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CNU: A los tiros y a mansalva

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Por Daniel Cecchini y Alberto Elizalde Leal – http://sur.infonews.com/notas/los-tiros-y-mansalva 

Ensayo general del terror. El ataque de la Concentración Nacional Universitaria a la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UNLP fue la primera acción armada de envergadura realizada por esa organización ultraderechista en la ciudad de La Plata. El modus operandi fue el mismo que, dos años antes, había utilizado en la Facultad de Arquitectura de Mar del Plata, cuando otra patota irrumpió a los tiros en una asamblea y asesinó a la estudiante Silvia Filler.

En enero de 1974, tras la renuncia de Oscar Bidegain a la gobernación bonaerense, la CNU se incorporaría activamente al aparato terrorista de Estado dirigido en la provincia por el nuevo gobernador, el sindicalista de ultraderecha Victorio Calabró. En noviembre de 1974, un año después del ataque a la Facultad de Arquitectura platense, la CNU atentaría contra la vida del ya desplazado interventor Tulio Fornari colocando una bomba en el frente de su casa. Esa misma noche, en otra operación armada, la banda capitaneada por Carlos Ernesto Castillo (a)El Indio, secuestró y asesinó a Carlos Alberto Fabiolo De la Riva, estudiante de esa Facultad y militante de la Fracción Roja del PRT.

Para entonces, la escalada desatada por la CNU ya estaba en pleno desarrollo. Visto en perspectiva, el ataque armado del 26 de noviembre de 1973 a la Facultad de Arquitectura fue, simplemente, un ensayo general para la puesta a punto de la maquinaria del terror.

El 26 de noviembre de 1973, un comando de la CNU irrumpió en la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional de La Plata y desató el terror. El ataque fue la antesala de una escalada de violencia de ultraderecha.

Son poco más de las seis de la tarde del lunes 26 de noviembre de 1973 y la primera jornada de la elección para renovar el Centro de Estudiantes transcurre con total normalidad en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de La Plata. Los comicios, que se desarrollarán durante toda la semana para permitir que vote la mayor cantidad de alumnos posible, son seguidos con especial atención y entusiasmo por la militancia universitaria. No es para menos: son los primeros en la Universidad desde la recuperación de la democracia, el 25 de mayo, cuando Héctor J. Cámpora asumió la presidencia, y Arquitectura es la primera facultad de la Unlp en realizarlos.

Los resultados, a pesar de que habrá que esperar cinco días para contar los votos, están casi cantados: se espera que la Lista Azul y Blanca, orientada por la Juventud Universitaria Peronista (JUP), gane por amplia mayoría y desplace al Frente de Agrupaciones Universitarias de Izquierda (Faudi), que responde al Partido Comunista Revolucionario (PCR), de la conducción del Centro. La de Arquitectura es una suerte de prueba piloto, que marcará la tendencia predominante en el resto de las facultades.

Los tiempos, sin embargo, no son los mejores. Aunque la izquierda peronista todavía se niega a aceptarlo, la puja política dentro del movimiento –y del Gobierno– ya tiene, también, un ganador. La masacre de Ezeiza, que tiñó de sangre el regreso definitivo de Juan Domingo Perón a la Argentina, mostró qué resortes claves del aparato del Estado –más allá de la voluntad de Cámpora– estaban en manos de la derecha, que los utilizó para sembrar muerte entre la multitud. El Tío había renunciado a la presidencia y Perón había asumido el 12 de octubre, con más de siete millones de votos en las urnas. El vuelco hacia la derecha del viejo general todavía no muestra toda su magnitud, pero sobran síntomas en ese sentido.

En este contexto, las universidades siguen siendo bastiones de la izquierda peronista, que resiste. En la Universidad Nacional de La Plata, la ultraderecha peronista, encarnada por la Concentración Nacional Universitaria (CNU), carece de adhesión estudiantil. Losfachos no participan de las elecciones, pero no por eso dejan de hacerse sentir. Para ellos, la Universidad en general –y Arquitectura en particular– son “nidos de zurdos que hay que destruir”. “La CNU no tenía existencia visible en la facultad como agrupación. No iban a armar una mesa nunca. Lo que sí hacían eran pintadas en la facultad. Había una con aerosol en un aula que decía: ‘Ojo Bolches, CNU vigila’. Y después había otra en latín, en una de estas aulas chicas, que decía: ‘Delenda est marxistica universitas” (N. de la r.: algo así como “la universidad marxista está destruida’)”, recordó casi cuarenta años después un estudiante de aquella época. Para esta investigación,Miradas al Sur entrevistó a nueve ex estudiantes y/o docentes que estaban en la Facultad la tarde del 26 de noviembre de 1973. Sus nombres se mantendrán en reserva.

