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¿Qué es la OMC? (Organización Mundial del Comercio)

Leandro Morgenfeld [*]- http://www.resumenlatinoamericano.org/2017/12/08/argentina-por-que-decimos-no-a-la-omc/

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Al final de la Segunda Guerra Mundial surgieron nuevas instituciones multilaterales. En 1948, se estableció el Acuerdo General de Comercio y Tarifas (GATT por sus siglas en inglés), que funcionó hasta 1994. Sus sucesivas rondas de negociación promovieron reglas para liberalizar el comercio de manufacturas, pero no el de bienes agrícolas y servicios. En efecto, se disminuyeron progresivamente las tarifas y barreras comerciales a escala global. En la Ronda Uruguay (1986-1994), corporaciones farmacéuticas y agropecuarias, entre otras, presionaron para incorporar nuevos temas comerciales. Se creó una nueva institución, la Organización Mundial del Comercio (OMC).

Surgida en el particular contexto de la posguerra fría, la OMC fue el marco para garantizar que el proceso de acumulación del capital, tras el derrumbe del llamado “mundo socialista”, operara a escala planetaria. Paralelamente, estos temas se fueron incorporando en los nuevos acuerdos de libre comercio, como el Tratado de Libre Comercio de América del Norte(TLCAN), el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), y en los Tratados Bilaterales de Inversión (TBI). Hoy, la OMC está compuesta por 164 de los cerca de 200 países existentes. Su actual director general es un brasilero, Roberto Azevedo, pero la máxima autoridad del organismo es la Reunión Ministerial que se realiza cada dos años.

La XI Reunión Ministerial se realizará en Buenos Aires, Argentina, entre el 10 y el 13 de diciembre de 2017. Allí, las grandes corporaciones de los países centrales pretenderán relanzar esta institución, luego de la parálisis de los mega-acuerdos regionales, generada, en parte, tras el Brexit y la asunción de Donald Trump como presidente de Estados Unidos. Intentarán que se dé por clausurada la Ronda de Doha, conocida como Ronda del Desarrollo, que se inició en 2001; también procurarán introducir nuevos temas en la agenda.

Más allá de estos objetivos, en la cumbre de la OMC se expondrán las contradicciones internas: por un lado, las críticas de Trump, que prefiere los acuerdos bilaterales y expresó su desdén hacia la OMC y otros organismos multilaterales; por el otro, las demandas de los países menos desarrollados, que no quieren dar por muerta la Ronda del Desarrollo; y, frente a ellas, las de las organizaciones sociales y políticas que proponen agendas alternativas.

A la vez que las corporaciones trasnacionales promovieron sus intereses en esta institución global, emergieron resistencias. En noviembre de 1999 se produjo la famosa “Batalla de Seattle”, más de 40 mil manifestantes bloquearon la reunión ministerial, iniciando el movimiento por la alter-globalización. Cuatro años más tarde, en Cancún, hubo enormes protestas de organizaciones sindicales, ecologistas y campesinas, lideradas por La Vía Campesina, que lograron que colapsara la ministerial. Allí, los gobiernos de países no centrales, muchos de ellos perjudicados por los subsidios agrícolas de Estados Unidos, Europa y Japón, entendieron que antes que conseguir un mal acuerdo era mejor que no hubiera ninguno.

Ante la parálisis de las negociaciones multilaterales, las potencias impulsaron los tratados mega-regionales, que incorporan nuevos temas como la llamada “coherencia regulatoria”: ningún país miembro podría establecer una nueva regulación sin acordarla con los demás, afectando así la capacidad de los estados de desplegar políticas públicas, ya sea en materia laboral, medioambiental, de salud o educación.

