) aliada ocasionalmente al partido verde, al partido de los agricultores y al partido comunista; supieron manejar con mano de hierro la inmigración. Permitían, y en cantidades reducidas, el ingreso solamente de inmigrantes de países vecinos con manejo del idioma sueco y culturas similares.

La derrota electoral en manos de la centro derecha, la crisis del estado de bienestar y la actual crisis financiera mundial, los sumieron en la búsqueda de orientaciones que los vuelvan a poner en el centro de la escena. Como los socialdemócratas construyeron uno de los estados de bienestar más elogiados, su crisis teórica y cultural tiene relevancia para muchísimas fuerzas progresistas del mundo.

En el caso de la inmigración (y no entienden esta problemática como menor a la hora del análisis) encuentran en la apertura hacia países menos desarrollados del África, Asia y parte de la nueva Europa, en clave netamente marxista, el origen de sus fracasos electorales. Y la necesidad de readecuar su doctrina.

Hay conatos, aún pequeños, de esta tesis en las izquierdas españolas y griegas. 

Se postula, en síntesis, que el Estado de bienestar -sostenido con una alta y progresiva grabación fiscal- no puede hacerse cargo de otorgar tantos “beneficios” sociales; entonces, la derecha promueve la asistencialización  en vez de la, otrora, universalización. Es decir, focalizar “a quienes sí necesitan” y dejar afuera al resto. Desde la izquierda se presupone que este ingreso de inmigrantes de países más pobres genera dos efectos convenientes a la derecha:

1) Lleva a la clase obrera a votar por la derecha, dado que promueve, “en apariencia” (ja, la alienación y la falsa conciencia de resucitaron al tercer día de fracasos electorales) un discurso antidiscriminatorio; que entronca con la competencia por obtener beneficios sociales que, como se focalizan a quien más los necesita, van a parar a los inmigrantes. Es decir que en la hostilidad que siente la clase obrera con estos inmigrantes clase B muerde, la derecha, una parte de la base electoral de la izquierda. Por ende, que vivan los inmigrantes. 

La clase obrera sueca, presuponen desde la izquierda, ante la focalización de los “beneficios” sociales queda afuera, y en competencia con los inmigrantes clase B, que a la vez ganan menos, tirando a la baja el salario general. 

2) El capital promueve la inmigración de países más atrasados industrialmente, para disciplinar a la clase obrera local y para proveerse de mano de obra más barata, sostienen, desde la izquierda.

Desazona esta renuncia al legado humanista e igualitario de una de las principales izquierdas europeas, con efectos dramáticos en el resto de los partidos socialdemócratas del viejo continente. Pero, así están las cosas en el mundo. 

Y es una clave de interpretación interesante para pensar críticamente lo que pasa en nuestro país. 

Por caso: durante los años 90, ante el masivo desempleo que trajeron las políticas neoliberales, la UOCRA de Gerardo Martínez empapeló Buenos Aires contra la mano de obra inmigrante de países hermanos. Que se haya elegido la zona metropolitana para pegar esas afiches xenófobos es un datos sociológico interesante: en las zonas más industrializadas, este discurso tiene cierto eco. Lo que explica, la irresponsabilidad del ignorante Jefe de Gobierno, Mauricio Macri, con sus dichos asimilando inmigración con delincuencia y narcotráfico.  Martínez nunca pegó sus afiches idiotas en las zonas donde se convive cotidianamente con extranjeros de países hermanos. En Formosa, en Entre Ríos, en Mendoza, en Jujuy, hay más de integración y enriquecimiento mutuo que de discriminación. En buena medida, porque el desempleo atróz no se combinaba con competencia por los mismos puestos de trabajo o inexistentes -durante los años 90- beneficios sociales. 

La orientación del actual gobierno es acertadamente la contraria. Regularizó a millones de bolivianos, universalizó la asignación familiar, creó un sistema de legalización y jubilación específica para empleadas domésticas, a la par que aumentó los controles de blanqueo en donde más campea la sobreexplotación y el fraude laboral: en el campo, el servicio doméstico y la construcción; que son también, los rubros donde más trabajan los inmigrantes de países hermanos. 

Es decir, la tesis del gobierno es que el camino es integrarse, asimilarse, enriquecerse, pero para que no opere la mano de obra inmigrante como “ejército industrial de reserva” es necesario garantizar que el capital cumpla con sus responsabilidades sociales y legales. 

No es poco -ni poco audaz, aún “salvando las distancias”- que en el medio de la tristeza de la producción teórica de algunas izquierdas europeas (las principales, por cierto) en la Argentina se tenga algo novedoso por decir en la dirección de la equidad y la justicia social, probado en la práctica y recogiendo legados de las mejores tradiciones nacionales y populares.

 

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Autor: Sergio

boquense ortodoxo

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