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LA FORMACIÓN DE LA CONCIENCIA NACIONAL (1930 – 1960)

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Juan José Hernández Arregui – http://cid-c379a3d026c246e1.office.live.com/self.aspx/Libros%20de%20mi%20biblioteca/Hernandez%20Arregui%20-%20La%20formaci%C3%B3n%20de%20la%20conciencia%20nacional.pdf

 

LA FORMACIÓN DE LA CONCIENCIA NACIONAL

(1930 – 1960)

Juan José Hernández Arregui – www.elortiba.org

A la memoria de Raúl Scalabrini Ortiz, uno de los grandes constructores de la conciencia

histórica de los argentinos

Prólogo

Este libro está destinado a la juventud argentina, que hoy, desorientada, busca un lugar en la

lucha por la liberación, y recordando a Napoleón: “Los jóvenes ejecutan las revoluciones que

los viejos han preparado”.

J.J.H.A.

Buenos Aires, 1º de mayo de 1960

INTRODUCCIÓN

I. Izquierdas y derechas – II. El liberalismo y la Iglesia – III. El Imperialismo – IV.Progreso y antiprogreso

liberal – V. La Argentina actual.

Ya debemos señalar, y el hecho es de vital importancia, que aquí en América Hispánica el liberalismo

penetró más que como una ideología progresista como reflejo residual de la Europa

colonizadora, un medio de opresión y dominio envasado tras el rótulo de libertad, democracia,

progreso, derechos humanos, etc.

La historiografía oficial, desde Mitre en adelante, no ha sido más que la idealización de la oligarquía

por si partiquinos universitarios, y en lo esencial, herramientas de la voluntad dominadora

extranjera empeñada en quebrar todo espíritu nacional, mediante el ocultamiento de la

verdad histórica.

II

Si el liberalismo en su ascenso, necesitó ya en el siglo XVIII, de la libertad burguesa a fin de

resistir el autoritarismo de la Iglesia, es natural que haya creído, y no sin razón, en la libertad.

Estos valores liberales (libertades políticas, de conciencia, de pensamiento, de comercio( contenían

los gérmenes de la decadencia del sistema en su conjunto. Las clases sociales víctimas

de esas libertades, encontraron en su ejercicio político, el instrumento activo para atacarlas,

revisarlas, criticarlas, negarlas. Las ideas democráticas se volvieron contra su creadora histórica,

la burguesía, que ahora, dentro de la cruda realidad del capitalismo, debía soportar la crítica

sobre su función histórica de clase.

La misma Iglesia no podía escapar al proceso histórico. Enemiga del liberalismo en tanto ligada

al orden feudal de la nobleza, apeló a la burguesía para subsistir. Y su tesis religiosa de la libertad

de la persona humana no fue más que una variante, un ajuste teológico, al liberalismo

victorioso.

La Iglesia Católica y el liberalismo, formaron un compromiso hipócrita. La solución política,

luego de la lucha liberal contra el absolutismo monárquico, fue el término medio de la monarquía

constitucional, sistema a través del cual la burguesía ingresaba al conservatismo santificado

por la Biblia. En este período muchos católicos se hicieron liberales y a su vez, estos reconocieron

las tradiciones religiosas como cemento del orden social.

Liberalismo y catolicismo, más allá de circunstanciales disputas, han marchado unidos frente a

la amenaza revolucionaria de las clases bajas.

Este liberalismo, , como fenómeno histórico general, fue fecundo y además revolucionario,

aunque llevaba en sus entrañas las semillas de la reacción.

La predicción de Marx sobre la incapacidad del capitalismo para controlar las fuerzas que había

desanudado y que condenaban al liberalismo en un determinado momento de su desarrollo

histórico, a echar por la borda una libertad que al transfigurarse en lucha de clases no solo

negaba, en su antinomia viviente, el concepto mismo de esa libertad, sino que anunciaba su

anulación real por el despotismo, revelando simultáneamente, a los idealistas eternos, la contradicción

interna del concepto puro, reflejo político de una vida histórica desgarrada en su

esencia. Cuando el libre cambio mercantil encontró en Bismark (Alemania) el competidor más

peligroso, los liberales abandonaron la libertad a los profesores de filosofía. Es decir, la mandaron

de paseo.

Por su parte, la Iglesia, mantuvo rasgo más ostensible, que ha residido y reside, en pactar con

los poderes temporales dominantes.

El marxismo niega del liberalismo no su pujanza revolucionaria gigantesca, sino su putrefacción

histórica. Es cierto que tanto el marxismo como la actual doctrina social de la Iglesia, son formaciones

históricas derivadas del liberalismo. Pero mientras el espíritu conservador intenta

mantener con retoques ese mundo, el marxismo busca destruirlo, sin dejar de aprovechar lo

que el liberalismo ha significado como progreso irreversible en relación al desarrollo de las

conquistas materiales útiles a la humanidad. Esta confusión, no puede extrañar. Está determinada

ella misma por las ideologías en pugna. La historia es un enjuiciamiento incesante y no un

conjunto de estampas iluminadas. En forma expresa, el marxismo se opone a la libertad burguesa,

pero no porque desee perfeccionarla sino para aniquilarla, en tanto el reaccionario se

opone a esa libertad del liberallismo para salvarse como burgués, no como revolucionario. De

ahí que grupos enemigos, no de la libertad burguesa, sino de toda libertad frente a las clases

bajas, se presenten como reformistas o revolucionarios. Tal fue el caso del fascismo. ¿En qué

consistía esta revolución? “La Nación italiana –dice la Carta Italiana del Trabajo- es una organización

con finalidades, vida y medios superiores a la acción de los individuos que la componen.

Es una unidad moral, política y económica íntegramente realizada por el Estado fascista”. Es

evidente que semejante programa, no podía desagradar a la Iglesia, menos al liberalismo, que

si enfrentó al fascismo no fue por cuestiones éticas, sino por las imposiciones del reparto del

mundo planteadas por la guerra imperialista en su forma más sanguinaria. Así como del racionalismo

del siglo XVIII devino la Revolución Francesa, su forma jacobina, el liberalismo ha promovido,

no sólo el espíritu revolucionario de los trabajadores de Europa sino el levantamiento

de los continentes coloniales enteros. Esta antítesis radical, niega toda comunidad ideológica

entre el liberalismo y el marxismo. Fue Marx quien enfiló contra el liberalismo su crítica lapidaria.

No la Iglesia.

III

El resultado de la imposición dictatorial de los precios, la liquidación de toda competencia, el

dominio omnímodo de los mercados en su más alta expresión técnica, no sólo mediante el

agrupamiento de empresas intercomplementadas, sino con la creación de redes comerciales

subsidiarias, bancos, sistemas de seguros, transportes, etc. En el siglo XX el comercio exterior,

y en consecuencia, la economía interna de un país, están totalmente recogidos por la organización

monopólica, que es internacional y que por su extrema condensación, puede llamarse

con más propiedad, oligopólica. Pero los oligopolios no suprimen la lucha económica, fundamento

residual de la economía capitalista basada en la ganancia. Al contrrio, se hace más despiadada.

La saturación de los mercados tanto como el afán ilimitado de lucro, sobre la base de

los precios más bajos, siempre asociados al adelanto técnico, desata una lucha indetenible.

El poder económico acopia su propio poder político y cultural. El Estado es la forma abstracta,

en tanto el Estado mismo es el sistema, su reflejo ideal, que se convierte en fuerza real, en

guerras. La exportación de capitales es propio de los países con su economía interna sobresaturada.

La onda expansiva se extiende a aquellas zonas geográficas donde la materia prima y la

mano de obra son baratas, y por tanto, favorables a una explotación intensiva con ganancias

seguras a costa de la miseria de millones de seres.

Los monopopios internacionales, al comprar las materias primas de las colonias, dictan los

precios más bajos, y a su vez, con relación a los propios productos industriales fabricados con

esas materias primas, los más elevados. De este modo las colonias con sus sistemas de monocultivo,

no pueden superar el nivel de miseria impuesto por el imperialismo.

El levantamiento de los puebles carece hoy de fronteras. La internacionalización de la economía

internacionaliza las luchas nacionales. Y estas luchas, aunque formalmente sean nacionales

en sus contenidos particulares, son mundiales por sus fines. Tal lucha se cumple en dos

frentes, contra el imperialismo en general y contra las oligarquías nativas opresoras ligadas al

imperialismo en particular. Clases nativas económicamente dependientes y culturalmente

corrompidas por el colosal aparato ideológico de los monopolios mundiales. Esta política imperialista

en los países coloniales, se vale de las ganancias residuales del sistema para plegar a su

órbita, no sólo a las oligarquías vernáculas, sino a determinados sectores de la clase media,

especialmente la pequeña burguesa comercial e intelectual (periodistas, profesores, etc)

La conciencia antinacional de estos grupos es alimentada con las migajas repartidas por el sistema

mundial de poder. Así, los partidos de izquierda pasan a integrar el sistema, a través de

sus intelectuales, y detrás de su algazara progresista, son en realidad, brotes degenerados del

liberalismo.

La lucha por la liberación nacional en estos países, se asocia siempre a la lucha por la industrialización.

Este conjunto de causas interrelacionadas agudiza el antagonismo entre las oligarquías

agrarias y la naciente burguesía industrial.

La radicación de maquinarias, a su vez, desata el interés imperialista al acecho por controlar

los nuevos mercados coloniales en expansión relativa y la lucha por dominar las líneas de la

industrialización en un doble sentido: mediante el abastecimiento del mercado interno con

nuevas plantas industriales, manteniendo al mismo tiempo a esos países, en las condiciones de

zonas productoras de materias primas (nota: división internacional del trabajo).

Por su parte, la lucha de las masas contra sus enemigos internos y externos, sólo puede resolverse

mediante el establecimiento de regímenes autoritarios, con el control de las exportaciones

y medios de propaganda, con el apoyo estatal al movimiento popular y la participación del

Ejército, en esta política nacional defentista. Tal es el caso de Nasser en Egipto, con su antecedente

el gobierno de Perón en la Argentina. El capitalismo nacional, aún débil, en una etapa de

la lucha por la liberación, debe ser apuntalado por el capitalismo de Estado y la política de

nacionalizaciones, único medio de protección para las todavía endebles estructuras económicas

locales. Frente al capitalismo monopolista internacional, la sola valla es el monopolio estatal,

que además contribuye al disloque del mercado capitalista mundial al sustraer zonas de

influencia a la explotación internacional de las grandes potencias. El caso de Fidel Castro en

Cuba, no hace más que repetir en un país del caribe, las experiencias nacionales de este tipo

representadas por Perón en la Argentina y Nasser en Egipto.

La ilusión de que el imperialismo puede “humanizarse” y contribuir al progreso de determinadas

colonias, la política del “buen vecino” del “buen socio”, etc., creencia comín a determinados

sectores de la pequeñoburguesía, es un embaucamiento controlado por la propaganda,

pues como decía Marx: “Los límites del capitalismo están dados por el propio capitalismo”.

Esta tendencia a idealizar al imperialismo, de entenderlo como filantropía, es propia de la intelectualidad

pequeño burguesa, especialmente la universitaria.

IV

Decía Lenin: “La desesperación es propia de las clases que perecen”. Cristina de Suecia –una

reina- lo vio con realismo: “Hay que temerles a los que nada tienen que perder si tienen corazón”.

V

La formación de la conciencia nacional está estrechamente vinculada a esta evidencia posterior

a 1930. en esa década nace la conciencia histórica de los argentinos. Cuando un país no ha

logrado aún su autodeterminación nacional, pero está conciente de su necesidad, asiste al

despliegue conjunto de sus fuerzas espirituales. Este hecho es la resultante de una realidad

material: la opresión imperialista, con su reverso, la lucha por la liberación nacional.

Treitschke dijo: “Lo más grande que le puede acontecer al hombre, es sin duda, defender en su

propia causa la causa general.

Comprender el pasado es tomar conciencia del porvenir. El peronismo o el antiperonismo en la

Argentina existían antes de Perón (nota: los dos países en pugna desde 1810, el librecambista

portuario, y el proyecto nacional). El saladero dio una sociedad de hacendados y gauchos, la

chacra una sociedad agraria e industrial incipiente, la industria moderna una Argentina revolucionaria,

conciente de sus fines, pese a los parciales eclipses provocados por las fuerzas que

resisten al desarrollo nacional. La conciencia nacional es la lucha del pueblo argentino por su

liberación.

VI

El 17 de octubre de 1945 quedará en la historia de la Argentina como una fecha cumbre. Terminaba

una época de humillación y advenía la nación frente al mundo.

El fracaso de la democracia liberal, el fraude de la oligarquía, la entrega del país al imperialismo

británico, crearon el sentimiento en la oficialidad argentina de la independencia económica.

Correspondió a Perón unir al Ejército con el pueblo. La síntesis significó que por primera vez en

la historia argentina, fue posible sacudir el yugo del coloniaje.

El imperialismo angloyanqui se ha repartido la Argentina desde Salta a Tierra del Fuego. Y así,

la Argentina, soberana ayer, es hoy mercado africano y zona de reserva militar, el Medio

Oriente de América Latina.

OLIGARQUÍA E INMIGRACIÓN EN LA ARGENTINA

CAPÍTULO I

La oligarquía existe. Ha ensangrentado el país y está dispuesta a ensangrentarlo nuevamente.

En 1774, sobre 6.083 habitantes censados durante las campañas, 186 eran propietarios de

tierras. En Buenos Aires, con una población de 10.000 habitantes, había 141 propietarios. El

decreto del 17 de abril d e1822 decía: “Las propiedades del Estado son no sólo para garantizar

la deuda pública (contraída con Inglaterra con el empréstito Baring) sino para hacerse de recursos

extraordinarios”. Los apellidos actuales de la oligarquía figuran entre los primeros beneficiarios

de la ley de enfiteusis de Rivadavia. Rosas continuó el reparto, en gran parte gratuito

de tierras públicas. En tal sentido tenía razón Sarmiento:

“¿Quién era Rosas? Un propietario de Tierras. ¿Qué acumuló? Tierras. ¿Qué dio a sus sostenedores?

Tierras. ¿Qué quitó y confiscó a sus adversarios? Tierras”.

Pero una verdad parcial es casi una mentira. Y Sarmiento es el menos veraz de los testigos de

la época. Por eso la oligarquía lo ha convertido en mito.

El reparto de las tierras públicas de la provincia de Buenos Aires se aceleró entre 1854 y 1864,

después de la caída de Rosas. Con el pretexto de investigar las adjudicaciones hechas por Rosas,

las tierras fueron confiscadas, vendidas o arrendadas y las donaciones de Rosas se convirtieron

en las de los unitarios triunfantes. En 1857 los rivadavianos subsistentes liquidan el régimen

enfitéutico, ya fantasmagórico, supliéndolo por la ley de arriendos. El gobierno, convertido

en propietario y especulador, repartió entre sus adictos fabulosas extensiones, al mism

tiempo que serían a la clase propietaria para financiar la guerra política contra el interior y

arruinarlo por el régimen aduanero del puerto exportador, que había derogado las medidas

proteccionistas de Rosas. La clase terrateniente, en su forma actual, está ya establecida en

1869 al afirmarse el sistema de la tierra protegido por la Constitución de 1853. intentos de

colonización con criollos, como el de 1857 recordados por Rafael Hernández, fueron casi aislados

que la clase de los hacendados se cuidó muy bien de fomentar, con rígido espíritu de clase.

En 1882 grandes compañías inglesas favorecidas por la ley, se posesionaron de la Patagonia.

En 1878, aseguradas por Roca las fronteras contra el indio, se enajenaron tierras por millones

de hectáreas en Córdoba, Mendoza, Buenos Aires. Más de 3 millones de hectáreas se repartieron

entre pocas personas. La ley Avellaneda de colonización fue manejada a su antojo por empresas

y sociedades capitalistas extranjeras, especuladores particulares y usureros. En las

proximidades de 1890 las mejores tierras han sido cedidas ya a bajo precio. El final de remate

se consumó con Roca, transformado él mismo en estanciero. El país creaba sus propios políticos

de transición que habrían de ligar los intereses del interior y los de Buenos Aires hasta entonces

segregados. El gobierno nacional., en 1880, había donado al provinciano Roca 20 leguas

cuadradas de tierra. Tal misión consolidó el poder político de la clase terrateniente.

En 1912 al fallecer Roca, dejó una fortuna de más de 16 millones de pesos que en moneda

actual (1960) sería cerca de 400 millones. La fortuna de la oligarquía explica su poderío. En

1926 los bienes de Mercedes Castellanos de Anchorena ascendían a $ 67.552.752, unos 1.500

millones de moneda de 1960.

Todos los gobiernos posteriores a Rosas, hasta el ascenso de Yrigoyen que también era estanciero,

continuaron esta política. En 1914, en la zona de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe y Entre

Ríos, el 63% de las tierras en explotación (41.216.739 millones de hectáreas) pertenecían al

6% del total censado, es decir, estaban repartidas en 10.056 explotaciones. Los campos mayores

de 5.000 hectáreas que representan cerca del 70% pertenecían a 2.447 propietario.

Mil personas eran dueñas en 1930 de la tercera parte de la provincia de Buenos Aires, o sea,

100.000 km cuadrados .

EL ESPÍRITU DE LA OLIGARQUÍA

Esta conciencia de clase de la oligarquía se fortalece a través de entrecruzamientos diversos,

en los “night clubs”, en los partidos de polo, en la Sociedad Rural, en la banca, mediante el

entretejimiento racional y calculado de los contratos matrimoniales que concentran en pocas

mano, siempre las mismas, mediante los latifundios interpretados familiar y jurídicamente por

la fusión de los apellidos, su poder material sobre el país. El sentimientos de un entronque

familiar con el pasado, se asocia en la gente de la oligarquía, a la certeza de una situación económica

elevada, legítima y dada en el orden natural de las cosas que a su vez, justifica como

superioridad innata del espíritu, el ejercicio del poder político. El grupo dirigente no favorece la

apertura de sus cuadros a miembros de otros estratos sociales, aunque en períodos de crisis

económica, tiende a franquear sus fronteras de clase a los individuos prominentes de la burguesía

industrial en ascenso.

La imagen material de este prestigio de clase se identifica en sus integrantes, con la condición

de estancieros. La estancia es el basamento de su dominio a través de la visión idealizada del

campo, que para la clase oligárquica clausurada en su propio destino sociológico, es la base

tanto de su riqueza material como de la importancia de la Argentina en el mundo. Sólo las

tareas del campo –la posesión de la tierra hipostasiada en valoraciones espirituales- implica

distinción. Expresiones de esta nobleza son la Sociedad Rural como manifestación de bienestar

en los negocios, y en el Jockey Club, correlato para sus miembros de elegancia mundana y similar

filiación política. El ideal de vida es el reclutamiento de las amistades dentro de la misma

clase sobre la norma selectiva de un parecido status económico. Los deportes que integran a la

clase alta son aquellos difundidos por EE. UU. e Inglaterra y cuyo costo los hace inalcanzables

al resto de la población. Los hijos de la oligarquía estudian con preferencia derecho, preparándose

así para la conducción política del país conservador. Están convencidos los miembros de

esta clase de su superioridad espiritual y de sangre, a pesar de que su nivel cultural, en general

es bajo. Tienen además el sentimiento disgustado del crecimiento del país y de la presencia de

nuevas clases de origen europeo que amenazan su dominio político. Como toda casta conservadora

en descenso, en medio de sus mitos liberales calcinados, se aferra a una imagen histórica

del país convertida en categoría inmóvil del ser en general. Y así, , de su propia situación

de clase, deriva una visión de lo nacional que no existe fuera de esa psicología de clase estéril,

adinerada y ociosa. Chateaubriand ha reparado con exactitud que: “La aristocracia tiene tres

edades: la edad de alas superioridades, la edad de los privilegios y la edad de las vanidades”.

En su decadencia, la oligarquía argentina no posee ya más que el usufructo del privilegio y el

boato exterior de sus fiestas nupciales y automóviles americanos. Una vanidad así no puede

durar. Por eso la oligarquía tiene miedo.

LA HISTORIA DE LA OLIGARQUÍA

Este espíritu de clase se apoya en todo un sistema ideológico. Ritual por los héroes del a historia

– que ellos mismo han escrito- el mismo deslumbramiento por Europa, propio de los bárbaros

culturales, convencida de sus másmoles sagrados; unifica también su añoranza del pasado

y ese temblor ante el presente representado por el espectro colectivo y sangriento de las

montoneras, redivivo en los “cabecitas negras” y por el advenedizo industrial, hijo remoto de

la inmigración que ella trajo. La burguesía nacional, la amenaza con desplazarla del mando

(nota: ver esto en el marco de un país industrializado durante el peronismo); las calumnias con

que esta población es presentada por una historia oficial escrita por uno de los suyos: Bartolomé

Mitre. Este odio al pueblo, al que Sarmiento ayudó a difundir, se cuida de citar otros testigos

de la época.

Las montoneras, es decir, sobre la “barbarie” intentada por Samiento. Esas masas luchaban

por su causa nacional. De otro modo sería imposible explicar la constancia y bravura con que

durante años sostuvieron la guerra. José Hernández, silenciado por la oligarquía, diría de esa

misma raza difamada por el odio de clases: “El general Peñalosa ha sido degollado. El hombre

ennoblecido por su inagotable patriotismo, fuerte por la santidad de su causa, el Viriato argentino,

ante cuyo prestigio se estrellaban las huestes conquistadoras, acababa de ser cosido a

puñaladas en su propio lecho, degollado y su cabeza ha sido conducida como prueba de buen

desempeño del asesino, al bárbaro Sarmiento”. Esta oligarquía se apoya cada vez más no en el

país, sino en centros focales y lejanos de poder mundial de los cuales depende su supervivencia.

La clase ociosa se sabe foránea en su propia patria. Trata por eso de abolir toda originalidad

nacional negando lo colectivo, descastanto a las capas sociales inferiores mediante el sistema

educativo.

