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La incomprensión eterna

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Por: Hugo Presman (Conductor de El Tren) – http://www.radiocooperativa.com.ar/?p=2954 

Se convencieron que Perón ganaba las elecciones porque sobornaba y manipulaba a los pobres. Que el kirchnerismo triunfó en reiteradas elecciones con un importante fraude. Que Evita era la encarnación de la demagogia que utilizaba fondos públicos para hacer beneficencia. Que Hugo Chávez era un dictador que aunque ganara sorprendentemente casi todas las elecciones era el fruto de una ilusión que encandilaba a las masas.

Por eso quedaron perplejos cuando en los 18 años de proscripción, el peronismo resistió en condiciones extremadamente adversas, resultaba imbatible en las urnas, hasta que las luchas populares facilitaron el regreso de Perón y en septiembre de 1973 arrasó con el 62% de los votos. Evita, a su muerte, convocó a multitudes en una expresión de dolor imborrable. Y su recuerdo se venera por los que la conocieron y por lo que perduraron su recuerdo a través de la transmisión oral.

Y ahora la muerte de Hugo Chávez movilizó a millones de venezolanos a los que les devolvió la dignidad.

La tardía comprensión de Ernesto Sábato
Escribió Ernesto Sábato en un libro titulado “El otro rostro del peronismo” que nunca volvió a reeditar: “Aquella noche de setiembre de 1955, mientras los doctores, hacendados y escritores festejábamos ruidosamente en la sala la caída del tirano, en un rincón de la antecocina vi cómo las dos indias que allí trabajaban tenían los ojos empapados de lágrimas.

Y aunque en todos aquellos años yo había meditado en la trágica dualidad que escindía al pueblo argentino, en ese momento se me apareció en su forma más conmovedora.

Pues ¿qué más nítida caracterización del drama de nuestra patria que aquella doble escena casi ejemplar? Muchos millones de desposeídos y de trabajadores derramaban lágrimas en aquellos instantes, para ellos duros y sombríos. Grandes multitudes de compatriotas humildes estaban simbolizadas en aquellas dos muchachas indígenas que lloraban en una cocina de Salta.

La mayor parte de los partidos y de la “intelligentzia”, en vez de intentar una comprensión del problema nacional y de desentrañar lo que en aquel movimiento confuso había de genuino, de inevitable y de justo, nos habíamos entregado al escarnio, a la mofa, al bon mot de sociedad. Subestimación que en absoluto correspondía al hecho real, ya que si en el peronismo había mucho motivo de menosprecio o de burla, había también mucho de histórico y de justiciero.”

Cabe consignar que la comprensión de Sábato fue pasajera, pues posteriormente volvió a transitar a contramano, con rectificaciones oportunas.

El cambio en las relaciones sociales
Lo cuenta José Pablo Feinmann a través de una anécdota personal en “Peronismo. Filosofía política de una persistencia argentina”, tomo 1, página 59: “En mi casa, que estaba en Belgrano R, en Echeverría y Estomba, en diagonal a la Iglesia de San Patricio, y que fue, para mí, niño de “los años privilegiados”, el hogar más cálido que jamás haya tenido, había una joven de nombre Rosario.

Rosario era lo que se llamaba “sirvienta”. Era muy buena. Era la cocinera. Otra señora se encargaba de la limpieza. Bien, voy a esto: el 26 de julio de 1952 muere Evita. Rosario estaba en la cocina. Dan la noticia por la radio. Rosario se pone a llorar. Yo estaba jugando a no sé qué juego de la época en el comedor. Creo que armaba un Meccano o asaltaba un fuerte con unos soldaditos. Mi madre andaba por ahí. De pronto, no sé por qué alternativa del juego, yo me largo a reír. Y se oye la voz de Rosario: “Que no se ría ¡Qué no le falte el respeto a la señora! Mi madre me pegó un mamporro durísimo y, en voz baja pero imperativa dijo: ¡Cállate! Salió corriendo para la cocina. Me acerqué, paré la oreja y escuché el diálogo. Rosario lloraba y a la vez decía: “Su hijo se está riendo, señora. Evita se murió y él se ríe. Se está burlando. Mi madre, con miedo trataba de calmarla: “Es un chico, Rosario. Está con sus juguetes. No sabe lo que pasa. La “patrona” tenía que darle explicaciones a la “sirvienta”. Eso era nuevo en el país”

La comprensión de Hugo Yasky
Escribió en Página 12 del 9 de marzo: “Cómo no emocionarse. Cómo evitar las lágrimas, la piel de gallina, el estremecimiento. Cómo no querer fundirse, abrazarse, rezar, llorar y reír, como ríen los que se saben eternos, en esa marea roja de cientos de miles de venezolanos que en las calles de Caracas le dan el último adiós a su comandante, a su compañero, a su compadre, a su presidente, Hugo Chávez. Porque ahí está Chávez. En ese pueblo dolido, pero inconmovible.

