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La experiencia argentina

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Por Gabriel Bencivengo – http://sur.elargentino.com/notas/la-experiencia-argentina

El año 2010 cerró con niveles récords en todos los planos de la economía. Su impacto en el ámbito social. La deuda externa en su nivel más bajo de los últimos cincuenta años. El inminente acuerdo con el Club de París. Las perspectivas para 2011 y las razones por las que muchos ponderan al país

La pregunta que obsesiona a españoles, portugueses y griegos, y en forma más general a los países de la Unión Europa, parece encontrar una respuesta en la actual situación económica de la Argentina o, en forma más específica, en la política económica que puso en marcha el gobierno nacional a partir de 2003. Ya no son los datos oficiales, como los del Indec y del Ministerio de Economía, cuestionados hasta al hartazgo, sino los propios relevamientos privados los que demuestran –o admiten, según sea la perspectiva que se quiere adoptar– que la “experiencia argentina”, como destacan los economistas Paul Krugman y Joseph Stiglitz, es un norte que muchas naciones europeas deberían adoptar.

Transcurridos tres años del estallido de la burbuja financiera que derivó en un panorama recesivo de escala mundial, los altos índices de desempleo son el común denominador de muchos países del Viejo Continente, atados a las políticas de ajuste fiscal que integran el tradicional recetario del Fondo Monetario Internacional. En nuestro país, el panorama, aunque admite correcciones y registra temas pendientes, dista mucho del estancamiento.

Con un desempleo que cayó el 7,5 por ciento en el tercer trimestre del año pasado y un crecimiento económico del 8,2 por ciento durante 2010 –según la consultora Orlando Ferreres & Asociados–, las perspectivas para el año que comenzó son más que alentadoras.

Hasta la propia Unión Industrial Argentina, cuya cúpula suele desgranar quejas por el supuesto “mal clima de negocios” que reina en el país, reconoció en su último informe que la actividad fabril registró una expansión del 13,9 por ciento entre noviembre del año pasado e igual mes de 2009 –12,5 por ciento fue la medición del Indec–, con picos del 22,6 por ciento en la producción de minerales no metálicos –motorizado por la construcción–, del 22 por ciento en el sector metalúrgico y del 13,7 por ciento para la producción de alimentos y bebidas. El panorama positivo también alcanzó a las siderúrgicas. Según la Cámara del Acero Argentino, el balance 2010 arrojó un saldo positivo, con un incremento del 28 por ciento y una producción de poco más de 5 millones de toneladas. Un panorama que muestra signos de recuperación respecto de la crisis de 2009, aunque todavía no alcanza para igualar los niveles récord de 2008.

Párrafo aparte merece la industria automotriz. Hasta los más críticos del Gobierno reconocen el boom de un sector que terminó 2010 batiendo récords en materia de producción, exportaciones y ventas en el mercado local. Al igual que el informe de la UIA, Econométrica destacó días pasados la dinámica del sector. Según la consultora, los datos preliminares señalan que las terminales finalizaron el año con una producción de 730 mil unidades, de las cuales 450 mil se colocaron en el exterior. El documento también subrayó que, sumadas a las ventas de autopartes, el complejo automotor arrojó una facturación de unos U$S 8.700 millones, una suba del 45 por ciento con relación a 2009, y del 20 por ciento contra 2008. Un desempeño que consolidó a las terminales y sus proveedores como el segundo complejo exportador, detrás de las petroleras –U$S 6.100 millones– y del complejo sojero, que encabeza la tabla con U$S 17.000 millones.

En semejante contexto, no es extraño que muchos políticos europeos comenzaran a prestar oídos a las recomendaciones de Krugman y Stiglitz, quienes han destacado en numerosas oportunidades cómo la “experiencia argentina”, desenganchada de las recomendaciones neoliberales y de espaldas a los gurues de la City, consolidó las bases para un crecimiento del PBI del orden del 84 por ciento desde 2003. Un modelo que permitió capear la severa crisis que disparó hace dos años el desplome de Lehman Brothers y que muestra hoy un nivel de inversión del orden del 23,5 por ciento del PBI. Un panorama que además, vale destacar, no parece justificar el lockout lanzado por la Mesa de Enlace. Menos aún cuando los relevamientos privados –como el de Orlando Ferreres &Asociados– señalan que la actividad agrícola creció un 19,7 por ciento durante 2010, tasa que duplica el promedio de la economía nacional.

