Espacio de Sergio

Sitio de opiniones, noticias y música

Sobre Kirchner y los juicios a represores de la dictadura

Deja un comentario

Alberto Daneri – http://www.elortiba.org/notatapa7.html

 

 

El tiempo pasa. Jóvenes y adultos olvidan. El lector no debería olvidar: lo que nos mantiene orientados y alertas, es memorar nuestra historia.

Todo artista vive obsesionado por la máscara que el ser humano lleva adosada a su alma. Ella protege a aquel niño desvalido que aún vive y respira en su interior. Lo mismo ocurre con los demás. A causa de los desaparecidos y su destino, hubo décadas de llanto, angustia y dolor.

Ante dos recientes amenazas de bomba al espacio de la ex ESMA por parte de grupos antidemocráticos ayer usurpadores del poder, que hoy buscan enturbiar las elecciones para ganarlas mientras acusan cínicos de revanchista y sesgada, a la lucha desde hace 38 años por recordar y lograr justicia de las organizaciones de los DD.HH, cabe la reflexión.

Dicen estar “hartos de los 70” y “aburridos del tema”. Quieren cerrarlo. Atención: pues ahora intenta EE.UU en el Ecuador, un “golpe blando”.

¿Por qué? Porque el motivo del genocidio de la dictadura cívico militar no fue sólo eliminar a la disidencia política. Eso es la mitad del pastel. La verdadera razón era instalar un gran sistema de “profit” (ganancia).

Y el Proceso, como escribimos hace años, triunfó en ambos terrenos. Sus alumnos –los privatizadores estilo Menem- siguen aún al acecho. Lo explicaremos en otra ocasión. Se asombrará de lo que descubrirá.

Hace medio siglo señaló Mc Luhan que, por medio de la violencia, el hombre halla su identidad. Terrible. Y cierto. A veces es una violencia justa, para independizar a un país de una invasión o de una dictadura.

Los medios ocultan que la iniciaron quienes reprimieron al peronismo por 18 años desde 1955. Le adjudican el inicio a otras Organizaciones.

En cambio, para Norman Mailer el motivo no importa: somos personas alienadas y tenemos dentro de nosotros lo bueno y lo malo. Quizás. La inusual violencia del Proceso (1976-83) contra los propios ciudadanos, no tuvo parangón en Argentina. Quizás aquella impartida por Mitre y la Triple Alianza en la guerra contra el Paraguay –al matar a un millón de paraguayos- se le asemeje. El desdén que se aprecia en alguna gente joven respecto al Terrorismo de Estado, obliga a repensar los hechos.

Para que las futuras generaciones comprendan el heroico valor de las decisiones que tomó desde 2003 cierto Presidente, Néstor Kirchner, buscando hacer realidad estas banderas: Memoria, Verdad y Justicia.

Se ha condenado recientemente al primer juez que intervino de modo directo en actos delictivos en el Proceso, una de las más sangrientas dictaduras en América Latina. Otros jueces están siendo juzgados por mal desempeño en causas de violaciones a los Derechos Humanos.

Al contextualizar y evaluar acciones para preservar todos los Derechos Humanos y con ellos la igualdad social, muchos se remontan al inicio de la actual democracia. Es un error. Quienes armaron el primer Juicio a las Juntas en 1985 se atribuían más méritos de los que han gestado.

Hubo algunas diferencias con el juicio de Nuremberg. En Argentina, la relación de fuerzas estaba inclinada todavía a favor de unas Fuerzas Armadas prepotentes, que si bien habían entregado el poder político (forzadas por la derrota en Malvinas) pretendían retener el poder real.

Por ello, presionaban mediante los “carapintadas” y los civiles afines a la dictadura. Se exhibían amenazantes y sin esconderse. Hoy lo hacen desde las sombras. Alemania: tras condenar en Nuremberg a 16 de la cúpula y más tarde a otros 120 de cargos menores, fueron los Aliados (con excepción de la U.R.S.S, que perdió en la guerra 20 millones de soldados y civiles) quienes decidieron terminar los juicios para tener a Alemania de su lado en la Guerra Fría, tras el discurso de Churchill en el Congreso de EE.UU en 1947. Allí acuñó la frase “cortina de hierro” para referirse a Rusia y su dominio en el Este e inició el Macarthysmo.

