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Perfil de Milagro Sala: “Morales me va a meter presa”

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Tali Goldman. Foto Leo Vaca – http://www.revistaanfibia.com/cronica/morales-me-va-a-meter-presa/

 

 

En un terreno de barro y piedras de Jujuy, sin cooperativa ni experiencia pero con cientos de personas desocupadas, Milagro Sala construyó tres mil casas, una escuela, un centro de salud, un centro cultural y tres fábricas. ¿En qué se basa su legitimidad? ¿Cómo construyó su poder? El actual gobernador Gerardo Morales que en 2007 le pedía apoyo, la acusó de montar un estado paralelo y hace quince días impulsó la causa por la que hoy esta presa en el penal de Alto Comedero. Amnistía Internacional exigió su liberación inmediata. La periodista Tali Goldman traza un perfil de esta mujer de 52 años que sueña con ser gobernadora de Jujuy.
En la celda de la comisaría 49 del barrio de Los Huaicos, en la capital jujeña, había tres personas: dos prostitutas y una travesti, hasta que hace un rato, sábado 16 de enero de 2016, acaba de entrar una cuarta. Apenas llegó, Milagro Sala empezó huelga de hambre. Cuando en la asamblea decidieron que no era conveniente que siguiera sin comer, la Flaca —como le dicen— pidió comida para compartir. A la media hora, tenían milanesas, arroz y varias ensaladas. Los cuatro días que estuvieron juntas, una cocinera de la Tupac les llevó comida para todas.
“La celda de la Flaca parece una feria de ropa y comida”, comentó entre los suyos la mujer que conoce a Milagro desde que la Tupac ni siquiera era un proyecto.
El miércoles 20, a la noche, Milagro fue trasladada a la unidad penitenciaria en el barrio del Alto Comedero. La guardiacárcel fue tajante:
—Le pido por favor que no me alborote a las chicas acá.
Apenas entró empezaron los gritos entre los pabellones: “¡Vamos a cuidar a la Flaca!” “¡Quédense tranquilos!”, “¡No te des por vencida!”.
La última vez que Milagro estuvo detenida tenía 22 años. Vivía en la calle y vendía cocaína. Ella cuenta que pertenecía a una bandita que salía a robar y repartía parte del botín entre los pobres del barrio Azopardo, uno de los más marginales de San Salvador de Jujuy.
En la memoria de Milagro todo ocurre una noche de carnaval, en febrero de 1986. Ella y la banda tomaban y bailaban cuando una de las pibas fue corriendo a avisarles que un tipo estaba pegándole a su mujer. Todos corrieron. Como el tipo no la soltaba, empezaron a romperle el auto. Se dieron cuenta que adentro había dólares.
Llegó la policía, que nunca entraba al barrio: estaba arreglada con el golpeador. Era una trampa.
La causa judicial incluyó las acusaciones de amenaza de homicidio, robo, asociación ilícita y prostitución. Estuvo ocho meses presa. Después la absolvieron.
Ahora, con 52 años, abuela, volvió a la cárcel, acusada de “instigación a cometer delitos y tumultos”.
Cuando en el colegio le decían que ella no se parecía a sus hermanos, que era negra, Milagro Amalia Ángela Sala iba llorando a los brazos de su mamá. “Vos no sos negra, sos morocha como yo”. Un día estaba con sus hermanos en un club. No la dejaron entrar a la pileta. Sus hermanos tampoco se metieron.
Nunca había sospechado que era adoptada. Era la quinta hermana de seis. Vivía en una casa muy cómoda y no le faltaba nada. Su madre era enfermera y su padre camionero. La mujer era brava, dura. Si hacía falta, les pegaba pero con ella tenía una devoción especial.
No sabe dónde nació. Una versión dice que la dejaron en una caja de zapatos en el barrio Mariano Moreno y que alguien la llevó al hospital. La otra, que su padre, después de ser abandonado por su esposa, la entregó en el hospital porque tenía que hacer el servicio militar y no la podía cuidar. En ese hospital trabajaba la madre adoptiva de Milagro.