Inversión y crédito. En el equipo económico hay optimismo sobre la posibilidad de incrementar aún más el nivel de inversión. La meta, explican, es alcanzar el 25 por ciento del PBI, una proporción similar a la que exhiben muchos países altamente industrializados. El objetivo, además de suponer la creación de más puestos de trabajo, permitiría expandir la oferta y aliviar las tensiones inflacionarias. En las cámaras sectoriales estiman que durante 2011 la inversión retomará la tasa de inversión alcanzada durante 2008. El cálculo coincide con algunas estimaciones privadas, que ubican la expansión en el orden del 10 por ciento interanual. La perspectiva se apoya en hechos concretos. Una de las herramientas, además de la posibilidad de capturar inversiones extranjeras –las giras presidenciales a China y a los países árabes son un ejemplo–, reside en los créditos con tasa fija que ofrece el Estado nacional a través de la banca privada, en el marco del programa Financiamiento Productivo del Bicentenario.
Según el Banco Central, desde medianos de 2010, varios sectores mostraron una buena predisposición a asumir riesgos. Entre ellos se destacan firmas pequeñas y medianas dedicadas a la producción de alimentos y bebidas, además de muchas autopartistas y textiles. En general, se trata de empresas que tienen dificultades para fondearse en el sistema financiero, pese a la elevada liquidez que muestra la banca local. El programa suma ya unos $ 2.000 millones en proyectos aprobados para un total de 71 iniciativas, al tiempo que propuestas por otros 3.000 millones están en estudio. El problema, sin embargo, reside en que la inmensa mayoría de las entidades se resiste a canalizar los fondos y prefiere capturar ganancias con los créditos para consumo, o financiando operaciones de comercio exterior de las grandes empresas. Se trata, en definitiva, del mismo núcleo que se niega a debatir una nueva Ley de Entidades Financieras y la reforma de la Carta Orgánica del Central, dos rémoras del país neoliberal.

Cuestión de trabajo. La política salarial expansiva, que estimuló la demanda interna, acompañada de un fuerte impulso del gasto social, fueron los ejes que permitieron la recuperación del mercado laboral, duramente castigado durante la convertibilidad. Su reconstrucción es un objetivo central. La estrategia adoptada por la Argentina, pero también por la mayor parte de los países de la región, permitió una rápida recuperación. No es superfluo recordar que en 2001 la tasa de desempleo había alcanzado el 27,5 por ciento y que, hacia fines de este año, podría reducirse al 7,2 por ciento. La situación contrasta con la que atraviesan países como Estados Unidos y España, donde el desempleo no cede y se ubica en valores del orden del 10 y el 20 por ciento, respectivamente. Un telón de fondo que no alcanza, al decir de los hechos, para acallar a los demiurgos de la crisis financiera; los mismo que, ahora, con el diario del lunes, piden una reestructuración posfacto.

En el equipo económico afirman que la perspectiva es que la creación de empleo, aunque a menor ritmo, mantenga una tendencia positiva. La visión excede el ámbito del Ministerio de Economía. El último Panorama Laboral de la Organización Internacional de Trabajo (OIT) sugiere que, de cara al año que comenzó, la situación en América latina debería mejorar, de persistir las políticas que ponen énfasis en la demanda agregada.
El documento, difundido esta semana, enfatiza que –a diferencia de las respuestas ensayadas en otras crisis– “en esta oportunidad no se recurrió a las recetas de ajuste recesivo contra el crecimiento económico, el empleo y los derechos laborales”.
La estrategia en nuestro país se complementó con el incentivo de las discusiones paritarias, pero también con programas como la Asignación Universal por Hijo y subsidios a la producción, tal el caso del programa Recuperación Productiva (Repro), que facilitó a muchas empresas sostener sus puestos de trabajo.

