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¿Qué es la cultura política?

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Liliet Disotuar * – http://www.la-epoca.com.bo/index.php?opt=front&mod=detalle&id=5486

 

Es la reflexión crítica de la realidad social la que da a los hombres caminos adecuados para perfeccionar su intervención en los sucesos de la vida político-social

En los últimos años ha resurgido el diálogo acerca de la relación existente entre conceptos aparentemente opuestos, tales como política y cultura. Estos términos que usualmente han sido expresiones distantes entre sí, han potenciado el intercambio que desde el pensamiento político e intelectual, ha pretendido demostrar sus incuestionables puntos de convergencia en temáticas conocidas como la política cultural y la cultura política, sobre la que hoy estaremos brindando al lector algunas consideraciones que le ayuden a entender su importancia y trascendencia, en el actual panorama de la región.

 

Sociedad a debate

Desde los albores de la década de los noventa, comienza a patentizarse por parte de los sociólogos y especialistas un marcado interés por comprender las transmutaciones políticas mediante el estudio acucioso de la cultura desde una óptica social, aceptado como un fenómeno de carácter multifactorial en el que se expresan directamente las condiciones de vida de la sociedad en su conjunto, convirtiéndose en el escenario por excelencia para entender las formas de convivencia, capacidades comunicativas y creativas de las personas que en ella interactúan.

 

La ramificación y posterior especialización en el terreno de las ciencias sociales, ha permitido conocer en profundidad una cuestión como la Cultura Política en la que inciden irremediablemente otros tópicos que aportan opiniones enriquecedoras. Este debate se ha generado en un momento en que las visiones han alcanzado dimensiones que exhortan a pensar asuntos como la posmodernidad, la crisis de los partidos de izquierda en América Latina, el papel de los movimientos sociales, políticos y otros elementos que complejizan significativamente la discusión en este orden.

 

No podemos desentendernos de las transformaciones radicales que en materia cultural y política hemos vivenciado y que a la velocidad de la luz produjeron virajes considerables y palpables en el modo de apropiación y expresión de los sujetos sociales en el contexto cultural, ya que la democratización propia de este siglo ha impuesto sus normas en el área del comportamiento humano y sus manifestaciones. Vivimos momentos complejos en que se perciben con mayor nitidez las profundas contradicciones antagónicas que han estado vivas a lo largo de la historia de la humanidad. La dinámica acelerada de la producción del conocimiento, los novedosos campos de estudio y las exigentes pautas de la civilización son definitorios para un sistema en el que se impone el afán por las ganancias, el lucro, la inequidad y la injusticia social.

 

La Cultura Política ha de ser entendida entonces, sustancialmente, como el resultado del comportamiento y valores tanto de los sujetos políticos más reconocidos como de los ciudadanos en la vida nacional, en su calidad de seres políticos. Se produce como reducto de la interacción sistemática y actualizada de los sedimentos culturales, entre los que se distinguen algunos en el orden cognoscitivo, macrovaloraciones políticas, axiológicas, afectivo-emocionales y su vinculación en determinado momento político produce componentes en el orden periférico-dinámico, que coadyuvan en la caracterización acertada de una proyección integral del sujeto hacia el sistema y los restantes actores políticos. La autora Carmen Gómez, en su libro: “Una visión diacrónica de la cultura política cubana. Los desafíos de la Ciencia Política en el siglo XXI”, nos ofrece una definición más integradora de la Cultura Política y plantea que constituye un ”sistema de normas, valores, criterios, opiniones, creencias, sentimientos, acerca de cuestiones tales como la libertad, la igualdad, la democracia, la gobernabilidad, la participación, el proceso electoral y otros inherentes al sistema político de un país, el cual se va formando a lo largo del desarrollo histórico de un pueblo, fundamentado en su propia experiencia política y que le sirve para orientar sus acciones en esta esfera de la actividad”.