1985. El gobierno de Alfonsín condenó en Juicio a las Juntas militares del Proceso, congelando la acusación a sólo mil víctimas, cuando se intuía que los desaparecidos sumaban de 15 a 30 mil. Mediante una maniobra, los mandos inferiores quedaron exentos. Sólo “obedecían”.

Por presiones de las Fuerzas Armadas, de los medios hegemónicos y de las corporaciones unidas al régimen, no emitieron por radio o tevé ninguno de los testimonios de los sobrevivientes. Apenas se ofrecía un breve resumen, sin sonido, de 23.30 a 23.45 hs. por el 7, canal oficial.

Juicio opaco. La mayoría de la gente ni se enteró, siguió creyendo que los militares “salvaron la patria” de la guerrilla. No llegó al pueblo llano.
Esa deferencia, facilitó levantamientos de los “carapintadas” exigiendo más prebendas; culminados en 1987 con el de Semana Santa. Pueblo en Plaza de Mayo. Alfonsín lo contuvo con un absurdo: los levantados antidemocráticos eran “héroes de Malvinas”. Ante el complot, el Gral. Alais llamado a reprimir nunca llegó. Y Alfonsín dijo “Felices Pascuas”.

El “golpe” lo inició la huida (para no ser detenido) de un “héroe”, Nabo Barreiro, a Córdoba. El tiempo revelaría que no era un héroe, sino un duro represor y torturador. Los medios hegemónicos -en especial “La Nación”- continuaban elogiando el accionar de estas F. A. contra “la subversión”, y pese a la Conadep surgió la precaria teoría de los “dos demonios”. Dos culpables iguales: uno detentando toda la fuerza del Estado, y otro errado en sus métodos, pero sin poseer fuerza alguna.

Para evitar revelar que el país había sufrido un Terrorismo de Estado.

El fiscal del Juicio, Strassera, parecía un gran ejemplo civil; pero todos ignoraban que en la dictadura había negado hábeas corpus. También que los que juzgaron a las F. A. fueron funcionarios judiciales durante ese Proceso. Con su proceder, algunos de ellos reflejaron en los años posteriores, su pensamiento. En esa época, charlando con Strassera, asombró su defensa del Radicalismo. Y la lógica posición de derecha.

Similar a la de su colaborador el fiscal Moreno Ocampo reiterando que su madre le reprochaba juzgar a sus amados militares. Luego, ambos siguieron una exitosa carrera: Strassera con un alto cargo en Suiza, y Ocampo- tras fundar el elitista Poder Ciudadano- también en Europa.

Cuando un grupo de izquierda trotkista (engañado) copó el cuartel de La Tablada, los militares les pasaron tanques por encima, y a tres de los atacantes que se entregaron vivos, los “desaparecieron”. A pesar de ello, Alfonsín hizo un pacto refrendando uno previo con el teniente coronel Aldo Rico y allí CESARON las críticas a esa dictadura. Luego, por errores económicos, Alfonsín debió irse del poder 6 meses antes.

Y realizó otro pacto con un nuevo presidente, Menem, para otorgarles el perdón a los militares. Por demorarlo, Menem tuvo en 1990 el cuarto alzamiento. Que por primera vez reprimió un Gral: Balza. Los militares, habituados a la cautela alfonsinista, se replegaron temerosos. Menem les otorgó a sus cúpulas y a Montoneros un indulto similar en 1989/90.

A los últimos, por financiar su campaña con 2 o 3 millones de dólares. Los jefes con 60 millones de dólares del secuestro de los Born, vivían bien sin ayudar a militantes. Los enviaban a “desaparecer”. La cúpula montonera estaba infiltrada, probó Martin Andersen en su libro Dossier Secreto. ¿Bunge & Born? Una ficha de cada empleado y su ideología.