Patota a los tiros. A las seis y cuarto de la tarde, el patio de la Facultad está poblado de estudiantes. Muchos otros se reparten en diferentes aulas, donde se está cursando, como todos los lunes, Materiales. De pronto, a través de la entrada principal, que da a la calle 47, irrumpe un grupo de unas quince personas al grito de “¡Ni yanquis ni marxistas, peronistas!”. La patota ocupa la parte norte del patio y empieza a disparar. Todos llevan armas cortas. “En ese entonces, la facultad tenía dos grandes naves, el patio, otras naves pequeñas, el bar y, arriba, el anfiteatro. Era como una U. Se desplegaron en semicírculo en el patio y dispararon”, relató a Miradas al Sur uno de los entrevistados. “Se desplegaron en abanico y comenzaron a tirar contra todo lo construido. Por un lado, a los talleres grandes; por el otro, a los talleres chicos, al bar y a las aulas”, confirmó otro.

El ataque ocurre por sorpresa, al principio nadie entiende qué está pasando. Los alumnos que están en el patio buscan refugio o se tiran al piso, tratando de evitar las balas. En la mesa de votación, instalada cerca de la puerta del bar, una alumna se retuerce de dolor: un disparo acaba de rozarle una pierna. Se llama Luna Almeyda y es la única herida durante el ataque. “Tiraron a matar. Si no hubo muertos no fue porque no se lo propusieran. El ataque, que fue corto aunque en ese momento a mí me pareció larguísimo, fue salvaje y sin ningún control”, contó otro de los presentes.
Parte del grupo asaltante avanza por el patio hacia la mesa de elecciones. Uno de los atacantes porta un hacha. “Yo estaba en el bar con un grupo de gente. Los vi desde ahí. Entraron a las corridas y se treparon en un cartel que había del Che Guevara, creo que era de los Grupos Revolucionarios de Base, e intentaron tirarlo abajo.

Tenían un hacha. Un compañero se puso a pelear con uno de ellos ahí y agarró una botella pequeña de Coca Cola y le quiso dar al tipo en la cabeza. En ese momento lo tomé como algo natural, pero ahora que lo veo a la distancia me parece una cosa totalmente inconsciente. Era una locura”, relató un ex alumno, hoy arquitecto, a Miradas al Sur.

En las aulas todo es confusión. “La sensación que yo tengo es de incredulidad. Yo pensaba que eran cohetes. Me asomo y veo por la ventana que están corriendo. Hasta que escucho un disparo y veo una puerta que se rompe. Tardamos en darnos cuenta. Había un clima muy distendido. Las elecciones iban sin quilombos”, explicó otro ex alumno que estaba en una de las aulas. “El día del tiroteo estábamos en clase de Materiales en el aula chica con un ayudante que se llamaba Poletti, que era grande como un ropero. Ingenuamente volcamos los tableros como para cubrirnos. Nos tiramos todos al piso, menos él. Desde abajo yo le decía que se cubriera y él decía que no iban a entrar. Ellos no, pero las balas sí. Lo empujé y cayó de rodillas. Al otro día me agradeció, con las rodillas a la miseria por el golpe que se dio cuando lo tiré”, agregó otro ex estudiante.

Fachos identificados. Pacífico Díaz era ayudante de la materia Arquitectura y un reconocido dirigente de los docentes agrupados en la Juventud Trabajadora Peronista (JTP). En el momento del ataque estaba parado junto a la puerta de uno de los talleres y, desde allí, no sólo reconoció a Gustavo Guillermo Fernández Supera (a) El Mistoentre los integrantes de la patota sino que pudo ver cómo le disparaba. “Pacífico estaba en la galería y pasado el tiroteo se apoyó en la puerta del taller grande, sacó su tiza del bolsillo de la camisa y, de espaldas a la pared, se dibuj ó el perfil de su cuerpo. Ahí pudimos ver el rastro de una bala que estaba a centímetros de la silueta que acababa de dibujar. No había duda de que le habían tirado a él. Nunca lo había visto enojado a Pacífico, que tenía una sonrisa permanente. Estaba recaliente.

