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Argentina: Los desafíos de una nueva generación

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Por Manuel Barrientos – http://www.revistadebate.com.ar/2011/04/15/3838.php

Tienen entre 15 y 35 años. Se reivindican como la “militancia más pura del kirchnerismo”. Plantean una épica de la defensa del Estado y de lo público. Con la lógica del “paso a paso” y la lectura de la “correlación de fuerzas”, apuestan a la figura del “gestor militante”, o al estudio y la elaboración de políticas públicas.

Algunos ponen el foco en el trabajo solidario en los barrios; otros, en el frente gremial o el universitario. Utilizan las redes sociales como herramienta de difusión y debate, pero consideran irremplazable la movilización en las calles y la discusión política cara a cara. Los más grandes provienen de la militancia en los organismos de derechos humanos y de los movimientos sociales que resistieron al avance del neoliberalismo en los noventa. Muchos de los más chicos, se sumaron al calor de la pelea por mejores condiciones edilicias en las escuelas secundarias durante 2010. Todos entienden la lucha por la 125 como un momento clave. Si hasta ese momento el kirchnerismo les parecía una fuerza invulnerable, durante el 2008 sintieron que tenían que salir a la calle para defender el “proyecto nacional y popular” de los intentos destituyentes de las grandes corporaciones. Hoy, sostienen que el principal desafío es construir y fortalecer la organización popular para garantizar “la profundización del modelo”. Y quieren, pero no exigen, un lugar en las listas de candidatos.

Doctora en ciencia política y creadora de los blogs Artepolítica y La Barbarie, María Esperanza Casullo, de 37 años, considera que hay, al menos, dos elementos que particularizan la militancia de jóvenes ligada al kirchnerismo: la épica de la militancia de la gestión y la lucha por un proyecto que es visto, a la vez, como poder de gobierno y como contracultura. “Su militancia está centrada en revalorizar y participar en la lucha por una mayor intervención del Estado en la economía y la sociedad. Y sienten que, por ejemplo, mover expedientes de un lado a otro es necesario para fortalecer el proyecto. Se trata de una especie de épica de la gestión gris, de la parte burocrática. Y podría ser un aporte muy importante, porque el déficit de la burocracia estatal sigue siendo grave”, señala Casullo.

Coordinador del Programa Jóvenes con Más y Mejor Trabajo y uno de los líderes de la agrupación Trabajo Militante, Federico Ludueña, de 35 años, alude a la idea del gestionador militante: “Buscamos ser la generación que pueda conjugar militancia y gestión, que pueda terminar con esa separación entre el político y el técnico. Hoy se ve en la estructura del Estado que muchas veces se cumple hasta ahí nomás, que tienen otros tiempos e intereses, cuando las necesidades siempre son urgentes y el Estado debe estar presente para resolverlo”.

Esta épica de la gestión estatal despierta críticas en las empresas mediáticas, que golpean con fuerza ante cada nuevo nombramiento de un joven en una empresa con participación estatal. Diluido el discurso que apostaba a vincularlos con la violencia, ahora se los acusa de ser “militantes rentados”, que sólo buscan conseguir un cargo en el aparato estatal. Sin embargo, Casullo explica que “el acceso a un cargo genera en ellos una sensación de renuncia”. El empleo público es visto como “un compromiso, un deber y una responsabilidad”.

Cecilia Calderón tiene 30 años, un hijo de dos semanas, y es referente de la Corriente Política 17 de Agosto, una organización que trabaja en el Sur de la ciudad de Buenos Aires y en el frente sindical y universitario. Socióloga de la Universidad de Buenos Aires, comenzó su militancia política en La Chispa, ligada en sus orígenes a la Juventud Socialista. “No tenemos ningún recurso y, mucho menos, renta. Sí hay cogestión de los recursos estatales, que creemos que es válida y genuina, y que se relaciona con la posibilidad de hacer llegar las políticas nacionales a los territorios en los que no se las puede aplicar porque el gobierno local no está dispuesto a hacerlo, como sucede en la ciudad de Buenos Aires”, indica.

