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El ejercicio del “cambio”

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Hernán Letcher, Julia Strada y Leandro Ziccarelli *- http://hamartia.com.ar/2015/11/12/el-ejercicio-del-cambio/

 

Los análisis que preanuncian la aplicación de un ajuste por parte de Mauricio Macri, en caso de triunfar el 22 de noviembre, están lejos de la exageración. Se trata del resultado que se obtiene de realizar una aplicación integral de un conjunto de medidas planteadas por dicho candidato y por el equipo económico del frente Cambiemos. Mostrando la interrelación entre las distintas variables, a continuación enunciamos los primeros pasos en materia económica que adoptaría dicho espacio político frente a una eventual victoria en el ballotage.

 

1) Devaluación. El objetivo esgrimido es la mejora de la “competitividad” del país en relación a las devaluaciones de Brasil y otros socios comerciales. Hace sólo unos días, Rogelio Frigerio indicó que “la competitividad está por el piso”, sosteniendo al igual que Prat Gay y Melconian, que el tipo de cambio debería acercarse a los $16, valor similar al dólar ilegal en la actualidad. MartinLousteau directamente dio por descontada la devaluación, agregando que “… no va a ser culpa del que venga sino del que se está yendo”. En este marco, vale la pena considerar:

i) La “necesidad” de devaluar se sustenta en una visión ficticia de la competitividad, que se basa en la alteración del tipo de cambio como mecanismo de estímulo exportador. Tal análisis oculta que el desempeño externo no depende estrictamente del abaratamiento ficticio vía devaluación de los productos, sino que depende del nivel de la demanda mundial, estancada desde hace rato por efecto de la crisis internacional. Es decir, como dijo Diamand en 1974, la devaluación no genera per se dinamismo en las exportaciones. Basta ver que en Brasil la disminución del tipo de cambio no pudo detener la caída de las exportaciones: los valores exportados por Brasil cayeron un 17 % en relación al 2014 y la inflación alcanzó su marca más elevada de los últimos 12 años (10%). El mismísimo diario Clarín, que suele titular a favor de devaluar para ser competitivo, ratifica que en Brasil “la devaluación del real frente al dólar, de casi 32% desde inicios del año, no produjo el efecto “reactivador” esperado por la vía de las exportaciones, donde las ventas de bienes brasileños al exterior siguen en picada: registraron una caída de 4%” (04/11/2015).

ii) Si la alteración del tipo de cambio apunta a generar divisas a través de la mejora del saldo de la balanza comercial, vale precisar cuál ha sido, en el caso argentino, la causa de la reducción del superávit comercial en los meses recientes. Al igual que en el conjunto de América Latina y países del Caribe, ha tenido impacto negativo la caída de los precios de los commodities a nivel global producto de la crisis internacional: en 2015 el déficit comercial para América Latina y el Caribe ascendería a 67.860 millones de dólares, cuando el rojo había sido de 29.668 millones en 2014 y de 3.781 en 2013, según Datos de Cepal. Para Argentina, con un sencillo cálculo que multiplica el precio internacional de los productos exportados de los primeros 8 meses de 2014 por las cantidades exportadas en el mismo período de 2015, el valor de las exportaciones argentinas hubiese superado en 13.204 millones de dólares al actual. Los precios internacionales no dependen de las medidas locales, e incluso, con cantidades exportadas constantes, la medida de devaluar en función de la caída de los precios internacionales no logra aumentar en términos absolutos el ingreso de dólares.

iii) Si bien la devaluación podría mejorar el resultado de la balanza comercial a través de la reducción de las importaciones, el efecto del aumento de los costos de insumos importados actuaría de manera claramente recesiva.

iv) Aunque deliberadamente se oculte, la principal consecuencia de la devaluación se expresa en una transferencia de ingresos del trabajo al capital: su efecto es una redistribución regresiva de ingresos desde los trabajadores (que perciben ingresos fijos) hacia los empresarios particularmente exportadores (dado que significa una reducción del costo salarial medido en dólares y una multiplicación de sus ganancias dado que perciben ingresos variables). La caída del salario real además reduciría el consumo, por ende la producción y sumaría presiones al nivel de empleo. Esto es coincidente con las declaraciones de Melconian, quien señaló la imposibilidad de seguir modificando los ingresos nominales: “ya no se pueden subir más sueldos y jubilaciones” (04/11/2015) y a las declaraciones de Espert: “las paritarias son un concepto absolutamente fascista, el Estado no tiene por qué meterse” (27/07/2015).