Aseguraba que esa bala era para él y juraba que había venido del Misto, que era alumno de una comisión en la que Pacífico era ayudante. También juraba que lo esperaba para hacerlo mierda… en la materia. Hasta hace poco la huella de la bala estuvo a la derecha de la puerta”, relató a Miradas al Sur un militante de la JUP que estaba con él en ese momento. En diciembre de 1976, Pacífico Díaz fue secuestrado en La Plata por un grupo de tareas de la dictadura. Sus restos fueron identificados el año pasado y hoy descansan en su Concordia natal. “No sé si El Misto entró con el grupo o ya estaba adentro, pero es seguro que estaba. Después del ataque no volvió a la Facultad”, agregó otros de los entrevistados por los autores de esta investigación.
En base a los testimonios obtenidos, hasta el momento Miradas al Sur ha podido identificar a cuatro de los integrantes de la patota de la CNU que irrumpió a los tiros en la Facultad la tarde del 26 de noviembre de 1973: Gustavo Guillermo Fernández Supera (a)El Misto, Néstor Causa (a) El Chino, otro facho de apellido Pascua (a) Tito, todos ellos estudiantes de Arquitectura, y Jacek Piechocki (a) Pablo oEl Polaco o El Alemán, por entonces estudiante de Derecho.

Después del ataque, Pascua, Fernández Supera y Causa dejaron de asistir a la Facultad, seguramente por temor a haber sido identificados. Recién volvieron en 1975, cuando la Universidad de La Plata ya había sido intervenida por orden del ultraderechista Oscar Ivanissevich, ministro de Educación de Isabel Perón. En cambio, poco más de una semana después del tiroteo, Jacek Piechocki no sólo volvió a la escena del crimen sino que protagonizó una insólita provocación. “Creo que fue la semana siguiente, cuando ya había terminado la toma de la Facultad. Yo iba caminando por la calle 47 y vi a Piechocki que se bajaba de un Renault 6 a unos veinte metros de la entrada de la Facultad. Se bajó y se acomodó un fierro en la cintura, que me pareció que había sacado de la guantera. Entró a la facultad solito y se fue para el bar. Yo entré por atrás y les avisé a los compañeros. Muchos ni lo conocían, porque El Polaco estudiaba Derecho, no era de la Facultad. Era evidente que venía a desafiarnos. Nosotros lo vigilamos de cerca, pero no hicimos nada porque sabíamos que estaba armado”, relató un arquitecto que por entonces militaba en la JUP de Arquitectura.

Asamblea y toma. Inmediatamente después del ataque, la JUP y todas las agrupaciones de izquierda con presencia en la Facultad convocaron a una asamblea que se realizó esa misma tarde. Pese al terror desatado por la balacera, hubo una masiva presencia estudiantil. Otro ex militante de la JUP la reconstruyó así para Miradas al Sur: “Recuerdo una asamblea muy grande ese día. Creo que en ese mismo momento la policía científica estaba haciendo peritaje de las balas que estaban incrustadas en las paredes. Ahí se decide la toma de la facultad. En esa asamblea estaban casi todas las agrupaciones, pero impusimos nuestra posición. Apelando a la cuestión de que el gobierno universitario era nuestro, decidimos no militarizar la Facultad”, relató.

De todos modos, la no militarización de la toma fue relativa, ya que un comando de Montoneros permanecía alerta en las inmediaciones de la Facultad. “La cosa consistía en tomar el acceso principal de la calle 47 y poner un control donde se revisaba. La JUP estaba armada mínimamente. Nuestra consigna era llamar por teléfono.

Teníamos una pistola en un bolso pero lo que hacíamos era llamar a los muchachos. Teníamos la Secretaría Académica abierta y un teléfono a mano. Los muchachos estaban en algún lado y vendrían a dar la respuesta si había otra agresión. La toma duró aproximadamente una semana”, agregó el mismo entrevistado.

