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Un alegato a favor de la amnistía

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Hernán Invernizzi – http://sur.elargentino.com/notas/un-alegato-favor-de-la-amnistia

Jorge Rafael Videla fue uno de los políticos más influyentes de las últimas décadas. Pero, como encabezó el proceso represivo más horroroso de nuestra historia, a veces cuesta admitir su dimensión política. El criminal oscurece al político. Pero la represión (legal o ilegal) es una herramienta de la política. Aquella política que, en alianza con todo lo que representa Alfredo Martínez de Hoz, inició una de las transformaciones socio-económicas más profundas y perversas que sufrió nuestros país.

El reciente alegato de Videla fue un discurso político. Como en todo discurso político, lo más relevante son los objetivos, es decir, a dónde apunta, qué se propone.

En una coyuntura extremadamente compleja para las reivindicaciones democráticas, el juicio a las Juntas Militares hizo historia. Entre amenazas y reclamos de reconciliación, aquel episodio memorable fue en realidad un proceso complejo apoyado en por lo menos dos acuerdos.

Por un lado, se acordó no juzgar las violaciones a los derechos humanos cometidas durante el gobierno depuesto en 1976. De ese modo, quedaban a salvo muchos dirigentes y fuerzas políticas de mediados de los años ’70, que unos años después estaban activos y en el centro del escenario.

Y, por el otro, no juzgar a todos los posibles criminales y todos los crímenes cometidos durante la dictadura, sino sólo algunos. De este modo quedaban a salvo sus equivalentes en las Fuerzas Armadas. La teoría de los dos demonios fue el marco ideológico que dio justificación a esta estrategia.

En los años ’90 llegaron las consecuencias de aquellos acuerdos: de un lado los indultos, que trataban de poner fin a las fisuras legales que aquellos pactos dejaban a su paso, al tiempo que el Estado perdonaba a los líderes de cada demonio. Del otro, la desfinanciación del aparato militar, con lo cual la dirigencia política de entonces reducía el poder de intervención de las FF.AA.

Como el espejismo menemista se parecía mucho al país soñado por Videla y Martínez de Hoz, las principales fuerzas políticas y factores de poder admitieron el status quo alcanzado. Sólo lo cuestionaron los organismos de derechos humanos y el movimiento político-social que los acompañaban.

Todo parecía estar bajo control. La crisis del 2001 trajo a Eduardo Duhalde. Su transición (en lo que hace a este tema) confirmó la estrategia en curso: nuevos indultos, etc.

Pero la política de derechos humanos de Kirchner pateó el tablero, rompió la lógica de los acuerdos anteriores. Y cuando llegó el momento, Videla (que en general se mantenía callado) decidió intervenir en este nuevo escenario.
Por eso habló de Balbín. Por eso dijo que la represión empezó antes del golpe y que la mayor parte de las víctimas se produjeron entre octubre de 1975 y marzo de 1976. Todo esto ya se sabía. Pero no es lo mismo que lo diga Videla…

Porque todo eso, que ya se sabía, estaba protegido por los acuerdos hechos en los años ’80.

Al reconocer las víctimas del terror estatal durante el gobierno anterior, Videla vuelve a los debates de los ’80 y los ’90. Sugiere que si él es juzgado como responsable superior por las víctimas de su gobierno, lo mismo se debería hacer con los responsables superiores de las víctimas del gobierno anterior.

Ya no se trata de interpretar los decretos represivos de Italo Luder sino de algo más simple: la Justicia debería juzgar a los responsables directos e indirectos de los crímenes cometidos antes del golpe, de lo contrario quedarían impunes y no habría justicia para esas víctimas.

Complementariamente, al blanquear la hipotética conversación con Balbín, Videla confirma que la dictadura no fue sólo militar, sino también civil. Por lo tanto, sería equivocado juzgar sólo a los represores directos: habría que incluir a muchos políticos y dirigentes en general. Por lo menos parte de la dirigencia debería juzgarse a sí misma, y como eso es impensable, entonces no quedaría más remedio que amnistiar a todos. En su lógica, cuanto más se avance en el terreno de las responsabilidades finales, más cerca estaríamos de la amnistía.

Muchos intelectuales, políticos y comunicadores piensan como Videla. Conforman una corriente de opinión influyente y heterogénea que lenta y sistemáticamente alienta el proyecto de amnistía general.

Algunos radicales salieron en defensa de Balbín y tildaron a Videla de perverso. Pero no se trata de defender a un dirigente radical ni de descalificar a un dictador. Se trata del papel que jugaron muchas fuerzas políticas antes y durante el golpe: un debate pendiente que se mantiene hipócritamente barrido bajo la alfombra de los dos demonios.

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Autor: Sergio

boquense ortodoxo

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