En la reunión de diciembre, uno de los tópicos centrales será el de comercio electrónico. Como bien señalan Francisco Cantamutto y Mariano Treacy en un reciente artículo, “… la OMC busca abrir una nueva frontera de negocios como salida -siempre precaria- a la crisis global. De la mano de la revolución tecnológica en curso, las grandes multinacionales pretenden que la OMC en Buenos Aires sea sede de una globalización “recargada” donde se consolide la regulación de los “nuevos temas” como el comercio de servicios o la propiedad intelectual. En este sentido, uno de los puntos más peligrosos en curso es que se busca lograr una suerte de desregulación preventiva del comercio electrónico y del tráfico de datos.

Deborah James, coordinadora de la red Nuestro mundo no está en venta, explicó en un detallado análisis de la Ministerial de Buenos Aires de qué manera la agenda que intentan imponer los países ricos en la OMC refuerza las asimetrías a nivel global, en detrimento de los países menos desarrollados, a la vez que limita la posibilidad de que estos últimos, a través de políticas regulatorias, reduzcan esas diferencias. En su artículo “Malestar en el libro comercio”, Clara Weinhardt y Fabian Bohnenberger explican las crecientes impugnaciones a la liberalización que promueve la OMC, “…la oposición pública frente a la liberalización del comercio en muchas sociedades occidentales se alimenta de la preocupación por su efecto en el proceso democrático de formulación de leyes, en especial si los acuerdos comerciales conducen a una erosión de las ‘regulaciones sociales’ tales como la protección al consumidor y los estándares laborales y medioambientales. Mientras tanto, en muchas regiones de países en desarrollo –como América Latina–, la preocupación por la privatización y la desregulación ya había conducido previamente a una crítica de la agenda de globalización neoliberal en respuesta al desempleo creciente”.

La resistencia en Buenos Aires

Este año se conformó en la Argentina la Confluencia Fuera OMC, integrada por organizaciones y redes sociales, sindicales, de derechos humanos, territoriales, estudiantiles, de mujeres, políticas, campesinas y anti-extractivistas que hace años rechazamos los acuerdos de libre comercio. Lo hicimos con el ALCA, hasta su derrota en 2005, y con los que se vienen negociando en los últimos años: Mercosur-Unión Europea, Transatlántico (TTIP), Transpacífico (TTP) y de Servicios (TISA).

El 24 de junio de 2017, se realizó en Buenos Airesel primer Encuentro Nacional para promover la Semana de Acción Global contra el libre comercio, que tendrá lugar en la capital argentina, en forma paralela a la ministerial de la OMC de diciembre. En julio, se dio a conocer nuestra primera Declaración, a la cual adhirieron numerosas organizaciones y redes de diversos países:
“Llamamos a los pueblos del mundo a movilizarse en el marco de la XI Reunión Ministerial de la OMC, que tendrá lugar en Argentina entre los días 10 y 13 de diciembre de 2017. Para ello, convocamos a realizar una Cumbre de los Pueblos en la ciudad de Buenos Aires que colabore en la articulación de la resistencia contra el llamado “libre comercio” que sólo genera políticas de explotación y expoliación de nuestros pueblos y de la naturaleza, y que avance en visibilizar y discutir las alternativas a este sistema productivo y comercial. Entendemos que la lucha contra la OMC es global y lleva una rica historia de movilizaciones y articulaciones, ya que esta institución representa los intereses de las empresas transnacionales y no los derechos ni las necesidades de los pueblos.

Un hito en el proceso de descrédito ha sido la movilización de las organizaciones sociales que en 1999 pusieron en evidencia los impactos negativos del proyecto de liberalización comercial durante la reunión de la OMC en Seattle, Estados Unidos, y que inspiró a un amplio movimiento de resistencias anticapitalistas en todo el planeta. Cuatro años después, la gran movilización popular durante la Reunión Ministerial de la OMC en Cancún también significó un avance en la resistencia contra la agenda del gran capital transnacional. Pretendemos, asimismo, que la lucha contra la OMC adopte un fuerte carácter regional, sumándose en la recuperación de nuestra valiosa historia de organización social y política contra las múltiples formas de dominio que fue adquiriendo el capital en los últimos años.