LA CONTRACULTURA, DESDE EL GOBIERNO

El segundo rasgo distintivo, según Casullo, radica en el momento histórico en que estas agrupaciones vivieron su primera gran etapa de crecimiento: “Después del conflicto de la 125 y la pelea con Clarín, el kirchnerismo pasó a ser considerado como un movimiento potente, pero no invencible. Es decir, como una fuerza amenazada, que necesitaba el apoyo popular para seguir existiendo. Y eso también genera una sensación de épica, porque se transformó en un movimiento de gobierno que, al mismo tiempo, se presenta como la opción contracultural”. Los cuestionamientos de los medios masivos también aportaron a la construcción de esa épica de la resistencia. La demonización de las agrupaciones las volvió más atractivas a los ojos de los jóvenes de 15 o 18 años que sentían la necesidad de luchar contra “el sistema de las corporaciones” y no aportando para consolidar lo establecido. Querían no sólo movilizarse, sino también que su discurso sea escuchado.

Surgida, justamente, a principios de 2008, el colectivo Generación Política Sur nuclea a jóvenes profesionales que tienen como objetivo la producción y circulación de conocimiento sobre políticas públicas. Se proponen como una suerte de think tank que genere ideas desde una perspectiva “nacional, popular y progresista”. Su presidente, Pablo Touzón tiene 30 años, militó en Patria Libre en los años noventa y es politólogo de la UBA. “Somos una generación de posguerra, en los noventa vimos la desintegración del Estado y la hecatombe económica. Y eso nos marca como generación política, tenemos una preocupación central por la gobernabilidad progresiva y por la inclusión social”, asegura.

La preocupación por la gobernabilidad marca un giro importante con relación a las características de la participación política de los jóvenes en otras décadas. Luego de la primavera alfonsinista, desde mediados de los ochenta y durante los noventa, por la propia coyuntura económica y política, prevalecía una militancia de resistencia. En algunos casos, se presentaba una idealización -paralizante- de los procesos revolucionarios de los setenta. En otros, derivaba hacia el cinismo y la ironía, como modo -discursivo- de rebeldía hacia lo establecido y que, sin embargo, estaba atrapado en la misma lógica del “no se puede”.

Esa sensación de vivir en “derrota tras derrota” comenzó a quebrarse con las gestas populares del 19 y 20 de diciembre de 2001. “Fue la culminación de un proceso de luchas y resistencias que empezaron en 1976, que posibilitó el encuentro en la calle y fue el disparador para una mayor participación política de todos los sectores. Representó la posibilidad de saber que, a través, de la lucha se puede avanzar en un proceso concreto de políticas de mayor redistribución, que después se canalizó en el kirchnerismo”, señala Calderón.

Los jóvenes militantes, muchos de ellos hijos de una generación diezmada, explican que hoy se vive un momento histórico muy distinto al de los setenta. “Tal vez en aquellos años hubiéramos hecho lo mismo que nuestros viejos, pero la realidad actual es totalmente diferente”, señalan. No hay una lógica de la urgencia y de la perfección, que termina generando impotencia. Hay en ellos una lógica gradual, cercana al “sí se puede” -y alejada del cinismo y de la idea del “no poder”-, propia de un proceso de construcción y no de resistencia, que los distingue de las generaciones anteriores.

Militante del Frente Grande en los noventa, Casullo resume: “Desde el retorno democrático en 1983, ésta es la primera generación que se compromete absolutamente con la institucionalidad política tal como es en este país. En los noventa, la militancia ligada al Frepaso, creía que primero era necesario cambiar el sistema político argentino o implementar una reforma institucional. En cambio, estas agrupaciones construyen desde lo que hay. Y, en eso, me parece que es donde radica la mayor posibilidad de cambio a mediano o largo plazo”.

EL ALUVIÓN
Tras la muerte de Néstor Kirchner, el 27 de octubre de 2010, los medios pusieron el foco sobre ese nuevo fenómeno de la militancia juvenil que no habían visto previamente, pese a que había comenzado a crecer desde varios años atrás. La Cámpora es la agrupación de mayor visibilidad periodística. Y la más estigmatizada. Sus líderes son Andrés Larroque, Juan Cabandié, José Ottavis, Mayra Mendoza, Mariano Recalde y Eduardo de Pedro (ver recuadro). Surgió al calor de las largas conversaciones políticas con Néstor Kirchner, en las noches de Olivos, y hoy tiene un gran despliegue territorial en los grandes centros urbanos.
Hay muchas otras organizaciones que despliegan sus actividades en los barrios, en las universidades, en las escuelas secundarias, las redes sociales. Algunas tienen militancia en distintos frentes, como JP Evita, Peronismo Militante, Martín Fierro, La Cooke, Descamisados, La Güemes, Kolina, Patria y Pueblo. Otras están ligadas a luchas sectoriales, ecológicas, culturales. Hay putos peronistas, negros de mierda y judíos kirchneristas. “Uno milita siendo parte de un conjunto pero poniendo en juego su propia individualidad, sus gustos, sus intereses. Es muy respetada esa diversidad de los canales de participación”, explica Ludueña.