Milagro también era brava: traviesa e inquieta. Esa picardía la llevó a pegar la oreja sobre la pared y escuchar una discusión entre su mamá y su tía. Su tía decía que a la Milagro tenían que contarle la verdad, que tenían que decirle que ella era adoptada. La madre decía que no, que no tenía porqué saberlo. Ella, del otro lado, empezó a llorar y sin pensarlo interrumpió la conversación.
—¿Quién es mi mamá?
—¡Soy yo, soy yo!
—¡Decime la verdad! ¿Por qué no me decís la verdad? ¿Cuántas veces nos has pegado porque mentíamos? ¿Por qué me mentís?

La madre le pegó otro cachetazo más. Milagro agarró una mochila y se fue de su casa. Tenía 14 años. Volvió diez años después.
Un sábado de abril de 2011 a la noche, Milagro camina por Buenos Aires. Se protege del frío con una campera deportiva blanca. Lleva el pelo un poco más abajo de los hombros con una media cola para atrás. Ya no usa el pelo cortito tipo varón como cuando salió en los medios porteños por primera vez. Fue el entonces senador Gerardo Morales –hoy gobernador- el encargado de hacerla conocida cuando la acusó de violenta y agresiva.
Milagro llegó a la Capital Federal desde Río Gallegos, adonde fue invitada por la entonces presidenta Cristina Kirchner a participar de un homenaje a los caídos de la guerra de Malvinas. Se quería volver a Jujuy rápido pero pasó por Buenos Aires para inaugurar la nueva sede de la Tupac Amaru en San Telmo. Milagro camina por la calle Corrientes de la mano de Raúl Noro, su marido. Casi susurrando, ella le dice “te amo” y le da un beso. Él también le dice que la ama. En varias de las esquinas, uno o dos jóvenes los miran fijo cuando pasan caminando. Ella asiente con la cabeza. Son pibes de la organización que la custodian. Un sistema de postas que se repite cada vez que visita Buenos Aires.
El 12 de octubre del 2012, además de ser el cumpleaños número 13 de la Tupac Amaru, era un día especial para Milagro Sala: se lanzaba en San Salvador de Jujuy “Unidos y Organizados”. Era la oportunidad de mostrar liderazgo y organización. El viento empujaba el sonido de los “pututus” y bombos. Algunos tupaqueros soplaban esa especie de caracol milenario, otros golpeaban los instrumentos de percusión. Y adelante, sola, dirigiendo, iba Milagro Sala.
Gritaba y saltaba y giraba para abrazar a sus compañeros. Como en una cancha. Cuando ya estaban casi en la puerta del lugar donde se haría el acto, Milagro frenó todo. Agarró un micrófono y trazó una línea imaginaria en el piso. “Compañeros, nadie pasa de esta raya, el que la pasa va a cobrar…y no plata”. Los miles de tupaqueros ríeron. “Compañeros portémosnos bien que hay muchos invitados de lujo, ¿si? Seamos buenos”.
Nadie la contradijo. ¿Es miedo? ¿Es respeto? ¿Son las dos cosas a la vez? ¿Cuál es la lógica de su liderazgo? ¿En qué se basa su legitimidad? ¿Cómo construyó su poder?
A los 14 años, lejos de su casa, en la calle empezó a moldear su personalidad. Cambió de amigos, probó drogas, robó. Lustró zapatos, vendió helados, endureció el carácter. “No era fácil para una mujer vivir ahí. Si mostraba debilidad, me morfaban y si mostraba dureza, me respetaban. La calle es así, si sos blando te pegan, te patean, te violan y yo no quería que me morfaran”, dice Milagro en el libro “Jallala” de la periodista Sandra Russo.
Encontró contención en la política. Tenía 16 años cuando se afilió al PJ y se convirtió en la che piba del entonces gobernador Carlos Snopek. “Era la mensajera de sus internas políticas”. En esos años, conoció a Fernando “Nando” Acosta, su mentor.
“El día que Milagro salió de la cárcel, me la crucé. Ella me dijo que acababa de salir, que estaba perdida y yo le dije que se afiliara a ATE (Asociación de Trabajadores del Estado) y viniera a trabajar conmigo”.
Milagro contaba con un capital clave para la política territorial: todos los villeros la conocían. Se había ganado su respeto y sabía cómo moverse entre ellos.