La lucha contra el ALCA fue un proceso destacado de articulación continental, y la Cumbre de los Pueblos de Mar del Plata, en 2005, habilitó avances importantes en la discusión de alternativas de integración. Más de diez años después,  es necesario que volvamos a juntar nuestras luchas para movilizarnos contra la libertad corporativa y los privilegios de los inversionistas en la región.
La libertad debe ser para las personas: la libertad de movilidad para los trabajadores, y no para los empresarios e inversionistas que especulan con nuestras riquezas sociales y naturales. En este contexto debemos discutir nuevamente la cuestión de las alternativas populares y la urgente necesidad de avanzar en proyectos que construyan nuevas formas de relaciones entre nuestros pueblos, que sean solidarias y complementarias. (…) Rechazamos la agenda de ‘libre’ comercio y protección de inversiones en todas sus formas, sea mediante acuerdos bilaterales o inter-regionales (como el tratado entre la UE y el Mercosur, que se intenta cerrar para diciembre de este año) por medio del ámbito multilateral como la OMC o por decisión de grupos como el G20. Proponemos avanzar en la re-articulación de las agendas y las campañas de las organizaciones sociales y políticas, tanto en nuestro país como en la región y a nivel global. Es por esto que, desde este Encuentro Nacional, realizamos un llamamiento a todas las organizaciones y pueblos de Argentina y del mundo, a participar activamente en la organización y desarrollo de la Cumbre de los Pueblos en Buenos Aires entre los días 10 y 13 de diciembre de 2017, para oponernos al régimen que la OMC impulsa a nivel global  y pensar y discutir alternativas al capitalismo desde nuestros pueblos. Juntos/as, podemos construir esos otros mundos posibles”.

El 30 de septiembre se hizo un segundo encuentro y se lanzó la Confluencia Fuera OMC, que organizó el Encuentro de los Pueblos contra el libre comercio y por las alternativas, que se reunirá entre el 11 y el 13 de diciembre en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, e impulsa las movilizaciones que se realizarán durante esos días en la ciudad. En esta suerte de contra-cumbre, se realizarán las siguientes actividades: Foro “Soberanía Sanitaria: El impacto del Neoliberalismo sobre el Derecho a la Salud”; Foro Feminista Frente al Libre Comercio; Foro “Derechos y Soberanía frente al Libre Comercio, la Deuda y el Poder corporativo”; Foro “Bienes Comunes, Justicia Climática y Soberanía Energética”; Foro sobre Soberanía Educativa; Taller Coordinación Continental ALBA frente a la OMC; Panel – Debate “Los derechos laborales en el marco de la liberalización comercial”; Taller “Israel el brazo armado de la OMC”; Gran Asamblea de Mujeres; Panel-Debate “Pensamiento Crítico en América Latina”; Foro “Bienes Comunes, Justicia Climática y Soberanía Energética”; Foro de Soberanía Alimentaria; Foro de Migración; Foro de Trabajadorxs; Panel – Debate “La Economía Social y Solidaria – ¿Una alternativa a la economía capitalista?; y finalmente, el 13 de diciembre se realizará una Asamblea de Confluencia  y el Acto de Cierre “Fuera OMC – Solidaridad con los Pueblos que luchan”.

Recogiendo las mejores tradiciones de coordinación de las luchas globales, la Campaña está llamando a recuperar el espíritu de Mar del Plata, y de anteriores batallas, como la de Seattle y Cancún. Aquella lucha contra el proyecto hegemónico con el cual Estados Unidos pretendía consolidar su dominio continental, se ganó hace casi 12años.

Frente a la OMC y al G20: Foro Mundial del Pensamiento Crítico

La lucha contra la ministerial de la OMC atraerá la atención mundial hacia Buenos Aires; la Cumbre Presidencial del G20, que el presidente argentino Mauricio Macri insistió en que se realizara en la Argentina, también.