También se observó en 2010 una ola de participación política de jóvenes estudiantes, que llevaron adelante movilizaciones y medidas de reclamo por la crítica situación en las escuelas secundarias porteñas. La criminalización de esa protesta, que impulsó el gobierno de Mauricio Macri, terminó incentivando aún más la participación de los alumnos, que en algunos casos se ligaron a los partidos de izquierda tradicional y, en otros, a las agrupaciones kirchneristas.

Muchos destacan como uno de los fenómenos más interesantes de la nueva militancia a la Juventud Sindical, que tiene como referente a Facundo Moyano. “Los editoriales preanunciaban conflictos con las demás organizaciones, pero eso no pasó y dieron una señal política muy interesante marchando juntos el 24 de marzo de 2010. Y, efectivamente, hoy no existen razones por las cuales podrían estar enfrentados. Sería lógico que una persona que milita en una agrupación juvenil a los 18, a los 30 esté en su sindicato, porque se ha insertado en el mundo laboral”, señala Casullo.

Uno de los referentes de la Juventud Sindical, Federico Sánchez (29 años), observa que, luego de la muerte de Néstor Kirchner, desde los grandes medios, se quiso oponer la “participación espontánea” con la “militancia organizada”: “Se está apuntando a demonizar a los jóvenes que tienen una identidad política determinada, a una forma organizativa que creían que habían derrotado en los noventa”.

Desde una tradición familiar ligada al peronismo, Martín Carnaghi tiene 29 años y es profesor de historia. “Salvando las grandes distancias, las movilizaciones en los días posteriores a la muerte de Néstor Kirchner fueron nuestro 17 de Octubre. No fue algo espontáneo; se venía generando por debajo desde varios meses antes, como ya lo había mostrado el acto de la juventud, en setiembre, en el Luna Park”, señala. Es responsable de la Juventud Peronista en la cuarta sección de la provincia de Buenos Aires y uno de los referentes juveniles de la agrupación Canpo, creada por el ministro de Agricultura, Julián Domínguez. El espacio busca fortalecer el crecimiento que ha tenido la militancia juvenil kirchnerista en los últimos meses en las pequeñas y medianas ciudades del interior del país.

“Pensamos que el peronismo tiene mucho para contar sobre su relación con el sector agropecuario, nos sobran razones para demostrar que este gobierno ha implementado muchas políticas públicas que propiciaron el crecimiento del sector”, indica. En el Ministerio de Agricultura también se estudia la posibilidad de crear una Dirección Nacional de Juventudes Rurales. “Los jóvenes productores tienen un rol decisivo en el nuevo paradigma de agroindustrialización que le proponemos al sector, porque se destaca por su capacidad de innovación y por las producciones a pequeña escala que permiten diversificar nuestra producción”, concluye Carnaghi.

LA NUEVA AGENDA
En el acto que encabezó en Huracán el último 11 de marzo, la presidenta Cristina Kirchner le planteó a la “generación del Bicentenario”: “Falta la construcción política e institucional que no haga depender la transformación y el cambio en una o dos personas. Ése es el gran desafío que tenemos hoy los argentinos y los jóvenes: cómo hacer para que tanta lucha no sea en vano”. El crecimiento que tuvieron en los últimos tiempos les genera a las agrupaciones el reto de crear canales que permitan convertir esa explosión de participación en algo permanente. Es decir, generar herramientas que permitan una organización y formación de esa militancia, con el objetivo de que pasen de “bancar” las políticas instrumentadas por el gobierno nacional a la construcción y la gestión de políticas públicas.

“Parafraseando a John Fitzgerald Kennedy, creemos que ya no es hora de preguntarnos qué va a hacer el proyecto nacional por nosotros, sino qué podemos hacer nosotros por el proyecto. No queremos que este proceso abierto en 2003 sea un accidente de la historia argentina. No se van a ganar siempre las elecciones, pero el reto es consolidar este proyecto como una fuerza política que implique que perder el gobierno no signifique volver a base cero”, señala Touzón.

Todos coinciden en la necesidad de avanzar en las estrategias de capacitación política, sin perder el contacto directo con el territorio. Las agrupaciones delinean sus acciones bajo tres pilares claves: la formación de cuadros, el trabajo solidario y la participación política concreta en la campaña electoral.

