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Nuevos medios, nuevos retos

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Orlando Pérez – http://laventana.casa.cult.cu/modules.php?name=News&file=article&sid=6039

Históricamente, la realidad siempre ha sido compleja y no siempre bien reflejada por la prensa. La diferencia en este nuevo siglo es que esa misma realidad es observada y mediada por múltiples y diversos actores sociales, políticos, culturales y económicos, pero sobre todo por unos actores mediáticos en toda su complejidad y variedad. La realidad nos llega desde los ángulos, miradas y percepciones culturales para unas audiencias cada vez ―también― más complejas y cada día mejor informadas y educadas. Por tanto, las miradas y respuestas demandan un periodismo responsable: mucho más responsable.

Por eso el rol de los medios en el siglo XXI adquiere un peso gravitante en el relacionamiento social, en la circulación de ideas y en la misma construcción democrática de las naciones. Sin embargo, hay un indicio de alerta y llamado de atención: los periódicos van a desaparecer. No solo van a dejar de existir físicamente ―que es un tema que está en discusión por la reducción acelerada de la circulación de periódicos en las principales ciudades del mundo, aunque en localidades pequeñas aumenta la creación de periódicos territoriales―, sino que, en el concepto clásico de su existencia, ya no serán más como antes. 

O sea: esa estructura ideológica y operativa de los periódicos no tiene sentido cuando las noticias actualmente no se leen al otro día, sino al instante, en tiempo real. Las redacciones no trabajarán para buscar noticias por todas partes, pues los múltiples medios de comunicación digital y electrónica nos las dan a cada minuto. De hecho, ahora los propios actores políticos, sociales, económicos y culturales tienen sus propios medios de comunicación, si consideramos como tales a los sitios web de cada institución y a los blogs personales. 

A la vez, las audiencias ya no se relacionan del mismo modo con la prensa tradicional: están mucho mejor entrenadas para leer críticamente, tienen múltiples fuentes informativas ―y cercanas― que las hacen no asumir como una verdad absoluta lo que un canal de televisión, un periódico o una emisora emite a diario. En las nuevas generaciones hay un “entrenamiento” vertiginoso, que empieza prácticamente en la cuna, sobre las nuevas herramientas tecnológicas de comunicación que alejan al tradicional uso del periódico de papel o a la búsqueda de información en la prensa tradicional. 

Entonces, hay un desafío en los periódicos: convertirse en espacio para la discusión, contextualización y profundización de las noticias. Su reto mayor es explicar los acontecimientos, reflejar mejor la realidad en toda su complejidad. Eso impone otras características para sus redactores, reporteros, editores, diseñadores y jefes de redacción. No pueden seguir detrás de los acontecimientos, sino tienen que convertirse en, prácticamente, historiadores del presente. Y esto, para más, obliga a otras formas y contenidos de formación profesional. 

Con todo, el mayor reto social y democrático de las sociedades contemporáneas es construir sujetos críticos a partir de que en sus entrañas existen nuevas memorias desde que se incorporan otros contenidos a su presente inmediato. Asimismo, hay unas búsquedas distintas en cada sociedad, de acuerdo a sus propias culturas, quizá porque proliferan las demandas de placeres, hedonismo, espiritualidad, reconocimiento a las diversidades, tolerancias para las opciones individuales y también otros paradigmas. 

Para el caso ecuatoriano, el paradigma contemplado en su nueva Constitución, el del Buen Vivir, tal vez plantea otras conductas hasta con la naturaleza y con la misma humanidad para imaginar otros modelos de desarrollo o una búsqueda de bienestar no basado en la explotación excesiva y caótica de los recursos naturales. En ese mismo sentido, hay decisiones múltiples que se deben armonizar para una convivencia pacífica y tolerante. Esas decisiones parten de que las soberanías nacionales y personales adquieren más peso y se incorporan como parte de la construcción de los derechos humanos a nivel planetario. 