En 2016, se repudió la visita de Obama a la Argentina, que coincidió con el 40 aniversario del golpe de estado del 24 de marzo de 1976. Más allá de las masivas movilizaciones promovidas por los organismos de derechos humanos, hubo que soportar el enorme embelesamiento de la prensa hegemónica local con la familia Obama. Con Trump, la situación no será igual: si sobrevive a las iniciativas para realizarle un juicio político y todavía es presidente a mediados de 2018, visitará la Argentina para asistir a la Cumbre Presidencial del G20. Allí va a enfrentar en las calles concentraciones similares a las que se produjeron en Mar del Plata, durante la IV Cumbre de las Américas, en noviembre del 2005, con las consignas No al ALCA y Fuera Bush de Argentina y América Latina.

Enfrentamos grandes desafíos. Tanto los defensores de la globalización neoliberal como los nuevos líderes xenófobos de las potencias centrales defienden a los intereses de las grandes corporaciones. La llegada de Trump a la Casa Blanca es un gran peligro. Sus iniciativas misóginas, xenófobas, anti-obreras, plutocráticas, militaristas, injerencistas y contra cualquier protección del medio ambiente son una amenaza para el mundo entero, pero a la vez una oportunidad, por el rechazo que genera, para retomar el debate sobre nuevas agendas y estrategias, con una perspectiva antiimperialista y anticapitalista. También, para ampliar la coordinación y cooperación políticas, confluyendo con las organizaciones populares que lo enfrentan en Estados Unidos.

Trump expresa descarnadamente el afán de dominio imperial de Estados Unidos sobre Nuestra América. Y eso puede incrementar aún más el rechazo a la subordinación claudicante que proponen las derechas regionales como único camino posible. Pero esto, de ninguna manera, debe llevarnos a abrazar la estrategia neoliberal que, en contra del discurso de Trump, edulcora y promociona una agenda corporativa que sólo beneficia al 1% que concentra cada vez más riquezas a expensas del resto de la sociedad y de la depredación de los bienes comunes de la tierra. Más “libre comercio” no equivale a más desarrollo, ni a menos pobreza ni a menor desigualdad. Las opciones que nos ofrecen los defensores de la OMC y los críticos como Trump son en realidad funcionales a distintas fracciones de las clases dominantes de los países centrales. Frente a ese escenario, la salida no es optar por esa falsa disyuntiva, ni limitarse a aceptar meras reformas cosméticas de la OMC, sino avanzar en la construcción de un orden social menos desigual y depredatorio.
El gran desafío para las izquierdas, los movimientos populares y las fuerzas progresistas, es articular las luchas globales, regionales y nacionales –“pensar global y actual local”-, y ofrecer una alternativa favorable a nuestros pueblos y a la preservación de los bienes comunes de la tierra. La lucha contra los mega-acuerdos de libre comercio y la agenda pro corporaciones que promueven las potencias en la OMC y el G20 es una oportunidad para coordinar con las organizaciones sociales, sindicales, ecologistas, de mujeres, migrantes, LGBT y de derechos humanos que resisten en todo el mundo.

Por primera vez, la Reunión Ministerial de la Organización Mundial del Comercio se hará en América del Sur. Las grandes corporaciones trasnacionales van a intentar imponer sus intereses. En paralelo, organizaciones sociales y políticas de todo el mundo nos movilizamos en Buenos Aires para rechazar la agenda de la OMC y debatir sobre las alternativas

En noviembre de 2018 se realizará también en Buenos Aires el Primer Foro Mundial del Pensamiento Crítico, impulsado por el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, CLACSO. Esa cita, sin lugar a dudas, será un acontecimiento histórico, no sólo para enfrentar la ofensiva del capital contra el trabajo a escala global sino para avanzar en la construcción de nuestras agendas alternativas.