Si bien en 2000 el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) hizo un reclamo judicial para declarar inconstitucionales aquellas leyes de impunidad, fue Néstor Kirchner al asumir la presidencia quien pateó el tablero y decidió en 2003 que el Congreso anulara las leyes de Punto Final y Obediencia Debida. Así, algunos jueces comenzaron a declarar inconstitucionales los indultos debidos a crímenes de lesa humanidad.

Todo ello ha crecido. Se sentó en el banquillo de los acusados no sólo a los ejecutores, sino incluso a varios instigadores. Con suerte diversa. Algún empresario salió fácilmente. Si bien ciertos condenados tienen, por la edad o problemas de salud reales o ficticios, prisión domiciliaria, y otros cumplen la condena en cuarteles militares donde son tratados con su histórica delicadeza, lo real es que el ex Presidente N. Kirchner inició un cambio sustancial en el país, que refrendaría esta Presidenta.

Algunos párrafos de nuestro Prólogo a la edición en España en 2011 de los discursos presidenciales de Néstor Kirchner: “Ideología son los valores a partir de los cuales uno edifica su visión del mundo. Aunque Montaigne enseñó a dormir sobre la almohada de la duda, Kirchner ya cavilaba, como Tocqueville, no en una sociedad de individuos sino en una comunidad de iguales. Por ello, desde joven, apoyaba a los de abajo”. (…)

“El día que asumió el poder (25-05-2003) tras decir: “No se dará pliego de ascenso a ningún militar comprometido con la represión”, pasó drásticamente a retiro a 27 generales, 13 almirantes y 12 brigadieres”. (…) “Concluye en la Argentina una forma de hacer política y un modo de cuestionar al Estado.” (…) Debe recordarlo al votar, este año 2015.

“El 24 de marzo de 2004, al conmemorarse un aniversario del fatídico golpe de Estado de 1976, Kirchner, en un gesto que destacaron los diarios del mundo, le ordenó al Jefe del Ejército descolgar del Colegio Militar de la Nación los retratos de los dictadores Videla y Bignone. Luego aseveró: “Nunca más, nunca más tiene que volver a subvertirse el orden institucional en la Argentina. Es el pueblo por el voto y la decisión de él mismo, quien decide el destino de la Argentina.” (…)

Un esperado fallo de la Corte Suprema el 14 de junio de 2005, apoyó esas medidas al declarar la inconstitucionalidad de ambas leyes, pues impedían juzgar a los represores. Las declararon contrarias a nuestra Constitución Nacional e incompatibles con la Convención Americana sobre Derechos Humanos y al pacto de Derechos Civiles y Políticos de las Naciones Unidas. Así empezó la ruta para que avanzaran las investigaciones, por años silenciadas, sobre el Terrorismo de Estado.

Como si viviera Rousseau, autor del “Contrato social” en el siglo XVIII, según la Corte Suprema de Justicia, los juicios por crímenes de lesa humanidad son “parte del contrato social de los argentinos”. También lo integran, por acuerdos firmados con otros países latinoamericanos, los derechos de los extranjeros que habitan este suelo. A partir de ese momento, negarlos no sería un medio justo para arribar a un fin justo.

Del Prólogo: “El Día del Ejército (29 de mayo de 2006) certificó esos criterios al proclamar ante cientos de uniformados: “Que quede claro. No tengo miedo ni les tengo miedo”. Nunca antes un presidente civil se había atrevido a hablarles así. “

“En 2006, tras abolirse por resolución del Poder Ejecutivo y la Justicia las leyes de impunidad, se reabrieron los juicios por la Verdad. Y tras seis años de esa fecha y 35 años del golpe militar, están abiertos ocho juicios orales; siete más, a 7.140 personas, se inician en 2011. Fueron imputados 1707 militares en causas ligadas al Terrorismo de Estado y a 856 se los procesó por torturas, desapariciones y robos de bebés. (…)

“Ese ideario lo avaló en marzo de 2011 la Presidenta Cristina Kirchner al aseverar, como otras veces: “Sin justicia no hay libertad”.