LA BARBARIE DELA OLIGARQUÍA

Esta clase, extranjera por su mentalidad, dependen del imperialismo. Sin mediar una guerra

civil, ha bombardeado a su propio pueblo y festejando su crimen como otro fasto triunfal de la

“civilización” contra la “barbarie”.

La oligarquía, en esa espesa red de intereses burocráticos, internacionales, no aparece en primer

plano. El secreto de su poder es que es un poder secreto. Empapa con él a todo el país.

Desde la mentalidad de la maestra rural que enseña a los niños criollos la historia de esa oligarquía

que exterminó a sus antepasados, pasando por Bernardo Houssay que acorazado con

su Premio Nobel niega a jóvenes argentinos el derecho a recibirse de médicos, hasta el presidente

del Banco Central, faraón mudo de una pirámide cuya base es el tambo y su vértice la

Constitución de 1853. la oligarquía, por ejemplo, no aparece como tal en la Universidad, sino

mediante profesores que depende de ella por sus actividades profesionales (abogados de empresas

extranjeras, médicos, etc. – o como colaboradores de sus salas de conferencias distribuidoras

de una fama dirigida, no simplemente como burócratas. No le interesa a la oligarquía

que tales profesores se califiquen de “izquierdistas” sino que esas ideas de izquierda den la

sensación de liberalidad espiritual. Un profesor, por ejemplo, podrá mentar en abstracto la

palabra “imperialismo”. Esto le dará aires de librepensador a gusto de los estudiantes pertenecientes

en su mayoría a la pequeño burguesía, pero lo que este profesor no hará nunca será

hablar del imperialismo británico en Argentina, aunque sí, con algunas frases de Lenin, del

imperialismo yanqui en otras partes del mundo.

Lo que los estudiantes no deben olvidar es que sus educadores fueron educados, y el sistema

que los modeló fue la oligarquía-

Lo que la clase alta odiaba de Yrigoyen o Perón no era la incultura sino el peligro de la democratización

de la cultura. Por eso luego del golpe del ’55 cantaban por las calles: “Con Rojas y

Aramburu, el país está seguro”.

También su admiración por Sarmiento, el bárbaro culto cuyos consejos conserva vivos en su

memoria de clase: “Debe darse muerte a todos los prisioneros y a todos los enemigos” o “Debe

manifestarse un brazo de hierro y no tenerse en consideración con nadie”. O mejor aún:

“Todos los medios son buenos y deben emplearse sin vacilación”. Por eso la oligarquía admira

a Sarmiento.

Así es que Inglaterra ha protegido su propio comercio de exportación y exigido a las colonias

de ultramar trato preferencial para sus productos industriales. De todos los arcos políticos

ingleses, han seguido respecto a las colonias, una política invariable. Esta política no se ha fundado

en razones éticas. Todos los medios son buenos para favorecer el interés nacional.

LA DEFORMACIÓN DE LOS HÉROES

El argumento de que la oligarquía liberal, abanderada durante el siglo XIX del “progreso” no

podía vislumbrar por anticipado las consecuencias de su imprevisión frente al extranjero, no es

defendible. Estados Unidos supo anticiparse a ese peligro. El entreguismo de la oligarquía no

fue un simple error. Fue el coronamiento político y cultural de sus intereses de clase asociados,

por encima del país, a su subordinación al mercado internacional. La obra maestra de la oligarquía,

a fin de justificar esta política, ha sido su historia oficial. Ha inventado figuras, las ha iluminado

u oscurecido, las ha exaltado o las ha deshonrado. Cuando no ha podido enterrar a

determinados argentinos, sin entronque de clase con ella, , la oligarquía, a través de sus historiadores

asalariados, ha creado maniquíes en lugar de hombres. Tal es el caso de Mariano Moreno

(nota: San Martín, libertador de la Patria Grande, en los últimos años ha sido cuestionado

como probritánico y otras yerbas).

Moreno proponía el dirigismo económico del Estado y el monopolio total de las riquezas del

subsuelo, además de la prohibición de que el capitalismo extranjero se apropiase de esas riquezas.

Era partidario de apoyarse en Inglaterra. Consistía en enemistar a Gran Bretaña con

Portugal. Es decir, Moreno individualizaba con claridad al Brasil, que en décadas sucesivas Inglaterra

volcaría contra la Argentina. Moreno comprendía bien el peligro del mercantilismo

extranjero: “Los pueblos deben estar siempre atentos a la conservación de sus intereses y derechos

y no deben fiar sino en sí mismos. El extranjero no viene a nuestro país a trabajar en

nuestro bien, sino a sacar cuantas ventajas pueda proporcionarse”.

LA INMIGRACIÓN: SU CARÁCTER COMPLEJO

La Constitución de 1853 contenía las más completas declaraciones que se hayan escrito en

legislación alguna, particularmente sobre la inmigración. Por la Constitución se concedieron

mayores ventajas a los extranjeros que a los nativos, con la vidente finalidad de excluir a la

población autóctona en la que palpitaba aún el espíritu nacional oprimido por los ejércitos

regulares de Buenos Aires.

Entre 1853 y 1930 ingresaron al país seis millones de extranjeros. Se ha dicho con potencia de

mito que en la Argentina sobran tierra. Y se olvida que en el siglo XIX esas tierras tenían propietarios.

CENSO E INTERPRETACIÓN CIENTÍFICA

El censo de 1914 establece una proporción del 70% de los argentinos y el 29.9% de extranjeros.

Pero no debe olvidarse que un gran sector de esa población argentina pertenece a la primera

generación inmigratoria y étnica y sigue siendo parcialmente extranjera.

Distinta es la situación de 1947, época del segundo censo nacional. El 84% de la población es

argentina y el 15.3% extranjera.

De la inmigración venida entre 1857 y 1950, 1.774.178 fueron italianos que se distribuyeron

particularmente en el campo. Sobre todo en Santa Fe, Entre Ríos y Córdoba, zonas aptas para

la agricultura. El mayor coeficiente de fecundidad corresponde también a los italianos. En el

orden económico este aporte fue efectivo. Los españoles, entre 1857 y 1950, aportaron

1.251.336 inmigrantes, pero salvo los vascos, más que en las tareas agrícolas se reparten en el

comercio, por lo general como dependientes en los negocios minoristas y en el servicio doméstico.

La inmigración francesa, prácticamente fue detenida a fines del siglo XIX y aporto unos

100 mil individuos. Hasta fines de 1950 entraron al país 71.847 alemanes en su mayor parte

dedicados a la industria. Franceses y alemanes han permanecido como poblaciones marginales

y en tal sentido, su aporte cultural ha sido neutro como negativo. La inmigración inglesa, de

alto nivel económica, integrada por funcionarios del aparato imperialista como en la India y

otras colonias, ha jugado un papel de extrañamiento total frente al país, aunque sus costumbres

deportivas, formas y técnicas ambientales de la vida hogareña, etc., han influido por imitación

en las clases altas y media acomodada pero no en medida notable. La influencia, más

bien invisible de la inmigración anglosajona se ejerce desde la banca privada y el comercio de

importación y exportación, y en particular, a través de asociaciones de cultura inglesa. Edward

Bridges, presidente del British Council, en noticia aparecida en el diario La Nación, dijo: “El

número de entidades argentinas de este tipo superan al de las que existen en toda América

Latina y la Asociación Argentina de Cutura Inglesa es la más grande del mundo (31/01/60). La

inmigración inglesa no es estable sino móvil, o sea integrada por grupos de viajeros ligados a

intereses británicos en la Argentina. La inmigración inglesa, mediante el control cultural de

diarios, publicaciones diversas, escritos en inglés y castellano, cumple una función velada o

abiertamente antinacional. Los descendientes de estos grupos, cuando se afincan en el país,

reciben una hermética formación británica, es decir, antiargentina, en establecimientos educativos

propios. También la influencia inglesa se difunde mediante la enseñanza del inglés estimulada

por aspiraciones de empleos, a través de institutos y academias, en ocasiones, vinculados

a las embajadas, y gravita sobre grupos locales de la clase media urbana que incluso por la

vía del cine y la propaganda admira y copia formas deportivas, musicales, etc., británicas y

estadounidenses.

Por su parte, la inmigración judía en la Argentina es de las mayores del mundo. Proporcionalmente

mayor quizás, en nuestros días, a la colectividad hebréa en Estados Unidos. Se calcula

que esta población oscila entre 450.000 y 750.000 (nota: tener en cuenta de que el libro es de

1960) judíos. La mayor parte radicada en Capital Federal. Ligados al comercio, a las finanzas, a

la industria en sus diversos niveles económicos, a la construcción, al libro, al periodismo, a la

Universidad, a las actividades artísticas y a las profesiones liberales, su influencia financiera y

política está conectada a focos internacionales de propaganda y control culturales.

La intelectualidad de izquierda cuenta no sólo con fuerte apoyo judío, sino que, en cuanto

capa sociológica, está integrada por individuos de este origen en fuerte relación numérica. A su

vez, el poder económico internacional del judaísmo vincula a estos grupos étnicos en forma

poco visible pero real y organizada en escala mundial al imperialismo, particularmente norteamericano,

del cual el sionismo no es más que una variante con su foco en Israel. Sin embargo,

importantes sectores de la pequeño burguesía judía, tienden a la asimilación cultural, fenómeno

relacionado con la transformación económica del país, que ha convertido al comerciante

intermediario en industrial.

LA INMIGRACIÓN MÁS RECIENTE

Antes DE 1940 las estadísticas militares arrojaban cifras pavorosas. En algunas provincias, casi

el 50% de la población nativa era físicamente inepta para defender a la patria. Las enfermedades

infecto contagiosas y endémicas –escrófula, paludismo, tuberculosis, sífilis- sobre el cuadro

general de desnutrición hacían estragos. La natalidad que era de 129.10 por mil mostraba el

polo macabro de una mortalidad del 106.6 por mil. Chile a la vanguardia de niños muertos en

América Latina, el 251 por mil. En tanto Nueva Zelanda, llamada “el paraíso de las madres y los

niños” arrojaba una mortalidad infantil de sólo el 3.7%. con posterioridad a 1945 estas cifras

sufrieron en la Argentina una disminución asombrosa, y después de 1955 (Golpe de Estado),

junto con el descenso del nivel de vida, han vuelto a crecer en forma alarmante y constante.

Respecto a esta cuestión conviene señalar las líneas de correlación estadísticas entre el fenómeno

demográfico y el estado de la economía, observables desde la gran depresión mundial

de 1929. El aumento anual por cada mil habitantes decrece y vuelve a aumentar en la siguiente

proporción:

1929 25.8

1930 24.7

1931 18.7

1932 17.7

1933 15.7

1934 15.2

1935 14.7

1936 15.8

1937 16.3

1938 15.7

1939 14.0

1940 14.9

1941 14.9

1942 14.7

1943 14.8

1944 15.06

1945 15.2 (Año de estímulo a los salarios y la economía)

1946 15.4

1947 18.0

1948 24.4 (Una de las cifras más altas desde 1910)

1949 25.3

1950 24.2

1951 23.0 (Años de sequía)

1952 19.4

El censo de 1914 muestra que el 47.3% de la población vivía de las tareas del campo con niveles

de vida cercanos a la pauperización. En 1955, esta proporción había disminuido al 27%, por

el formidable desarrollo de la clase obrera en la Argentina, totalmente independiente de la

acción de partidos políticos de izquierda anquilosados en la estrecha visión de la provincia de

Buenos Aires y la ciudad puerto extranjerizante y económica y culturalmente segregada del

país.

LA EXPERIENCIA EN OTROS PAISES

Rara vez fueron los inmigrantes capaces de alterar fundamentalmente el sistema social existente

o los modos de vida. Después de 1930 determinó a los “democráticos” estadounidenses

ponerle trabas a la inmigración (nota: la oligarquía nacional mantenía su status. A diferencia

de lo que aconteció en EE.UU., en la Argentina los hijos extranjeros no han encontrado vallas

para adquirir una instrucción superior. Con posterioridad a la primera guerra mundial, fuertes

tendencias nacionalistas determinaron en los EE.UU. restricciones legales no sólo a la inmigración,

sino al ingreso del inmigrante de cultura superior. La democracia norteamericana cambia

su política cuando el interés nacional lo exige. Oscar y Mari Handlin escriben: “Vinieron a agravar

esas dificultades las leyes restrictivas que prohibían el ejercicio de ciertas profesiones a

quienes no fueran ciudadanos del país. En 98 estados no se permitía a los extranjeros ejercer

la abogacía, en 28 no se les autorizaba la práctica de la medicina”.

La inmigración inglesa en Australia, Canadá, etc., ha sido siempre bien recibida, sin trabas culturales.

Los inmigrantes ingleses han fortalecido las culturas locales, luego de asimilarse a ellas

sin esfuerzo, a través de lazos históricos y espirituales con el sistema imperial. Hecho probatorio

de que la comunidad originaria de lengua y cultura es la base real del papel negativo o positivo

de la inmigración.

También Brasil ha tenido conciencia del papel cultural negativo de la inmigración. A diferencia

de la Argentina, Brasil ha procedido con criterio nacional. Después de 1930, junto con la supresión

de la enseñanza de lenguas extranjeras en defensa del acervo histórico y cultural de la

Nación en su relación con la cultura portuguesa, el interés a contribuido de un modo efectivo

al fortalecimiento de la conciencia nacional.

En la Argentina, toda política de este tipo es atacada por la intelectualidad extranjerizante y

“progresista”, como “nacionalista” o “fascista”, sin comprender que tal actitud, la coloca en la

condición de instrumento de la clase oligárquica antinacional empeñada en desarmar, mediante

el debilitamiento de la cultura colectiva, la conciencia nacional de convivencia con el imperialismo.

EL SENTIDO REAL DE LA INMIGRACIÓN

La inmigración debe valorarse en sus diversas etapas históricas. Durante el siglo XIX fue beneficiosa

como hecho demográfico y económico, pero su asimilación al país y aporte cultural

fueron negativos en tanto resistencia a la cultura nativa más antigua. Han sido los inmigrantes

transmisores, no creadores de cultura.

El hecho de que los descendientes habiten el país desde hace más de ochenta años, no implica

que el contexto familiar extranjero de los progenitores haya desaparecido enteramente. Millones

de descendientes, particularmente de italianos, siguen pensando bajo la constelación

espiritual de los padres, que son asimismo argentinos, pero educados y asilados por sus abuelos.

Los inmigrantes originarios, contratados por la oligarquía como arrendatarios, fueron conservadores

y ahorrativos, hostiles al cambio social o indiferentes frente a la situación de la

población local vencida, a la que también explotaron y consideraron, al igual que la oligarquía,

étnicamente inferior. La mano de obra barata aplicada a la estructura agrario-ganadera del

país, siguió a cargo de los grupos criollos oprimidos por la clase terrateniente

Los conflictos psíquicos de los descendientes de inmigrantes se han atenuado sin duda, pero

grandes sectores de la población, sobre todo en el campo, siguen convencidos que representan

a la “civilización europea”. Tal actitud irracional los lleva a distanciarse de la población

autóctona. La inmigración en la Argentina viene de núcleos rurales europeos pauperizados.

Esa inmigración italiana y española, en su casi totalidad analfabeta, es sin embargo, contra

otro prejuicio que confunde cultura con alfabetización, enérgica y capacitada vitalmente. Quizá

lo mejor de España e Italia. Hombres y mujeres decididos, con espíritu e iniciativa, sin deseos

de retornar a la miseria del país de origen, a la triste ciudad natal, aunque añoren en el

recuerdo a la patria de origen.

EL PODER DE LA CULTURA NACIONAL

El inmigrante divinizado fue parte de la negación de ese país verdadero por la clase terrateniente.

Sarmiento lo confesó con esa franqueza que brusca, “ahogar a la chusma criolla, inepta,

incivil y ruda que nos sale al paso a cada instante. Sarmiento, viejo, reconocerá finalmente

que la conciencia nacional no penetraba en Buenos Aires, “donde no está la Nación porque es

una provincia de extranjeros”. Así refutaba el concepto de barbarie que había difundido, cuando

en si senectud comprobó los resultados de ese europeísmo sin linaje en la tierra.

Es el mismo Sarmiento, vedado por la oligarquía, autor de esta carta a Avellaneda con referencia

a Juan Manuel de Rosas: “Necesito y espero de su bondad, una colección de los tratados

argentinos hechos en tiempos de Rosas, en que están los tratados federales, que los unitarios

han suprimido después con aquella habilidad con que sabemos rehacer la historia”. Estos

aspectos de Sarmiento conviene difundirlos para hacer conciencia de cómo mentía y de cómo

esas mentiras sarmentinas se hicieron lugares comunes en la historia argentina. Es el mismo

Sarmiento que en carta del 1º de enero de 1869, le dice al embajador de EE.UU. sobre la guerra

del Paraguay –conflicto que aún nos debe cubrir de vergüenza-: “La guerra está concluida

aunque aquel bruto tiene más de doscientas piezas de artillería y 2.000 perros que habrán de

morir bajo las patas de nuestros caballos. Ni a compasión mueve aquel pueblo, rebaño de lobos.

Sólo que la mayor parte son niños de diez a doce años, armados de lanza a su talla, para

formar línea. ¿Se imaginan los horrores de estos combates, en que soldados argentinos y brasileños

en el calor de la refriega caen sobre esta fila de chicuelos?”. Así fue exterminado el Paraguay,

en su tiempo, el país más avanzado de la América Hispánica, y así infamado Francisco

Solano López, una de las más grandes figuras de la historia americana.

EL SISTEMA EDUCATIVO DE LA OLIGARQUÍA

La educación impuesta a un país depende: 1º) Del ideal de vida de la clase dominante. 2º) De

las generaciones intelectuales que educan al servicio de esa clase.

La oligarquía liberal ha infundido a toda cultura, en el aspecto pedagógico, sus propios valores,

desde 1853 en adelante. Aquí interesa una descripción del espíritu de la Universidad. La Universidad,

en cuanto institución, es solidaria con las demás instituciones vigentes (económicas,

jurídicas, culturales) de las cuales, la Universidad, colocada en el cruce de los círculos sociales y

culturales dominantes, es mera expresión ideológica. Liberalismo y coloniaje representan en la

Argentina actual, y como derivado de la invasión imperialista durante el siglo XIX, la fórmula

indivisible de lo antinacional. La historia de nuestra Universidad, es por eso, la historia de

nuestra oligarquíaLA

INDUCCIÓN CULTURAL SOBRE LA CLASE MEDIA

Así millones de argentinos han aceptado y aceptan, esta imagen colonizada del país clisada por

los grandes diarios de la oligarquía ganadera y cuya representación psíquica comenzó a esclerosarse

en la escuela primaria. Entre la clase alta que educa y las clases inferiores educadas,

hay capas intermedias que sirven a esa clase. Maestros, periodistas, profesores. Por eso, el

sistema educativo de la oligarquía, junto con el desentendimiento de la ciencia, ha dirigido

férreamente la enseñanza de la historia, del derecho, de la literatura, materias formativas por

excelencia, a los fines de afirmar y justificar ante las demás clases su dominio polítoc y petrificar

culturalmente su prestigio.

De este modo, el conocimiento científico impartido en la Universidad liberal con criterio escolástico

en el estricto sentido del término, se imponía a millares de argentinos, incluidos los

universitarios, que terminaban por creer que ese liberalismo conservador era progresista.

Fue esa misma intelectualidad universitaria la que se mofó hasta crear un estado de conciencia

público, de las experiencias encomendadas en la Argentina durante el gobierno de Perón al

sabio atómico R. Ritcher. Noticias de la URSS destacan el aporte de este físico notable, cuyos

conocimientos contribuyeron a la hazaña gigantesca de los satélites artificiales (nota: tampoco

hay que olvidar, que el desarrollo nuclear en los años de Perón fue formidable, pese a que la

oligarquía explota el fallido intento de creación de armamento atómico, aquellas investigaciones

desarrollaron la medicina nuclear para tratamientos contra el cáncer y demás, por la creada

en aquellos años Comisión Nacional de Energía Atómica).

LA TECNOLOGÍA DEL MONOCULTIVO

La generación intelectual de 1945 no ha conocido el poder adormecedor del embaucamiento

porque justamente ese año, se quebró la hegemonía de la Argentina agropecuaria. Pero la

generación del ’30 fueron frustrados y aislados por una minoría sin conciencia nacional. Por

eso la Argentina no fue un país de ingenieros, de hombres de ciencia, de técnicos…

No son filósofos lo que necesita el país, sino técnicos. Ya vendrán los filósofos. Bacon, Descartes,

Newton, Kant, Goethe son hijos de la Alemania de Bismark. Tendremos filósofos cuando la

Argentina sea capaz de autodeterminarse con luz propia. No los tendremos mientras nuestros

“humanistas” reciten a Virgilio o repitan ideas filosóficas pertenecientes a otros círculos culturales.

LA CLASE MEDIA DE ORIGEN INMIGRANTE

La dependencia material quita toda libertad y obliga a esta clase a refugiarse en un idealismo

ético –el socialismo burgués, por ejemplo-. Y lo mismo pasa con la masa estudiantil que viene

también de la pequeño burguesía. Amenazada como clase, sin clara conciencia por razones

generacionales, de sus objetivos políticos propios, esa masa estudiantil agita ideas abstractas –

democracia, libertad, cultura- y las erige en mitos éticos que encubren confusamente, a través

de aproximaciones ideológicas no racionalizadas de sus aspiraciones de clase, reales, materiales,

la clase obrera en lo inmediato de la vida no necesita ser educada políticamente. Su Universidad

es el sindicato. Es la clase media educadora la que debe recibir educación política

(nota: con la desindustrialización del país, hoy la universidad se encuentra en el campo popular,

del cual debe aprender la casi extinta clase media).

