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Argentina: Retrato de la familia judicial

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Daniel Cecchini – http://sur.infonews.com/notas/la-muerte-de-argibay-o-el-festejo-de-la-corporacion

 

El festejo de la Corporación

 

A tres décadas de la finalización de la última dictadura cívico militar, de los tres poderes del Estado, el Judicial es el único que aún mantiene, en su composición y en su funcionamiento, rémoras de aquellos años. No se trata sólo de la permanencia en sus despachos de jueces que tuvieron cuanto menos un papel vidrioso durante los años de plomo sino también de un mecanismo de autoconservación de características que podrían calificarse como dinásticas, mediante la cual se privilegia la integración a la carrera de familiares, socios ideológicos y amigos. Lo que suele llamarse la “familia judicial”, una definición cuya polisemia admite incluso las más oscuras resonancias.

El reciente sobreseimiento por sus propios pares del juez marplatense Pedro Hooft, acusado, entre otras cosas, de cajonear los hábeas corpus de los abogados desaparecidos en “la noche de las corbatas”, en 1977, es una muestra de este funcionamiento. El rechazo, en Salta, del jury de enjuiciamiento al juez Víctor Soria, quien el año pasado intentó impedir la interrupción del embarazo de una niña de 13 años abusada por su padrastro, es otra cuenta de un interminable rosario de autoprotección corporativa. La lentitud con que avanza (¿?) la causa que investiga la apropiación de Papel Prensa por parte de Clarín, La Nación y La Razón utilizando las herramientas del terrorismo de Estado es otra muestra de una balanza judicial que en la mayoría de los casos se inclina hacia el lugar del establishment.

Los ciudadanos de a pie sufren todos los días los efectos del espíritu políticamente conservador e ideológicamente clasista que habita en la mayoría de los despachos judiciales del país, donde se utilizan diferentes varas para medir a los delincuentes de cuello blanco y los ladrones de gallinas (en perjuicio de estos últimos), como tampoco tienen el mismo acceso los pibes chorros que los asesinos que habitan puertas adentro de los countries. Vigilando la arbitraria coherencia de esta manera de administrar justicia, en las paredes de los despachos y de las salas donde se desarrollan los juicios orales suelen abundar los crucifijos.

No es el objeto de esta nota meter a todo el Poder Judicial en la misma bolsa: frente a un núcleo fuertemente conservador, en los últimos años se ha ido desarrollando una incipiente resistencia, encarnada en un nuevo tipo de jueces y funcionarios de convicciones democráticas y fuerte convicción para emparejar la vara de la Justicia.

En ese contexto, la muerte de la jueza Carmen Argibay supone una pérdida notable para Corte Suprema en particular y para el derecho a la justicia de los argentinos en general. Integrante de la Corte de composición más transparente desde la recuperación de la democracia, Argibay representaba –por sí misma– el ala más progresista y democrática de la corporación jurídica. No fue nunca lo que se dice un miembro alineado de la “familia judicial”.

Su nombramiento, propuesto por Néstor Kirchner en 2004 y aprobado por el Congreso el año siguiente, fue uno de los más resistidos por muchos de sus propios colegas, los sectores más reaccionarios de la política y los medios hegemónicos. Como integrante del máximo tribunal solía votar en solitario, para dejar claramente sentadas sus posiciones. Un estudio publicado por el camarista Gustavo Arballo en la página web saberderecho.com, donde analiza 500 fallos de la Corte desde 1984, muestra que, de los integrantes del actual tribunal, era la que menos veces participó de los votos mayoritarios (sólo un 66.23%) y que en el 40.91% de las ocasiones votó sola.

Su muerte plantea, además, un problema para la Corte a la hora de votar los fallos. Argibay no será reemplazada por otro juez en el máximo tribunal. Al contrario, se espera la salida de otro de los jueces para que ésta tenga su conformación definitiva de cinco miembros. Ahora serán seis, un número par que abre la posibilidad de empate. La ley 26.183, de 2006, que establece las cláusulas transitorias que rigen hasta que el tribunal finalmente quede compuesto por cinco jueces, dispone que “las decisiones de la Corte Suprema de Justicia de la Nación se adoptarán por el voto mayoritario de cuatro de sus miembros”. Al no estar previsto ningún mecanismo de desempate, todo indica que los jueces tendrán que evitar esa situación hasta que se produzca la salida de otro de los magistrados. La ley no prevé ni la posibilidad de desempate por parte del presidente de la corte, Ricardo Lorenzetti, ni tampoco la incorporación de un conjuez para resolver en ese caso específico.

Más allá de esta situación temporaria, la muerte de Argibay es una pérdida imposible de soslayar para quienes pretenden una Justicia realmente adecuada a la democracia. También fue motivo de obscenos festejos para aquellos que trabajan para que nada cambie. La perla de la obscenidad a la hora de “informar” sobre su fallecimiento la produjo una pseudoagencia de noticias platense que se dedica a las operaciones periodísticas de extorsión y difamación: “Era lesbiana, abortista y atea. Una joyita”, propaló. Más obsceno aún fue que la definición haya sido celebrada, incluso con risas, por no pocos despachos judiciales.

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Autor: Sergio

boquense ortodoxo

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