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La doble moral de la legalidad liberal en América Latina

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Fernando Rodríguez Ureña * – http://www.la-epoca.com.bo/index.php?opt=front&mod=detalle&id=6007

libertad

La Revolución Francesa fue la partera del Estado Moderno que materializó la visión liberal de la naciente burguesía, procreando una visión de la política que las libertades y la propiedad fueron sus baluartes a defender.

Su sacrosanta división de poderes que presupone un Estado que garantiza su institucionalidad sostenida en la legalidad y el equilibrio de los pesos y contrapesos que produce su racionalidad política, vendría a constituir el tipo ideal de un aparato que gobierna con justeza a la sociedad.

Sin embargo, este modelo ideal es justamente eso. Esos principios a lo largo de la historia fueron subvertidos por el propio sistema, qué en el ejercicio de una doble moral, predica una cosa y practica otra.

Por ejemplo, los golpes de Estado producidos por militares fueron una práctica usual cuando al sistema le convenía derrocar gobiernos que eran antisistémicos, pues cuestionaban sus baluartes mencionados: las libertades y la propiedad.

La experiencia latinoamericana es absolutamente contundente en datos y resultados: gobiernos de orden nacionalista, populista y socialista, fueron desterrados del poder a partir de golpes militares, generalmente cruentos.

La historia de los años 60s es muy clara: Allende en Chile, Torres en Bolivia, Velasco en el Perú, Janio Cuadros en Brasil, Arturo Frondizzi en la Argentina, junto a la Guatemala de Jacobo Arbenz en los 50 o la invasión de la Grenada de Coard 1983, son algunos de los ejemplos que marcaron a fuego a las democracias latinoamericanas.

Durante el ciclo de los Gobiernos democráticos, electos por la vía del voto, el propio sistema produjo otro tipo de injerencias como las democracias restringidas o las democracias controladas, que igualmente eran favorecidas desde el Pentágono y la Casa Blanca.

Hoy la situación no ha cambiado mucho ya que no se usan los golpes de carácter militar sino aquellos los golpes parlamentarios, apoyados por el poder judicial y sustentados por las guerras de cuarta generación y la guerra económica.

Y es más, el modelo que el neoliberalismo usa es aquel derroca parlamentariamente al presidente electo, impone un presidente títere de transición y finalmente impone un candidato fuerte, de derecha, que garantiza el control político y económico de la restauración neoliberal.

En Honduras, Roberto Micheletti se quedó como presidente transitorio luego de sacar a Manuel Zelaya de su legítimo cargo y luego impuso a Porfirio Lobo por la vía electoral.

En Paraguay se da el golpe parlamentario contra Fernando Lugo, imponiendo transitoriamente a Federico Franco para dar paso a Horacio Cartes, quien garantiza el proceso de restauración conservadora.

En el Brasil de Michel Temer se ejecuta el golpe parlamentario en contra de Dilma Rousseff, imponiendo inmediatamente la agenda de la restauración neoliberal. Y claro, en ese modelo, sus días están contados en la medida en que su responsabilidad en actos de corrupción ha desnudado su carácter. Seguramente en los próximos días estaremos presenciando la fabricación de un nuevo presidente para garantizar la restauración.

Temer saldrá de escena como ocurriera con Micheletti en Honduras y Franco en Paraguay.

Así, de una manera maquiavélica se instauran operadores transitorios para clausurar procesos democráticas progresistas y revolucionarios y abrir nuevos periodos que deben aparentar seguir siendo democráticos.

Vivimos una nueva etapa golpista que usa la legalidad democrática como arma que se vuelca contra la democracia liberal misma. Nunca se puso de mayor evidencia la doble moral liberal para hacer política. Ahí sus nuevos manuales y formas de operación.

En ese contexto, es moralmente posible plantearse la necesidad de subvertir esa legalidad fariseica desde una nueva legalidad generada en el seno mismo de los gobiernos democráticamente electos y que impulsan gobiernos progresistas y revolucionarios.

Venezuela se planteó una nueva Constituyente para garantizar su democracia popular.

¿No deberíamos pensar algo parecido para Bolivia? Claro que sí. Frente a la doble moral liberal y burguesa, debemos generar nuestra propia legalidad que impida la restauración del neoliberalismo como ocurrió en la Argentina de Macri o “los procesos golpistas constitucionales” de Brasil, Paraguay y Honduras.

*       Dirigente del Movimiento Guevarista.

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    Autor: Sergio

    boquense ortodoxo

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