Reciben en la fábrica no en la universidad su práctica. Y con la huelga y el creciente malestar

revolucionario a que es condenada responde al carácter expoliador del sistema económico que

sustenta tales valoraciones de clase. Aunque el nivel cultural del obrero es inferior al de la

pequeño burguesía su conciencia política es en cambio superior. El sindicato es su escuela y en

la apreciación global del problema nacional, es más argentina, pues ella elabora como clase

productora de riqueza colectiva, y al defenderse como proletariado argentino, defiende a la

Nación.

Los valores éticos que la Universidad difunde y los estudiantes de la clase media asimilan, son

los siguientes: 1º) La creencia de que el título universitario es un talismán del éxito personal y

una diferenciación social, una aristocracia modesta y diplomada. 2º) El sentimiento de que sólo

la capacidad personal explica el éxito o el fracaso en la vida, con lo cual adopta la teoría de las

clases altas sobre las diferencias naturales y jerarquizadas de la sociedad.

LAS IZQUIERDAS EN LA ARGENTINA

CAPÍTULO II

Debe agregarse que los primeros partidos de programa obrero –el socialismo y el comunismoestuvieron

dirigidos desde los comienzos, no por trabajadores, sino por intelectuales pequeño

burgueses de Buenos Aires, extranjeros de nacimiento o por formación mental. Esta desconexión

con el país, ha sido el escollo, hasta ahora insuperado por la izquierda, y ha marcado el

carácter antinacional de su pensamiento.

EL PARTIDO SOCIALISTA ARGENTINO

Fue Juan B. Justo fundador del Partido Socialista en la Argentina, junto con Nicolás de Anchorena,

el fundador del PS. También figuran al lado del maestro del socialismo otros apellidos de

la aristocracia ganadera. Martínez de Hoz, Pereyra Iraola, etc. Antes de fundar el Partido Socialista,

Justo perteneció a la Unión Cívica de la Juventud.

José Ditzgen dijo: “El más despreciable de todos los partidos es el partido del término medio. Si

comparamos a ambos partidos con un cuerpo sólido y otro líquido, el término medio es un

partido cenagoso.

Toda la etapa parlamentaria del PS sería, en los años de Yrigoyen, contra el partido popular

gobernante. Ya muerto el “maestro” Juan B. Justo, el PS leal a sus enseñanzas, integraría en

1945 la Unión Democrática, un contubernio ideológico dictado por el imperialismo para contrarrestar

la lucha por la liberación nacional en la Argentina.

SOCIALISMO ARGENTINO Y SOCIALISMO CIPAYO

La Unión General de Trabajadores (UGT) ofrecía un programa sin contenido combativo, contrario

a la huelga. La lucha antiimperialista no se planteaba en ningún caso. Fue la incapacidad de

la conducción del movimiento obrero de parte de los socialistas, lo que incorporó a grandes

sectores del proletariado al progama nacional, avanzado para su tiempo, de H. Yrigoyen.

No fueron os socialistas los que educaron la conciencia de clase del proletariado argentino. Fue

la oligarquía. Es decir, la miseria y la explotación. La oligarquía ha cumplido una gran misión

educadora de masas. El socialismo cosmopolita fundó su acción en teorías importadas vinculadas

a la realidad europea y no al país. Y la teoría cuando no se liga al movimiento de masas es

un error no teórico sino práctico.

LA BANCARROTA DEL SOCIALISMO

La caída de Perón al mostrar al desnudo la función colonial del socialismo ha terminado por

dividirlo. Hoy marcha a la deriva de sus propios errores y sus figuras creyeron en ellas. En

1955, como en 1930, el socialismo fue aliado y cómplice de la oligarquía. Hay una estricta relación

casual entre la presencia de Alfredo Palacios y Américo Ghioldi, por ejemplo, durante la

Revolución Libertadora, y la de Lonardi y Raúl Prebisch. Fuen con esta mezcla de la cruz y el

progreso que se desorientó a vastos sectores de la clase media.

Esta clase media es clientela del socialismo, cuyo moralismo perfuma desde la izquierda abstracta

la putrefacción armada de la oligarquía.

Jamás el socialismo argentino fue contra el interés británico. El socialismo, continuando a Juan

B. Justo, fue adversario de las expropiaciones. Después de 1945 cuando se nacionalizaron las

empresas extranjeras acusaron al Estado de “totalitario” y opresor de la persona humana.

Cuando se aumentaron los salarios, se inició una política social sin antecedentes en la Argentina

asociada al desarrrollo de la industria y la defensa de la soberanía nacional, se llamó a tales

medidas demagógicas o fascistas. Y una vez más marchó el socialismo junto al imperialismo y

junto a la clase terrateniente.

La separación del socialismo de las masas tenía necesariamente que expresarse en la indiferencia

de esas masas frente a una ideología extraña que no las interpretaba.

EL SOCIALISMO Y LA SITUACIÓN MUNDIAL

El PS reflejó la gradual decadencia de todos los partidos socialistas de Europa. Después de la

Primera Guerra Mundial, el socialismo de los diversos países europeos ya preparados por las

tendencias reformistas de la preguerra, se apoyó cada vez más en las clases medias. La lucha

de los trabajadores sindicalizados se hizo cada vez más gremial y menos revolucionaria, tal cual

lo exigía la burguesía, a cambio de bancas legislativas y de ministerios tácticos ofrecidos a los

socialistas (nota: toda posguerra levanta al sistema capitalista que con el correr de los años

retoma su papel protagónico hasta el próximo conflicto. Los partidos socialistas de los países

miembros del G7 –Gran Bretaña, Estados Unidos, Canadá, Francia, Italia, Alemania y Japónson

el ala moderada del liberalismo reaccionario).

EL MARXISMO Y LA CUESTIÓN NACIONAL

Es previo, saber qué sostiene el marxismo con respecto a las luchas nacionales por la liberación.

El marxismo, ni en la teoría ni en la práctica, se opone a las luchas emancipadoras de carácter

nacional. Antes bien, insiste en la independencia nacional de los países coloniales y en el apoyo

que deben prestar no sólo los partidos socialistas del país en cuestión, sino el socialismo internacional.

Marx consideraba incompatible con la doctrina –aunque no alcanzó a conocer la era

del imperialismo- la actitud de indiferencia o neutralidad del socialismo de un país avanzado

frente a la lucha nacional de otro atrasado. Y alegaba que ésta era la piedra de toque que diferenciaba

a un revolucionario de un servidor de la burguesía nacionalista.

La negación de la nacionalidad, en nombre del internacionalismo, con frecuencia implicaba la

subordinación de una nación al nacionalismo de otra más poderosa.

Por eso Marx apoyó a Irlanda contra Inglaterra, y a Polonia contra Rusia. En cambio, los comunistas

argentinos apoyaron al imperialismo angloyanqui durante la Segunda Guerra Mundial

contra el pueblo argentino que buscaba con los medios a su alcance, la propia revolución democrático

burguesa nacional. Ellos la llamaron fascismo. Asó le hicieron el juego a Gran Bretaña,

pues parafraseando a Marx, puede decirse que la paz social en Inglaterra (y EE.UU.) tiene

sus raíces en la opresión colonial en Argentina.

La lucha “particular” d los argentinos no puede separarse de la lucha “general” de América

Latina, y la “particular” de América Latina, de la “general” de todos los pueblos coloniales del

mundo.

EL PARTIDO COMUNISTA EN LA ARGENTINA

El OC en la Argentina es el producto de una escisión del socialismo, que dio nacimiento al PS

Internacional, más tarde Partido Comunista. Ya en 1918 la plataforma electoral del partido

ofrece la monocorde repetición de consignas extremistas que superaban ampliamente el programa

de los propios bolcheviques rusos. Sobre la Argentina y sus masas oprimidas no dice ni

una sola palabra, salvo consignas demagógicas y genéricas aplicables al abstracto de cualquier

país del planeta.

En su forma actual, el PC quedó constituido en 1920. de esta fecha data una declaración de

principios internacionalistas y refractaria a toda posición nacional. Desde entonces y hasta el

presente, los comunistas atacarían de “nazis, “nacionalistas” o “trostkistas” a toda tendencia

antiimperialista con raíces en la realidad nacional. En sus orígenes participaron en la fundación

del PC emigrados de diversos países de Europa. Este hecho no es ajeno al extranjerismo mental.

Estos trabajadores europeos editaban periódicos en lenguas exóticas y en la historia oficial

del partido se califica a esta actividad desplegada por entonces, de “intensa labor solidaria y

cultural”. Por otro lado, su procedencia socialista mantuvo al PC, hasta el presente, ligado a la

ideología pequeño burguesa y a un bajo nivel mental desde el punto de vista marxista.

Un dirigente representativo del PC, Rodolfo Ghioldi, ha expuesto en una conferencia en junio

de 1947, la concepción histórica del PC. Dice una verdad cuando sostiene que “no es posible

separar la política de la historia”. Pero a renglón seguido acepta la historia escrita por la oligarquía..

De los españoles no ve más que lo católico. Pero no las instituciones democráticas españolas –

los municipios, los cabildos- que vinieron de Castilla y aquí arraigaron como focos defensivos

del pueblo. En un insufrible pegote liberal confunde a Moreno y San Martín con Rivadavia. Que

representan justamente dos políticas nacionales antagónicas: lo nacional y lo colonial. Para

Ghioldi, San Martín quería libertar a América. Pero mucho más importante es lo que Ghioldi

callaba, a saber, que San Martín quería unificar a América.

Ghioldi dijo también: “El más grande de todos los historiadores, fue Bartolomé Mitre”.

Como los socialistas, idealizan a la inmigración y denigran a la población nativa. Escritores argentinos,

formadores de conciencia nacional, serán negados o calumniados a fin de apartar a

la juventud partidaria del conocimiento real del país argentino. No es circunstancial, que en la

publicación oficial del PC, la historia argentina se inicie con el período de la inmigración europea

entre 1890 y 1900. El punto de partido no sólo es la historia de Mitre sino su programa

político. L oligarquía es glorificada de entrada, lo mismo que la inmigración, pues de ella salieron,

sin reducir el hecho a sus justas proporciones y negatividades, “obreros profesionales y

campesinos europeos que crearon las condiciones favorables para la formación de la organización

sindical y política argentina”.

Carecen de base histórica real,, queda expuesta y negada en la siguiente tesis: Quizá más que

ningún otro país, el movimiento obrero se ha nutrido de hombres e ideas de tros países”. La

afirmación corrobora el extranjerismo histórico de los partidos de izquierda, esa incompetencia

radical para asimilarse al país, y que al vaivén de la estrategia del imperialismo, no solo ha

retardado el desarrollo del sindicalismo en la Argentina sino que ha determinado el fracaso de

esos partidos.

EL PARTIDO COMUNISTA Y EL IMPERIALISMO INGLÉS

Desde su fundación hasta 1930, la literatura comunista dispersa en innumerables publicaciones,

diarios, semanarios, etc., no aborda el examen del imperialismo británico en la Argentina,

fuera de aisladas y defectuosas referencias. Esta anomalía doblemente llamativa, pues ya Lenin,

a principios de siglo, había publicado su célebreanálisis del fenómeno imperialista, e incluso

se había referido al imperialismo británico en la Argentina como un caso particular.

El PC realizó 2dos campañas antiimperialistas notables” entre 1924 y 1928. una a favor de

México en su lucha por la nacionalización del petróleo. Pero ninguna a favor de la nacionalización

del petróleo proyectada por Yrigoyen. Y que a la pstre determinó su derrocamiento. La

otra a favor de Sandino. Ambas contra el imperialismo yanqui.

Debe anotarse que en esa época, el imperialismo estadounidense no era en la Argentina el

principal enemigo, e incluso, tales campañas interesaban a Gran Bretala así se esfumaba ante

la opinión pública argentina como potencia colonizadora (nota: para ese entonces, todavía

estaba en vigencia, en la práctica, las bases de la doctrina Monroe –5º presidente de EE.UU.

que separaba Centroamérica y el Caribe para Estados Unidos, y Sudamérica quedaba bajo la

“protección” de Gran Bretaña, lugar que perdería luego de la Segunda Guerra Mundial).

LA OPOSICIÓN DEL PARTIDO FRENTE A YRIGOYEN

Yrigoyen, quien pese a la irreconciliable oposición de la oligarquía y del mismo sector de Alvear,

ha descendido del poder auroleado de enorme prestigio nacional. El PC ha combatido sin

tregua a Yrigoyen- ha negado al radicalismo. Pero con Marcelo T. De Alvear, la oligarquía ganadera

y el imperialismo inglés habían gobernado entre bambalinas a la Argentina. El PC, consecuente

con su política probritánica, ensayará una débil crítica contra el alvearismo. Y caído

Yrigoyen en 1930 aclamará a Alvear como demócrata salvador de la República.

Los comunistas argentinos ni siquiera entendían a Stalin: “El Partido no puede quedarse a la

zaga del movimiento, ya que retrasarse significaría separarse de las masas”. Los comunistas

citan bien. Pero siempre actúan mal. El PC insultó a Yrigoyen y ensalzó a Alvear. Y en 1945,

cuando las masas habían de tomar la historia nacional por su cuenta, las enfrentaron otra vez.

El radicalismo de aquellos días era mayoría absoluta y lo apoyaban incluso las masas trabajadoras.

El radicalismo murió con Yrigoyen. Al desaparecer éste afloraron las contradicciones

internas que lo minaban. Y estas contradicciones encontraron en Alvear el sepulturero más

cortés (nota: en Carlos Menem, el PJ tuvo su sepulturero). Alvear representaba a las fuerzas

conciliadoras con la oligarquía y los monopolios extranjeros.

1935: DEL FRENTE POPULAR A LA UNIÓN DEMOCRÁTICA

La Unión Democrática, la más grande operación que haya conducido el interés extranjero contra

la liberación nacional de la Argentina, fue planeada por el PC en las postrimerías de la

segunda guerra mundial. El partido la consagró así: “frente democrático nacional antifascista,

para aplastar el fascismo y construir una Argentina grande, próspera, feliz y respetada en el

mundo”.

La Unión Democrática fue Braden, embajador estadounidense, Antonio Santamarina, Nicolás

Repetto (PS) Tamborín y Mosca, Luciano Molina, etc. Rodolfo Ghioldi, decía en un acto en el

Luna Park: “Saludamos la reorganización del Partido Conservador operada en oposición a la

dictadura que sin desmedro de sus tradiciones sociales se apresta al abrazo de la unión Nacional

y que en las horas sombrías y en el terror carcelario mantuvo en la persona de don Antonio

Santamarina una envidiable conducta de dignidad civil.

Es inicuo decir con referencia a la II Guerra Mundial: “una parte considerable de nuestro pueblo

que mantenía una actitud de indiferencia pues no estaba posesionado del odio necesario

contra el nazifascismo”. En verdad, los sectores populares. Particularmente la clase trabajadora,

veían con odio al fascismo. Pero también a Inglaterra y EE.UU. los verdaderos e inmediatos

enemigos de la América Latina en general y de la Argentina en particular (nota: los comunistas

decían que Perón era nazi, por otro lado, en un documento de la CIA de 1954, salido de la embajada

estadounidense en Buenos Aires, Estados Unidos analizaba contradictoriamente a Perón

como “anticomunista”, pero a la vez decía que aplicaba “ideas comunistas –ver en los documentos

de esta biblioteca).

EL PARTIDO COMUNISTA Y LAS MASAS EN ACCIÓN

Los comunistas llamaban a la Unión Democrática “Causa de la libertad, de la democracia y de

la soberanía nacional. El acto del 16 de agosto organizado por los comunistas, reunió doscientas

mil personas. La manifestación fue encabezada por Tomás de Anchorena. “La coalición de

la Unión Democrática además de reunir a los partidos radical, socialista, demócrata progresista

y comunista, contaba con el apoyo de los sindicatos independientes, con parte de organizaciones

campesinas (sic) y la mayoría de los intelectuales democráticos”.

Por aquellos días estremecedores, los comunistas eran mansos evangelistas mientras los “cabecitas

negras” conocían el camino más corto al barrio norte. A este movimiento de las masas

argentinas, los comunistas lo llamaron “demagogia antiyanqui”: “Perón supo explotar hábilmente

los sentimientos antiimperialistas de nuestro pueblo.

En tanto la clase obrera argentina luchaba contra el capital internacional, los comunistas rodeaban

a Braden, símbolo internacional del imperialismo yanqui.

“Marxistas de pacotilla” llamaba Lenin a estos personajes de la política. El PC Argentino paseaba

a Lenin por la Recoleta, con música de Echeverría y letra de Bartolomé Mitre. No lo supieron

entender, y la movilización del 17 de Octubre aún los demuda.

Allí, cien años de opresión, de mentira, de explotación, de sometimiento, encontraron en el

pueblo la dirección que sólo el heroísmo del proletariado puede infundirle a una gesta nacional.

Por eso es una fecha odiada por la oligarquía.

En las masas se subvirtió la historia. Y los historiadores fueron esos millares de obreros y peones.

Analfabetos porque la oligarquía así lo había querido como parte de su historia como clase

antinacional. A la que los comunistas se plegaron. La oposición de la izquierda antinacional a

Perón.

LA INTELECTUAL LIBERAL DE LA IZQUIERDA

La intelectualidad liberal en la Argentina se recluta en su inmensa mayoría en las clases medias

y actúa en los grandes centros urbanos, especialmente en Buenos Aires. Como gente de clase

media dependen del orden económico establecido, ya sea como profesionales, periodistas,

profesores, técnicos, etc. Muchos de ellos se declaran simpatizantes del socialismo y el comunismo.

En realidad son liberales impuros que platican sobre el socialismo puro.

Su mentalidad es europeísta, producto tanto de la educación impuesta por la clase alta como

del orgullo irracional por su origen europeo. La oligarquía, que tenía razones históricas para

ello, ha sabido entubar las tendencias agresivas de los grupos humanos extraños –los inmigrantes-

desviándolos contra la población nativa, y convirtiendo esas tendencias de la hostilidad

social a lo largo de tres generaciones, en repulsa emocional contra el pueblo autóctono y

contra la cultura española originaria. El intelectual pensará con disgusto sobre el analfabetismo

de las masas, sin comprender que él mismo participa del ordenamiento económico y social

que explica el analfabetismo.

“La República Argentina es el furto de tres factores: el oro inglés, el libro francés y el brazo

italiano”, escribió alguien una vez. Esta ocurrencia es sin embargo verdadera con relación a la

mentalidad de la oligarquía y de la intelectualidad de izquierda formada a su vera. Tal fórmula

es aplicable a la orientación de la enseñanza universitaria. De una universidad así, sólo pudo

advenir una inteligencia segmentada del pueblo y de la propia herencia cultural. La idea de

libertad, en estas capas letradas, por eso, jamás coincide con las luchas libertadoras del pueblo.

Para la oligarquía, una “intelligentzia” de izquierda divorciada del pueblo no es temible,

pues tales intelectuales están inhibidos por la educación para luchar por objetivos nacionales.

Por eso la historia de la oligarquía asimilada por los intelectuales es la difamación de lo popular

encubierta con ideas universales sobre la dignidad de la persona humana.

El verdadero intelectual de izquierda es revolucionario no en las frases sino en los hecho, no

sólo en los libros sino combatiendo junto al pueblo y contra las falsas valoraciones culturales

de la clase dominante.

LAS ILUSIONES DEL INTELECTUAL DE IZQUIERDA

Las aspiraciones del intelectual de izquierda chocan con el sentimiento no confesado de que

tiene derechos para ingresar a capas superiores de la burguesía, pero que por su nacimiento el

ascenso no es fácil. Esto explica que el estudiantado, en tanto pequeño burguesía intelectual,

bregue en los primeros años de su carrera por ideales de izquierda, para ir sustituyéndolos en

los últimos años, ya al borde de su iniciación profesional, por valoraciones sociales moderadas.

La actitud psicológica de esta intelectualidad está viciada en la base. El pueblo es los “derechos

del hombre”, “la revolución rusa” o la variante Mao, pero la revolución nacional, como la encabezada

por Perón, le da náuseas. Por eso son extranjeros mentales y mucamos de la oligarquía.

Por eso no comprenden la lucha nacional de las masas (nota: esto corre tanto para esta

izquierda extranjerizante, como los tecnócratas economistas que trabajan para el imperio yanqui).

EL NACIONALISMO DE DERECHA EN LA ARGENTINA

CAPITULO III

En tres décadas, el nacionalismo de orientación católica no ha dado una sola historia de movimiento.

El nacionalismo de derecha, a pesar de algunas notas genéricas que lo tipifican, no ha

sido un partido político, ni un sistema de ideas, ni una secta ideológica homogénea. Une a sus

adherentes a un sentimiento. Pero sobre todo a un mismo origen social.

En el nacionalismo argentino se reconocen bien dos períodos: 1º) desde 1928 hasta 1933, la

influencia liberal, antipopular, pro fascista, es netamente individualizable en escritores sin

jerarquía intelectual. 2º) Desde 1933 en adelante, el nacionalismo se expresa ya en un nivel

intelectual más elevado, a través de tres tendencias no bien delimitables, de las cuales derivan

grupos de orientación filosófica, ensayistas políticos e historiadores.

LAS ETAPAS DEL NACIONALISMO

Si la izquierda argentina, por su formación liberal, se ha mostrado en nuestro país contraria a

los regímenes populares de caudillos como Yrigoyen o Perón, el nacionalismo de derecha no

ha sido menos adversario de los mismos. La misma desconexión existente entre el nacionalismo

y la izquierda, es igual con las masas.

De entrada, el nacionalismo argentino aparece filiado al fascismo de Mussolini. Más tarde el

nazismo alemán ejercería una violenta atracción sobre los nacionalistas argentinos. Ligaron al

nacionalismo profascista con la Iglesia.

De estos grupos si unidad ideológica, inflamados por el odio a la democracia que veían encarnada

en Yrigoyen, pero en realidad, lanzados a la lucha anticomunista, derivan las publicaciones

diversas y centros armados de acción antiobrera, La Liga Republicana, La Legión de Mayo,

etc. El nacionalismo de 1930 inaugurará la Década Infame, uno de los períodos más siniestro

de la entrega del país al dominador extranjero.