Por eso es importante, en esta complejidad, el rol de los medios de comunicación: servir a las audiencias para que puedan tomar decisiones responsables e informadas. Un reto de esta magnitud adquiere toda su trascendencia cuando observamos cómo las crisis económica, alimentaria, militar y de paradigmas confrontan los modelos tradicionales y las teorías clásicas. Mientras más compleja se vuelve la sociedad, más intensa es la necesidad de contar con medios de comunicación a la altura de sus audiencias. Si no contribuyen a la construcción de sujetos críticos, su rol democrático pierde sentido. Por ahora, la banalidad y la superficialidad con la que trabajan, además colonizadamente, impide tener esperanzas renovadoras de que algo va a cambiar a corto plazo. 

En ese sentido ―ya no como parte del nuevo escenario de los medios, sino de las mismas sociedades―, es urgente repolitizar la política. No podemos seguir imaginando sociedades donde la ciudadanía no participa y tampoco interviene en la toma de decisiones. La política tiene que dejar de ser el escenario de la disputa de los grupos de poder para pasar al de la solución de los problemas básicos de la gente: la pobreza, la educación, la violencia intrafamiliar, el abuso sexual, la inseguridad, la intolerancia racial y sexual. De nuevo la política debe colocarse en el sitial de prestigio para las sociedades y las nuevas generaciones. 

Esto, momentáneamente ―por lo que vivimos en el Ecuador con la Revolución Ciudadana―, implica también ciudadanizar la política y politizar a la ciudadanía. Dos asuntos que están en constante tensión en la vida cotidiana del ejercicio gubernamental y de la construcción democrática. Los políticos quieren reemplazar a la ciudadanía y no convertirse en los delegados de sus demandas. Los mandantes delegan sin beneficio de inventario la representación y cuando los mandatarios no satisfacen sus expectativas ocurren las revueltas provocadas desde los grupos de presión o de interés. Los movimientos sociales deben dejar de ser operadores políticos y plataformas personales de sus dirigentes para pasar a ser verdaderos organismos sociales de lucha, laboratorios de soluciones colectivas y locales, generadores de opinión y solución de problemas trascendentes. 

Eso significa también que hay que repensar la democracia en sus modelos clásicos tomando en cuenta las nuevas condiciones de las sociedades. Si seguimos con los modelos heredados de la Revolución Francesa y no asumimos nuestras particularidades, seguiremos pensando que no hay otra vía posible, y las que “inventamos” desde nuestras condiciones y memorias siempre serán malditas o tachadas de totalitarismos. Por eso es urgente recuperar la utopía, la que nos convoque a todos y todas, respetando las particularidades de cada región o nación. Una utopía para imaginar sociedades alegres y con bienestar, no con lujos y derroches, menos con consumismo y banalidad, solo la que sea capaz de darnos la idea de un sueño posible. 

Quisiera acotar aquí que una debilidad notable de los medios tradicionales ha sido su impotencia para poder relatar los nuevos momentos, acciones y miradas de las actuales generaciones, de las propuestas teóricas de los filósofos contemporáneos y los avances tecnológicos para mejorar la calidad de vida de las sociedades. Por esa incapacidad siguen relatando desde los patrones culturales que están en crisis como las únicas columnas donde arrimarse para sostener el statu quo. Narrar la contemporaneidad, demanda una construcción teórica para el periodismo, en general, que sintonice las nuevas sensibilidades y las gestaciones culturales que se representan en múltiples expresiones artísticas y políticas de las nuevas generaciones. 

Una canción de Calle 13 no puede ser vetada en una radio o un canal porque use frases, supuestamente, salidas de tono. Lo que importa es por qué Calle 13 expresa, contestatariamente, lo que los jóvenes sienten. Este grupo da continuidad a la canción protesta con otras letras, relatos y contenidos. Pero los medios no entienden que ahí hay una prueba de otras concepciones en gestación que pueden llevar a otras demandas democráticas. Igual pasa con las novelas y poemas que se expresan más allá de los cánones y bucean en la interioridad de personajes en una constante búsqueda de identidad, afecto, ternura y, por qué no, un lugar en la sociedad. Del mismo modo, son ajenos a las expresiones estéticas y conceptuales del cine asiático, que superan por belleza y “mensaje” a lo que ya es considerado estereotipo en Hollywood. 