 

De igual manera coexisten elementos que resultan variables insustituibles y que nos introducen en la relación entre la dimensión individual o colectiva de este proceso, sustentado en la historia, y que nos acerca al conocimiento del pensamiento filosófico más antiguo en busca de la sabiduría que será de gran utilidad para enfrentar los retos del mundo actual. Recogiendo los ideales y propuestas que llegan hasta nuestros días y que forman parte de la herencia cultural universal, sin desdeñar la memoria histórica popular, los legados étnicos, religiosos, atendiendo especialmente a las particularidades de cada contexto geográfico.

 

Concienciar la sociedad

Los objetivos de nuestros países en materia política deben orientarse hacia la creación de una cultura política que se corresponda con la realidad y aspiraciones que tengamos para una sociedad futura. Al tener a los seres humanos como actores fundamentales, no es homogénea ni estática, pues se reacomoda y ajusta según la coyuntura o situaciones específicas. En un contexto político favorecedor, donde prime la democracia y el poder esté en manos del pueblo, ha de incorporarse y desarrollarse, favoreciendo así las condiciones para la existencia de sus habitantes. La economía, el progreso social y tecnológico, constituyen temas que integran la agenda al hablar sobre Cultura Política hoy día. Hay que estudiar la evolución de los mismos y su influencia, pues ya se han incorporado a la vida en general y serán compartidos, mediante la enseñanza y los diferentes canales que harán del saber un derecho y no un privilegio.

 

La interrogante sería en este caso: ¿Cómo alcanzar en la actualidad una real y eficaz estrategia para la cultura política en América Latina? La respuestas sólo la podremos encontrar mediante el ejercicio democrático, libre y espontáneo realizado diariamente, donde se pueda consolidar una participación política, en que haya representatividad, inclusión, que le permita a los sujetos desarrollar acciones en lo referido a la selección de sus gobernantes, así como en su incidencia en la elaboración de la política gubernamental, que nos conducirá a los ansiados y necesarios cambios que lleven a todos los sujetos a lograr altos niveles de exigencia, donde se garantice un futuro próspero y saludable para los sistemas latinoamericanos. Cada nación buscará las estrategias que más relación guarden con sus circunstancias sociopolíticas, manteniendo como referente el respeto de los valores, interesados en acercarnos a nuestra identidad y en relación directa con las capacidades o recursos que poseamos. Como dijera el poeta, “haciendo camino al andar”.

 

Es necesario reorganizar la sociedad y hacer de la cultura política, método, herramienta y hoja de ruta por excelencia, si buscamos concienciar a los millones de personas que históricamente han errado el rumbo, incluso en contra de sus intereses. Por tal motivo debe ser activa nuestra participación, asumida como un proceso en que la divulgación sirva para instruir, capacitar, pero sobre todo, educar a hombre y mujeres, como sujetos políticos conscientes, dispuestos a hacer de la praxis diaria el principal agente de cambio, en la consolidación de ese sistema más humano al que aspiramos.

 

La socialización política sería vital en este caso, ya que es el momento mediante el cual el sujeto social va incorporando los conocimientos, normas y valores políticos que le posibilitan la adopción de una participación en la vida de la sociedad, desmontando los aparatos institucionales que tradicionalmente dominaban a los individuos, sembrando la cultura de la hegemonía, obligándolos a convertirse en cabezas vacías, aturdiendo y bombardeando los sentidos con altísimas dosis de banalidad. Hay que pensar otros modos, nuevos modos que actualicen las fórmulas de divulgación para llegar a los públicos efectivamente. Se trata de un proceso de comunicación política, en el que cada acuerdo sea la meta y el punto de partida en la búsqueda del entendimiento, la adecuación y la solidez. Es la reflexión crítica de la realidad social la que da a los hombres caminos adecuados para perfeccionar su intervención en los sucesos de la vida político-social.