EL NACIONALISMO ANTERIOR A 1930

El nacionalismo argentino nace como oposición al gobierno de Hipólito Yrigoyen. La oligarquía

no estaba satisfecha con el hecho de que Yrigoyen fuese un estanciero, un hombre de su propia

clase. La oligarquía se erizaba ante la democratización del país operada por el jefe radical.

El nacionalismo fue la forma extrema.

Así naciía el nacionalismo argentino acusando al mandatario de “anquilosis servil. Juan Carulla,

militante de la Liga Republicana, que tratándose de Yrigoyen arremete contra el cesarismo y

habla de “infecto tirano”, llamará a un oscuro militar, J. F. Uriburu “salvador del país”.

LA JUVENTUD NACIONALISTA DE 1930

La juventud nacionalista de 1930 estaba unida por vínculos al Partido Conservador. Algunos

elementos de la clase media que incluso aspiraban a figurar al lado de los jóvenes con apellidos

de la oligarquía. Esta juventud fue fascista. Así fue que esta juventud católica y aristocrática

tradujo a Mussolini y el Tratado de Letrán en la sentencia: “Dios, Patria y Hogar”-

El nacionalismo en la Argentina no surgió como arma ideológica de lucha antiimperialista sino

como reacción antidemocrática frente a las masas trabajadoras que habían crecido y buscaban

su organización sindical después de la primera guerra mundial.

LEOPOLDO LUGONES FRENTE A YRIGOYEN

No es posible descomponer las contradicciones del pensamiento lugoniano sin tener presente

este conflicto con la oligarquía oculto en su corazón. El verdadero pensamiento de Lugones

sobre la oligarquía porteña a la que en el fondo repudiaba y frente a la cual carecía de valor

para separarse. No fue más que un intento disfrazado de desplazar a esa oligarquía del mando.

“El ejército es la última aristocracia”, decía exaltando el militarismo ante una democracia que

decía moribunda. Había que derrocar a Yrigoyen, el caudillo. Y hasta los poetas sirven cuando

el aparato cultural de la clase terrateniente difunde sus ideas.

También le convenía a la oligarquía que Lugones denigrase al pueblo, al que el escritor había

calificado de “turba inorgánica”.

Este mismo escritor que al servicio de la clase dirigente dijo: “Es público y notorio mi afección a

la noble Inglaterra”. Pero de todos modos Lugones comprendía bien el fenómeno imperialista.

“La República –dirá Lugones nen esa época de reencuentro doloroso con el país- constituye de

hecho un estado colonial respecto a las naciones que habiendo alcanzado civilización completa,

mantienen su industria con los productos primarios suministrados por aquella”, criticando a

la oligarquía agropecuaria, con la esperanza de que el Ejército tomase el poder.

Y en creciente desafío al pensamiento de la clase dirigente, concluía que sólo la industrialización

complementaría a la economía nacional convirtiéndola en argentina y para los argentinos.

En 1932 llegó a decir, por primera vez en alusión a Gran Bretaña: “Nuestra subordinación de

meros productores de materias primas, limitóse primero a Gran Bretaña. Ahora lo es también

en proporción mayor, respecto a los EE.UU.”.

EL VERDADERO PENSAMIENDO DE LUGONES

Al caer Yrigoyen, Lugones reiteró todos los lugares comunes de aquellos días contra el caudillo

y cooperó, una vez más, con las fuerzas a las que el poeta, en su fuero interno, denostaba: la

oligarquía y el imperialismo. No era esto suficiente para la clase ganadera que retornaba al

poder. Casi inmediatamente al triunfo, una extraña atmósfera rodeó y comenzó a cercar a

Lugones, hostigándolo en su labor periodística. La oligarquía se aprestaba, sin manifestarlo, a

apartar como un elemento perturbador, al poeta que había contribuido al derrocamiento del

conductor radical.

Olvidaba por cálculo que ese poeta antidemocrático había elogiado a la Revolución Rusa de

1917. Gran Bretaña prefería una Argentina “democrática”. Ya la oligarquía había inventado “la

alevosa encrucijada del cuarto oscuro”. Además, el escritor retornaba al fascismo que había

abrazado en 1928, el mismo año en que daba a luz uno de sus libros más argentinos, Poemas

solariegos. El mundo se preparaba para la Segunda Guerra Mundial. Y la oligarquía a probar su

lealtad a Inglaterra. Asqueado de la realidad política, testigo en su propia carne del desastre de

sus ilusiones juveniles sobre la función jerárquica de esa clase dirigente, vio en el orden fascista

–esperanza de muchos argentinos decepcionados del liberalismo acariciaron por entoncesla

salida posible y también la perspectiva de que la inteligencia nacional enrarecida y humillada,

encontrase un lugar en la sociedad. Así nace en su espíritu la idea del Estado militar. Recurriendo

a Lenin hablará de la libertad como un prejuicio burgués.

El programa que Lugones proponía se anticipaba a los problemas centrales que recorren la

“década infame”.

Lugones proponía el controlo estatal de los frigoríficos, la creación de nuevos mercados para

las carnes. Tenía conciencia de la debilidad de nuestra economía, sugería una política nacional

en el orden de la marina mercante, exigía en una referencia vaga al imperialismo británico, al

que como se ha dicho, nunca atacó de frete –tal ha sido el poder de Inglaterra en la Argentinauna

modificación de la política ferroviaria a favor de la producción nacional y no de las empresas

extranjeras, se oponía al predominio de los monopolios cerealísticos, proponía el control

de cambios y la fiscalización de los bancos extranjeros, la defensa del arrendatario, créditos

hipotecarios al chacarero, salario familiar, controles legales de la deuda pública a fin de preservar

el trabajo nacional transferido al extranjero en detrimento de la población argentina,

etc. La anticipación fundamental de Lugones fue su tesis sobre la siderurgia, base de la independencia

nacional. Esta política sería retomada por el Ejército. Planteaba asimismo la nacionalización

de las fuetes productoras de energía eléctrica.

No lo sabía, pero al minar las bases del liberalismo de la oligarquía, al incitar al Ejército a retomar

la defensa del país, preparaba una nueva época en la que las masas, aliadas al Ejército,

habrían de encontrar en Perón la síntesis de una etapa hacia la emancipación nacional de la

Argentina. A la que el poeta amó y sirvió, pese al carácter reaccionario de su pensamiento,

hasta su muerte.

LAS INFLUENCIAS EXTRANJERAS EN EL NACIONALISMO

La decepción de Lugones fue común a la generación nacionalista que había confiado en la revolución

de 1930. la entrega del país enlazada a la crisis ganadera, el embaucamiento político

convertido en sistema, el creciente malestar de las multitudes indeterminado y real, el estragamiento

de los partidos políticos y la situación europea con el creciente agigantamiento de

Rusia, provocaron la ruptura espiritual de la juventud nacionalista con los propios padres. Y el

desencuentro histórico aunque no pasó, en el orden político, de un enfrentamiento generacional

que no excluyó el usufructo de las posiciones del gobierno de parte de los jóvenes, tuvo

consecuencias con relación al enjuiciamiento de la oligarquñia en su conjunto, que en el pensamiento

de la juventud nacionalista se vinvulaba a la idea de una “élite” directora integrada

por ellos y capaz de rescatar al patriciado de su decadencia.

La gravitación más perceptible sobre el nacionalismo de derecha en la Argentina es la de Charles

Maurras un pensador no católico. Sobre Maurras, ubicado entre dos siglos, confluyen las

ideas de Nietzsche y de Carlyle en cuanto a la concepción del grande hombre que concentra en

su persona el curso de las edades. “Yo soy una roca lanzada en el espacio que ha consumado

en años una tarea de siglos. Esa frase de Napoleón condensa la idea del héroe de Maurras, y el

historiador Foustel de Coulanges con su idea de que “quien destruye el pasado destruye a la

patria”.

Asimismo, Maulnier sostenía que la historia es demasiado compleja para ser explicada por la

lucha de clases. Olvida que para Marx la lucha de clases, no es la historia en su plenitud, sino el

motor que la impulsa. El mundo en que ese motor trabaja es la naturaleza de la propiedad.

Pero a para Maulnier la nación es anterior a la lucha de clases y olvida otra vez que el Estado

nace del dominio de una clase sobre las otras, y su equilibrio se funda en la fuerza, no en la

conciliación.

La guerra, como la definiera Clausewixz, “es la continuación de la política por otros medios

diferentes”. La guerra moderna es el imperialismo disfrazado de “voluntad de pontencia”

Maulnier también decía, basado en el marxismo: “El esfuerzo revolucionario no consiste ya en

la lucha de los esclavos contra la nación, sino de la nación esclavizada contra sus amos”. Pero

no hay que jugar al marxismo. O como decía Marx: “No hay que jugar a la revolución”. Maunier

juega tanto que al fin se embrolla: “La liberación de todas las categorías sociales que sufren

la tiranía económica sólo puede ser lograda por la construcción de un Estado nuevo y la

destrucción de la democracia. El Estado nuevo sólo puede ser construido por hombres que

sufran directamente el peso de la tiranía económica y sólo puede ser concebido como el instrumento

de su liberación. La liberación de la nación será obtenida por el mismo movimiento

revolucionario que la liberación de las clases sojuzgadas, y sobre todo del proletariado”. Indeciso

entre el marxismo y el fascismo, Maulnier ha terminado en el existencialismo.

LA INFLUENCIA DE LA IGLESIA

También el pensamiento oficial de la Iglesia, pesa aunque en forma desvaída, sobre el nacionalismo

argentino.

El interés de la Iglesia por la cuestión social toma forma moderna con León XIII. La tesis central

es que la sociedad humana es parte del orden impuesto por Dios al mundo creado.

No sólo en la esfera religiosa, las actividades espirituales del hombre, persona libre pero creada

con mira a un fin, están relacionadas con las leyes morales deseadas e impuestas por el

Creador. Este es el supuesto trascendente del pensamiento social de la Iglesia. El bien común

es superior a los intereses de clase o individuales. La doctrina de la Iglesia, se impone pues,

como una obligación no como una opción.

Todo católico debe ser un militante, un soldado de la verdad revelada, pues la Iglesia es el núcleo

vivo de la sociedad, su órgano ordenatriz universal. Es decir, sobrenacional. La Iglesia

tiende a preservar ese orden del Estado.

El bien común querido por Dios en la libertad, pero no en la igualdad pues las jerarquías sociales

están cristalizadas en el orden creado del mismo modo en la familia, el padre manda y la

mujer obedece. La Iglesia aconseja hasta que Dios no resuelva, sumisión en la tierra.

Después de la familia, el Estado es la institución más valiosa como poder custodio del orden

divino. Y la Iglesia, sociedad sobrenatural, vigila, pues el Estado es un organismo con fines éticos,

cuya única prohibición es violar la libertad de la persona humana que es sagrada. O sea,

religiosa. El Estado es un medio para alcanzar el bien común, pero el Estado mismo pende de

Dios.

LOS NACIONALISTAS ARGENTINOS DESPUÉS DE 1930

Para los nacionalistas la Argentina es un país eminentemente católico. Durante el período colonial

la Iglesia ejerció el monopolio cultural, y la cultura eclesiástica formó a la población.

Al producirse la emancipación, la concentración comunitaria alrededor del caudillo, al identificarse

con la religión, en la fórmula por ejemplo, de Facundo: “Religión o muerte”, concilia tras

el símbolo religioso reivindicaciones sociales concretas más que religiosas.

La Iglesia en la Argentina ha sido el poder conservador del liberalismo colonial. El propio Juan

Manuel de Rosas, enzalzado por los nacionalistas católicos, en tanto espíritu conservador,

comprendió el poder de cohesión social de la religión y canalizó esta religiosidad elemental de

las masas con sentido político.

El catolicismo en la Argentina es más europeo que hispanoamericano, a diferencia de Perú, por

ejemplo.

Enrique Osés, redactor de Crisol, cayó en la espiritualización de España: “La independencia

norteamericana es sajona y protestante. La nuestra es católica, es hispánica. La nuestra es

espiritual y aquella es comercial.

Carlos III es el último, e inútil, intento de salvar al imperio español en su declinación, de situar

a España en condiciones de competir en la Europa moderna. No fue el liberal Carlos III el que

fracasó sino la nación española carente de una burguesía revolucionaria. El estancamiento

español, con su nobleza hierática y sus generales fanfarrones, fue la causa de la caída del imperio.

Y no las ideas liberales. Entre esas causas, junto a la ausencia de una burguesía nacional,

debe mencionarse la rapacidad de esa nobleza, que en la explotación de las colonias americanas

creyó que podía enfrentar a países cuyo poderío avasallante se asentaba no en el oro extraído

de ultramar sino en la producción manufacturera en gran escala. Las aristocracias americanas

se inician con la explotación del indio en las minas. Y de esta explotación vivió residualmente

la nobleza española, no sólo rapaz, sino holgazana. Otro sector de esa aristocracia

vivió del contrabando y del comercio de esclavos en connubio con los intereses extranjeros. La

oposición entre criollos y peninsulares no se explica por razones espirituales. Son antagonismos

económicos dentro de una misma clase. Cando la oligarquía patricia se unió por el comercio

a Inglaterra, a pesar de su limpia ascendencia española, la famosa hidalguía de prosapia

hispánica se convirtió en mil maneras de vender la patria. La defensa de nuestra herencia cultural,

que es hispánica, nada tiene que ver con estas beaterías ultramontanas tan falsas como

los mitos liberales.

CARLOS ASTRADA

El único filósofo del nacionalismo ya no pertenece al grupo. Carlos Astrada, actualmente en el

marxismo, es una mente que maneja con seriedad profesional, los supuestos y técnicas de la

filosofía: entre 1930 y 1940 militó en el nacionalismo. Distinguía dos Américas bien definidas,

y apoyándose en el mismo Hegel, derivaba tales diferencias de la religión. Señalaba en el catolicismo,

un factor de la unidad cultural hispanoamericana. Siempre con Hegel, anticipaba que

América “en las épocas venideras debe revelar su importancia histórico universal quizá en la

lucha del Norte y Sud América”.

EL LEGADO DEL NACIONALISMO: J. M. ESTRADA

No distingue entre nacionalismo católico y lucha por la liberación nacional. Esta veta popular

que el nacionalismo tradicional jamás comprendió. Para el nacionalismo toda movilización de

masas huele a comunismo. Esta forma abstracta de enfocar el nacionalismo como ideología,

no es casual. Responde a la premeditada y obcecada necesidad de ignorar, desde un punto de

vista conservador, a las clases sociales y eludir el problema del imperialismo. El imperialismo,

en efecto, plantea al nacionalismo de derecha dos cuestiones insolubles: 1) La imposibilidad de

combatirlo sin favorecer a un tiempo, en el orden interno –y estrechamente relacionado con el

dilema anterior- todo gobierno de masas propone la presencia activa del proletariado como

factor del poder político, participación obrera que al nacionalismo aristocrático le resulta intolerable

(nota: en 1954 la CIA desde la embajada estadounidense en Buenos Aires elaboró un

informe sobre el peronismo y Perón a quién tildaban de anticomunista, pero al mismo tiempo

señalaban que tomaba medidas comunistas).

NACIONALISMO E INTERNACIONALISMO

El principal enemigo del nacionalismo y lo que promovió su incremento, fue el internacionalismo

de tipo comunista (nota: si bien en Argentina actuaron siempre junto a la derecha, el

propio Lenin había indicado que los PC de distintos países debían acompañar los procesos populares

de liberación, ir por separados, pero golpear juntos).

De lo cual resulta que la lucha en un país semicolonial como la Argentina, no es contra los

opresores inmediatos, EE.UU. y Gran Bretaña, sino contra Rusia, que en esa lucha nacional

podría ser un aliado. Durante Perón lo fue de hecho. Y no por la alianza con el comunismo sino

por la acción de un gobierno apoyado en las masas. Y por tanto nacionalista. Que es el único

tipo de gobierno que preocupa a las potencias colonizadoras.

Sánchez Sorondo dice que “las ideas no tienen patria”. La cuestión reside efectivamente en

que la formalidad universal de las ideas se llene de contenido nacional.

IDEOLOGÍA Y ALINEACIÓN

“De todas las clases que hoy se enfrentan con la burguesía –ha escrito Marx- no hay más que

una verdaderamente revolucionaria: el proletariado. Las demás van degenerando y desapareciendo

con el desarrollo de la gran industria; el proletariado es el producto de ella. Las capas

medias, el pequeño industrial, el pequeño artesano, el comerciante, el campesino, todos ellos

luchan contra la burguesía para salvar su existencia como capas medias. No son pues revolucionarias,

sino conservadoras (¿cacerolazos?). Más todavía, son reaccionarias pues pretenden

volver atrás la marcha de la historia. Son revolucionarias únicamente cuando están en vísperas

de su paso al proletariado, cuando defienden no sus intereses presentes sino sus intereses

futuros, cuando abandonan sus propios puntos de vista para adoptar los del proletariado.

EL NACIONALISMO ARISTOCRÁTICO

Una aristocracia enferma sólo puede dar un pueblo enfermo. Ese patriciado es extranjero en la

justa medida que es un apéndice económico del imperialismo.

Sorondo dirá en relación a la Argentina de principios de siglo: “Entonces creíamos sinceramente

en el progreso cósmico y en las doctrinas efusivas. Y si refinábamos las haciendas nos sobraba

el tiempo para vivir pendientes del último pensamiento francés. Y aún nos sentíamos

capaces de raptar a Europa, o planear al menos, una América a su imagen y semejanza pero

con mucho más porvenir”.

Sorondo es un hombre que pone el país ante sus ojos, y en fugaces momentos, por encima de

su conciencia de clase. Durante la Segunda Guerra Mundial escribía con relación a Inglaterra:

“repetimos que si antes que la guerra termine no se manifiesta una política argentina después

será tomado demasiado tarde” Tal esperanza se cumplió con Peón mientras la izquierda cipaya

cantaba loas a Roosevelt y saludaba a Churchill en la calle Florida con la V de la victoria.

La “intelligenzia” de derecha y liberal en su conjunto, es una “intelligentzia” que pese a sus

variaciones ideológicas, nunca se ha acercado al pueblo, sustancia real del país.

Cuando después de 1946 una mejor distribución de la riqueza elevó al pueblo, esa clase infecunda

y perversa vio demagogia y despilfarro porque el pueblo comía.

EL REVISIONISMO HISTÓRICO

El mérito cierto del nacionalismo argentino y su verdadero aporte a la formación de la conciencia

nacional, ha sido su labor historiográfica que a despecho de su ideologismo, ha liquidado,

a través del examen crítico de las fuentes, la colocación de textos, la exhumación de tradiciones

orales y los veneros autobiográficos poco conocidos y ocultos por la historiografía liberal,

la estructuración de una amplia bibliografía, todo el edificio levantado por la oligarquía

para su autoglorificación.

ROSAS Y SU ÉPOCA

José María Rosa ha investigado la situación económica del período rosista. Para Rosa, la independencia

política fue alcanzada al precio de la subordinación económica consumada en 1810.

Para el revisionismo, Rosas comienza siendo un hombre de Buenos Aires para transformarse

gradualmente en un conductor nacional. Sin embargo, la contradicción entre Buenos Aires,

vieja provincia metrópoli, y el interior –librecambio porteño y proteccionismo mediterráneonunca

fue suprimida enteramente. El creciente desasosiego de las provincias amenazadas –

tanto por Rivadavia como por Rosas- debido al monopolio de la aduana, es el que configura el

clima de guerra civil. A través justamente de la Ley de Aduanas, una política conciliatoria y

prudente, pero que en ningún modo solucionará la cuestión nacional de fondo. La facilidad con

que después de Caseros las provincias fueron dominadas, prueba que la economía rosista no

había apuntalado las estructuras sociales del interior. Buenos Aires entraba aceleradamente

en el régimen del comercio y la producción capitalista, el interior permanecía inmovilizado en

las formas atrasadas del artesanado y no de la industria manufacturera.

Fue la penetración extranjera lo que Rosas retardó, y no justifica la tesis de que Juan Manuel

de Rosas haya protegido al interior con criterio nacional. Está defendiendo, con amplia y utilitaria

visión política, los intereses de Buenos Aires mediante concesiones parciales a los del

interior.

Su protección a la industria artesanal no implicaba un programa moderno, y por tanto, n podía

promover el desarrollo industrial, a diferencia de lo que había acontecido en EE.UU. e incluso

Paraguay,

El interior nunca fue rosista. Pero Rosas, es innegable, fue más argentino que sus sucesores.

POLÍTICA DE CLASE Y ORDEN POLÍTICO

Rosas no era un político sino un hombre de orden, dice José María Rosa. Sólo los grandes políticos

desatan la ola de odios que aún vela la significación de Juan Manuel de Rosas. Lo mismo

ocurrió con Yrigoyen y lo mismo con Perón.

Rosas cayó no porque el suyo fuese un gobierno por encima de las clases, sino porque la clase

a que pertenecía veía con codicia su vinculación con Inglaterra como más remuneradora que

un comercio hasta entonces intermedio entre mercado interno y el internacional. Esa clase

ganadera ya integrada, en primer término por Rosas mismo, prefirió en un momento de su

expansión sacrificar el país a sus intereses. Si Rosas se opuso al bloqueo anglo-francés, no sólo

lo hizo como argentino, sino como provinciano, pues no ignoraba que el interior se levantaría

en armas contra el extranjero y que las consecuencias de estos levantamientos podían hacer

peligrar la hegemonía de Buenos Aires.

Después del fusilamiento de Dorrego, Rosas trató de conciliar el federalismo de las masas, con

su unitarismo de hacendado, y de ensanchar su base política incorporando a los unitarios, convencido

tal vez, de que estos terminarían por aceptar su persona a través de un unitarismo

práctico disfrazado de federalismo. Tal programa conciliatorio de 1929 no halló eco en la furiosa

incapacidad nacional de los unitarios. Pero si la glorificación de Rosas es un exceso, el revisionismo

ha planteado por eso mismo, la necesidad de una historia nacional más allá de las

restricciones de liberales y nacionalistas. El país la tendrá. Y en esta génesis y síntesis de la

verdadera historia nacional, el revisionismo histórico puede, con razón, arrogarse el merecimiento

de haber contribuido, por la vía de los estudios históricos a la formación de la conciencia

nacional de los argentinos.