La década del noventa llegó a Jujuy como un vómito. Arrasó. Entre 1993 y 1998 desfilaron cinco gobernadores. Milagro y Nando encabezaban las marchas, se enfrentaban con la policía. Ella empezó a salir en la televisión local. Organizaba a los compañeros, hacía acampes, escraches, tiraba piedras y pasaba hambre.
En esos tiempos empezaron a ganar fuerza los movimientos sociales. En Jujuy, la Corriente Clasista y Combativa liderada por el Perro Santillán era un emblema de las luchas sociales en la provincia y trabajaban a la par. Nando y Milagro se dividieron las tareas. Él seguiría en la construcción gremial, ella comenzaría a armar el movimiento social. Milagro se desafilió del PJ y comenzó a construir poder.
—Flaca, ya tengo el nombre para la organización: Tupac Amaru —dijo Nando desde el otro lado del teléfono.
— Tupac Amaru, Tupac Amaru, Tupac Amaru —repitió ella como un mantra—. ¡El primer revolucionario latinoamericano! ¡Somos Tupac Amaru !
En la primera reunión no eran más de cincuenta personas. Sin trabajo, sin comida, sin perspectiva, lo único que quedaba era la supervivencia. Decidieron que la prioridad eran los chicos. De allí nacieron las copas de leche, una suerte de merenderos que funcionaban un par de veces por semana en la casa de algún vecino y que estaba abierto a todos los pibes del barrio. Las copas de leche se fueron multiplicando por todo Jujuy. Era el germen de la organización: las unidades básicas de los tupaqueros.


Luego vendrían las piletas. Una de las primeras cosas que se construyó en el barrio Alto Comedero. Para Milagro y para los tupaqueros el progreso y disfrutar del ocio forman parte de las metas de la organización. Si en los countrys hay piletas, en el “cantri” también. Es una regla sin excepción: en todos los barrios de la Tupac Amaru donde se construyen viviendas sociales también se construyen piletas. Cualquier chico puede entrar. No hace falta ni vivir en el Alto Comedero ni pertenecer a la organización. En el barrio hay un lugar desde donde se ve el parque acuático desde arriba. Es el templo del Kalasasaya, una réplica del lugar sagrado que se encuentra en Tiwanaku, Bolivia. Es un lugar elevado en donde se realizan todas las festividades de los pueblos originarios. Allí suele ir la Flaca, parar mirar a los centenares de chicos chapotear en el agua.
En 2003, el presidente Néstor Kirchner convocó a las organizaciones sociales de todo el país. La Tupac, que todavía cantaba el “que se vayan todos”, desconfiaba. El presidente había hecho varios intentos por contactarse con la organización, pero Milagro lo había rechazado. Después de largos debates internos, la Tupac decidió dar una tregua. Votaron en asamblea que pedirían planes para construir viviendas.
La primera reunión con un funcionario de la subsecretaría de Desarrollo Urbano y Vivienda fue “pésima”. Les dijeron que los planes eran para organizaciones que ya tenían experiencia en construir casas, que tenían que tener tierras propias y estar organizados en cooperativas. El funcionario sabía que la Tupac no tenía nada de eso. Milagro le dijo que la Tupac Amaru tenía mucha experiencia en construir casas, que la organización estaba muy afianzada y que las cooperativas estaban en proceso. “Me fui re caliente de ahí”, recordó Milagro en una nota de la revista Pachakuti. Al día siguiente sonó el teléfono.
—Les vamos a dar para construir 200 viviendas. Si no las construyen, no vuelvan más.
—¿Y si las construimos todas en menos tiempo?
—Les doy el doble.
Milagro cortó el teléfono. Había mentido. No tenía ni cooperativa, ni experiencia, ni tierras, ni nada. Sólo cientos de personas desocupadas, dispuestas a todo.
Volvieron a Jujuy. Se encerraron 48 horas en una pieza de la sede. Armaron un proyecto de ley para que la Provincia comenzara a comprar tierras. El proyecto quedó cajoneado: la Tupac Amaru tomó la legislatura y el proyecto se aprobó. Así, dicen, es la única forma en que se consiguen las cosas.