 

Si las explicaciones teóricas no son suficientes, basta revisar los impactos de las devaluaciones acompañadas de paquetes de ajuste en la historia argentina:

• Rodrigazo: La devaluación en 1975 fue del 719%. Los tarifazos y la inflación hicieron mella en el salario real y llevaron a la caída de la participación de los trabajadores en el ingreso del 48,5% al 45%, la cual se profundizó con las políticas de la dictadura de congelamiento de salarios y liberación de precios de mayo de 1976, reduciendo dicha participación de los trabajadores al 30,4%.

• Crisis de 1981: la devaluación durante 1981 fue del 226%. Entre 1980 y 1981 el desempleo pasó del 2,6% al 6% y los asalariados perdieron 6,8 puntos de su participación en el ingreso (de 29,4% a 22,6%).

• Hiperinflación de 1989: la devaluación llegó al 2038%. En función de las medidas implementadas, el desempleo pasó del 5,7% al 7%, y el subempleo de 7,4% al 8%; la pobreza aumentó del 32,3% al 47,3% y la indigencia del 10,7% al 16,5%. La participación de los asalariados pasó de 29,4% a 26,7%.

• Fin de la Convertibilidad: la devaluación a principios de 2002 fue del 214%, y se acompañó de la pesificación asimétrica. El salario real cayó un 30%, la pobreza se elevó al 54% y la indigencia al 30%. La participación de los asalariados en el valor bruto de producción cayó del 38% al 31% y la desocupación se elevó al 22,5%.

 

Transferencia de ingresos

La contracara de la devaluación es una brutal transferencia de ingresos hacia los exportadores concentrados. Sólo considerando dos medidas ya anunciadas por Macri, como el dólar a 16 pesos y la eliminación de las retenciones (Rogelio Frigerio: las retenciones a la soja “deberían ser cero”), puede realizarse el siguiente cálculo:

• Ganancias con la devaluación: Si se considera un stock de granos de soja en silobolsas entre 8.000 millones y 10.000 millones de dólares, sólo con una devaluación del 60% ganarían de manera adicional entre 45.000 millones pesos (de exportar 8000 millones de dólares de soja) y 64 mil millones de pesos (de exportar 10000 millones de dólares de soja).

• Ganancias con la devaluación y eliminación de retenciones: Si además se elimina el 35% de retenciones a la soja y se adiciona una devaluación del 60%, de exportar 8.000 millones de dólares la ganancia adicional de los exportadores sería de 78.160 millones de pesos y de exportar 10.000 millones de dólares la ganancia extra resultaría en 97.700 millones de pesos.

 

En definitiva, si el stock guardado en silobolsas de 10.000 millones de dólares hoy vale 62.300 millones de pesos (al dólar soja actual de 6,23 pesos), con ambas medidas triplicarían su capital obteniendo en total 160.000 millones de pesos. El resultado es más concentración para los que más tienen, e incluso menores ingresos para las provincias, dado que el fondo sojero significó en 2014 la distribución de 14.704,45 millones de pesos.

 

2) Acuerdo con los fondos buitre. Con el objetivo puesto en un nuevo endeudamiento externo, para el equipo de Cambiemos el arreglo con los fondos buitre resulta una medida de primer orden. Acorde a la propuesta realizada por dichos fondos, en el corto plazo, nuestro país asumiría el pago en cuotas del monto por éstos demandado.
¿Cuál sería el efecto de este shock de endeudamiento que se inicia en un piso de 8 mil millones de dólares que acaba de incluir Griesa en su sentencia y que puede alcanzar los 20 mil millones de dólares considerando un total aproximado de deuda con los “me too”?

i) De considerarse un aumento de deuda en 20 mil millones de dólares, tendría lugar un aumento significativo del peso de la deuda externa en dólares con actores privados respecto al PBI: del 8% actual al 12% (e incluso al 18% si se computa un 60% de devaluación, que encarecería la deuda en dólares).

ii) En el peor escenario, la potencial avalancha de juicios contra el país por violar el principio de pari passu (incluso habiéndose vencido la RUFO) por parte del 93% de los bonistas reestructurados, implicaría pagos superiores a los 120 mil millones de dólares. Esta deuda significaría un 30% del PBI y hasta un 48% considerando la devaluación, retrotrayéndonos a guarismos del final de la Convertibilidad.

iii) Considerando que las garantías solicitadas recientemente por parte de los fondos buitres a Griesa han sido YPF y Vaca Muerta, se abriría la puerta a futuras privatizaciones.