BALANCE DEL NACIONALISMO HASTA 1955

El verdadero promotor del nacionalismo de las masas fue Perón mediante su obra defensiva

de la economía nacional. Del alto nivel de vida que esa revolución significó para las masas,

hasta entonces ultrajadas, devino la conciencia de la dignidad de la nación que fue experimentada

por el obrero más humilde como una cosas propia mientras los intelectuales gimoteaban

por la libertad, que ellos mismos, como asalariados de la burguesía, no habían conocido. La

enérgica connotación argentina del nacionalismo, se ha identificado, sin duda, como emoción

multitudinaria, con la acción de las masas, pero el pueblo ha invertido la pirámide conservadora

del nacionalismo abstracto y lo ha hecho real.

F.O.R.J.A Y LA LUCHA POPULAR

POR LA LIBERACIÓN NACIONAL

(LA “DÉCADA INFAME)

CAPÍTULO IV

“En materia económica hace tiempo la Argentina es prácticamente

una colonia británica”

Wilburn Burton – The Spectador, Londres 1933

“No hay nada demasiado malo ni demasiado bueno qué no haga

un inglés, pero jamás lograréis sorprender a un inglés con las manos

en la masa. Todo lo hace en defensa de los principios. Pelea c

vosotros por un principio patriótico, os roba por un principio comercial,

y os esclaviza por un principio imperial”.

Bernard Shaw

Al caer Yrigoyen el 6 de septiembre de 1930 bajo el triple signo de la depresión mundial de

1929, la ofensiva petrolera yanqui y el retorno político de la oligarquía ganadera al poder, se

inicia el desgraciado período de retroceso de Argentina como Nación.

El Gral. Justo se ufanaba de ser el sacerdote de la democracia. Todo fue enajenado en términos

legales que hacían de la Argentina una factoría. Presidentes, legisladores, jueces, partidos,

prensa, Universidad, entraron en este vasto engranaje antinacional, mientras el pueblo era

aislado y escarnecido por el fraude científico al que la oligarquía denominaba patriótico.

Incluso se fomentaba la propaganda contra el imperialismo yanqui, pero no en la medida que

sería a la conciencia histórica de la unidad hispanoamericana, sino a la hegemonía de Inglaterra,

que así obturaba en el pueblo argentino la comprensión de su dependencia directamente

atada al dominio británico.

Aislar todo pensamiento argentino era la misión combinada de la prensa, la radio, el cine, al

servicio de los centros organizadores del poder mundial.

SOFINA, integrada por capitales belgas, franceses, españoles, etc., extendía sus dominios a

provincias y municipios. Todos los grupos coordinados entre sí, controlaban los servicios de

ómnibus, tranviarios, teléfonos, fábricas de hielo, etc.

La política de la oligarquía, mientras el pueblo era sumido en la miseria, tendía a salvar las

familias terratenientes de la ruina provocada por la crisis ganadera y agraria mundial.

El socialismo preparó las leyes de la entrega exigidas por Gran Bretaña y sancionadas por las

cámaras con celeridad asombrosa. Los frigoríficos se constituyeron en trust y controlaron el

comercio de la exportación de carnes, mientras las empresas, ferroviarias, tranviarias, eléctricas,

dictaban sus condiciones al gobierno. Todo el país estaba dominado en materia eléctrica

por grupos extranjeros.

El Banco Central, sobre las ideas de Sir Otto Niemeyer, “eminente perito británico” aseguraba

a Inglaterra la dirección de la economía de la Nación, como se decía en el mensaje al Congreso.

Pinedo (PS) manifestó en el Senado que salvar a los deudores –es decir la oligarquía- era salvar

al país.

Con anterioridad a 1945, la Argentina tenía un índice alimenticio inferior a los más pobres países

europeos. Toda iniciativa nacional era cegada de sus fuentes. Industriales argentinos deambulaban

sin éxito como postulantes de préstamos bancarios. Y mientras se ejecutaba sin

dilación a los morosos se concedían créditos a la oligarquía para el fomento de la raza caballar.

La Unión Industrial, dirigida por Luis Colombo, estaba ligada a la oligarquía del interior. Dueño

de bodegas en Mendoza, era también miembro del directorio de la sociedad Lengs Roberts

Ltda.. Un diario lo llamaba “representante de los bancos extranjeros”. Asesor de la Junta Reguladora

de la Industria Vitivinícola, además, era director del Banco Central en representación de

la industria nacional y sus negocios se entramaban con los ferrocarriles británicos. Luis colombo

intervino en la designación del ministro Pinedo.

LA MISERIA POPULAR

Los obreros rurales carecían de toda protección. Desheredados sociales no había para ellos

horarios de trabajo, ni descanso semanal, ni vivienda. Los peones dormían en los galpones o

bajo las chatas de cara a las estrellas. Se les exigía soltería. En las empresas del norte argentino,

los obrajes acuñaban sus propias monedas de cuero y tenían proveedurías donde recuperaban

los jornales de hambre pagados a los peones. La situación era general en Salta, Jujuy,

Tucumán, Chaco, Santiago del Estero y en la Patagonia.

Mientras los peones rurales, empujados por la miseria, iniciaban su éxodo, aumentaba el ejército

de reserva del trabajo, en la ciudad portuaria y demás centros urbanos, todo era barato,

pero los comercios estaban vacíos, las salas de espectáculos funcionaban bien los sábados y

domingos únicamente.

Era el país mismo y su trabajo nacional el que estaba enajenado por la política económica y

monetaria de la clase ganadera, en tanto en Puerto Nuevo funcionaba la “olla popular” para

los desocupados.

Los diarios, mediante campañas coordinadas, mantenían en la ignorancia a la opinión pública.

La tuberculosis era la enfermedad definitoria de una época y al mismo tiempo millones de

argentinos creían en el país más rico de la tierra, como se les había enseñado en la escuela. En

el periodismo, los sueldos indecentes se compensaban con la cocaína barata, el ajenjo importado

en los despachos de bebidas o en los burdeles y cafetines del centro con mujeres de todas

las latitudes y todas las epidermis.

YPF en el año 1934 lograba un ahorro para la economía nacional de 300 millones de la moneda

de entonces. Mientras tanto, sobre un total de 190 millones de hectáreas, 120 servían a la

ganadería. Pero en los hogares medios y pobres no se comía carne. Y menos en el interior. Es

falso que en la Argentina fuera la carne el alimento cotidiano de las capas bajas de la población.

EL NACIMIENTO DE F.O.R.J.A.

F.O.R.J.A., cuyo significado era Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina, ya en la

sigla descubre sus orígenes. Fue un movimiento ideológico surgido de la crisis de la UCR acelerada

a raíz de la muerte de Hipólito Yrigoyen.

Los rasgos tipificadores del movimiento son los siguientes: 1º) Un retorno a la doctrina nacionalista

aunque vacilante de Yrigoyen filiada, en el orden de las conexiones históricas, a las antiguas

tradiciones federalistas del país anteriores a 1852. 2º) Retoma en su contenido originario,

los postulados ideológicos de la Reforma Universitaria de 1918. 3º) Su pensamiento no

muestra influencias europeas. Es enteramente argentino por su enraizamiento con el doctrinarismo

de Yrigoyen, e hispanoamericano bajo la influencia de Manuel Ugarte y Raúl Haya de la

Torre y el aprismo peruano. 4º) Sostiene la tesis de la revolución hispanoamericana en general

y argentina en particular asentada en las masas populares. 5º) Es un movimiento ideológico de

la clase media universitaria de Buenos Aires, en sus capas menos acomodadas, con posteriores

ramificaciones en el interior del país. 6º) En su posición antiimperialista enfrenta tanto a Gran

Bretaña como a EE.UU., en un doble enfoque nacional y latinoamericano.

La idea de FORJA fue lanzada por Arturo Jauretche y antecedida por conversaciones con viejos

luchadores del radicalismo como Manuel Ortiz Pereyra, Gabriel del Mazo, Juan B. Fleitas,

Homero Mancione (Manzi), A. Gutiérrez Diez, etc.

F.O.R.J.A. EN ACCIÓN

La acción de FORJA tuvo por objetivo inmediato combatir la dirección partidaria de Marcelo T.

de Alvear que representaba la tendencia conservadora y oligárquica. En su ánimo de aristócrata,

Yrigoyen era “la hidra parasitaria, partido el árbo por un rayo, la planta se seca y se muere”,

según decía Alvear.

Waldo Frank, un extranjero, había visto esa revolución de modo muy distinto que el heredero

de Yrigoyen y jefe del radicalismo: “Volaron unos aviones, desfilaron unos militares y por la

noche, en la Casa Rosada, los terratenientes argentinos tomaron champagne de las mejores

vendimias, pagado con el oro de los petroleros norteamericanos”, luego del golpe militar.

Bien pronto, el genio colonialista de Inglaterra habría de desplazar al inexperto y bárbaro imperialismo

yanqui. Al iniciarse la “década infame” las inversiones inglesas en la Argentina ascendían

a 446 millones de libras esterlinas. Con anterioridad a la Segunda Guerra Mundial, el

60 por ciento de las inversiones extranjeras eran británicas.

La dependencia Argentina está reflejada en las siguientes cifras dadas por Isabel Sisk y Robert

Lennie: “La Gran Bretaña compra de un 30% a un 40% de todas las ventas argentinas y notablemente

el 90% de sus carnes de la cuota de exportación”.

En 1934, Arturo Jauretche caracterizaba así aquella situación: “La revolución de septiembre a

tenido y tiene una finalidad imperialista, se incubó en las empresas petroleras y se ha hecho

carne en todos los intereses del capitalismo extranjero al servicio de los grupos yanquis con

Uriburu y de los ingleses ahora, ha volteado la democracia porque ella, mediante el yrigoyenismo

que cada día precisaba más su definición nacionalista de izquierda, corría el privilegio de

explotación conseguido sistemáticamente gracias a los gobiernos oligárquicos, desde el empréstito

Baring de 1824, que comienza a crear los eslabones de la cadena”. A renglón seguido

puntualizaba el doble carácter económico y cultural del dominio imperialista: “Los institutos de

enseñanza se preocupan por formar una mentalidad adocenada que orienta a los abogados,

médicos, ingenieros y demás alquilones de esas empresas, preparando las clases dirigentes

para la función de capataces que se les asigna y la policía cuida celosamente de ahogar con la

persecución lo único argentino que está quedando en el país: la gente humilde que palpa en

su miseria la realidad colonial de la patria”. Esta opinión es importante, pues anticipa el ideario

de FORJA.

1934: EL LEVANTAMIENTO DE LA ABSTECIÓN

al levantarse la abstención en 1934 en cumplimiento del plan británico, el radicalismo entró en

su descomposición final. El pueblo, bajo la presión del fraude y de la deserción del Comité Nacional,

cayó en un creciente escepticismo político. Tal descreimiento favorecía los planes de la

oligarquía, pero al mismo tiempo, en la compleja y silenciosa realidad colevtiva, se incubaba

lentamente en las masas populares como una invisible expansión molecular, un fuerte aunque

difuso sentimiento nacional antiimperialista.

Este período asistió, en primer término, al ocaso de los partidos tradicionales adscriptos al

sistema de fraude y de la entrega. En los actos radicales, bajo la dirección de Alvear, era cada

vez más notorio el divorcio entre el partido con las masas. Las masas se sentían así doblemente

defraudadas por la oligarquía y por el radicalismo. Ya el radicalismo –hecho que FORHA no

alcanzó a comprender y que determinó en parte su fracaso político- no estaba en condiciones

de interpretar a la Nación. Sus contradicciones de clase emergieron en la década del 30 en

toda su profunda e insuperable realidad histórica. Los problemas centrales del país se eludían

en las tribunas entre loas a la democracia y evocaciones mortuorias del jefe desaparecido y

traicionado.

Por aquellos días, un clérigo republicano español, Basilio Álvarez, visitó el país. Asombrado por

la potencia numérica del radicalismo, le preguntó a Alvear cómo era posible que no encabezase

una revolución. A lo que éste contesto: “Porque yo sería la primera víctima”.

Marcelo T. de Alvear, varón de estirpe, continuaba una añeja tradición familiar. Su abuelo Carlos

María de Alvear, a quince años de la Revolución de Mayo de 1810, se dirigía al representante

de Su Majestad Británica en estos términos: “Estas provincias desean pertenecer a Gran

Bretaña, recibir sus leyes, obedecer su gobierno y vivir bajo su influjo poderoso”. Hoy Carlos

María de Alvear tiene la estatua ecuestre más bella de Buenos Aires –y una de las mejores del

mundo- ejecutada por el genio de Bourdelle. Pero el arte no compensa el símbolo. En verdad,

Marcelo T. de Alvear fue el espíritu de la oligarquía enquistado en el partido más popular que

hasta entonces haya existido en la Argentina, pero minado en potencia, desde sus orígenes

históricos, por la situación colonial de la Argentina posterior a 1853 como por sus contradicciones

de clase.

EL PUNTO DE PARTIDA DE F.O.R.J.A.

Jauretche resumió el estado espiritual de las causas que levaron a muchos radicales a levantarse

contra Alvear. FORJA se inspiró en una antítesis de Yrigoyen.

Jauretche contraponía lo nacional a lo antinacional, rehaciendo la vieja tesis yrigoyeniana sobre

el “régimen” y la “causa”. También destacaba en Yirigoyen su firme aunque velado sentimiento

hispanoamericano y la intuición de las fuerzas secretas que trabajaban por la desintegración

nacional. El caudillo radical había iniciado una política nacional defentista de los ferrocarriles,

y lo mismo con los servicios públicos. De ahí su política frente al petróleo y a las riquezas

del subsuelo, que “no pueden ser objeto de otras explotaciones que las de la Nación misma”.

Esta era la posición histórica de Yrigoyen. Pero no para las izquierdas extranjerizantes que

lo acusaban de fascista.

Para sofocar la resistencia popular, el “régimen” se valió del propio radicalismo. En efecto, al

levantarse la absención el 5 de enero de 1935, se precipitó la desnacionalización del partido.

Esto legitimó el vasallaje.

EL ESCLARECIMIENTO DE F.O.R.J.A.

FORJA planteó por primera vez en la Argentina la cuestión del imperialismo británico en sus

implicancias nacionales. Esta tarea se desarrolló en tres frentes: 1º) Como lucha interna dentro

de la UCR corrompida por sus trenzas políticas y la insolvencia de los dirigentes 2º) En las tribunas

callejeras mediante una acción proselitista áspera y electrizada, en medio de la indiferencia

desalentadora al principio de la opinión pública, y finalmente, del creciente apoyo de un

público político independiente que rodeaba las tribunas de la agrupación. 3º) Mediante libros

y folletos, volates y slogans de enérgica connotación argentina.

Si los hombres de FORJA como radicales estaban destinados al fracaso, como ideólogos tenían

asegurado, por el vertiginoso crecimiento del país, una misión ideológica progresista. Así Arturo

Jauretche decía en una conferencia: “Así la emancipación económica y la justicia social serán

el complemento indispensable de la independencia política”. Se anticipaba una década a la

bandera que al ser agitada por Perón y tomada por el proletariado argentino habría de romper

con la dependencia de un país, materia y fundamento de la lucha patriótica de FORJA.

Uno de los cartelones callejeros que se pegaron en 1935:

¿Los argentinos somos zonzos?

“Ghandi está con la libertad y la democracia, pero quiere que empiece por la India. Empecemos

aquí con los frigoríficos, los ferrocarriles, el comercio de cereales, el servicio de luz y demás

fuentes de nuestras riquezas nacionales que son las prendas de nuestra libertad. Ni las

plutocracias, ni el nazifascismo pelean por nosotros. Esta tarea es nuestra. Sólo hay un nacionalismo:

el radical. Sólo hay un radicalismo: el de FORJA”

En 1936, consumada la abdicación del radicalismo decía FORJA: “La Restauración de la Argentina

sólo podrá cumplirse sobre la base de la soberanía popular, la emancipación económica y

del imperio de la justicia social”.

Diez años después, el 17 de octubre de 1945, el pueblo haría suya esa bandera y confirmaría

una anticipación de FORJA: “Si estamos equivocados, nadie nos oirá, pero si el pueblo entiende

que estamos en la verdad, ha de secundar la tarea que emprendimos sin vacilación y con altivez

de argentinos”.

No estaban equivocados. El 17 de octubre de 1945 divide en dos partes, con la unión eje del

Ejército y el pueblo, la historia de la Argentina moderna.

EL DESARROLLO DE F.O.R.J.A.

La piedra angular del sistema rotaba alrededor del comercio de carnes. Esta política era la consecuencia

del Tratado de Ottawa firmado pocos años antes por Inglaterra y sus colonias. En

1933, el diario francés Le Monde, decía: “¿Qué es la Conferencia de Ottawa? Un esfuerzo británico

para impedir la penetración yanqui en sus propias colonias, en Canadá, y en las Indias, y

en sus esferas de influencia, China y América del Sur”.

Por eso a raíz del trato diferencial concedido por la metrópoli a sus colonias, la oligarquía argentina

fue presa del pánico. El gobierno, inquieto envió a Londres la misión Roca.

De ahí partieron las exigencias inglesas de reordenar el sistema financiero argentino, la legalización

del partido radical como garantía de estabilidad política y el apoyo internacional a la

política colonialista británica en América Latina y en la Conferencia Económica Mundial. Todo

esto fue cedido por el presidente Justo: Decía Le Monde: Ña colaboración de Sudamérica toma

aspectos menos disimulados. Con motivo de la misión Roca a Inglaterra, Sir Samuel insinuó era

oportunidad para que la Argentina se incorporara voluntariamente al imperio “con el mismo

estatuto e iguales responsabilidades que ligan a los dominios británicos”. El imperialismo fomentaba

desarmonías, tendencias separatistas dentro de los propios territorios nacionales, tal

el caso de San Pablo en Brasil y Salta en la Argentina, bajo la constelación siniestra de la Standard

Oil.

En este clima FORJA desarrolló una doble prédica. En la calle, violentas y estridente. Y en su

sótano, una acción de educación ideológica popular. Ya estaba firmado el Tratado de Londres.

Había sido tramitado durante la misión, Roca, por un argentino, Guillermo Leguizamón, que

mereció por su gestión, un título nobiliario por parte de la corona británica. Sir Guillermo Leguizamón

era presidente de empresas ferroviarias inglesas y al mismo tiempo diplomático

argentino ante Gran Bretaña. Es decir, el gobierno argentino había enviado con plenos poderes

a Londres a Lequizamón para que defienda los intereses argentinos en Inglaterra, sin reparar

que Inglaterra por medio de sus capitalistas, le pagaba al mismo Leguizamón para que dirija y

defienda sus intereses ingleses en la Argentina.

La UCR permanecía en silencio. A raíz de la muerte de Yrigoyen, de, de capitulación en capitulación,

venía apoyando los hechos desde 1930, la política de la oligarquía.

En un volante de FORJA, condensaban la naturaleza y la talla del enemigo a que combatían:

“Jorge Canning escribía en 1824: ‘La América Española es libre y si nosotros los ingleses manejamos

nuestros negocios con habilidad, ella será inglesa’ (Carta a Granville, citada por H. Temperley

en The Later America Policy of George Canning). Bajo su inspiración e instruicciones, la

diplomacia inglesa nos segregó la Banda Oriental del Uruguay y el Alto Perú. Los financieros

ingleses Baring Brothers, nos endeudaron sin arriesgar capitales. Los comerciantes ingleses se

apoderaron del manejo de la moneda, de la tierra, del comercio exterior. Cien años después, la

obra de dominación ha quedado completada y perfeccionada: Ingleses son los medios de comunicación

y transporte, inglesas las empresas monopolizadoras del comercio exterior, inglesas

en su mayor parte las empresas de servicios públicos, inglesas las más grandes estancias de

la República, inglesas las mejores tierras de la Patagonia, inglesas todas las grandes tiendas,

inglesas todas las grandes empresas que rinden dinero y están protegidas por el gobierno argentino,

inglesas son las voluntades que manejan la moneda y el crédito desde el Banco Central,

inglesas sin las directivas a que obedece nuestra política exterior e interior, inglesas “son”

las Malvinas y Las Orcadas. Los designios de Canning se han cumplido. Los negocios ingleses se

han conducido y se conducen con “habilidad”. ¡Por eso Canning tiene una estatua en Buenos

Aires!”

RAUL SCALABRINO ORTIZ: SU INFLUENCIA

Detrás de las ideas de FORJA actuaba la inteligencia de un patriota. Raúl Scalabrini Ortiz quemó

su vida al servicio el país. A él se deben los análisis económicos sobre el imperialismo británico,

y la intuición primero, y comprobación después, de la apretada textura de intereses materiales

y relaciones invisibes, que han condicionado la existencia histórica de la Argentina y la lucha de

su pueblo por la emancipación nacional. Scalabrini Ortiz es uno de los grandes constructores

de la conciencia histórica de los argentinos.

Un pueblo que adquiere conciencia común de su dependencia, ha entrado en la lucha por la

libertad. Todo lo extranjero era intocable para esa minoría educadora. Todo lo nativo dañoso.