Cómo no ver las transformaciones en favor de los humildes, de los olvidados por la oligarquía que antes de Chávez se quedaba con la renta petrolera, en aquella joven de rostro oscuro y remera roja que golpea dos veces su corazón con el puño cerrado al pasar frente al féretro.

Cómo no encontrar las misiones que llevaron los centros de salud a los barrios más pobres en esa anciana de piel curtida y arrugada que se resiste a dejar su lugar frente al cajón, que intenta dejar una última carta para su presidente.

Cómo no entender a aquella niña de anteojos gruesos y en silla de ruedas que es levantada en andas por dos guardias para que pueda verlo por última vez, si el plan de alfabetización coordinado junto a Cuba hizo posible que cientos de miles aprendieran a leer y a escribir, que los libros fueran tan baratos como comprar un diario.

Cómo no acompañar a todas aquellas madres que se toman de las manos y derraman esas lágrimas sin consuelo, si ellas y sus maridos y sus niños no saben de estadísticas, pero sí aprendieron que en quince años la desocupación bajó a menos de la mitad (del 15 al 7 por ciento), la pobreza extrema se redujo a casi una cuarta parte (del 26 al 7 por ciento) y la informalidad laboral descendió del 53 al 43 por ciento.

Cómo no entender la comunión del ejército bolivariano con el pueblo, su transformación de verdugo durante el Caracazo a ejército antiimperialista y garante de la voluntad popular, al ver a ese soldado que hace una venia histriónica y emocionada frente al cristal que lo separa de su comandante. Y a ese que se persigna. Y a aquel otro que llora. Y al de más allá que no se resigna ante la muerte y la odia, la escupe, la maldice.

Cómo no saber que en los rostros compungidos y al borde del llanto de Cristina, Evo, Correa, Pepe Mujica, Ortega, Lula y Dilma está la unidad latinoamericana que convirtió a Chávez en Chávez y a cada uno de ellos, también, en Chávez. Cómo no distinguir, mezclado entre todos ellos, a Néstor Kirchner.

Cómo no sentir que en estas calles vive la historia de las luchas de América latina. La militancia y la resistencia al neoliberalismo y a las dictaduras genocidas programadas desde el Norte. El rechazo al ALCA, a Bush (el que huele a azufre) y al rey de España (que quiso callarlo con la soberbia del monarca que aborrece la rebeldía del plebeyo).

La construcción de la UNASUR, el ALBA y la CELAC. La mística del nuevo tiempo que vivimos en la Patria Grande.

Cómo no reconocer que aquí existe la fuerza necesaria para seguir, para enfrentar a los escuálidos, a los gorilas, a los cipayos, a las oligarquías de este continente que buscan atarnos al carro del imperialismo.

Cómo no distinguir, en algún lugar de este cielo triste, la sonrisa de Juan Domingo Perón, cuando decía que “para conducir un pueblo, la primera condición es que uno haya salido del pueblo, que sienta y piense como el pueblo”.

Cómo hacemos, ahora, quienes tuvimos la oportunidad de compartir con Hugo Chávez Frías momentos memorables, hechos que nos van a dejar una huella profunda, para no romper en un solo grito: ¡Hasta siempre, comandante! Grito que es desahogo, pero también vida. Compromiso y militancia. Memoria y futuro. Por ahí también está Chávez.”

Los creyentes de buena fé
Lo escribió Eduardo de la Serna, del grupo de “Curas en opción de los pobres de la Argentina”: “Debo comenzar con una serie de sensaciones personales, me parece que es justo: Nunca me consideré “chavista”, había cosas del Comandante que no me “cerraban del todo”: a lo mejor su estilo caribeño, exuberante; a lo mejor cosas que “sabía de oídas”; a lo mejor saber que algún teólogo de la liberación al que respeto enormemente era muy crítico. Sin duda alguna en las elecciones lo hubiera votado; no se me hubiera ni por asomo ocurrido votar a Capriles (no sé cómo puede durar un segundo más en el “Partido Socialista” Hermes Binner…o a lo mejor lo sé, porque también allí estuvo Américo Ghioldi)……. ¡Los pobres están en la calle, llorando! ¡¡¡Listo!!! Para mí está claro, y sin ninguna duda, dónde tengo que estar. Podré no estar de acuerdo con esto o con aquello, pero los pobres están llorando. Y mientras crea que allí estaría Jesús, no tengo dudas. El que nació en un pesebre, se anunció a pastores, predicaba a los pobres, comía con despreciados, elegía desclasados, y lo mataron como a un esclavo, ese no estaría ni en el hotel 5 estrellas de Las Termas, ni festejando en Miami. Estaría confundido con la gente, llorando. Puede ser que a Chávez le hubiera dicho “no peques más”, pero después de haberle dicho “no te condeno”. Y mientras tanto, estaría llorando con los que lloran.”