Por eso ahora se requiere de un mejor debate para entender por qué la hegemonía política en países como los de América Latina se intenta ejercer desde algunos medios que reemplazan a los partidos políticos y a los movimientos sociales. Como algunos medios gozan de la credibilidad y prestigio social, los actores políticos han “delegado” en ellos la oposición, el activismo y hasta la generación de ideas para los debates democráticos cotidianos. 

Si por mucho tiempo los medios obtuvieron niveles altos de credibilidad y confianza, los políticos en desprestigio han dejado que sea a través de ellos que se geste la acción política. Por eso la respuesta de algunos gobiernos y militantes del cambio cuando abren sus propios espacios de comunicación y la confrontación permanente con los medios tradicionales de prensa, que generalmente han estado ligados a grupos económicos ―bancarios recurrentemente― para imponer su agenda política y mediática. 

Ahora bien, si creemos firmemente que sin los medios de comunicación tradicionales no puede subsistir la democracia, entonces estos deben reinventarse. No creo que se pueda perder la democracia si la prensa clásica deja de circular. Quizá en un segmento pequeño eso importe algo, pero la mayoría de las sociedades y de las nuevas generaciones está ligada, íntimamente, a matrices, modelos y patrones de comunicación que se imponen desde Facebook y Twitter, por mencionar los masivos y recurrentes. Son, por ahora, los escenarios de un modo de comunicación que supera lo interpersonal, donde caben todos los formatos y todos los relatos posibles. Constituyen el medio para relacionarse, mirar, buscar, encontrar, revelar y hasta dudar de la condición íntima e individual, así como para la protesta social transnacional. Todo ello sin contar con los millones de blogs que hacen de cada persona un vocero y un actor mediático; tanto, que algunos medios siguen con cuidado y a diario lo que publican algunas personas en sus blogs como parte de su agenda noticiosa. Y menos dejar de contar con que las webs institucionales adquieren mayor presencia en las audiencias para dejar de lado a los intermediarios, la prensa tradicional. 

Por eso cabe la pregunta urgente y provocadora de si ya los medios de comunicación son indispensables en este siglo para tener información de primera mano. ¿Son necesarios como fuente de información y relacionamiento social de primer orden? 

La experiencia de la página web de la Asamblea Constituyente del Ecuador, durante el año 2008, demostró que más de cinco millones de personas participaron de ese proceso a través de esa herramienta. La diferencia radicó en que un proceso político trascendente fue visto en línea, al instante y en tiempo real, por el sitio www.asambleaconstituyente.gob.ec, dando paso a una interacción política y ciudadana en la construcción de una Constitución. Bajo el Principio de Publicidad ―que toda sociedad democrática debe preservar y estimular―, todo lo que ocurría en esa Asamblea se conoció por el respaldo documental, la transmisión en vivo de las sesiones y porque que los asambleístas tenían sus respectivos blogs para interactuar con la ciudadanía de todo el mundo. Pudimos “revolucionar” la comunicación de un hecho de esa naturaleza porque asumimos que nada se podía ocultar, editar, retacear o mucho menos ignorar. 

Eso sirvió para que los medios, incluso, ahorraran recursos en sus coberturas y tuvieran de primera mano todo lo necesario para informar. Claro que los tradicionales hicieron de ese evento un show y jamás entendieron la dimensión de lo que se gestaba por el prejuicio ideológico de que ahí se iban a generar las bases del socialismo totalitario. La prueba de lo contario está a la vista de los resultados electorales, donde la ciudadanía ecuatoriana apoya abrumadoramente los cambios operados desde la vigencia de la nueva Constitución. 

Por eso es imperativo “ampliar el campo de lo posible” en todos los aspectos de la comunicación si queremos politizar la política, repensar la democracia y recuperar la utopía. No podemos relatar del mismo modo y con las mismas herramientas. Los lenguajes escritos y audiovisuales deben recrearse y reinventarse. Nos corresponde “arriesgar lo imposible”: tenemos un siglo por delante para asegurar un periodismo radicalmente novedoso, siempre. Todas las herramientas tecnológicas solo sirven para comunicar mejor y relatar la realidad en su complejidad, y con ello podemos imaginar un medio de comunicación para el siglo XXI y una comunicación responsable para todas las sociedades. 

Tomado de La Jiribilla

Autor: Sergio

boquense ortodoxo

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