“Bienvenidos al Cantri Tupac Amaru”, dice el cartel al costado de la ruta, a diez minutos del centro de San Salvador de Jujuy. Desde afuera, la postal es imponente. Tres mil casas, todas iguales. También hay una escuela, un centro de salud, uno de rehabilitación para discapacitados, un centro cultural, una fábrica textil, una de bloques y una metalúrgica. Un polideportivo y un parque acuático.
Antes de todo eso, en el terreno había barro y piedras. A esas tierras arcillosas, inundables y llenas de víboras desembarcaron cientos de tupaqueros. Limpiaron y construyeron las primeras viviendas. La cultura del trabajo sin patrón se hizo carne a través de las cooperativas. Pero la cultura del trabajo no fue una tarea fácil de instalar. Al que no estaba para empezar, se lo iba a buscar a la casa. La propia Milagro se aparecía en las piezas precarias de los compañeros y los sacaba de la cama, literalmente. Ella sabía que sin disciplina esas 200 casas que le había dado Kirchner como prueba de confianza no tenían rumbo. Milagro entendió que la única forma era a través de la disciplina: amenazas, gritos, discusiones, golpes y expulsiones de la organización por mala conducta. “Lo más difícil era recuperar la autoestima”, dijo Milagro.
Cuando llama Milagro hay que ir. No importa la hora, ni el día, ni lo que se esté haciendo. Uno de sus colaboradores más cercanos la esperó por horas. Era viernes entrada a la noche y faltaban algunas horas para que cerraran las alianzas de cara a las elecciones presidenciales. Milagro apareció, le dijo un par de cosas, y lo dejó ir. El hombre ya había puesto primera y manejado algunos kilómetros. El teléfono sonó de nuevo. Le pidió que volviera.
—La quería matar.
En diez minutos el colaborador volvió a entrar a la casa de Cuyaya.
—Tomá papi, llevate este triciclo para tus hijos —le dijo.


“Ella no te escucha nunca, usted tiene que hacer lo que ella dice. Y sino, uno está afuera. Milagro me pegaba, las veces que me cacheteó y me mechoneó. No sólo a mí sino a varias compañeras y uno aguanta porque no tiene trabajo, no tiene más a dónde recurrir. Ella llama cuando hay algún quilombo que se mandó o hay algún detenido y tiene que ir toda la gente. La última vez, el 18 de diciembre de 2010, me cacheteó en su propia casa y ahí decidí que nunca más iba a volver”. La que habla entre lágrimas es Trifolina Rodríguez Subelza, en un informe del programa La Cornisa, de Luis Majul. Ella dice haber sido la mano derecha de Milagro Sala entre 1998 y 2010.
“En un hecho realmente lamentable, en una manifestación de 300 personas, yo venía caminando con mi familia y Milagro Sala nos amenazó en plena vía pública. Con cánticos y amenazándonos de muerte a mi familia y a mí. No hemos hecho la denuncia por la impunidad con la que se mueve esa mujer. Cualquier cosa que nos pueda pasar a mi familia y a mí, la responsabilizamos a Milagro Sala”. Dijo el Perro Santillán, en agosto de 2014. El dirigente se convirtió en uno de sus principales enemigos. Los cambios políticos, económicos y sociales, y los vínculos entre la Tupac y el gobierno nacional terminaron opacando a Santillán.
Las primeras 200 casas se construyeron en menos tiempo de lo previsto y con menos dinero del otorgado. Milagro convocó a una asamblea y preguntó qué querían hacer con la plata sobrante. Decidieron crear un centro de salud.
A medida que les dieron más planes para construir casas, la organización entendió que debía organizarse de otra manera. Y en vez de seguir a rajatabla el reglamento de la cooperativa, que implicaba que cuatro personas construyeran una misma casa, se dividieron en cuadrillas y empezaron a trabajar en serie: plomería, electricidad, revoque, techo, vigas, cemento fino, colocación de paredes, cerámicos, etc. Cada cuadrilla a su vez, tenía sus propios referentes. También así se tomó la decisión de construir las fábricas para proveer materia prima a la construcción de esas viviendas. Luego se hicieron las escuelas, los polideportivos, los centros de salud. Una verdadera ciudad para los pobres dentro de San Salvador de Jujuy.