La imcomprensión eterna
Donde el pueblo comprende que vive “el tecnicolor de los días gloriosos”, el poder percibe la decadencia, el despilfarro, el ascenso temido de los de abajo.

Morales Solá, en La Nación del 8 de marzo descalifica la tarea revolucionaria inconclusa del siglo XIX enarbolada por Chávez como “la vana retórica latinoamericana.” Rivadavia que saboteó la gesta libertadora intentando sacrificarla en los intereses portuarios, no lo hubiera dicho en forma diferente.

El hito histórico del NO al ALCA, consumado con la complicidad notable de Kirchner y Chávez con el respaldo de Lula, un hito de indudable proyección histórica, una batalla de Ayacucho del siglo XXI, para el escriba de La Nación interpreta bajo el título “Néstor, Cristina y Chávez, los trazos de una amistad inexplicable”: “ Kirchner hizo con Chávez cosas de política exterior de una gravedad que su esposa no repitió todavía. La cumbre americana en Mar del Plata en 2005. Uno hizo la cumbre y el otro la contracumbre. Poco después Chávez vociferó desde la Argentina contra Bush. Que estaba de visita en Uruguay. Kirchner ponía el lugar donde Chávez ubicaba su verbo encendido. Eran dos compinches haciendo travesuras de potrero. Pero Kirchner tiraba la piedra y escondía la mano…..Tal vez Chávez le enseño al kirchnerismo cómo fracturar la sociedad, echar jueces y perseguir al periodismo. También es cierto que esas son las recetas irremediables de cualquier populismo.” Bartolomé Mitre, que arrasó con el Paraguay y los caudillos populares no lo hubiera dicho en forma diferente.

Por derecha, Mauricio Macri sostiene: “Esperamos que nosotros no sigamos nada de Chávez” abrazado a La Nación y Clarín y el candidato del Frente Amplio Progresista Hermes Binner sostuvo que en la alternativa Chávez o Capriles hubiera votado por el candidato del poder económico, como si 66 años no hubieran pasado y perpetraría nuevamente los mismos errores de los socialistas juanbejutistas, apoyando a Tamborini- Mosca, la fórmula de la Unión Democrática en las elecciones de febrero de 1946.

Incluso un político que suele hacer algunos aportes interesantes como Rodolfo Terragno, aunque su paso por el gobierno de la Alianza fue de una notable opacidad, escribió en Clarín del 7 de marzo, el medio del cual es cada día es más tributario: “La herencia de Chávez no es una Venezuela más justa ni más independiente”. Su confesión inicial permite entender su tergiversación: “Confieso que no tengo, para escribir sobre Hugo Chávez la necesario objetividad. Lo recuerdo conspirando desde los cuarteles, contra el gobierno democrático que nos salvó la vida. Me refiero al gobierno de Carlos Andrés Pérez…..” El caracazo que fue la respuesta a las medidas de ajuste de su protector ha quedado diluido en su memoria.

Mariano Grondona, el intelectual orgánico e histórico del establishment, en su poca digna senectud, donde los prejuicios reemplazan a los argumentos, escribió en La Nación del 10 de marzo: “El populismo exalta la irracionalidad.”

El miércoles 6 de marzo, en los juicios por delitos de lesa humanidad en Córdoba, el asesino Pedro Vergez se puso a cantar en la audiencia “Viva la muerte de Chávez”.

No estaba solo: muchos hicieron lo mismo en Miami, Caracas y Buenos Aires.

Los gobiernos populares tienen la virtud de desnudar la brutalidad de la derecha, las imposturas de muchas izquierdas y el falso concepto de democracia de muchos progresistas, penetrado del falaz republicanismo de aquellos que sólo lo recuerdan cuando gobierna el populismo.

Hacen oportuna aquella frase de William James: “Un gran número de personas piensan que están pensando cuando no hacen más que reordenar sus prejuicios”

Autor: Sergio

boquense ortodoxo

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