PAÍS ARCAICO Y PAIS INMIGRATORIO

En 1934 un viaje a Europa libró a Scalabrini Ortiz de ilusiones. Esas ilusiones que la intelectualidad

portuaria, en su abolición cultural, en su espíritu monográfico, convertía en actitud displicente

de lo propio. La realidad europea, en su miseria, lo desencadenó de un mito. El mito de

Europa. Porque él también había sido formado en las grandes y acuosas veneraciones

Las ideas de Scalabrini Ortiz no ofrecen muchos matices. Están sólidamente estructuradas alrededor

de una idea focal: la Argentina. Por eso, su pensamiento sobre la América Latina y el

país, forman una unidad indivisa: “La Argentina está en retardo. Vendida en su falsa opulencia,

entró en desdén y se creyó europea o norteamericana y fue tal su locura que hasta lo europeo

mismo llegó a despreciar a ratos comparándose en su delirio a la todopoderosa fracción anglosajona

de la América del Norte”. Scalabrini Ortiz sabía que esa riqueza no nos pertenecía, que

era “una leve apariencia del dominio político” no real. Scalabrini Ortiz probaba que en materia

de vehículos, longitud de vías, consumo de maquinarias por habitantes, en marina mercante,

electricidad, telares, depósitos bancario y de ahorros, en importaciones totales, la Argentina

estaba en último puesto con respecto a las colonias británicas. Y probó también que a través

del empréstito de Baring Brothers fue el principio de nuestra dependencia a Gran Bretaña.

Al mismo tiempo, Sir Esmon Ovey, cuando era embajador inglés en Buenos Aires: “Los argentinos

son los extranjeros más británicos que he conocido”.

LOS FERROCARRILES ARGENTINOS

El poder de las empresas ferroviarias, por ejemplo, abarcaba a la prensa, la justicia y la Universidad.

Ministros argentinos acataban órdenes de Londres. Miguel Ángel Cárcano, embajador

ante Gran Bretaña, exponía ante Sir Montagu Eddy, su “opinión contraria a la adquisición por

parte del gobierno argentino de la totalidad de la red ferroviaria británica, porque consideraba

beneficioso para el país la vinculación de capitales británicos”. En verdad, el proyecto inglés

tendía al monopolio total de los transportes –ferroviarios, automotrices, aéreos- en todo el

territorio de la República.

Raúl Scalabrini Ortiz demenuzó: “Adquirir los ferrocarriles equivale a adquirir soberanía”.

Se trataba del problema de los ferrocarriles, llave del dominio colonizador inglés y canal al

exterior de nuestras exportaciones de carnes y cereales también controladas por Gran Bretaña.

La implacable crítica se basaba en “esa fábula canalla sobre nuestra incapacidad para administrar”.

Se dedujo con corrección, que para Inglaterra, el problema residía en sofocar la tendencia

argentina hacia la industrialización, o como decía The Economist “hacia el nacionalismo

industrial”.

La oligarquía facilitó el dinero a las empresas extranjeras para la construcción de otras redes, y

al mismo tiempo, estas empresas recibieron gratuitamente 346.746 hectáreas de tierra que les

fueron despojadas a los propietarios nativos.

El poder ferroviario fue superior al de los gobiernos nacionales. Las rentas de las empresas

particulares llegaron a superar las de la Nación. Pero no paró ahí el poder de los ferrocarriles.

El interés ingles impuso tarifas aduaneras, administró o anuló puertos, orientó o impidió determinados

cultivos, enfrenó el desarrollo de poblaciones enteras, escogió presidentes, vetó

candidaturas. El país fue distorsionado por el capital colonizador antiprogresista. Scalabrini

Ortiz en contraste, recordaba cómo la grandeza de Alemania, Italia y Japón, fue antecedida por

el control estatal centralizado de los ferrocarriles. Y también, que en ningún dominio británico,

los ferrocarriles eran ingleses, sino nativos.

F.O.R.J.A. FRENTE AL FASCISMO Y LA GUERRA

Desde 1935 FORJA desarrolló una campaña contra el fascismo y la guerra que estalló cuatro

años después, y fundada en la realidad histórica de neutralidad que había mantenido sin declinaciones

Yrigoyen.

Las ideas de FORJA sobre el fascismo fueron expuestas y al mismo tiempo difamadas. Por otra

parte, FORJA nunca atacó al comunismo como sistema. Pero desembrolló lo que había de antinacional

en las tácticas del PC a la deriva de la oligarquía probritánica.

Luis Dellepiane fue el único hombre de FORJA que atacó a Rusia. Pero estos ataques no son

graves. Más bien frases literarias y en cierto modo, concesiones ideológicas de intelectual de la

época del lieralismo. Dellepiane, pese a los deslices literarios, comprendía bien a la intelectualidad

de izquierda:

En agosto de 1914, refiriéndose a las maniobras de los dirigentes de la II Internacional que

pusieron las masas obreras al servicio de los respectivos capitalismos nacionales, fulminó Lenin

la condenación siguiente: “Ajustándose a ellas los partidos obreros en lugar de oponerse a los

manejos criminales de sus gobiernos han exhortado a la clase obrera a unirse a los imperialismos”.

La táctica del “frente popular”, el apoyo a la pseudo democracia capitalista, el enervamiento

revolucionario en las colonias sometidas al imperialismo, las concomitancias ridículas

con el Vaticano, he aquí el blanco que Lenin alcanza a través del tiempo.

Dellepiane siguiendo las ideas de Scalabrini Ortiz, explicaba la táctica inglesa aplicada con mano

maestra en esta cuestión del nazismo, con sus hierofanes tipo Silvano Santander: “Inesperadamente

se denuncia al país la infiltración nazi en la Patagonia, conjuntamente con las maniobras

del nacional-socialismo constituido como partido político en nuestro país. De inmediato

el confucionismo izquierdista y pseudo democratizante, le hace el juego a la maniobra inglesa

iniciando una campaña contra los peligros del nazismo”. Y agrega: “¡El argentino que hable de

la infiltración nazi en la Patagonia, sin decir previamente que de esta colonia inglesa que es la

Argentina, lo más inglés es la Patagonia, es un traidor a la patria y a la revolución emancipadora

del pueblo argentino! Denuncio aquí la cobarde y venal actitud del izquierdismo y del electoralismo

inglés dominante, que es el que ha despertado el apetito del imperialismo alemán en

potencia dado el poco trabajo que le cuesta a Inglaterra dominar a la Argentina”.

F.O.R.J.A. FRENTE AL SOCIALISMO Y EL NACIONALISMO

FORJA combatió en todos los frentes. Uno de los hombres activos del grupo, Darío Alessandro,

resumió la postura de FORJA frente al socialismo: “Para todos aquellos que no estén al tanto

de los medios de que el imperialismo se ha valido para dominarlos, los socialistas son algo así

como las vestales, los puros de la política argentina. Ellos parecen ser los líricos de la reivindicaciones

populares, los incontaminados en los mil negociados de la politiquería”.

El socialismo había estado contra el país oponiéndose en la Primera Guerra a Yrigoyen mientras

se apareaba a la oligarquía. Con el argumento del Estado mal administrador se opusieron

furiosamente a la nacionalización del petróleo, resistieron con zaña la política industrializadora,

la ley de jubilaciones y pensiones, la reforma universitaria de 1918 (nota: el mismo discurso

del neoliberalismo de la década de 1990).

En un artículo de FORJA se hablaba en forma más categórica del Partidos Socialista: “El PS es

un partido extranjero y vincula la curva de su crecimiento y decadencia a la de la inmigración.

El socialismo padece del mismo mal que nuestro “nacionalismo”. Y es que corresponde a un

método mental común. Pretende excluir la realidad para cambiarla en lugar de comprenderla y

superarla”.

La crítica de FORJA se quedaba corta. Estos socialistas antimilitaristas y rupturistas de 1914, en

la segunda guerra mundial se desgañitarían a favor de la ley de préstamos y arriendos norteamericana

con el fin de defender la “democracia” de la Standard Oil y la Shell Mex. Antes,

como precedente de este apartamiento del país, Nicolás Repetto y Joaquín Anchorena habían

conseguido la derogación de la ley sancionada por Yrigoyen sobre jubilaciones de los empleados

de comercio. Alfredo Palacios, pedía en nombre de la juventud libre y democrática, la renuncia

del presidente Yrigoyen, y el líder perpetuo de la Reforma de 1918 callaba qué esta fue

posible gracias al caudillo radical. Pero frente a la “barbarie” de Yrigoyen, Alfredo Palacios,

demagogo incorregible, personaje ubicuo que ha salvado la ropa en todas las crisis del partido,

como el pajarraco legendario de Simbad extendía una vez más sus alas funerarias sobre el huevo

reluciente de América.

LA POSICIÓN DE F.O.R.J.A. FRENTE A LA UNIVERSIDAD

FORJA actuó también en la Universidad enfrentando la oposición de las izquierdas. Arturo Jauretche

decía: “En Caseros empieza la liquidación del partido federal que arrastra su agonía

según van siendo liquidados los caudillos de la Federación, Costa, Lagos, Peñalosa. El Partido

Federal era el partido democrático, de una democracia bárbara y primitiva si se quiere, pero la

única que vivió el país”.

FORJA decía: LA HISTORIA ES UN ARMA.

F.O.R.J.A. FRENTE A LOS EE.UU.

Una de las deformaciones calculadas acerca de FORJA consiste en hacer aparecer su acción

como limitada a la lucha contra el imperialismo británico. Nada más falso. Si FORJA centró su

propaganda contra Inglaterra, al revés de las izquierdas que vociferaban contra los EE.UU.,

pero callaban la influencia británica en la Argentina, tal hecho prueba el carácter nacional de

su programa emancipador.

El panamericanismo es un término comercial yanqui que dice: “Compren nuestros productos.

El senador Preston había resumido así: “La bandea estrellada flotará sobre toda la America

Latina hasta Tierra del Fuego, único límite que reconoce la ambición de nuestra raza”.

FORJA, con tal motivo expuso su opinión: “EE.UU. es hoy la más fuerte nación imperialista del

mundo. Las inversiones yanquis en nuestra América alcanzan los 6 mil millones de dólares y a 5

mil de las inglesas”. En tanto la izquierda se concentraba en la lucha contra el nazismo, agregaba

FORJA: “EL New Deal es la tentativa descarada de reconstruir la ‘prosperity’ salvando por

lo pronto el capitalismo nacional”. Y denunciaba FORJA que detrás de la política de “buena

vecindad” se afianzaba la opresión de la América Latina desde México al Brasil y Chile: “Esta

política del “buen vecino” se caracteriza progresivamente por rebajar la apariencia brutal del

sistema imperialista de la Unión. No más cañones ni desembarcos. No más escándalo. Dirá

buenas palabras que no cuesten nada y empleará las formas que son instrumentos”. FORJA

denunciaba la política de Roosevelt con respecto a Cuba y la farsa de la llamada “enmienda

Platt”. Decía: … hoy la soldadesca de Batista, el “revolucionario” es la guardia blanca de las

propiedades e intereses yanquis…En el exterior la nación prosigue por las grandes agencias

plutocráticas: United Fruti Company, Electric Bond and State, Standard Oil, Panamerican Airways,

Gulf Oil, etc… La inmensa mayoría de las naciones coloniales representadas en la Conferencia

de Buenos Aires lo estarán no por los representantes libremente elegidos por las mayorías

nacionales sino por los gobiernos cómplices del imperialismo, cualesquiera sea su bandera.

Sólo una Interpopular Americana podrá resolver los problemas de la vida y el destino de nuestros

pueblos hoy esquilmados y escarnecidos en su dignidad”.

F.O.R.J.A. FRENTE AL 17 DE OCTUBRE DE 1945

El 17 de octubre de 1945 FORJA emitió un comunicado:

“La Junta Nacional de FORJA en presencia de la agitación oligárquica promovida por las fuerzas

de la reacción, en connivencia con los trabajadores ante el riesgo de una restauración económica

y de dominación imperialistas establecidos desde el 6 de septiembre de 1930 por la misma

confabulación de intereses e ideologías. Declara: Que en el debate planteado en el seno de

la opinión está perfectamente deslindado el campo entre la oligarquía y el pueblo, cualesquiera

sean las banderas momentáneas que se agiten, y que en consecuencia en su deber argentino,

expresa su decidido apoyo a las masas trabajadoras que organizan la defensa de sus conquistas

sociales”. Respecto a la UCR, decía: “Que el comité Nacional que se atribuye la representación

de la UCR se ha pasado al campo de la oligarquía al desoír la opinión y las orientaciones de

las figuras representativas del radicalismo yirigoyenista”. El comunicado terminaba así: “Pan,

Patria y Poder para el Pueblo”.

Mientras tanto, el Partido Comunista decía: “Ciudadanos: Buenos Aires ha sido invadida por

hordas bárbaras que al amparo policial, han cometido toda clase de desmanes y atropellos.

Ocupe su puesto de lucha contra la dictadura”.

PERÓN, EL ASCENSO DE LAS MASAS Y

LA DEGRADACIÓN DE LAS IZQUIERDAS

CAPÍTULO V

El golpe militar del 4 de junio, es un movimiento anticomunista pero también antioligárquico,

es antiliberal pero no busca apoyo de las masas populares. Debía definirse ineludiblemente en

un sentido reaccionario o popular. El Ejército Argentino ha sido partidario de la industrialización,

coincidían históricamente con la vaga tendencia de la burguesía industrial, consolidada

durante la guerra, hacia la independencia económica. La primer consecuencia fue una política

proteccionista. La reacción del imperialismo y de las fuerzas internas proimperialistas ligadas al

antiguo orden fue inmediata

Perón comprendió la transformación que se había operado en el país. Mientras las fuerzas

políticas de la vieja Argentina se polarizaban alrededor de la democracia formal incumplida,

Perón desafió el potencial económico coligado de los intereses imperialistas, de los grandes

diarios, de la burguesía mercantil de Buenos Aires, de la mayoría de la intelectualidad y apeló a

los sectores populares decepcionados del radicalismo, a los estratos más castigados de la clase

media, a las peonadas del interior que habían votado bajo la despótica voluntad del caudillo a

radicales o conservadores, pero sobre todo, su campo de operaciones inmediato, fue el proletariado

industrial de las ciudades.

El sentimiento de que el capital extranjero era la causa de todos los males era generalizado en

la oficialidad la composición social del Ejército, cuyos oficiales no pertenecen a las clases altas,

favoreció esta mejor comprensión, en sus cuadro de oficiales, de la fuerza que anidaba en el

pueblo, y explica en parte, por qué el Ejército no tiró contra los obreros en octubre de 1945, a

pesar de su temor a las masas.

Perón logró rápidamente el sostén de un sector social hasta entonces excluido, la clase obrera

de origen provinciano sin ligazones con el débil, anárquico extranjerizante movimiento sindical

de la ciudad puerto.

Esa masa, hasta entonces dispersa, en breve tiempo dio un salto histórico formidable hacia su

unidad de clase en medio del desconcierto general de los partidos acostumbrados a comprar

libretas donde había millones de argentinos víctimas de la opresión social. Se dio entonces, un

frente nacional defentista fluido en torno al eje del Ejército. Tal tipo de alianza es inevutable

en un país semicolonial y condiciona la posición atiimperialista del Ejército mismo. El Ejército

vaciló cuando en el mes de octubre de 1945, la Marcha de la Constitución y la Libertad, reunió

doscientas mil personas bajo la directa intervención del embajador estadounidense Spruille

Braden.

EL RETORNO DE PERÓN

El 17 de octubre bajo la acción de las masas y la huelga general, Perón fue libertado. Pocos

meses después, el 24 de febrero de 1946, en elecciones custodiadas por el Ejército –libres como

jamás las había conocido la Argentina en su historia- era elegido presidente constitucional.

El mismo Perón ha interpretado aquellos acontecimientos: “En lo que ese refiere, por lo menos

a mi participación personal en el movimiento del 4 de junio de 1943y en mi gestión posterior,

no cabe duda de que ha sido legitimada en las manifestaciones populares del 17 de octubre de

1945 y en los comicios no ya libres, sino libérrimos, de febrero de 1946”

EL PRIMER GOBIERNO: 1946-1952

Sobre los poderes aún montados de la “década infame” comenzó el gobierno de Perón bajo la

forma de una nueva democracia autoritaria de masas. Este carácter del nuevo régimen era

forzoso. En un país dependiente, un gobierno revolucionario es la libertad autoritaria del pueblo

contra la opresión que las minorías llaman “libertad”. No otra cosa es lo que ha dicho Mao,

el jefe chino, a quien los comunistas citan en abstracto: “La recíproca combinación de la democracia

dentro del pueblo y de la dictadura sobre la reacción constituyen precisamente la

dictadura democrática del pueblo”.

Los partidos democráticos, en los países semicoloniales, reflejan en sus cavilaciones y alianzas

permanentes la inestabilidad política de una economía subordinada, que a su vez explica la

debilidad de los gobierno populares cuando al conquistar el poder respetan las normas legales

consagradas. Estos gobiernos democráticos con base en las masas han sido sistemáticamente

atacados de antidemocráticos en nombre de esas “libertades” al servicio de los privilegios

económicos. Tales gobiernos, por su composición policlasista, que es la causa de su debilidad,

vacilan incapaces de imponer una política enérgica a los enemigos internos.

El quebrantamiento del aparato montado por las clases altas, afirmadas económicamente en

la explotación de la tierra, tiene como única salida, en esas etapas, un sistema económico y

político restrictivo. Los partidos de izquierda en tales etapas han servido en la Argentina a las

fuerzas de la reacción.

Al acercarse el fin de la Segunda Guerra Mundial, el jefe del PC, Victorio Codovilla, oponía el

razonamiento de que “llevará a la concentración de las industrias en grandes empresas que

irán absorbiendo a las industrias pequeñas y medianas”. El proceso fue inverso.

La catástrofe no se produjo, sino cuando creadas ya las bases de la industria pesada a raíz del

gran aumento de la liviana, Gran Bretaña aliada a la clase terrateniente y a los partidos democráticos,

derrocaron al gobierno nacional. Aconsejaba Victorio Codovilla en 1947 “para romper

el cerco imperialista anglo-yanqui” el comercio con la URSS y los países comunistas. Fue lo que

hizo Perón.

Los comunistas preferían organizar el movimiento de Partidarios de la Paz y en lugar de atraerse

a la clase obrera, que los ignoraba, cortejaban a los intelectuales “progresistas”, verdaderos

bonzos del oportunismo político y que eran –y son- su mejor clientela.

La degradación política alcanza su máxima expresión cuando el PC en su intento de penetrar

en la CGT acusaba a los dirigentes peronistas de estar al servicio de los patrones. Lo hacía con

este argumento: “En efecto, a través de sus hoteles y campos para vacaciones, policlínicos y

consultorios jurídicos, proveedurías y ayuda social, los jerarcas de la CGT se proponen vaciar al

movimiento sindical de todo contenido de clase”. Preferían sin duda “el contenido de clase” de

la olla popular y el terrorismo policial. A estas conquistas las llamaban “triquiñuelas”. Al comienzo

del gobierno de Perón exigían la nacionalización de los servicios públicos. Pero en 1950

ya nacionalizados, argüían que el Estado es tan patrón como una empresa británica.

OPORTUNISMO DE IZQUIERDA O “DEMAGOGIA SOCIAL”

Es necesario examinar en qué consistió el “derroche de demagogia social” del que hablaba

Victorio Codovilla. Con anterioridad a la Segunda Guerra Mundial, el 60% de las inversiones

extranjeras eran británicas y estaban distribuidas con preferencia en los servicios públicos. Las

deudas de guerra determinaron un correlativo decrecimiento de las inversiones inglesas en

todo el mundo, coyuntura aprovechada por EE.UU., país acreedor, para desplazar a Inglaterra

de estas zonas de influencia. Argentina no escapó a este proceso.

La industria argentina se desarrolló bajo la confluencia interdependiente de tres factores: 1º)

Las dificultades de importación provocadas por la guerra. 2º) La existencia de mano de obra

barata fruto de la desocupación posterior a 1930 y la política cambiaria que favorecía la exportación

y castigaba la importación de productos manufacturados. El crecimiento fue tan rápido,

que ya en los comienzos de la Segunda Guerra, la Argentina se abastecía de muchas ramas de

la industria liviana. En 1941 los mayores contribuyentes eran industriales. En 1914, el 42% de

la población vivía en el campo. En 1948, el 74% en las ciudades. Y entre 1935 y 1942, la producción

industrial aumentó al doble. Gran Bretaña, durante la guerra, pagó las deudas contraídas

con nuestro país con libras bloqueadas, útiles únicamente para el rescate de la deuda externa.

Antes de 1943, el 40% de nuestras exportaciones estaba destinado al pago de servicios

extranjeros. Es decir, casi la mitad del trabajo nacional era transferido al exterior.

El primer objetivo del gobierno de Perón fue el desenvolvimiento industrial sobre bases nacionales.

El número de establecimientos industriales y mineros, según el censo de 1954 se había

incrementado en un 110,60% y el persobal fabril ocupado en un 25,6% con relación a 1946.

por eso fue totalmente repatriada la deuda externa.

Bajo el gobierno de Perón, la deuda pública disminuyó, por habitante, de esta forma (en dólares)

1945 2014

1954 1993

1951 1670

A pesar de la crisis del campo, provocada por la sequía bienal de 1951, el país se defendió sin

recurrir al crédito extranjero.

Obreros ocupados

1953 1954 1955

93.7% 94.3% 98.3%

EVOLUCIÓN DE LA RENTA NACIONAL

1950 62.291 millones

1951 64.222 millones

1952 (año de sequía) 59.896 millones

1953 63.225 millones

El mejoramiento general de los salarios y sueldos provocó, efectivamente, una onda inflacionaria

pero al mismo tiempo, un estímulo general en la producción al aumentar la demanda de

artículos de consumo, alimenticios e industriales. Ese pueblo, en los dos primeros años del

gobierno de Perón, vaciaba los almacenes, las carnicerías, las rotiserías. Ese pueblo no ahorraba.

La razón era sencilla. Tenía hambre. Bien pronto comenzaría a comprar la casita, el aparato

de radio, la heladera. Durante la “década infame”, junto al letrero “No hay vacantes”, los diarios

exhibían sus avisos elocuentes. Una lavandera y planchadora cobraba $3. sirvientas provincianas

se vendían –para todo servicio- , por $35 mensuales. Un contador público nacional

llevaba balances por $25. empleados de ambos sexos y 18 años de edad, se ofrecían por $60

mensuales. Una empleada de escritorio solicitaba como sueldo inicial $30. los mendigos pululaban

por las calles de Buenos Aires. En las escalinatas del subterráneo, mujeres jóvenes y desaparradas

imploraban la caridad pública con el tétrico muestrario de sus criaturas hambrientas.