“La tarea es ir profundizando y construyendo, a partir de ese interés y de esa participación más incipiente de los chicos, en una participación más claramente política, en la que se discuta cuáles son los actores en juego, cuál es la correlación de fuerzas, en qué cosas se avanzó, qué es lo que falta y cómo se hace para avanzar en aquello que se necesita”, indica Calderón.

También concuerdan en que las agrupaciones no deben tener sólo una “agenda de juventud”. Y, en líneas generales, los referentes entrevistados por Debate acuerdan en los lineamientos centrales sobre los que “habrá que militar” en el período 2011-2015. En primer lugar, aparece la necesidad de “institucionalizar” y “profundizar” el proceso iniciado en 2003, con una mayor redistribución de la riqueza. Es decir, consolidar a través de diferentes leyes e instituciones gubernamentales los giros en las políticas públicas impulsadas bajo los dos gobiernos del Frente para la Victoria. En segundo término, se destaca la búsqueda de construir una seguridad pública con sentido democrático y progresivo, que termine de desmontar los nichos de corrupción y cultura represiva que se enquistaron en las fuerzas públicas en las últimas cuatro décadas. Desde las agrupaciones, consideran que esa será una de las luchas fundamentales que habrá que “bancar” con debates públicos y movilizaciones masivas. También señalan la necesidad de avanzar en los “enclaves neoliberales que aún persisten”, como la ley de entidades financieras, la ley de distribución de la tierra, la implementación efectiva de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual y políticas que propicien la industrialización del país y combatan el trabajo esclavo y el empleo informal. Finalmente, se proponen contribuir a implementar una reforma del Estado “con sentido nacional y popular”, que termine de desmontar el aparato burocrático “colonizado por las corporaciones que dejó el neoliberalismo”.

Casullo sostiene que -junto al respaldo de esa “profundización del proyecto”- se debe impulsar una agenda temática propia de los sectores juveniles. “Así como hay un bloque de diputados sindicales, que están detrás de la ley de socialización de las ganancias empresariales y de los temas laborales, también podría haber un bloque de diputados jóvenes que impulse una agenda propia del sector”, explica la politóloga. De todas formas, aclara que esos proyectos “no pueden ser de ornamentación y festejos, de festivales y rock, como sucedía con el franjamoradismo”. Y enumera algunas de las cuestiones de fondo que podrían formar parte de esa agenda: políticas de primer empleo, créditos para vivienda, sistema de garantías subvencionadas por el Estado para el primer alquiler, cambio en la legislación de drogas, reforma de la educación secundaria, jóvenes y políticas de seguridad, baja en la edad de la imputabilidad, régimen penal juvenil. “Son temas centrales y corresponde que los jóvenes se hagan cargo de ellos, porque hoy no son tratados por otros actores políticos”, asegura.

La inclusión de los jóvenes en las listas de candidaturas en todos los niveles del Estado también está en el centro de la discusión actual. Si bien reconocen que algunos de sus militantes están “demasiado cebados” con el tema, los líderes de las principales organizaciones juveniles señalan que la participación en las listas dependerá de la realidad de cada uno de los distritos. Una frase se reitera con frecuencia en las conversaciones: “Es bueno que haya posibilidad de recambio, pero no queremos tirar a nadie por la ventana”. Y aseguran que un porcentaje mínimo de integración de jóvenes en las listas puede tener sentido en un territorio y no en otro.

Calderón explica que la militancia juvenil está cumpliendo un rol fundamental en los distintos movimientos y organizaciones que respaldan al kirchnerismo y que ya forman parte de las distintas mesas de discusión. “El armado de las listas no tiene que ver con una cuestión generacional, sino que está vinculado a la renovación de una lógica de construcción política, a la posibilidad de que haya genuinos representantes de los sectores populares en los lugares de decisión”, indica la referente de la Corriente Política 17 de Agosto. Desde la Juventud Sindical, Sánchez también señala que “más allá de lo generacional, es importante que el movimiento obrero tenga participación en las candidaturas, pero ese proceso tiene que ser el resultado de la construcción de poder que se haga en cada territorio al servicio del proyecto nacional”.

El presidente de GPS, Touzón, concluye: “Está bien que se peleen y negocien los espacios, pero no puede ser algo prefijado. Tiene que haber lugares para los jóvenes, pero dependerá de cada realidad política. Aunque, si queremos, como generación, participar centralmente en política, necesitamos empezar a formar cuadros que midan bien en términos electorales en todo el país”.

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Autor: Sergio

boquense ortodoxo

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