 

3) Nuevo endeudamiento y levantamiento del “cepo”
“Nosotros vamos a generar la confianza necesaria como se observa desde el domingo pasado para la entrada de inversiones privadas y de los organismos multilaterales” dijo Frigerio, días atrás (02/11/2015). Los efectos del ingreso de dólares en las condiciones y con los acreedores planificados por el PRO, implicarían:

i) Si se considera un posible endeudamiento de 20 mil millones de dólares factible de acordarse durante el primer año (como sugiere la UIA), al que se agrega el mencionado acuerdo con los fondos buitres cercano a los 11 mil millones de dólares (este monto estima el PRO), y se computa la devaluación del 60%, la consecuencia directa es una elevación del ratio deuda externa de privados en dólares/PBI, rondando un 22%.

Esto se traduciría en el significativo aumento del peso de pago de intereses sobre la recaudación y su efecto sobre la implementación de políticas públicas. Con algún grado de arbitrariedad, podríamos considerar dos parámetros de estimación: si la deuda externa asciende al 22% sobre el PBI, el peso de los intereses podría rondar entre un 9% o un 16% del producto (en el primer caso tomando la relación intereses/recursos tributarios del 2013 -del 4,9%- y en el segundo caso del 2001 -del 21,9%-). Para un presupuesto como el de la Argentina, esto representaría un recorte entre 120.000 millones de pesos y 215.000 millones de pesos anuales.

ii) Como resulta ampliamente conocido, un endeudamiento con organismos multilaterales como el FMI/BM resultaría en una evidente pérdida de soberanía en función de sus exigencias. Hace menos de un mes, el mismo FMI indicó para la Argentina el camino que Mauricio Macri quiere impulsar: ajuste fiscal y una orientación monetaria más restrictiva, junto con la eliminación de subsidios. Estos organismos propulsarían, bajo tecnicismos tales como “metas fiscales”, “ahorro público”, “racionalización del gasto”, “eficientizar el Estado” utilizados durante el Blindaje en 2000, entre otras cosas:

• Reforma Previsional: eliminar la Prestación Básica Universal, aumento la edad jubilatoria, privatización del sistema previsional.
• Racionalización de la administración pública: achicar el Estado, reducción de personal público.
• Recorte del gasto público: eliminar el déficit por ley, ajustando prestaciones a la seguridad social (jubilaciones), los salarios del sector público, recorte presupuestario en políticas como la Movilidad jubilatoria, Progresar o ProCreAr.
• Reestructuración de la ANSES y del PAMI, junto a desregulación de las obras sociales.
• Compromiso Federal de Disciplina Fiscal, congelando el gasto primario público de la Administración Nacional y Provincial.
• Mecanismos de apertura económica y liberalización de la economía.

 

4) Fuga. Tal como menciona Basualdo (2006), durante la aplicación en nuestro país del modelo de Valorización Financiera en el período 1976-2001, el endeudamiento, la valorización y la fuga constituyeron un mecanismo recurrente de la cúpula empresaria. En la última década, si bien a partir de una acumulación con eje en la producción, la tendencia a la fuga de este sector no ha estado ausente: las estimaciones más conservadoras indican 100 mil millones de dólares en materia de Formación de Activos Externos entre 2003 y 2014 (BCRA), sin considerar operaciones como subdeclaración de exportaciones, sobrefacturación de importaciones y precios de transferencia.
En este marco, los elevados niveles de ganancias de la cúpula y los exorbitantes excedentes resultantes de una posible devaluación brusca, inducirían a la oligarquía diversificada a hacerse de divisas y fugarlas del circuito de la economía local. Esta posibilidad seduce a ese sector del capital al punto tal que, en caso de un ingreso de dólares frescos, la nueva presión devaluacionista y fugadora se intensificaría. La disputa constante entre este círculo de exportadores concentrados-fugadores-oligopolios formadores de precios y el gobierno nacional se ha manifestado en intentos –fuertemente resistidos- de mejorar las herramientas tendientes a controlar esta conducta, como el control cambiario, la administración del comercio, los directores en las empresas o la pelea anual con las cerealeras para liquidar la cosecha. La total eliminación de controles y regulaciones junto con el ingreso de dólares y la posible devaluación, implicarían que esas nuevas divisas sólo terminen financiando la fuga de capitales.

 

5) Eliminación de las retenciones y suba de tarifas. Si bien Mauricio Macri manifestó que “la inflación es un cáncer”, es importante indicar que la eliminación de las retenciones significa un aumento de los precios de la canasta básica: el recorte de los derechos de exportación induciría al acople de los precios internos a los internacionales. El ejemplo del pan, producto derivado del trigo, es ilustrativo: según el Ministerio de Economía, si se considera el aumento del precio internacional del trigo en un 91% entre 2004 y 2014, el kilo de pan hubiera costado $43,2, mientras que el precio acordado para el pan en marzo de 2014 fue de $18. También la potencial eliminación de los cupos de exportación desconocerían una cuestión central: la necesidad de contar con stock suficiente que permita cubrir la demanda interna que permita que el precio del pan (en un país que produce trigo y se autoabastece) no se encuentre condicionado por el precio internacional.
El ajuste de tarifas, ya anunciado por la candidata a Vicepresidenta Michetti (“no podemos estar pagando la luz, el gas y hasta el transporte como lo estamos pagando”; 30/10/2015) complementaría esta cuestión generando un incremento del nivel de precios y nuevamente pérdida de poder adquisitivo.