Con esos primeros resultados, Milagro también construyó su primera victoria política. No sólo había legitimado su poder frente a esas familias que por primera vez tenían sus casas, sino que se había convertido en una mujer de peso dentro de la provincia. Los peronistas que gobernaban y los radicales en la oposición empezaron a mirarla con otros ojos. Sabían que, en un tiempo, se convertiría en una piedra en el zapato. El problema era que lo que quería lo conseguía. El problema era que lo conseguía sin importar cómo.
Desde 1998 hasta el 2007 el peronista Eduardo Fellner fue electo, reelecto y re-reelecto gobernador de Jujuy. Cercano al entonces presidente Carlos Menem, Fellner escaló y se convirtió en uno de los hombres con mayor peso dentro del justicialismo -actualmente es el presidente del partido-. Nunca terminó de digerir a la dirigente social. No tenía cómo manejarla. Cuando el gobernador se alió al entonces presidente Néstor Kirchner, el vínculo con Milagro entró en un proceso de mayor conflictividad. Dentro de la provincia eran enemigos explícitos, y por fuera apoyaban al mismo gobierno nacional. La trama de alianzas se vuelve más compleja al sumar al radicalismo, que competía con Fellner pero fogoneaba el enfrentamiento entre la Tupac y la gobernación.
Milagro enfrentaba al poder provincial porque contaba con el el apoyo explícito del gobierno nacional a través de los fondos del ministerio de Planificación para la realización de las obras. La Presidenta Cristina Ferández de Kirchner viajó en varias oportunidades a recorrer las obras y más de una vez la defendió públicamente ante algunos ataques de los medios de comunicación. Además, Milagro tenía algo que Fellner nunca tuvo: capacidad de movilización. Y si bien las negociaciones existían -porque la Provincia y el Municipio eran quienes entregaban el dinero y los títulos de propiedad de las casas- la relación nunca fue buena. Las tensiones se convirtieron en grandes marchas, tomas y repudios públicos en contra del gobernador.
Recien en 2015 Sala y Fellner compartieron acto y foto. El 16 de octubre Daniel Scioli llegó Jujuy. En el medio del escenario de la cancha de Gimnasia y Esgrima el candidato del Frente Para la Victoria tenía de un lado a Milagro Sala, candidata al Parlasur y del otro a Eduardo Fellner, nuevamente candidato para gobernar la provincia.
Era la segunda vez que Milagro Sala competiría en un cargo electoral. En 2013, la Tupac Amaru junto a la Red de Organizaciones Sociales conformaron por primera vez un partido político, el Partido por la Soberanía Popular (PSP). Ella entendió que su paso como dirigente social tenía que tomar otra forma, debía institucionalizarse. En el fondo, Milagro soñaba con un objetivo mayor: ser gobernadora de la provincia y tenía dos años para hacer campaña. Así fue como ganó en las elecciones locales y obtuvo su banca como diputada provincial.
El tercer domingo de agosto de 2015, en la casa del barrio Cuyaya, la puerta de la casa abierta. En el living, diez pibes con la remera y gorrita de la Tupac Amaru miraban el televisor led. Veían el festival por el día del niño que organizaba la agrupación. En un rato ellos iban a estar ahí. En la casa los muebles son todos de madera. Hay adornitos y cuadros por todos lados. Al fondo, la cocina, con la puerta cerrada. No había que golpear para entrar.
Milagro estaba sentada en la cabecera con el control remoto en la mano mirando el televisor. A su izquierda, Raúl, el marido. Las demás sillas estaban ocupadas todo el tiempo por gente que iba rotando: compañeros de la organización, sus hijos, sus hijos adoptivos, sobrinos, los hijos de Raúl. En la cocina estaban las cocineras, miembros de la organización. Había carne, ensaladas, choclo, papas hervidas y sopa. Milagro estaba nerviosa. Unas semanas atrás habían profanado la tumba de su padre, horas después de haberlo enterrado. Días después la acusaron de estar detrás del crimen de un militante radical. Y su archienemigo Gerardo Morales subía en las encuestas.


