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Periodismo en la Argentina: la yegua

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BRUNO BIMBI.* – http://www.surysur.net/2012/09/periodismo-en-la-argentina-la-yegua/ 

Como era inconcebible que una mujer estuviera gobernando por sí misma, hablaban del gobierno “del matrimonio Kirchner” o, peor, del “matrimonio presidencial”. Otra expresión que se volvió muletilla de político o periodista opositor: “doble comando”

Pero cuando él murió y ella ganó su reelección con más votos de los que él había tenido en vida en una elección nacional, se les terminó el argumento. Una de sus últimas apariciones fue en la revista brasileña Veja, que publicó el testimonio de un “especialista en América Latina” que dijo sobre la muerte de Kirchner que él era “el hombre fuerte” del gobierno —para ser fuerte, claro, hay que ser hombre— y ella, “un títere del marido”. La palabra títere fue a la bajada de la nota.

Lilita Carrió se había anticipado a ese momento, cuando dijo que lo mejor que le podía pasar a Cristina era un buen divorcio o que “también podría quedar viuda, sería divino”. Divino.

También había dicho, según La Nación:
“Estamos en manos de un dictador con un presidente títere que es su esposa”.
La frase fue título. Y agregaba:
“El que debe caer es el dictador. Kirchner, no fue elegido por el pueblo, hay que voltearlo”. Voltearlo.

No hizo falta. Cuando, por primera vez, una profecía de Carrió se cumplió y la Presidenta quedó viuda — ay, qué previsibles —, empezaron a decirle “la Viuda”. Así, con mayúscula. Es impresionante la cantidad de notas y discursos de esos días, en Argentina y en el exterior, que se refieren a ella usando esa palabra de modo despectivo, aunque la V mayúscula no llegaba a los diarios, limitándose a internet.

“Quizás, lo mejor que tiene la señora Kirchner es su viudez”, escribió en El País uno de sus columnistas estrella, Miguel Ángel Bastenier —aunque muy en serio no lo podemos tomar: en su columna, también decía que Néstor Kirchner había tenido dos mandatos (“de 2000 a 2008″, pero perdió las elecciones “en 2099″ (recontra sic) y llamaba “Juan Carlos” al ex presidente Duhalde.

“Mientras la viuda recorre zonas del jardín otrora sólo frecuentadas por su esposo, la escena peronista va cambiando de configuración”, escribió Pagni en La Nación. “No voten a la viuda de”, diría luego Carrió en campaña. Tiempo después, el diario español La Razón, en medio de la furia por la estatización de YPF, tituló: “La viuda negra y las hienas peronistas”.

Pero “la Viuda” no es el único apodo peyorativo que le han puesto a Cristina. Otra columna de El País, también post YPF, comenzaba así:
“La Señora no celebra Consejos de Ministros ni concede reportajes, entrevistas ni conferencias de prensa en Argentina. Pero La Señora pronuncia dos, tres y hasta cuatro discursos a la semana”. Ahí sí, la S mayúscula llegó a la imprenta.

Otro diario español, el monárquico ABC, no se quedó atrás con la Señora: “Tiene mucha facilidad para desquiciarse. Y más desde que le operaron y le quitaron la glándula tiroides. Si no estás bien medicado, sufres cambios bruscos de humor. Tiene ataques de ira. Les pega a las criadas”. A las criadas. Y sigue: “A veces da la impresión de ir empastillada. ¿Litio?”.

También volvía sobre la idea del títere del marido, asegurando que Néstor “le regaló la Presidencia para que no incordiase mientras él llevaba las riendas en la sombra”. Le regaló, dicen ellos, que defienden la monarquía, sobre un país que celebra elecciones. Le atribuyeron el texto a dos periodistas argentinas, una de las cuales negó haberlo escrito.

Desde que ella asumió la presidencia, se han publicado decenas de notas criticándole la ropa o el maquillaje, hablando de sus supuestas cirugías estéticas —la palabra “botox” fue metaforizada en distintos contextos por políticos y periodistas a lo largo de estos años, al igual que la marca de carteras Luis Vuitton— o revelando supuestos estudios psicológicos sobre de los colores de su vestido.