Lo que es cierto y pocos admiten, es que siempre son los vencedores, quienes juzgan a los perdedores. Pasaron 40 años y nadie se atrevió a juzgar a EE.UU por los dos millones de muertos en Vietnam (mujeres y niños incluidos) frente a sólo 58 mil bajas suyas. O por los cientos de miles de muertos en Irak. O a Israel, por matar a los civiles palestinos.

La excepción fue la Argentina en 2003. Cuando rodeado y asediado por los poderes fácticos, Néstor Kirchner, un vencedor con sólo el 22 % de los votos (es decir, un simple “perdedor”) realizó lo que un video suyo de 1983 reveló que haría: ordenó empezar a juzgar a represores.

 

LA SIMILITUD CON EL JUICIO POR AUSCHWITZ
Un film alemán con hechos reales, “La conspiración de silencio” (Giulio Ricciarelli, 2014) sobre la gran dificultad para juzgar a criminales nazis en su país, analiza el silencio y la protección social de la cual gozaron durante años, tras el fin de la Segunda Guerra (abril 1945). Desde ese Juicio de Nuremberg en 1945/46, hubo otros pocos, decididos por una fuerza vencedora: los Aliados. ¿Y qué hicieron después los alemanes?

Callaron. Así como Ernesto Sábato dijo con verdad en el libro “Nunca más” que aquí la “dictadura produjo la más grande tragedia de nuestra historia, y la más salvaje”, y la tildó como “crimen de lesa humanidad”, sostuvo que la Argentina de 1985 era el único país que juzgaba a sus Fuerzas Armadas. No era cierto, según este film: hubo un juicio previo.

Pero antes, instituciones alemanas y miembros del Estado encubrieron a los criminales nazis durante 18 años. Pocos en su país sabían sobre los campos de concentración. Y los breves pantallazos históricos que aludían a la matanza de los judíos, los creían “propaganda occidental”.

Cuando un joven fiscal –en la vida real, Joachim Kugler- con su padre desaparecido en el frente ruso, decide averiguar qué había ocurrido en esa guerra, verifica en 1960 que la sociedad piensa que los soldados, hicieran lo que hicieran, “cumplían su deber”. Un periodista lo increpa por no saber qué significa el Holocausto. Comienza a investigar más.

Sus compañeros del Poder Judicial lo evitan, haciéndole un vacío. En medio del Milagro Alemán –por ayuda del plan Marshall de EE.UU- el fatal Silencio. Dado que el resto de los fiscales conoce bien la verdad –participaron de la guerra, de una forma u otra- callan y se burlan de la inocencia del fiscal: “Pareces aliado al enemigo”, dicen. Sin embargo, el Fiscal General Fritz Bauer –exiliado en Suecia en el nazismo- al ver que por su edad el fiscal carece de antecedentes nazis, lo elige para reunir pruebas contra los 8.000 soldados que pasaron por Auschwitz.

Así el joven fiscal se entera de que en Alemania existe una ley, nunca escrita: todos los fugados del país son intocables. ¿Quién lo ordenó?

El film omite que fue un presidente de EE.UU, Harry Truman, quien a pedido del Pentágono, firmó en 1948 el perdón a diez mil criminales de guerra nazis y contrató a algunos para colaborar contra el comunismo. A otros –como el científico Von Braun- les redujo la pena y los integró a los proyectos atómicos y de cohetes, con los que viajarían a la Luna.

Desde Frankfurt, el fiscal descubre una siniestra madeja. Se entera de lo que fue el Holocausto. Y de que su padre también era nazi, lo cual lo desmorona en el alcoholismo. La madre le aclara que todos debían afiliarse, para ascender. A la pregunta del Fiscal General: “¿Podemos probar algo? ¿Hay víctimas vivas?”, militares de EE.UU que controlan los archivos en Frankfurt, se oponen a colaborar: “Nadie le ayudará”.