En el interior, se robaban de noche gallinas para comer. Los empleados de comercio llegaban

a la vejez sin jubilaciones, los obreros eran vejados o desatendidos por los organismos de

trabajo. Los contratos laborales no se cumplían o no se firmaban. Los accidentes de trabajo no

se pagaban. Millones de argentinos trabajaban en peligrosas condiciones de insalubridad. En

la Argentina sólo veraneaban las clases pudientes. Todo esto terminó en 1946. la vida de los

argentinos se modificó. Semejante cambió trajo sus trastornos. Los cines llenos, los estadios

llenos, las confiterías llenas. Los comercios hasta entonces desiertos, no daban abasto. Se desatendía

al público y los empleados se mostraban insolentes. Pero el público podía comprar. Se

viajaba con dificultades. Pero los lugares de veraneo estaban abarrotados. Las clases privilegiadas

protestaban. Pero las capas bajas de la población conocieron derechos a la vida que les

habían sido negados bajo el inexorable dominio material y político de la oligarquía.

En el año 1942 concurrieron a las salas de espectáculos de Buenos Aires, 13.354.838 espectadores.

En 1949: 27.195.367. los mismo en los estadios en los teatros, en los lugares de diversión.

El costo de vida, poniendo como número índice 100 para 1943 aumentó a 180. Pero los

salarios a 267. Los ahorros, ese mismo año, pasaron de $82 por persona a $210.24. La Argentina

ofrecía el más alto nivel de vida de América Latina. Y uno de los más elevados del mundo. El

Estado financió espectáculos de cultura popular durante una década como los mundialmente

famosos conciertos de la Facultad de Derecho con los mejores directores del orbe y enteramente

gratuitos. El Teatro Colón, tradicional lugar de la oligarquía fue abierto a los sindicatos

obreros. Este efectivo elevamiento del nivel de vida material y cultural de la población argentina

tenía una base real. A saber, una política nacional en gran escala que por primera vez se

ensayaba en la Argentina.

Durante el primer gobierno de Perón, con ensayos y errores, con las improvisaciones excusables

de una gran experiencia, se dirigieron los controles de la economía con intervención del

Estado. De esta economía nacional en manos argentinas devino la prosperidad de la que todos

participaron y que ha convertido al país en algo enteramente distinto a lo que fue antes de

1943.

En servicios destinados al bienestar público se pasó de $1.037.300.000 en 1943 a

$4.897.200.000 en 1949. Entre 1947 y 1949 se beneficiaron cerca de 3 millones de trabajadores

mediante convenios de trabajo supervisados por el Estado. Se sancionaron derechos del

trabajador, de los periodistas, el estatuto de los peones rurales. En 1949 se ofrecieron 84.1999

trabajadores contra una demanda de 90.193. Era arduo encontrar un plomero, un albañil. Y los

parásitos, los que nunca han hecho nada, decían que el pueblo no quería trabajar. Otra era la

causa. Por primera vez los argentinos podían elegir libremente trabajo. En los tribunales de

justicia ahora se hacía eso: justicia. Los sindicatos levantaron sus colonias de veraneo, grandes

hoteles sin parangón en el mundo. El Estado construyó monumentales colonias de vacaciones

donde descansaban millares de familias obreras y medias. La ley del servicio doméstico protegió

a las más castigadas capas de la población. Pero las amas de casa gruñían porque ya no

podían vejar o echar criadas. El sueldo anual complementarios (aguinaldo) elevó aún más esos

goces sociales. Pero los industriales y comerciantes que se enriquecían con el alto nivel de vida

de la población, también rezongaban mientras las cajas registradoras campanilleaban sin descanso.

Querían lucrar sin tasa pero sin las conquistas sociales ni los altos salarios de los trabajadores

que los enriquecían.

En 1949 se beneficiaron 900.0000 empleados de comercio con el régimen jubilatorio. En 1950

70.000 afiliados estaban en condiciones de acogerse a esos beneficios.

Los obreros eran legisladores, tenían representaciones diplomáticas y no lo hacían mal. En

1948 –el año de la creación de la Fundación Eva Perón- en las casas de tránsito se atendieron

60.180 personas. Se alojaron 23.320 niños en los hogares escuela, se crearon hoteles, hogares

para empleadas, se construyeron 21 hospitales policlínicos totalmente equipados con 22.650

camas, cinco grandes hogares de ancianos, se levantaron ciudades obreras enteras que en los

años siguientes se multiplicaron. En 1943, los ferroviarios tenían un hospital. En 1949, 20, y

estaban planeados 41. En todo el territorio argentino se construyeron escuelas fábricas, industriales,

comerciales, de adaptación regional, de orientación profesional, universidades obreras.

En el año 1943 la Universidad tenía una población estudiantil de 63.319 alumnos, en 1949 de

201.437. El presupuesto pasó de $41.398.628 a $201.241.437. Estas cifras se incrementaron en

los años posteriores. En la Argentina, tal cual lo postulaba la Reforma de 1918 los estudios

eran absolutamente gratuitos. El pueblo podía estudiar. Pero la vieja Argentina del privilegio

censuraba esa política educacional, negaba sus beneficios, resistía con sordo odio de clase, a la

democratización de la cultura.

Ese mismo año de 1949 –hecho único en la historia argentina- se habían invertido en viviendas

populares $1.840.000.000. El saldo, frente al grave problema de la vivienda, durante el régimen

de Perón, fue la construcción en un plazo excepcionalmente corto de 500.000 casas, con

la incorporación a la vida digna de 2.500.000 argentinos que habían vivido en pocilgas, ranchos

o inquilinatos ruines. A esto se le llamó demagogia. La salud del pueblo, en un país de tuberculosis,

escófula y enfermedades infecto contagiosas mejoró en proporción desconocida en cualquier

país del mundo. El presupuesto de salud pública, de $11.070.412 en 1943, pasó a

$340.800.000. El paludismo, enfermedad endémica en ciertas zonas del país, fue totalmente

vencido en una campaña sanitaria que asombró al mundo por su valor científico y sus resultados

prácticos. El índice de mortalidad por tuberculosis bajo de 130 por mil a 36 por mil en

1954.

LA NACIONALIZACIÓN DE LOS SERVICIOS PÚBLICOS

Pag 418

Cualesquiera sea el juicio sobre el régimen de Perón, los hechos están allí. Durante el primer

gobierno se sentaron las bases reales de la independencia nacional. Los ferrocarriles se compraron

en $2.029.500.000. Un cálculo oficial realizado en 1951, mostró que se habían pagado

$839.390.000 deducidos el valor de los bienes adquiridos a la fecha de la compra, terrenos

pertenecientes a las empresas, compañías subsidiarias, muelles, elevadores, usinas eléctricas,

frigoríficos, edificios, etc. La adquisición de los ferrocarriles significó la incorporación al patrimonio

del Estado en 17.000 propiedades. También se nacionalizaron los puertos. La marina

mercante –marítima y fluvial- paso a ser una de las primeras del mundo. Incluso mayor que la

de la Unión Soviética. La marina argentina reunía 1360 barcos con un tonelaje de 1.700.000. En

1943, gran parte de la producción argentina era transportada por barcos de bandera extranjera

con el consiguiente drenaje financiero. En 1950, grandes barcos conducían bajo el pabellón

nacional casi la totalidad de la producción con una capacidad de 950.000 toneladas. Al terminar

la guerra, el sistema de transportes no podía cargar más de 300.000 toneladas por mes y la

marina mercante nacional tenía una capacidad de carga de 250.000 toneladas. En 1947 el IAPI

había comprado 60.000 camiones, material portuario y navíos mercantes. Esto permitió el

transporte de 14.000.000 toneladas anuales. YPF que se había iniciado con un capital de poco

más de 8 millones de pesos, en 1954 poseía un capital de $43109.998.999 y su producción con

posteridad a 1946 aumentó en un 73%.

A esta política recuperadora se la llamó “estatización” o “totalitarismo”.

La producción de YPF creció en un 161.5% en comparación a las empresas venezolanas y estadounidenses,

cuyo incremento fue, respectivamente de 200% y 80%.

Otra de las mentiras difundidas contra el gobierno popular, consistión en la afirmación de que

el país había fracasado en su intento de industrialización. Véanse las cifras de los primeros

años:

VOLUMEN FÍSICO DE LA PRODUCCIÓN INDUSTRIAL

1943 1948

100 134.7

6.000 millones 16.000 millones

Obreros

846.111 1.169.000

Salarios

1.220 mil millones 4.750 mil millones

Renta Nacional

12.000 millones 31.000 millones

Número de establecimientos industriales

65.803 104.000

Es también inexacto –escribe Jauretche- que el combustible fuese caro; al tipo de cambio entonces

vigente, el combustible para nuestra chacra era el más bajo del mundo, y es también

inexacto lo de la falta de maquinaria rural, supuestamente disminuida. Remito al lector al informe

de la Sociedad Rural Argentina y verá allí que mientras en 1937 había 23.000 tractores,

éstos sólo llegaban a 25.000 en 1946 y que en los ocho años hasta 1954, subieron a 45.000 con

esta peculiaridad: que en 1937 los existentes con más de cinco año representaban el 90% y en

1954, el 67% eran unidades de menos de cinco años.

En la época de la oligarquía, el petróleo representaba el 41% de los combustibles utilizados. En

1954 el 83%. Con la destilería de La Plata se pasó de 8.050 metros cúbicos a 20.050. En diez

años se hizo más que en todo un siglo. Se comprende así que la Argentina, en lugar de endeudarse,

haya podido prestar dinero.

En 1948 los siguientes países le debían a la Argentina:

España $1.750.000.000

Italia $ 350.000.000

Francia $ 600.000.000

Holanda $ 125.000.000

Finlandia $ 61.000.000

La ganadería tuvo el siguiente incremento:

1943 1954

41.000.0000 vacunos 47.000.000 vacunos

Contratos registrados

1943 1947 1949

33.178 173.031 188.405

Depósitos bancarios de agricultores

1943 1947 1949

$210.000.000 518.000.000 679.000.000

Al fin de cuentas, lo que ataca Rodolfo Ghildi (PC), la comercialización de la riqueza por el Estado,

la nacionalización del sistema bancario, era lo que hizo Lenin en Rusia.

BALANCE DE DIEZ AÑOS DE GOBIERNO NACIONAL

Durante una década el gobierno de Perón debió enfrentar el fuego concentrado de las derechas

y las izquierdas representadas por los partidos argentinos sobrevivientes de la “década

infame”. La base de masas del régimen soportó con éxito la ofensiva. Pero también el movimiento

se había desgastado.

Luego del ascenso y participación en el poder del movimiento sindical, habían traído el relajamiento

gradual, típico de las épocas de bonanza, de la combatividad revolucionaria de las masas

y sus dirigentes. Hecho en el que sin duda, contribuyó la propia y dominante personalidad

de Perón.

Finalmente la Iglesia entró en la confabulación internacional, y a último momento, influyó de

modo decisivo la incomprensión del Ejército descontento por la gravitación de la CGT.

La falta de un partido orgánico, a lo cual el propio jefe del movimiento había contribuido, aisló

a Perón y a la clase obrera. En estas circunstancias se produjo el golpe británico. Al perder su

imperio en África y Asia, Gran Bretaña concentró en la antigua colonia austral, su aún formidable

peso histórico, y como en 1930, la oligarquía volvió al poder.

El gran avance histórico de la Argentina puede resumirse así:

1º Nacionalización de la economía, créditos para la industria, plena ocupación y altos salarios.

2º La renta nacional aumentó en 1954 con relación a 1943 en un 55%. El país se capitalizó como

en ninguna época de su historia. La deuda pública disminuyó con relación a la renta nacional.,

del 67% de 1945 al 57% en 1955.

3º La casi inexistente dependencia de los mercados extranjeros, otorgó mayor libertad para

comerciar con otros países, especialmente con la órbita comunista.

4º Creación de la Central Única de Trabajadores, y participación de la CGT en el poder político

a través del Parlamento.

5º Crecimiento del mercado interno nacional y correlativo de la industria. El valor de la producción

industrial con relación a la agropecuaria pasó a primer término con la respectiva incidencia

en la renta nacional: 24.800 millones contra 22.000 millones.

6º Poderosas centrales hidroeléctricas, plantas siderúrgicas, etc., fueron construidas en San

Nicolás, Río Turbio, Ni Huil (represa), diques, gasoductos, refinerías de petróleo, usinas eléctricas,

Altos Hornos Zapla, etc.

7º Pasaron al patrimonio de la Nación, ferrocarriles, teléfonos, gas, servicios públicos, etc.

8º Entre 1948 y 1949, los chacareros arrendatarios se hicieron propietarios de un millón de

hectáreas y este proceso continuó en los años posteriores.

9º El analfabetismo se redujo al 3%.

10º La marina mercante pasó a ser de las primeras del mundo.

11º Se dignificó a todos los trabajadores mediante contratos de trabajo, leyes de previsión

social, jubilaciones y pensiones para todos los argentinos, cooperativas, proveedurías, escuelas

técnicas, etc.

12º Se construyeron 500.000 viviendas con capacidad para cerca de 5 millones de personas.

13º Se repatrió la deuda externa. U$S 1.000 millones iban al exterior por pagos de diferentes

servicios, es decir, 6.000 millones de pesos moneda de entonces, siendo la recaudación anual

del gobierno de 10.000 millones. Los argentinos dejaron de trabajar para los extranjeros.

14º Se construyeron 8.000 escuelas, más en diez años que en toda la historia de la Argentina.

15. Se construyeron 76.000 obras públicas.

La revolución que derrocó a Perón tuvo por objeto retrotraer al país a su antigua situación

agropecuaria, transferir la riqueza nacional al sector ganadero y agrario, disminuir el consumo

interno, bajar el precio de la mano de obra al servicio del capital colonizador y aplastar al movimiento

sindical organizado.

En 1955 de 136.040 millones de pesos (PBI) la ganadería aportó 11.335 millones, o sea el 8.3%.

En cambio, con relación al comercio exterior, correspondió a la ganadería el 55% del total de

las exportaciones. Esto aclara el interés de Inglaterra por la antigua colonia.

RAUL SCALABRINI ORTIZ, LA REALIDAD NACIONAL LA CAIDA DE PERÓN

Scalabrini Ortiz que después del triunfo de Perón en 1946 se mantuvo apartado del gobierno,

en 1958 levantó su voz argentina: “La política que se sigue con YPF es la misma que se ha iniciado

con nuestra industria, a la cual se le ha cegado la fuente que le proporcionaba los pesos

moneda nacional que ella necesitaba. El nuevo Banco de Fomento les ofrecerá préstamos de

moneda extranjera. Con los ferrocarriles pasará lo mismo. Una sociedad de inversión se construye

de cualquier manera. Detrás de ella se disimula la Shell, Bunge y Born, el Frigorífico Anglo

o la Standard Oil, la General Motors, la William Chemical, etc..”.

La ola de desprestigio contra el gobierno de Perón ha sido proporcional a la importancia histórica

de su obra nacional.

Al caer Perón, el país estaba en pleno ascenso. Las bases para el gran salto histórico consolidadas.

En el Banco Central quedaban 371 millones de dólares como reserva. El balance de comercio

exterior había sido durante diez años favorable a la Argentina. El primer déficit es simultáneo

al gobierno contrarrevolucionario que lo sucedió. A fines de 1955 la Argentina debía

1.129 millones de dólares y era acreedora por 1.983 millones. A esto debe sumarse la tenencia

de 250 millones de divisas.

A los pocos meses de su derrocamiento, el país debía 243 millones de dólares. Las causas de

este desastre no son un enigma. El retorno de la oligarquía terrateniente al poder lo explica.

A dos años del alejamiento de Perón, la deuda externa había vuelto a ser el 17%, y en la actualidad

–1960- llegaba a más de 3.000 millones de dólares como en las peores épocas de la década

infame. Después de Perón, aumentó notablemente la exportación de carnes a costa del

consumo interno, pero las entradas fueron inferiores. En 1955, la existencia de vacunos era de

47.000.000. Tres años después de 43.000.000. A pesar de la mayor exportación la Argentina

recibió menores precios que en 1955. La razón de este hecho increíble, residió en que la tonelada

de carnes vendida en tiempos de Perón aproximadamente a 400 dólares la tonelada, vencido

el régimen popular, se vendió a poco más de 200 dólares. Esta política fue inaugurada por

el Gral. Lonardi, quien expresó al tomar el mando, que Perón había destruido al campo, al

tiempo que criticaba la industrialización del país como contraria a la tradición Argentina agropecuaria.

Mientras las izquierdas combatían al régimen popular, el líder comunista mexicano V. Lombardo

Toledano, al ser derribado Perón, emitió el siguiente juicio: “Juan Domingo Perón cayó, no

por sus errores sino por sus aciertos. No por sus errores sino por sus virtudes. Cayó porque defendía

la independencia de su país ante el extranjero. Y porque no fue lo suficientemente consecuente

con su lucha”.

El retorno de la oligarquía al poder planteaba en términos históricos la lucha patriótica por la

liberación nacional.

CONCIENCIA HISTÓRICA Y LIBERACIÓN NACIONAL

CAPÍTULO VI

En la Argentina del presente, el nacionalismo de derecha se ve compulsado a reconocer la

presencia de las masas como actoras de la historia, y el comunismo el hecho de que las masas,

antes que nada, encuadran su lucha en un marco nacional, aunque el destino del proletariado

sea internacional. El resultado es el creciente ahondamiento de los problemas y el nacimiento

de una izquierda nacional, cuya crítica anuncia la superación teórica tanto del internacionalismo

de las izquierdas colonizadas mentalmente, como el conservatismo no menos colonial

adverso a las masas del nacionalismo tradicional.

Dado el endeudamiento de la economía internacional, la Argentina semicolonia altamente

desarrollada es un eslabón frágil del imperialismo, y su lucha nacional amenaza el dominio

mismo de los oligopolios mundiales sobre el resto de los países latinoamericanos.

La terrible presión sobre la Argentina posterior a Perón, la resistencia de su pueblo a la recolonización,

es tanto síntoma de la crisis del imperialismo como del creciente malestar revolucionario

de América Latina.

La lucha antiimperialista en la Argentina, tiene una fecha de origen: 1930. El pueblo argentino

sabe hoy, a diferencia de entonces, cuáles son las causas del drama nacional, ubica las potencias

que han convertido a la Argentina en una patria avasallada que resiste con bombas y huelgas

la penetración extranjera.

La caída de Perón fue provocada por Inglaterra, no por EE.UU., que luego de años de ofensiva

debió ceder ante un gobierno de contenido nacional. En el intervalo, Inglaterra después de la

Segunda Guerra Mundial, recuperó su antigua condición de potencia exportadora de capitales

de inversión y con ello la voluntad de reconquistar su influencia en la Argentina y participar en

la explotación del petróleo luego del desastre en el Medio Oriente.

A Perón se lo puede y debe juzgar en sus graves errores. Pero antes que nada se lo debe ver

como el portaestandarte de un momento histórico glorioso de la liberación nacional.

¿Cuáles son las fuerzas antinacionales en la Argentina? 1º) La oligarquía terrateniente que

gravita sobre el poder por vías indirectas e inseguras, como supervivencia de la Argentina

agropecuaria en la industrial. Hecho que se expresa, bajo la presión de los dos imperialismos,

en el carácter proyanqui pero contradictorio de una política, derivada del mayor peso de los

EE.UU. y de la decadencia británica como gran potencia mundial, de la presencia interna de

una burguesía comercial dependiente del comercio de importación y exportación, vale decir,

del imperialismo, particularmente norteamericano, y de un sector de la burguesía industrial

que también entrelaza sus intereses a las compañías petroleras, etc., de nacionalidad extranjera.

2º) Amplios sectores de la clase medio en sus estratos superiores –profesionales, intelectuales,

funcionarios de corporaciones extranjeras- adicionados en formas diversas al imperialismo

y mentalmente disformados por el aparato educativo de la oligarquía, en particular por

la Universidad. 3º) Los restos de los partidos tradicionales, parte de la masa estudiantil, etc.

LAS IZQUIERDAS

El movimiento de masas desatado por Perón ha desbarajustado a las izquierdas. El PS asiste a

resquebrajamientos, especialmente por una tradicional política de claudicaciones, ocultada

durante la oposición a Perón, pero ahora debido a la presencia del proletariado como clase

organizada.

El PC merece mayor atención debido al avance del comunismo a nivel mundial. La incompetencia

de sus cuadros, su burocratización y su alejamiento de las masas tornan incierta su función

nacional.

Tres años después de la caída de Perón, el dirigente Rodolfo Ghioldi expresa el pensamiento

de su partido mediante la apoteosis de la Unión Democrática y hablaba todavía del nazifascismo

de Perón.

La consecuencia de este error ha sido el desprestigio del PC y su desconexión con el movimiento

de masas. De este modo, lo que en su momento pudo ser una táctica útil a Rusia, que piensa

en términos nacionales de gran potencia mundial, se ha convertido en una crisis histórica de

la izquierda nada fácil de superar.

El mismo Ghioldi dijo en esa ocasión refiriéndose al movimiento de masas: “No es una revolución

todo lo que sea movimiento popular en la calle”. Esa revolución puede medirse por los

fusilamientos que ejecutó la clase reaccionaria en 1956. Pero el dirigente comunista no habla

de las ejecuciones ni de los millares de presos que atestaron las cárceles del país después de la

caída de Perón. También dirá que “no hay revolución sin movimiento revolucionario de masas”.