Se habló más de su vestuario que de todas las corbatas de los presidentes de los últimos cien años. Ríos de tinta se han escrito sobre sus carteras: dónde las compra, cuánto cuestan, de qué marca son, cuántas tiene. El principal columnista político de La Nación publicó que corría el rumor de que la presidenta había gastado una fortuna en zapatos en un viaje oficial a Nueva York y remató su columna diciendo que, teniendo en cuenta la adulteración de las estadísticas del INDEC, la historia de los zapatos “tiene algo que la vuelve verosímil: la obsesión por maquillar”. Esa frase fue título.

El periodista más amarillo del país, Darío Gallo, cita en su blog una nota que fue tapa de Noticias, en la que la revista prometía revelar:
“Una por una, sus cirugías y tratamientos secretos. De la lipoaspiración y las siliconas a la radiofrecuencia y los rellenos faciales. Sus cremas top”.

Son apenas unos pocos ejemplos, ustedes recordarán otros.

Sin embargo, pese a tanto foco en su femineidad, desde el primer día hay muchos que a la presidenta le dicen “la presidente”. Nunca he visto una dificultad tan grande y extendida entre políticos y periodistas para hacer concordar el artículo con el sustantivo en un sintagma nominal tan simple — y no, no es un simple caso de variación sociolingüística, es a propósito. El fenómeno gramatical es tan curioso que hasta cierta periodista mujer, cuyo odio la consume cada día más, resalta cada vez que puede su rechazo a admitir que la presidenta pertenece al género femenino. Y habla de sus zapatos y sus carteras, que la obsesionan políticamente.

La tildaron de “bipolar” desde la tapa de Noticias, en una insólita “investigación periodística” que incluyó la voz experta de psicólogos que la diagnosticaron a distancia sin nunca haberla atendido y a los que sólo les faltó medicarla. No: lo hicieron en otra tapa, después de la muerte del marido.

Claro: locas siempre fueron ellas —locas, brujas, sin alma, histéricas y con desórdenes hormonales que afectan sus facultades mentales.

En una columna sobre las actividades de la agrupación “Vatayón Militante” en las cárceles, el insufrible Reynaldo Azevedo, de la brasileña Veja, eligió como título: “Cristina Kirchner, la loca, moviliza ahora presidiarios para su tropa de choque fascistoide”. Veja es la revista de información general más leída en Brasil y Azevedo —sí, siempre escribe así— es una de sus estrellas. “La loca”, decía el título.

Loca. Bipolar. Medicada. Títere del marido. Viuda negra. ”La Monto”.

Cuando Cristina eligió a Amado Boudou como candidato a vicepresidente, Noticias la mostró en tapa en un fotomontaje andando en moto con él —y él manejaba, claro—, con la frase “CFK-Boudou: secretos de la pareja del año” y el título: “Amado mío”.

Más directa, la página Tribuna de Periodistas, dirigida por el fantasioso Christian Sanz, tituló: “El vínculo amoroso entre Cristina y Boudou, el secreto oficial mejor guardado”, usando la tapa de Noticias como ilustración de la nota. Desde que murió Néstor, muchos parecen estar buscándole a la presidenta un nuevo macho que la controle, porque no puede una mujer gobernar sola.

En otro artículo del diario español La Razón, el elegido para ello fue Axel Kiciloff:
“A doña Bótox, la viuda negra, se le rocían las enaguas cuando lo mira. Es joven, guapo y peronista, casi montonero, íntimo amigo del niño Kirchner, que será el próximo Presidente de Argentina. Kicillof es un muchacho violento, chulo, arrabalero”, escribió en sus páginas el columnista Alfonso Ussía. Es en serio.

Hace un tiempo empezaron a decirle “la Yegua”. Es el apodo preferido de los que no la quieren en ciertos barrios porteños y en las redes sociales. En otras épocas, fue “la Perona”. Yegua, además, remite a puta, la palabra a la que tarde o temprano se llega en estos casos.

¿Hay algo que sintetice mejor el machismo que moviliza una parte importante del odio a Cristina?

Sí, hay. La tapa de Noticias de esta semana, ocupada por una ilustración —extraída de un video erótico que circula por internet— que muestra a la Presidenta de la Nación masturbándose, despeinada y en éxtasis frente a una torre de texto que luce vertical frente a su boca abierta y lleva por título: El goce de Cristina. Nunca fue todo tan, digamos, explícito.
A él —a cualquier él— no se lo hubieran hecho.
Pero a esa yegua…
——
* Perodista

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Autor: Sergio

boquense ortodoxo

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