El actual gobernador radical supo ir a aquellas fiestas para los niños. Hay una foto del año 2004. Milagro y Gerardo sonríen llenos de collares de papel colgando en su cuello. Morales estaba asombrado del trabajo de la Tupac y Milagro aún no se había declarado fervientemente kirchnerista. Morales había sido funcionario del gobierno de De La Rúa y necesitaba despegarse de aquella experiencia fallida. Le pedía a ella que lo apoyara. Se acercaban las elecciones de 2007 y él ser candidato a vicepresidente en una fórmula compartida con Roberto Lavagna. Milagro le dijo que no. La identificación de la Tupac con el gobierno kirchnerista era cada vez mayor.
La relación entre Sala y Morales explotó en 2009. Morales había organizado una charla con los auditores Leandro Despouy y Alejandro Nieva. Había militantes de organizaciones radicales, peronistas y de organizaciones sociales. La Tupac Amaru no estaba allí, pero sí otras agrupaciones cercanas. En el medio de la charla empezó la gresca. Entre empujones, piñas y manotazos, volaron huevos que cayeron en Gerardo Morales.
Él la acusó ante la Justicia por ser autora intelectual de ese escrache. La causa, que tiene a Milagro como imputada, aún tramita en los tribunales. A partir de allí, Morales multiplicó las denuncias en los medios contra la dirigente. La acusó de montar un estado paralelo, de robarse plata, de formar un ejército y de manejar el narcotráfico de la provincia. Morales entendió que la mejor forma de construir su propio poder era eligiéndola como adversaria política.
Durante los años 90, Milagro y Nando Acosta juntaron, entre los dos, 58 causas en la Justicia. La mayoría de ellas se caratulaban “resistencia a la autoridad”: marchas, tomas y piedrazos contra la policía. Por todas esas causas, ambos fueron sobreseídos o simplemente prescribieron.
Desde que dirige la Tupac Amaru, la primera causa data del 2009, y es la de los huevazos. La segunda, del 2014, bajo el Expediente N° P-86.175/14, es por una supuesta amenaza que le hizo a dos policías que tenían retenida a la hija de su colaboradora María. Los uniformados sostienen que Milagro los llamó y dijo: “voy a poner una bomba y a hacer volar a todos”. Ella niega haber dicho eso, aunque sí reconoció haber propinado una serie de insultos porque se sintió hostigada por los policías.
La tercera causa es la del 16 de enero del 2016, realizada por el fiscal de estado, Mariano Miranda, por “instigación a la violencia y el tumulto”. Es por esa causa que Milagro Sala estaba detenida hasta el viernes. Pero ese 29 de enero a las 8 30 de la mañana, el juez Gastón Mercau le otorgó la excarcelación por la protesta, pero a la media hora la notificó que quedaba detenida nuevamente. Esta vez por ser presunta partícipe de una “asociación ilícita y fraude a la administración pública”, causa también impulsada por el Estado jujeño, es decir, por Gerardo Morales.
El certificado de antecedentes de Milagro Amalia Ángela Sala, expendido por la división de antecedentes penales de la policía de Jujuy, fechado el 16 de enero de 2016, no registra ni causas judiciales, ni contravencionales ni pedidos de comparendo.
Jujuy tiene una historia de caudillos fuertes que permeó en los dos partidos que se repartieron la gobernación provincial en las últimas décadas. Entre las grandes extensiones de tierra y los ingenios de azúcar están los dueños del poder económico local. Como en muchas provincias, los grandes empresarios controlan los medios e influyen en los pasillos y despachos judiciales. La Tupac Amaru nació y creció en las grietas de esas tramas de poder.
Hoy la Tupac Amaru tiene 70 mil afiliados sólo en Jujuy. Si bien la Tupac Amaru está constituida como una estructura piramidal, todo se decide en asamblea que es dirigida por Milagro. En esos encuentros, en el que participan alrededor de 900 referentes y presidentes de cooperativas, y que pueden durar hasta seis horas, se deciden no sólo cuestiones referidas a la organización, sino que se exponen temas personales y hasta se llega a expulsar militantes por haberle sido infiel a su pareja.
Cada espacio de la Tupac Amaru tiene sus propios referentes. En general, suelen ser los que más experiencia tienen dentro de la organización o están desde los primero tiempos. Muchos de ellos son parte de la familia ampliada de Milagro y en general son del staff permanente que deambula por su casa de Cuyaya.