 

Democracia auténtica

Las naciones en que prima la desigualdad llevan tatuadas indeleblemente la dependencia y buscan referentes diametralmente opuestos, no aspiran a la concreción de una Cultura Política que conlleve al progreso. Más bien promueven y defienden valores elitistas que aíslan e incomunican. Así continúan extendiendo y ahondando la brecha que separa a ricos de pobres. En las sociedades no democráticas o aristocráticas la cultura política forma parte del status quo, la posición social que como una etiqueta y exhibida para legitimar el poder y prestigio de sus ambiciosos portadores. Convendría recordar pues las palabras del líder cubano Fidel Castro cuando expresara: “El mundo rico pretende olvidar que las causas del subdesarrollo y la pobreza fueron la esclavitud, el coloniaje, la brutal explotación y saqueo a que fueron sometidos durante siglos nuestros países. Nos miran como pueblos inferiores. Atribuyen la pobreza que sufrimos a la supuesta incapacidad de los africanos, los asiáticos, los caribeños y latinoamericanos, es decir, los negros, los indios, los amarillos y los mestizos, para desarrollarnos e incluso para gobernarnos. Hablan de nuestros defectos como si no fueran ellos los que inculcaran a nuestras etnias sanas y nobles los vicios de los que nos colonizaron o explotaron.” (Discurso pronunciado en la Clausura de la Cumbre Sur /14 de Abril de 2000).

 

Es en la democracia auténtica donde alcanza matices verdaderos y se proyecta en la práctica la cultura política, transformada en una realidad, que haga a la sociedad progresar en su conjunto, donde se cumplan los paradigmas de igualdad, respeto y calidad de vida para todas las personas sin distinción de colores, estratos sociales o ingresos monetarios. Para ello se requiere de un trabajo íntimamente ligado al pueblo, con apoyo total para trabajar y luchar en la defensa de sus intereses, derechos, independencia, libertad, dignidad y oportunidades.

Los estándares de vida para nuestros pueblos difieren en cuanto al carácter elitista que se le atribuye en el primer mundo. Para Latinoamérica debemos estructurar un proyecto de carácter popular, que promueva el humanismo, la solidaridad con las cusas justas, el patriotismo e internacionalismo. Abrazará los ideales más vanguardistas, aportando una concepción científica del mundo. Promoverá el colectivismo y el desinterés por los bienes materiales, superfluos, para ocuparnos de lo realmente importante, los valores espirituales. La alienación intelectual de la mayoría de los grupos que ocupan el poder a nivel mundial debe ser suprimida por una toma de conciencia objetiva que realce el talento con que contamos. La dependencia cultural se transformará en independencia cultural y sólo así obtendremos el bienestar para la gran mayoría.

Educación popular

La socialización y la comunicación política inciden directa y favorablemente en el sistema de actitudes o conductas que están activos en la formación de la personalidad de su integrantes y del mismo modo se retroalimentan de la cultura en sentido general en la expansión macrosocial a la que está llamada la cultura política, en pos de mejorar significativamente la educación popular, fomentando el surgimiento de una conciencia política desde las edades iniciales, combatiendo decididamente las causas fundamentales de los actuales conflictos: la pobreza y el subdesarrollo que prevalece en la inmensa mayoría de los países, y la disparidad en cuanto a riquezas y conocimientos que impera en el mundo. La humanidad debe tomar conciencia de lo que hemos sido y de lo que no podemos seguir siendo.

La cultura política latinoamericana debe permanecer en una constante actualización; bebiendo de todas las fuentes posibles. Cada parte de la sociedad se ocupará de la búsqueda de información de modo sistemático, de acuerdo a los acontecimientos que vayan marcando el rumbo o indicando las tendencias del desarrollo social y en un sentido más abarcador las que hagan germinar, progresar a la civilización humana. Hoy nuestra especie ha adquirido conocimientos, valores éticos y recursos científicos suficientes para marchar hacia una nueva etapa histórica donde florecerá la verdadera justicia y el humanismo. No desperdiciemos la oportunidad de cambiar para bien el porvenir de nuestros hijos.


* Instructora de arte.

Autor: Sergio

boquense ortodoxo

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