Reservas y resultado fiscal. Que las reservas del Banco Central hayan alcanzado durante esta semana un nuevo récord –U$S 52.430– tampoco es una cuestión menor, frente a los funestos augurios de una oposición que intentó atrincherarse con Martín Redrado en el edificio de la calle Reconquista, cuando el “Golden Boy” buscó resistir su desplazamiento con amparos judiciales, al tiempo que los voceros de la oposición sembraban dudas sobre la capacidad del país para cumplir con sus compromisos internacionales. Sus pronósticos no se cumplieron. Sin embargo, lo que pocos conocen es que la estrategia del Ejecutivo de crear un fondo de desendeudamiento para pagar los vencimientos con reservas permitió que el país ahorrara unos U$S 1.000 millones en intereses durante 2010, un dato destacado que apuntó esta semana Matías Kulfas, director del Banco Nación y titular de la Asociación de Economía para el Desarrollo de la Argentina.

La estrategia habilitó mayores recursos para aplicarlos a programas sociales y obras de infraestructura necesarias para mejorar la competitividad de diversos sectores productivos y elevar el nivel de vida de los grupos sociales donde los beneficios del crecimiento económico todavía son insuficientes. El temido gasto público, que suelen esgrimir los cultores del ajuste, tampoco erosionó las cuentas fiscales.

En Economía subrayan que, aún cuando el gasto público se expandió un 30 por ciento, el año cerró con un superávit fiscal primario de casi el 2 por ciento y un superávit financiero, después del pago de los intereses de la deuda, del orden del 0,2 por ciento. Ni siquiera el resultado consolidado de la Nación y las provincias, otro de los fantasmas que agita la oposición, aparece como un peligro. En este caso, el resultado primario alcanzó el 1,3 por ciento y el financiero resultó en un déficit del 0,6 por ciento.

Recaudación y balanza. En el equipo de Boudou destacan que el desempeño fiscal que exhibe la economía se apoya, en buena medida, en una recaudación que refleja el mayor nivel de actividad. Los datos no dejan lugar para la discusión. Los $ 409 mil millones recaudados durante 2010 no sólo implican una suba interanual del 34,4 por ciento, sino que también representan un incremento del 2,6 por ciento en términos del PBI con relación a 2008. También reflejan la decisión del Gobierno de fiscalizar a todos los sectores de la economía. Especialmente aquellos que, amparados en los huecos de la legislación, buscan mediante maniobras de elusión y evasión fiscal reducir los aportes que deben realizar al conjunto de la sociedad por las ganancias obtenidas. Una decisión política que se materializó en las denuncias judiciales concretadas por la AFIP contra varias de las más grandes cerealeras que operan en el país y que triangulan sus ventas al exterior en paraísos fiscales.

En el sector externo, 2010 culminó con un salto cualitativo. Los datos indican que, aunque en términos interanuales, el balance arrojará una disminución del superávit por el aumento de las importaciones de bienes intermedios y de capital –necesarios para la producción–, por primera vez en la historia del país las exportaciones de la industria superarán a las manufacturas de origen agropecuario. Un escenario que habla de los esfuerzos del Gobierno por diversificar la matriz productiva. En la práctica, ambos sectores utilizan poca mano de obra y agregan escaso valor a los bienes producidos.
Ya en términos globales, las previsiones señalan que el año culminó con un total exportado del orden de los U$S 69 mil millones, lo que representaría un incremento del orden del 24 por ciento con relación al año pasado, por una suba de poco más del 20 por ciento en las cantidades y de un 4 por ciento en los precios.

Buenas perspectivas. En el ámbito local, y pese al “ruido” que provocará el año electoral, los cálculos más conservadores señalan que la economía crecerá un 6,5 por ciento durante 2011. “Así, pareciera que nos aprestamos a vivir en 2011 la primera transición política en décadas sin la espada de Damocles de la devaluación, el default o la hiperinflación”, afirmó en su último informe el estudio Miguel Bein & Asociados.
La percepción, que anticipó la calle, se tradujo en un avance del nivel de confianza de los consumidores del 22 por ciento entre enero pasado y el mismo mes de 2009, según el relevamiento mensual uqe realiza el Centro de Estudios Financieros de la Universidad Torcuato Di Tella.

Un dato más que, al margen de las correcciones y deudas pendientes, no parece admitir la inmensa mayoría del arco opositor.

 

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Autor: Sergio

boquense ortodoxo

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