 

6) Apertura y política monetaria restrictiva. Siguiendo políticas ortodoxas de control inflacionario, el mecanismo propuesto sería el enfriamiento de la economía (reduciendo el gasto y aumentado la tasa de interés) acompañado de apertura económica que ponga un “techo externo” al valor de los productos. Distintas declaraciones adelantan una reducción de los niveles de protección de la economía y la suba de tasas de interés. Macri indicó que “No podemos permitir la animalada de restringir importaciones”, Melconian agregó que “no hay ninguna posibilidad en el país que viene de que no exista la alternativa de libre comercio”, mientras que Espert aclaró “cero aranceles para importar” (27/07/2015).
En este marco, la política de atracción de inversiones, liberalización del comercio y acercamiento con Estados Unidos (donde potencialmente se encuentra la firma de un TLC como lo han hecho Perú, Colombia, Chile y México) puede ser un gran puente para que el resto de las economías coloquen sus excedentes productivos en nuestro mercado.

Con la justificación de desalentar una corrida cambiaria, se implementaría una política monetaria restrictiva a través de la reducción de la emisión y suba de los intereses para que los mismos rindan más que el dólar, generando un mayor “enfriamiento” económico. La tasa de interés por encima del nivel inflacionario (aún si éste no logra reducirse), propiciaría asimismo una tasa de interés real positiva que habilitaría el negocio especulativo financiero.

 

7) Ajuste fiscal. “Vamos a bajar el déficit fiscal. La Argentina no puede gastar más de lo que le ingresa” indicó Frigerio (02/11/2015). Dada la propuesta desfinanciadora del PRO (fin de retenciones y fin del impuesto a las ganancias de la cuarta categoría) la reducción de los gastos públicos deberá ser significativa, para así reducir el déficit (“alcanzar el equilibrio fiscal” como idea repetida por todos los economistas de Macri) y compensar esa merma de ingresos.

Considerando sólo la quita de retenciones más la eliminación del impuesto a las ganancias a la cuarta categoría, los ingresos fiscales en poco más de 150 mil millones de pesos anuales, lo que equivaldría al 10% de los recursos tributarios. Sobre esta merma, habría que considerar otros gastos (como los subsidios a la exportación demandados por la cúpula o la eliminación de aportes patronales al empleo joven ya prometidos por el PRO) y también la reducción de aquellos ingresos tributarios endógenos o sujetos al desempeño de la actividad económica.

De este modo, disminuirían notablemente el total de ingresos fiscales obligando a profundizar una caída aún mayor del gasto público (en rubros como la AUH, Progresar, Pensiones, etc.). En números, lo que incomoda a los intereses económicos expresados en Cambiemos es que en 2015 un 9% del PBI se destina a políticas de seguridad social, prácticamente duplicando la inversión de los primeros años del kirchnerismo. Entre la Asignación Universal por Hijo y las Asignaciones Familiares alcanzan el 1,1% del PBI, también duplicándose respecto a 2008. La reducción del gasto para compensar la merma en los ingresos (y alcanzar el mentado “equilibrio fiscal”) impactaría negativamente en el consumo interno futuro, y por ende en los ingresos fiscales del siguiente período.

 

Recapitulando, Macri y el equipo económico de Cambiemos utilizan eufemismos y palabras abstractas, con la suficiente precisión para que el conjunto de la población entienda “cambio” y el establishment económico interprete “negocio financiero”. En el ejercicio concreto de los impactos de la propuesta macrista del “cambio”, se delinea un escenario con claro sesgo anti-productivo y anti-mercado interno, orientado al negocio de la especulación, con transferencia de ingreso hacia el capital concentrado (vía devaluación y fuga) y contracción de la

economía ajustando de manera regresiva el gasto público.

 

Con este escenario, la “excitación” de los mercados luego de la elección del 25 de octubre no es casual: quieren el país atendido por uno de sus dueños.

 

* Hernan Letcher, Julia Strada y Leandro Ziccarelli
Integrantes del Centro de Economía Política Argentina (CEPA)

Autor: Sergio

boquense ortodoxo

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