Y al mismo tiempo oculta al 17 de octubre de 1945 para hablar de su primera etapa, el 4

de junio de 1943. Sigue perorando en 1958 sobre la Unión Democrática, que se aprestaba a

“resolver por sus propias fuerzas todos los problemas que afligen a la Nación”. Y como es habitual

no entiende nada. Para las masas populares, el 17 de octubre fue una etapa histórica de

su emancipación como clase, una transformación del Estado mismo, que de la represión militar

exigida por las clases reaccionarias pasó a la pasividad policial dispuesta por el gobierno revolucionario.

“La libertad política –escribe Lenin- no librará inmediatamente a los obreros de la

miseria, pero les dará armas para la lucha contra ella. No existe ni puede existir otro medio de

luchar contra la miseria que la unidad de los obreros mismos. No hay posibilidad de unión para

millones de hombres mientras no haya libertad política”.

Un comunismo así, para el imperialismo, es más barato que los aliados. Estos son los objetivos

del PC mismo. Victorio Codovilla sigue defendiendo en 1960 el Frente Popular de 1935. En

1953 creía en la filantropía y acusaba al gobierno de Perón “por embarcar a los países de América

Latina contra el imperialismo yanqui”.

Son tan bruscos los virajes y contradicciones de los comunistas, que hasta el afiliado más testarudo,

debe pensar que ha contraído matrimonio con una descuartizada.

Se opusieron a las nacionalizaciones pero ahora aducen que esas empresas nacionalizadas

“son palancas que si estuvieran en manos de un gobierno verdaderamente democrático y popular

servirían para impulsar el desarrollo de la economía nacional y liberarla de la explotación

imperialista”.

EL CAMIO IDEOLÓGICO DE LA IZQUIERDA

En este desposeimiento de la mentalidad de la izquierda ha punzado con éxito el control y

propaganda de las ideologías mundiales. Sería grave error creer que esa mentalidad es inmodificable.

La revisión de la historia cumplida por otros grupos, el desarrollo de una izquierda nacional

que concilia el marxismo con la realidad del país, y sobre todo, la trágica experiencia del

retorno del liberalismo económico, inquietan a muchos espíritus que dudan de las antiguas

valoraciones de izquierda a través de las cuales pervirtieron su visión de lo nacional.

ERNESTO SÁBATO

El caso de Sábato es también un síntoma del cambio que se opera en determinados sectores

de la intelectualidad liberal. este escritor ha sido y sigue siendo adverso a Perón, pero ha planteado

la cuestión argentina en los términos de lo nacional y lo antinacional, sobre todo, con

referencia al problema de la intelectualidad y el pueblo. Y lo ha hecho como confesión y acusación.

En esta elección ha cuestionado a los próceres de la oligarquía. Ha ubicado a Sarmiento

en su lugar, y distinguido el carácter literario valioso de su obra de su intención histórica apócrifa.

Lo ha hecho no como literato puro sino como escritor solidario con su pueblo. Y así, este

enemigo de Perón, ha dicho: “Perón politizó profundamente la vida del país y de una manera u

otra hizo recurrir a la política a los sectores más diversos de la Nación”. Estas cosas no se las

perdonan ni la inteligencia liberal, ni la izquierda. Pues Sábato, enjuició también a esa izquierda

sin conciencia nacional que invalidó a la propia generación de Sábato al segregarla del país.

Con compresión del problema dijo: “Se oye decir en este país, sobre todo en los llamados sectores

democráticos que es malo que exista un conductor”. Y analizando este argumento expresó:

“El propio Marx ha dicho que la historia se hace en condiciones determinadas o predeterminadas

ajenas a la voluntad de los seres humanos, pero la historia la hacen los hombres y

naturalmente los grandes hombres. No alcanzo a comprender cómo Churchill, por el solo hecho

de ser inglés, haya de ser un líder aceptable y no han de serlo otros que no gozan de tan privilegiada

nacionalidad”. Por eso Sábato, a diferencia de la izquierda cipaya, aunque tarde, ha

comprendido las causas del triunfo de Perón: “….las banderas nacionales habían sido abandonadas

por nuestra élite, y en cambio habían sido empuñadas por las masas que tan a menudo

han sido calificadas de chusma iletrada, y hasta lo que es cruelmente paradojal, por los líderes

de la llamada izquierda”.

Sábato incluyéndose en ella ha condenado a esa intelectualidad distante del pueblo y de sus

símbolos. “Y en 1945 volvimos a equivocarnos, nosotros, precisamente el sector más ilustrado

del país. Dijimos “cabecitas negras”, hablamos de “chusma” y de “alpargatas”, olvidándonos

que esos “cabecitas negras” habían construido el 90% de los ejércitos patriotas que habían

llevado a cabo la liberación de América….¡Qué fácil despreciarlos era desde nuestras aulas!

Pero no hay todavía un auténtico monumento para aquellos soldados anónimos de la libertad

americana, para aquellos descamisados de nuestro ejército republicano, mientras hay tantos

monumentos y tantas calles para generales que no nienen el mérito de aquellos héroes anónimos”.

LA JUVENTUD UNIVERSITARIA

La crisis de la izquierda abarca a vastos sectores de la masa estudiantil. Por su composición de

clase, la mayoría del estudiantado se plegó a la coalición reaccionaria que derrocó a Perón en

1955, que festejó el hecho como un triunfo de la libertad.

El idilio duró poco, y en 1957 se produjeron 92 conflictos, en 1959, 250, mientras 4.000 profesores

y funcionarios eran separados sin juicio de la Universidad. Pero a la orientación del estudiantado

argentino, ha seguido la toma de conciencia frete al problema nacional.

Es una actitud reaccionaria, no comprender este cambio operado en sus millares de estudiantes.

No sólo han variado, sino que hoy enjuician sus propias creencias. Hasta la Reforma Universitaria

de 1918, es analizada desde otros ángulos y se empieza a entender, cómo sus principios,

en realidad, fueron armas de la antinación.

Conviene por eso hacer algo de historia. En 1955 los estudiantes católicos no se declaraban

reformistas “en cuanto a su ideología y principios”: “Caído el régimen de la dictadura y la corrupción,

vemos con júbilo las posibilidades de libertad y democracia que se abren en el panorama

nacional. Posibilidades que se tornan garantías si la revolución toma la responsabilidad

de encauzar la vida nacional dentro de normas democráticas de libertad y justicia social”.

Este era el pensamiento de estudiantes católicos frente a una Universidad avasallada en su

mayoría, por profesores católicos.

Este documento católico es similar a los que lanzaba la FUBA. La Liga de Estudiantes Humanista,

en representación de siete facultades, adhería a FUA: “Al caducar las autoridades universitarias

nombradas por el régimen anterior y efectuada la toma del gobierno de la Universidad y

sus facultades por la FUBA, la Liga adhiere a sus declaraciones al respecto”.

Por la misma época –1956- la Federación Juvenil Universitaria de la Capital Federal denunciaba:

“La intervención de los EE.UU. en Nicaragua, el asesinato del patriota Sandino, los pactos

militares que amenazan con la soberanía nacional”.

Ese año caían bajo los pelotones de fusilamiento, argentinos que resistían el retorno de la oligarquía.

Pero los estudiantes callaron.

Pronto la unidad estudiantil colapsaría. La Iglesia fue la primer sorprendida. La caída de Perón

convirtió la vuelta de la oligarquía al poder –hecho deseado por la Iglesia- en la expulsión de

profesores católicos y su substitución por la izquierda liberal. Y esta masa estudiantil utilizada

como fuerza de choque contra Perón, se la convirtió en instrumento para fragmentar y debilitar

al estudiantado.

En las tendencias, vistas las cosas a la distancia, se percibe la acción oculta de las fuerzas liberales

o eclesiásticas que dirigieron el conflicto. En un manifiesto reformista se lee:

“No cabe duda que esta batalla heroica a favor de la Cultura y el Progreso ha enrolado a todo

el estudiantado. Los estudiantes secundarios hemos levantado con orgullo y firmeza la tradición

sarmentista y laicista, porque queremos estudiar más y mejor, sobre bases racionales y

científicas, y salimos a la calle a defender ese legado. Sabemos a ciencia cierta que no estamos

solos. Nos acompañan y nos acompañarán aún más, nuestros profesores que nos enseñaron a

defender con pasión el ideal de Echeverría, Moreno y Sarmiento”.

Documento en el que es visible la mano de la oligarquía tras el lenguaje de la reforma del 18

en su mistificación liberal posterior. Sin embargo la conciencia histórica del país unida al movimiento

de masas, empieza a penetrar en el estudiantado. En otro comunicado reformista se

lee:

“La amenaza fundamental la constituye el problema creado artificialmente por el P.E. con el

que se intenta, quizás, ocultar problemas más graves al país. La prensa no nos ayuda. Intenta

crear la impresión de que existe una división en el ambiente universitario”.

En un manifiesto de estudiantes de izquierda, se toca la cuestión en forma más categórica

todavía:

“Entendiendo que la enseñanza, la difusión de la cultura, es uno de los medios que utilizan las

clases explotadoras para mantener su dominio, su forma de vida y pensamiento, y para formar

el equipo de técnicos intelectuales e ideólogos a su servicio, es que los estudiantes debemos

oponernos con todas nuestras fuerzas a estos intentos”.

La reparación del problema no es casual, sino que forma parte del proceso general de la lucha

entre las clases dominantes por la posesión de los instrumentos de dominio, en este caso la

enseñanza. Si la oligarquía perdió el control del Estado, hoy en manos de la burguesía nacional

industrial, no por ello se resigna a perder el control de las instituciones”.

La masa estudiantil, después de la experiencia de dos años de “libertad y democracia”, no sabe

que hacer con los mitos vacíos y exige desorientada participación en la lucha nacional, de vuelta

ya del frenético y estúpido delirio de 1955. En este período, el estudiantado empieza a comprender

en qué consiste la esencia de esa “democracia”, la verdad sobre una “intelligentzia”

mártir a la que ahora conoce en las cátedras. Simultáneamente, se nota el acercamiento al

obrero y una defensa implícita del peronismo.

“Es así que la política gubernamental se caracteriza por un marcado contenido antinacional y

antipopular, se persiste en el criterio de desnacionalización del gobierno de ipso (es decir de las

empresas nacionalizadas, JJH. Arregui); se sigue con el criterio de romper el movimiento obrero,

no se toma ninguna medida para solucionar el pavoroso problema del costo de vida, se

entrega la política petrolera así como la política energética a los consorcios internacionales”.

En otro documento de la FUBA se dice:

“Es así que después de haber entregado al imperialismo nuestro patrimonio energético, parte

de nuestro territorio, la base de Ezeiza, el Frigorífico Nacional, de defender los intereses de

aquel que ante las Naciones Unidas, de intentar destruir y oprimir violentamente el movimiento

obrero, de enajenar nuestras cultura, de aplicar el plan de austeridad del FMI; el gobierno para

poder asegurar el cumplimiento de tales designios asegura la paz social a punta de tanques y

bayonetas.

Otro líder de la Reforma de 1918, Alfredo Palacios, declaraba que la Universidad debe formar

la conciencia nacional.

El estudiantado volvía a la realidad:

“A ocho meses de la asunción al poder de un gobierno elegido por los votos prestados de la

clase obrera obligada a optar por aquellos que le dieron un respiro a su apaleada lucha sindical

–se lee una declaración del plenario de la FUBA realizado en 1958- se evidencia que ese apoyo

no disminuyó el hecho de que el movimiento obrero atraviesa épocas poco diferentes a las peores

jornadas de la reacción oligárquica, revanchista y gorila”.

Ya los estudiantes no atacan al peronismo. Es la misma FUBA que en 1955 instrumento de la

oligarquía y con protección policial, ocupó las Universidades, agravió a los trabajadores con su

orgullo libresco y desplazó en su furia democrática, todo lo que en la Universidad representaba

un pensamiento nacional. En una de sus declaraciones dice:

“Ante el problema del Frigorífico Nacional tenderemos a la realización de un frente común

obrero estudiantil, para enfrentar a la patronal y al imperialismo en la lucha conjunta por la

liberación nacional”.

¡La Unidad Obrera y popular ha de obligar a retroceder a las fuerzas de la reacción! ¡Los estudiantes

no saldrán a la calle para combatir al Pueblo!”

Es un estudiantado, trabajado aún por el lenguaje de la vieja izquierda, pero que comienza a

pensar en términos nacionales. En otro manifiesto de la FUBA de 1959 se lee:

La clase obrera, despreciada por los estudiantes, tanto reformistas como católicos en 1945 al

grito de: ‘Libros sí, alpargatas no’, ya con anterioridad y hondo sentido nacional, habían accedido

al requerimiento de los estudiantes con palabras que debería avergonzarlos:

“El plenario de la CGT consideró los suceso conocidos y resolvió exigir al ministro del interior la

separación de sus cargos de los jefes que ordenaron abrir fuego contra los estudiantes”.

Así recibía la clase obrera al estudiantado que tres años antes había militado junto a la oligarquía

y al imperialismo.

LA UNIVERSIDAD DE LA ENTREGA

El profesor Enrique Gaviola es un claro ejemplo de la mentalidad antinacional universitaria.

Este profesor acusó de farsante en tiempo s de perón, al sabio de fama mundial Ronal Richter.

Gaviola, al servicio de EE.UU. sostenía que la URSS no tenía interés en que las universidades

colonianes se perfeccionasen, en tanto los EE.UU. propician el perfeccionamiento universitario,

con el fin de la formación, en los países coloniales, de equipos universitarios gobernantes

cuyo genio impedirá la revolución social”. Gaviola llama “tendencia neofascista” a las fuerzas

nacionales antiimperialistas. Es la inteligencia del imperialismo que busca desde la cátedra

apartar a los estudiantes de la lucha nacional.

En 1946 el profesor Gaviola se volcó contra la Univertsidad de la cual era profesor. Una Universidad

que abrió las puertas a todos los argentinos sin distinciones sociales. En esos días,

Gaviola defendía a la escuela primaria al servicio de las valoraciones conservadoras y liberales

de la oligarquía. Por eso decía: “El ambiente de nuestras escuelas primarias es, a en lo que los

niños alcanza, buena”. Y piensa que la corrupción se produce en la enseñanza media y universitaria.

Es partidario, entonces, del privilegio en los estudios: “Por suerte, una parte pequeña

pero creciente de los alumnos se muestra inmune al contagio. La influencia de la cuna honrada

domina a la de la educación. Pero esa parte es muy pequeña aún”. Tal es el pensamiento “democrático”

de este cavernícola liberal. Para Gaviola, la meta es apartar al estudiantado de la

acción.

LA IZQUIERDA NACIONAL

En la Argentina, como producto de la transformación del país y de la evolución y confrontación

de las ideas ha crecido una tendencia que puede calificarse genéricamente como “izquierda

nacional”.

Por Izquierda Nacional, en un país dependiente, debe entenderse en sentido lato, la teoría

general aplicada a un caso nacional concreto, que analiza a la luz del marxismo, en tanto método

de interpretación de la realidad, teniendo en cuenta las peculiaridades de cada país.

Esta tendencia, en la Argentina, fue acusada falsamente por las derechas y las izquierdas colonizadas

de trotskista.

La grave lucha interna se agudizó en Rusia, con posterioridad a la muerte de Lenin en 1923 dio

origen a dos tendencias, cuyas cabezas visibles fueron José Stalin y León Trotsky. En ambos

bandos militaron revolucionarios de la vieja guardia, calumniados los unos y los otros, lo cual

terminó proyectándose al orden internacional. Entre 1936-1938 culminó la crisis con el aniquilamiento

en Rusia de la corriente trotskista.

En la Argentina, el trotskismo, en sus orígenes, se expresó como discusión del problema ruso.

En 1939 se insinúa una posición más nacional y una crítica justa a las tácticas de los frentes

populares.

El trotskismo, en sus minúsculos grupos, parece condenado a oscilar entre un violento extremismo,

la absorción por el movimiento nacional de masas y el socialismo pequeñoburgués,

pero al mismo tiempo, en el plano ideológico por su comprensión de la cuestión nacional y el

nivel teórico de sus elementos individuales, cumple una tarea crítica de positivo valor ideológico.

EL REVISIONISMO DE IZQUIERDA

Entre los representantes de la izquierda nacional que surgen a la vida política cerca de 1945

debe citarse al más influyente: Jorge Abelardo Ramos. El pensamiento histórico-político de

Ramos está expuesto en su obra más elaborada Revolución y Contrarrevolución en la Argentina.

En este libro, la historia de la oligarquía desenmascarada en su esencia ensangrentada por

los valores de la Bolsa portuaria, afirmada en la barbarie política de la clase dominante y orientada

por el interés extranjero.

El libro está vertebrado sobre una idea fundamental: sólo los personajes de nuestra historia

que se han apoyado en las masas y en su voluntad histórica de ser, han representado tendencias

sociales auténticas. La aplicación metodológica de esta tesis marxista da por resultado una

reconstrucción henchida de vida, donde el pasado y presente de los argentinos se ensamblan

con la orgánica continuidad de los hechos colectivos de la historia nacional. Tamos sigue y analiza

desde las alturas de la Argentina actual y no desde las abstracciones secas de una historia

oficial fraudulenta. Por eso, la clave de Ramos está en sus propias palabras: “La historia es

prisionera de la política”.

EL METODO Y LA DOCUMENTACIÓN

Ramos no maneja documentación inédita, pero si es notable su interpretación. Presenta la

sucesión de hechos y personajes que en las historias oficiales aparecen determinados por azares

psicológicos, sujetos al matraz invisible de los vastos y lentos procesos de la economía internacional.

En este marco, los actores adquieren vida y se esclarecen a sí mismos en sus motivaciones

de clase, al encajar dentro de los fenómenos colectivos, bases de toda explicación

racional de la historia –para Ramos- es el conflicto entre el interior meditetrráneo empobrecido,

el litoral ganadero indeciso entre el país y Buenos Aires, y en definitiva, en permanente

compromiso con la aduana de la ciudad puerto. De estos antagonismos surge al primer plano

político el triunfo de la oligarquía portuaria, unitaria primero, liberal después y finalmente

apartida. Todo esto sobre el trasfondo de una voluntad desdibujada e inflexible: Inglaterra.

ROSAS, MITRE, ROCA

La figura de Rosas, pivote de nuestra historia, es enfocada en sus orígenes y consecuencias

históricas. Tal visión, ajena al odio liberal y a la apologética católica, devuelve sus dimensiones

a esta personalidad histórica

Las páginas más brillantes del trabajo apuntan a la destrucción de un trágico mito histórico:

Mitre. Una documentación que los historiadores marxistas han rehuido u oscurecido, le permite

a Ramos presentar a Mitre como la figura antinacional por excelencia, negador del federalismo,

campeón del separatismo y encarnación de la política impuesta por el imperialismo, con

su resultado, la conformación colonial del país. Lo mismo puede decirse del enjuiciamiento de

la guerra del Paraguay, conducida por Mitre al servicio del interés británico y en beneficio del

Brasil.

La tesis algo estrepitosa del autor, está en su reivindicación del Gral. Julio A. Roca, en quien ve

la personificación, con relación a un período histórico complejo y mal estudiado o deformado

por los intereses del presente, del federalismo popular, que en diverso sentido encarnaron

Rosas y los caudillos, opuestos al poder de Buenos Aires. Roca habría sido una especie de fórmula

transaccional entre el país y la ciudad puerto obligada a conceder parte de su hegemonía

ante el peso político y militar de las provincias. La tesis en sí misma no es falsa. Es exagerada.

Puede aceptarse dentro de la oligarquía nacional en formación, Roca representó su tendencia

más argentina.

Nuestra crítica consiste en que a raíz de la política nacional de Roca, la oligarquía portuaria

derrotada política y militarmente por Roca, en realidad heredó un país más vasto. La explotación

oligarco-imperialista, a raíz de la unificación del país por Roca, se hizo posible en escala

nacional, pero al mismo tiempo quedaron creadas las bases de la lucha por la liberación también

en escala nacional. Roca, en última instancia fue absorbido por la oligarquía y nunca dejó

de ser su representante.

INDUSTRIA LIVIANA – INDUTRIA PESADA

Una de las críticas al régimen de Perón formulada por Ramos consiste en señalar que la industria

pesada fue postergada en beneficio de la liviana. Esta crítica pone como ejemplo, de primera

intención convincente, a Lenin, quién enfiló todo el esfuerzo nacional ruso, después de

1917, hacia la consolidación de la industria nacional pesada, a pesar de los sacrificios cruentos

pero necesarios, impuestos a la población en su conjunto, y particularmente al campesinado.

Tal crítica, es también aplicable a la Argentina. De lo que se olvida es que ya en Rusia, en la

época de los zares, existía una gran industria pesada. La situación no es la misma en un país

colonial, donde los gobiernos de orientación nacional se ven obligados a luchar con medios

legales contra la antigua clase de los grandes propietarios territoriales.

En tales países, la posibilidad de la industria pesada tiene por causas, o bien necesidades militares,

o bien el desarrollo desordenado de la industria liviana, y generalmente ambas causas

se complementan.

Durante el gobierno de Perón ese desarrollo, en un breve plazo de tiempo, fue tan poderoso

que creó la necesidad de la industria pesada en términos perentorios. Esto explica que Perón

se viese obligado a solucionar el problema energético, particularmente, el del petróleo. A demás

la industria pesada estuvo en las ideas de comienzos del régimen, y por ello se construyeron

las gigantescas usinas de San Nicolás, diques, altos hornos, etc.

De todos modos, queda como un alto mérito de Ramos haber formulado una interpretación

histórico-política de contenido nacional, de innegables consecuencias educativas y de poderoso

soplo crítico y revolucionario.

PENSAMIENTO FINAL

El dilema es de hierro. O nación o factoría. Ante la conciencia histórica de los argentinos que se

levanta el mandato de nuestras glorias nacionales enlutadas por voluntad de antipatria. Y es la

conciencia nacional de los argentinos, fruto de un acaecer histórico doloroso pero no gratuito,

la que les anuncia a las naciones opresoras de la tierra invirtiendo el temor de Darío –poeta

inmortal de nuestra América- que los hispanoamericanos no hablaremos inglés.

 

 

 

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Autor: Sergio

boquense ortodoxo

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