Obligados a abrirlos, aclaran: “Hay expedientes sobre diez millones de nazis. Esos idiotas anotaban todo”. ¿Sospechosos? Todos. ¿La idea? “Los soldados no son responsables”. Aquí igual. En 40 años, no hubo habilidad –¿o interés?- para hallar a un arrepentido y PERDONARLO si daba las listas de desaparecidos y 400 niños apropiados que faltan.

Una de las víctimas acota algo aplicable a la Argentina: “A este país le gustan las historias bonitas, no la verdad”. El fiscal visita a victimarios, ahora empleados eficientes, buenos con los niños. No lo puede creer.

Todos le niegan apoyo: “Es propaganda, los vencedores inventan esas historias”. Otro fiscal lo increpa: “¿Quiere que todos los niños del país se pregunten si su padre fue un asesino?”. Él demuestra su asombro cuando una de las víctimas, reacia frente a una justicia ciega durante 18 años años, le espeta: “Asesinaron a cientos de miles de hombres, mujeres y niños”. Bauer lo apoya: “Los alemanes deben conocer los crímenes que cometieron estos hombres, supuestamente normales”.

Pensemos en la Argentina. ¿Cuántos jóvenes muy entretenidos con su juguete (el celular) ignoran que en la dictadura –amén de tirar al mar a hombres y mujeres semidormidos y desnudos y volver a la base aérea donde un cura los bendecía- los oficiales violaban a ciertas detenidas, o llevaban a algunas a cenar y bailar antes de matarlas (como relata el libro “Putas y guerrilleras”, de dos secuestradas conocidas), les ponían a otras ratas en la vagina, robaban pertenencias de los secuestrados –hijos, casas, autos, tele- y sus esposas seguían recibiéndolos cada día con un beso sin preguntar nada mientras ascendían económicamente?

Cuando ese fiscal descubre que el máximo criminal–el médico Joseph Mengele, por su tétricos experimentos con niños, a los que torturó con sadismo- y Eichmann, viven aún en 1960 en Buenos Aires (cinco años después de la caída de Perón), con pleno conocimiento de las fuerzas policiales y militares argentinas, intenta capturar a Mengele al volver a visitar a su madre en su lujosa casa alemana, pero no lo logra. Firma la orden de extradición. Pero la policía alemana ríe, la tira a la basura.

El complot de silencio y apoyo existía en Alemania como en Argentina. Aquí porque la derecha, disfrazada de liberal, es racista contra todos.

En tanto Mengele huye a Paraguay, Eichmann sigue trabajando como falso obrero, protegido en una gran empresa alemana. El fiscal informa a los israelíes la orden de extradición, pero le dicen –conocen el paño- que intentarán ellos. Y en 1960 secuestran a Eichmann. De Argentina.

Tras lo revelado por sus interrogatorios y el juicio en Israel, publicados luego en “Eichmann por Eichmann” libro que leímos y del que militares argentinos extrajeron excusas para sus juicios, lo ahorcaron en 1962.

La filósofa judía Hanna Arendt citó a Eichmann en su libro “Eichmann en Jerusalem” como el prototipo obediente de un hombre común. Esto escandalizó a los judíos, y más su concepción sobre la “banalidad del mal”. Pero Eichmann no era común: tuvo odio, sí. E ideología y poder.

Si bien el joven fiscal Kugler es tentado por grandes empresarios para no llevar a cabo el juicio y lograr un buen cargo privado (“¡Deberías ser gaseado!”, le grita un acusado), logra iniciar el juicio por Auschwitz en 1963, 18 años después de la guerra. Rara coincidencia con Kirchner: promueve los juicios actuales en 2003, a 20 años del ocaso dictatorial.