Al resto de las agrupaciones –entre ellas los Grupos Revolucionarios de Base (GRB) y la Fracción Roja del PRT, ambas con fuerte inserción en Arquitectura– se les encomendó el control de la entrada trasera y el resto del perímetro de la Facultad. “Hubo una suerte de negociaciones donde la izquierda se bancó que nosotros controlábamos el acceso y ellos cuidaban todas las partes de las vías. Eran el PRT y otras. Era fuerte la Fracción Roja. En realidad ellos habían armado para estar esos días un galpón prefabricado que tenía la facultad al fondo. Era de la época de la guerra de Corea, era una carpa modular de chapa gigante. Nosotros íbamos a chusmear y había un flaco armando y desarmando un Fal y como treinta pibes mirando como si fuera una clase. Ellos tomaron la parte de atrás de la facultad que daba a las vías y a los campos del Nacional”, explicó un tercer ex integrante de la JUP entrevistado para esta nota.

Mentiras en el diario. Al día siguiente, el matutino platense El Día publicó la noticia en su portada. El artículo, titulado “Hubo ayer un serio incidente en la Facultad de Arquitectura”, hacía una crónica oscura que falseaba los hechos. “Cuando gran cantidad de alumnos asistía a clase en sus respectivas aulas, se produjo ayer a la tarde un grave y confuso episodio en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de La Plata”, comenzaba el artículo y luego desarrollaba una curiosa versión de lo ocurrido: “En un determinado momento se suscitó un entredicho entre militantes de la Concentración Nacional Universitaria (CNU), agrupación peronista de derecha, y de otras fracciones enroladas en sectores de izquierda. El hecho derivó en disparos de armas de fuego. Los proyectiles, de grueso calibre, impactaron en distintos sitios del establecimiento, especialmente en el aula 6 y en el bar. En el suceso no se registraron víctimas”. Así, para El Día, el ataque a los tiros por parte de la CNU era “un entredicho (…) que derivó en disparos de armas de fuego”. Por aquellos días era habitual observar en las paredes platenses una pintada que decía: “El Día miente”. La crónica publicada no hacía más que confirmar esa afirmación.

Más adelante, el diario reproducía un comunicado que le había hecho llegar la CNU. “Por su parte –decía El Día–, una declaración de la CNU reconoce que sus dirigentes estuvieron en la Facultad ‘para entregar una nota de protesta al delegado interventor’, pero sostiene que al retirarse con las consignas de la ‘Patria Peronista’ y la marcha partidaria, fueron agredidos a puñetazos y tiroteados por integrantes del ERP, apoyados por militantes de la Ters, Faudi, JSA, GRB y otros. Ante estos hechos –declara la Concentración–, los compañeros optaron por retirarse.”

Para cualquiera que conozca mínimamente el posicionamiento y el accionar de las agrupaciones nombradas resulta –y resultaba más aún entonces– evidente la falsedad de la versión de la CNU. Era imposible que la Ters y la JSA apoyaran una acción del ERP. Mucho menos el Faudi –orientado por el PCR–, que había comenzado un giro ideológico que pronto lo llevaría a apoyar al gobierno de Isabel Perón y López Rega “contra el golpe ruso o yanqui”.

En el párrafo siguiente, El Día continuaba: “(Los dirigentes de la CNU) afirman que ‘una célula armada del ERP tiene tomada la Facultad desde hace más de dos meses, difundiendo su propaganda subversiva, haciendo ostentación de armas, interrumpiendo las clases para difundir su doctrina apátrida y amenazando de muerte a los militantes de este nucleamiento. Ese fue el objeto de nuestra visita de ayer: protestar ante el delegado interventor por la situación y las agresiones continuas de nuestros compañeros’, agrega el comunicado de la CNU”.

La declaración es tan delirante que no merece siquiera ser analizada. Sin embargo, como simple curiosidad, vale la pena detenerse en el fallido cometido por el redactor del comunicado. En lugar de hablar de las agresiones a “nuestros compañeros”, como seguramente quiso decir, escribió: “las agresiones continuas de nuestros compañeros”. Un sincericidio de puño y letra.

La crónica del matutino platense terminaba diciendo que, al cierre de la edición, el delegado interventor, Tulio Fornari, “estaba en la regional de la Policía Federal para denunciar el hecho”.

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Autor: Sergio

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