En Jujuy, la organización se divide en 120 cooperativas de 16 personas y cada una tiene un presidente. Las cooperativas- que tienen un número de matrícula otorgado por el Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social (INAES), dependiente del Ministerio de Desarrollo Social- están auditadas tanto por los organismos locales como por la Auditoría General de la Nación (AGN). En el caso de la Tupac Amaru, como en el resto de las cooperativas del país, el dinero que otorga -en este caso- el ministerio de Planificación se deposita en primera instancia en una cuenta bancaria de la provincia, específicamente en la unidad ejecutora que depende del Instituto de Vivienda provincial. Luego, se transfiere a cada municipio y es este el que les da los cheques a los cooperativistas. Así funciona el circuito.
Desde su creación, la Tupac construyó más de 8 mil viviendas sociales. Miles de familias experimentaron el ascenso social.
“Soy tupaquera porque me devolvió las ganas de vivir, de avanzar, de creer en mi misma, que yo puedo ser más que puedo hacer y que no puedo seguir siendo una renegada social. Puedo cambiar y hacer que mis hijos tengan un futuro mucho mejor que el que yo tuve”. La que habla es Pachila, tiene 35 años, y seis hijos: Yomira Amira Tamara, Enzo Nahuen, Naiara Tiziana Nerea, Santino Valentino Thiago, Ayilin Angelina y Patricio Lisandro. Pachila es la encargada del sector Luz y Agua de la organización. Criada en la calle por una abuela que vendía golosinas y era alcohólica, empezó a trabajar de chica descargando camiones. Cuando tenía 12 años se compró las primeras zapatillas. A los 14 quedó embarazada, tuvo un parto prematuro y perdió al bebé. Como era menor, la llevaron ante la jueza: la acusó de haber abortado. Se agarró a piñas con la jueza y estuvo presa un año. A los 18 quedó de nuevo embarazada, volvió a robar, a tomar, a la calle. Un día se puso los taco aguja. “Andaba hecha una cafiola”. A Milagro la conoció en la cancha cuando la Tupac todavía no existía. La invitó a sumarse a ATE y la asignaron encargada de una copa de leche. La comida no alcanzaba y Pachila volvía a caer constantemente en depresiones. Intentó matarse. “Milagro empezó a ver que yo no aparecía y me empezó a buscar. Me correteaba por las calles porque quería que yo estudie pero yo sentía que no me daba la cabeza, que no podía. Pero ella insistía. Un día me sentó y estuvo 20 minutos y me dijo ´Te venís a trabajar a la sede de la Tupac Amaru ahora´. Si ella no se hubiese sentado ese día conmigo tal vez yo no estaría acá”.
El lunes 14 de diciembre de 2015 Milagro Sala juró como diputada del Parlasur. Unas horas después está tirada en la cama de un hotel sindical de la avenida 9 de Julio, cerca del edificio de Desarrollo Social de la Nación.
Al lado Raúl duerme en calzoncillos. A él lo conoció en los noventa. Raúl era el corresponsal del diario La Nación en Jujuy y le llevaba veinte años. Era un tipo de clase acomodada en la Provincia. Ella fue tajante. “Vos sos un gringo, no voy a poder con vos”. Milagro tenía ya dos hijos, Sergio y Claudia y Raúl tres, Santiago, Federico y Guillermina. Se enamoraron y en el 2006 se casaron en una ceremonia ancestral que dirigieron miembros del Consejo de Amauta de Bolivia. Raúl le prometió, delante de los miles de tupaqueros, trabajar junto a ella por más paz, armonía y justicia. Milagro prometió estar con él en las buenas y en las malas, pero más en las malas.
Raúl ronca sin mucho ruido. Mientras charla, ella le acaricia la cabeza. Dice que en Jujuy se perdió, entre otras cosas, porque faltó militancia. Desde que ganó Morales, el 24 de octubre, la Tupac Amaru le envió dos cartas pidiéndoles que los recibiera. Nunca les respondió. Milagro dijo que estaban pensando en hacer un acampe si no eran recibidos. Y que como renunció a su banca de diputada provincial para asumir en el Parlasur, sabía que no tenía fueros.
—Morales me va a meter presa.

Autor: Sergio

boquense ortodoxo

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