Aquel juicio, el mayor de la historia en la República Federal (RFA) sólo logró hacer comparecer a 19 de los guardias de Auschwitz, que en los 20 meses del juicio no mostraron arrepentimiento alguno. Contaron su padecer 211 sobrevivientes, y la excusa de “obedecer y cumplir con el deber” para cubrir tamaña impunidad, la anularon dos casos: el de un testigo al que, por mirar a la cara a un oficial SS, le arrancaron un ojo.

Y el de una madre recién arribada: previo a enviarla para ser gaseada, un SS juzgado, le arrebató su hijito y le destrozó la cabeza contra una pared. Fueron condenados 17 de los 19 juzgados. El juicio marcó un hito en esa sociedad y los crímenes no pudieron seguir silenciándose.

Esto NO lo certificamos en 1969, al visitar y filmar con Súper-8 muda (años después lo sonorizamos, con Bach) el campo de concentración de Dachau. Porque no hallamos, en la célebre cervecería de Munich que frecuentó Hitler antes de 1933, ni una persona admitiendo saber que ese campo está a sólo 13 Km. de la ciudad. Se hacían los tontos.

Aunque políticos e intelectuales, criticaron el secuestro de Eichmann y el presidente Frondizi protestó airado y dijo que lo hubiera extraditado, ello no era verdad. ¿Mandaba? Tras la golpista Revolución Fusiladora (1955-58) que derrocó a Perón, Frondizi soportó 32 minigolpes desde 1958 a 1962; cayó y vino otra dictadura –disfrazada con la presidencia de Guido- y luego, tras la semidemocracia de Illia (1963-65), surgió la dictadura de Onganía seguida por otras dos, de Lanusse y Levingston.

(Un paréntesis aclaratorio. Numerosos libros critican a Perón por dejar entrar a –pocos- asesinos nazis y croatas. De algunos, fueron autores personas de clase alta –como Uki Goñi- que lo odian, y olvidan adrede -no censuran a los norteamericanos con miles de colaboradores nazis- que todos entraron con pasaporte del Vaticano, y que Perón NO podía saber en 1946/47 quién era Mengele. Ni los alemanes intuían su tarea en los Campos. Pero sí los golpistas tras 1955. Aquí vivían tranquilos. El mundo ya los buscaba, pero a Aramburu y Frondizi nadie los critica.
Como EE.UU., Perón utilizó a los alemanes. Atrajo a científicos y ases para instruir a los pilotos. El científico austríaco Richter no consiguió la energía atómica en la isla Huemul: eje de burlas, era saboteado. Pero si uno no intenta, no erra. EE.UU. llevó a científicos –ingleses, etc- que no lograron nada y los echó. Conseguir la energía nuclear no era fácil.
Perón quería energía pacífica, como Robert Oppenheimer, creador de la bomba. Arrepentido, se opuso al uso, y fue condenado por “desleal”. Lea el juicio en la obra “El caso Opphenheimer” de H. Kipphardt, 1966.
Aquí vinieron soldados nazis como Otto Skorzeny –fue quien rescató a Mussolini del monte Sasso con un pequeño avión en histórica hazaña- o dos pilotos con un record de abatidos, Adolf Galland y Hans Rudel.
De los tres leímos sus memorias. Skorzeny luchó en Rusia y elogia el coraje ruso. Galland derribó aviones, no mató a civiles como Israel al bombardear a palestinos. Nunca los acusaron de crímenes. Ni leemos jamás loas a Perón por miles de inmigrantes judíos venidos tras 1945.
Desde la guerra llegó gente de todos los países. Argentina fue la tierra de promisión. Lo narra el film italiano de 1949 “Inmigrantes”, que filmó aquí el actor y director italiano Aldo Fabrizi. Por ello eligió a este país.
Cerrando el paréntesis, Perón logró que el ingeniero alemán de diseño Kurt Tank realizara los Pulqui I y II. El último superaba al Mig 15 ruso y era en ese momento el segundo avión de caza más veloz del mundo.
Al ser un avión en proyecto, cayeron algunos. Caído Perón, el dictador Gral. Aramburu preguntó a Tank cuánto tiempo aún le faltaba para ser seguro. Respondió: “Dos años”. Prefirió despedirlos, comprar aviones a EE.UU y entrar al FMI, lo cual eludió Perón. Lo reiteramos, para que el lector no olvide quiénes lo metieron en ese baile de la deuda eterna. Por supuesto: del Pulqui nunca más se preocupó algún otro gobierno).

