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La dictadura cívico-militar fue también eclesiástica

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Ramón Ábalohttp://la5tapata.net/la-dictadura-civico-militar-fue-tambien-eclesiastica-lo-aparente-torpe-de-cobos/

 

La dictadura civico-militar fue también eclesiástica. Lo aparente torpe de Cobos

 

La dictadura no fue solamente militar. Desde hace ya unos cuantos años justificadamente desde los organismos de derechos humanos y de otros ámbitos se incorpora, con toda legitimidad ideológica e histórica, lo de también cívica. La prepotencia institucional -ejército, marina, aeronáutica- en la superestructura del Estado burgués, y el orgullo de clan, se les viene abajo a los genocidas entorchados al comprobarse que solamente fueron vasallos y cumplidores de objetivos del poder real, el económico, el financiero, el de los monopolios, del poder ideológico del imperialismo yanqui y la Europa central. De los civiles. Y de la corporación eclesiástica, como lo señaló con firmeza el ministro de Desarrollo y Derechos Humanos de Mendoza, Cristian Bassin. Más que claro, ideológica  e históricamente, entonces el genocidio es militar, civil y eclesiástico.

 

En nuestro haber militante de derechos humanos tenemos conceptos públicos y afirmativos en la escritura de haber puesto en la picota del genocidio a las cúpulas de la iglesia católica. Ello se nota en un capítulo de nuestro libro EL TERRORISMO DE ESTADO EN MENDOZA (1a. edición 1997), y que titulamos MONSEÑORES FACISTAS, y decimos: “El gobierno de Isabel protestaba, a comienzos del año ’76… ante el nuncio Pío Laghi, por las declaraciones del Obispo de La Plata, monseñor Antonio Plaza, criticando la situación y atacando a todo el gobierno. Decía: “…la crisis es económica y social, pero también política y moral. El gobierno -acusaba- ha marchado a la deriva expuesto a la improvisación  y a la impavidez de sus dirigentes. La ausencia de autoridad y el mal ejemplo desde arriba fomentan el desorden y el peculado. Pocas veces se ha visto un espectáculo tan impúdico de corrupción en los poderes públicos. El delito es común, los raptos y los asesinatos son secuelas de la inmoralidad institucionalizada”.

 

Al referirse a las FFAA, afirmaba fervoroso: “…han asumido la peligrosa y abnegada misión de combatir la subversión y de dar una imagen de autoridad ante la falta de ella a los círculos civiles…” Este sacerdote -en verdad, sacerdote de las tinieblas- fue quizás el mayor apologista de los genocidas militares, a quienes santificaba a diario, con cada acto represivo, con cada rapto o asesinato de un militante popular.

 

No le iba a la zaga monseñor Victorio Bonamín, capellán de las FFAA, quien afirmaba para el Día de Reyes, el 5 de enero de ese año nefasto: “La Patria rescató en Tucumán la grandeza mancillada en otros ambientes, renegada en muchos sitios, y la grandeza se salvó en Tucumán por el Ejército argentino… Estaba escrito, estaba en los planes de Dios que la Argentina no debía perder su grandeza, y la salvó su natural custodia, el Ejército…”

 

Pocos, muy pocos, fueron los sacerdotes, como el Padre Angelelli en La Rioja, que enfrentaban antes y después del golpe a la represión o el terrorismo de Estado. Ello le costó la vida a manos de las fuerzas de seguridad, según pudo quedar en claro varios años después de su asesinato, presentado  como un accidente automovilístico… En Mendoza , curas como el padre Jorge Contreras y el Macuca Llorens. También hubo pastores de la Iglesia protestante, como el pastor Ernesto Nielsen y la pastora Alieda Verhoeven fundadores en Mendoza del Movimiento Ecuménico. 

 

Cobos siempre borró con el codo lo que firmó

Como aquel “mi voto no es positivo”, que documentó otra traición  a la lealtad política, salió, a mediados  de la semana pasada, a demonizar el señalamiento por MEMORIA, VERDAD Y JUSTICIA que hemos realizado los organismos de DDHH, especialmente en el Liceo Militar Gral. Espejo. En ese caso a tono con las protestas de padres de niños y jóvenes que asisten a esa institución educacional con tintes cuarteleros. Precisamente que él firma también, siendo todavía vicepresidente, la ley N° 26691, que determina el señalamiento de los sitios donde funcionaron centros clandestinos de detención, torturas, muerte y desaparición forzosa de personas, como lo fue el Liceo. Para muchos, estas posiciones de Cobos aparecen como torpezas políticas. No son tales y son parte del juego de la contra para su objetivo primero y último: la desestabilización del gobierno cristinista.

 

Los Cobos no son torpes, son de los cumplidores de la obediencia debida a los poderosos locales y del mundo.

Autor: Sergio

boquense ortodoxo

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