Como otros Campos, Auschwitz estaba en Polonia. Certifica la trilogía “Shoah” film de 9 horas, que los polacos fueron y son católicos y quizá indiferentes al dolor de víctimas judías. No testimoniaron en ese juicio.

El polaco fue quizá el pueblo que más sufrió en Europa: las invasiones rusas durante siglos, la masacre soviética en 1940 de 22 mil oficiales, intelectuales, policías y civiles en los bosques de Katyn -la adjudicaron a los nazis- la ocupación alemana, y luego la soviética cuatro décadas.

Ruin, su gobierno comunista dedicó en la posguerra un solo pabellón para judíos en Auschwitz y convirtió al Campo en un gran monumento patriótico de los polacos muertos entre 1939-42, antes que los judíos.

El film sobre Jean-Marie Lustiger (“El cardenal judío”, 2012), niño judío de 14 años que se hizo católico al inicio de la guerra (para salvarse) y cuya madre murió gaseada en Auschwitz, narra que abrazó la fe, llegó a ser Arzobispo de Paris y tuteaba a Juan Pablo II. Pero nunca dejó de lado su raigambre judía. Según el film, en Polonia –la refleja bastante antisemita- el término Holocausto era tabú, incluso en 1985. Su pueblo ignoraba que Auschwitz, había sido el escenario de la mayor matanza.

Dado su odio al comunismo, el Papa instaló en Birkenau (la sección de los judíos) un convento de monjas, con la excusa de que rezaban por todos. Esto originó la furia de Israel y de los judíos de todo el planeta.

Pues es sabido que allí fueron eliminadas 1.100.000 personas, el 90 % de ellas judías. Fue Lustiger, de fuerte carácter, quien ya consejero de Juan Pablo II, se ocupó de negociar secretamente con Israel el cierre del convento. El Papa no cumplió lo pactado. Frente al duro enojo del cardenal, accedió finalmente a cerrar aquel convento poco antes de la caída del Muro de Berlín en 1989, que para el Papa fue un real triunfo.

Algo no previó: colocó al mundo -sin un rival del Neoliberalismo- en las manos del más cruel Sistema, al que denominaremos Ultracapitalismo. Donde 3.400 millones de seres viven con menos de 2 dólares al día y 700 millones padecen indigencia. Hoy Argentina se libró de esa plaga.

CONCLUSIÓN MOMENTÁNEA
En 1971 escribimos el cuento “Los años de plomo” (libro “Matanzas y melancolía”) sobre un torturador que en el resto de sus días parece un hombre normal: la “banalidad del mal”. Escrito en primera persona, las palabras revelan inconscientes, su crueldad. Basado en hechos reales desde 1960 y la dictadura de Onganía. Libros brasileños nos otorgaron generosos, el mérito de haber creado dicha expresión, luego difundida.

 

Volviendo al Prólogo a los Discursos de Néstor Kirchner, esperemos que durante el próximo gobierno, del signo que fuere, la Corte respete leyes y fallos de estos años, dado lo que recordamos allí: (…) “Según el titular de la Corte Suprema, Ricardo Lorenzetti, estos juicios son “la principal experiencia a nivel internacional en materia de investigación en causas por delitos de lesa humanidad”. Mérito de Néstor Kirchner”.

El Che citaba, como testigo, a “las ruedas de la historia”. La marca de tu pie se borró en el polvo, Néstor, pero el paso gigantesco que diste quedará impreso en la memoria del tiempo. Para siempre e indeleble.

Autor: Sergio

boquense ortodoxo

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s