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[*] Leandro Morgenfeld – es integrante de la Confluencia Fuera OMC. Profesor UBA. Investigador adjunto del CONICET. Co-coordinador del Grupo de Trabajo CLACSO Estudios sobre Estados Unidos. Autor de Vecinos en conflicto. Argentina y Estados Unidos en las conferencias

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El uso de la mentira como una forma de fraude electoral

Fernando Buen Abad Domínguez – http://www.la-epoca.com.bo/index.php?opt=front&mod=detalle&id=6436

mentira

Una democracia seria debería sancionar con todo rigor las mentiras electorales. Antes, durante y después. Debería haber tribunales populares instruidos con todo el poder para ejecutar leyes que resguarden el voto, como documento histórico que es, y como exigencia de cumplimiento político inexcusable. Justicia exigente al máximo que debería encarcelar al que promete falsedades, para ejecutar traiciones, tanto como al que corroe votos para imponer fraudes. La voluntad democrática de los pueblos debería contar con blindajes de hierro y con castigos ejemplarísimos. Para que nadie se atreva a la falacia y para que nadie se sorprenda del castigo ejemplar y contundente. Por el engaño (también electoral) nos han traicionado más que por la publicidad… y ya es mucho decir. Es que estamos verdaderamente hartos de la democracia burguesa… urge el avance de la democracia participativa y de las bases.

Debería haber un comité popular de ética que sometiera a escrutinio y sanción el papel de aquellos “medios de comunicación” que solidarizaran con el plan de las mentiras en campaña y que, como resultado de su connivencia delincuencial probada, perdieran todo permiso para el uso de “medios” de manera definitiva… de por vida. Para garantizar la legitima libertad de expresión de la voluntad democrática. Por salud cultural y comunicacional para todos.

Debería exigirse, al lado de los requisitos para gozar de una candidatura (y del dinero del pueblo que eso conlleva en muchos países) la firma de compromisos de promesas, pasar de la palabrería de la “buena voluntad” aparente, a los proyectos realizables con explicación del sustento conceptual, político, técnico y financiero. Uno por uno caso por caso. Debería ser una exigencia pasar la prueba, el examen, que las bases decidan para garantizar el nivel de conocimiento y aceptación que desde la base debe tener cualquier candidato a cualquier cargo “público” o “privado”. Sin excusas porque de los cargos “privados” también salen dediciones que involucran a lo “público”.

Reina el desparpajo de la impunidad. Reina la alevosía en el descaro premeditado. Reina la estratagema del engaño que “embriaga” con demagogia a los votantes para traicionar lo dicho haciendo lo indecible. Reina el absolutismo de la desfachatez oligarca, irresponsable e impúdica, borracha de munición “antidisturbios” y oropel de “informativos” centrales. Ellos sonríen, bailan y cantan. Ellos se aplauden, se abrazan y se besan. Reina el relato de empresarios triunfadores de avaricia macabra sobre el abismo de las falacias donde pende de un hilo inflacionario la verdad que teje la amargura. Por decreto de “necesidad y urgencia”. Hay que ver el desastre que han hecho en México, en España, en EE.UU…

Así las cosas nos llenan con “frases hechas” inyectadas de estafa. Nos llenan las calles con propaganda de “cambios” y “futuro”. Nos llenan el oído con promesas endulzadas entre nepotismo promiscuo y capitalismo de amigos. Nos infectan la vida con su oratoria esculpida con cinceles de predicadores. Hablan de progreso a cambio de votos; hablan de felicidad a cambio de votos; hablan de empleo, educación, justicia, salud y vivienda a cambio de votos y prometen oportunidades a granel, aquí y allá, oportunidades a raudales, oportunidades para todos y en todas partes… igualdad de de oportunidades pero no igualdad de condiciones. Eso es sólo para ellos. La mentira como moneda de curso legal.

Es la pachanga desaforada de la “plus-mentira” convertida en parte del paisaje y en forma de resignación. Muchas personas aceptan que los “políticos” mientan porque andan en “campaña”. Como si fuese lógico o natural. La mentira premeditada queda liberada de toda culpa o penitencia. Reina la inmoralidad misma y se hace Cultura. El vacío de principios. La desfiguración alevosa de la realidad cómo signo de clase. El dogmatismo de la falacia, el fundamentalísimo de la irracionalidad impune. Y entonces lo falso es real.

Y, entonces, parece que la gracia es competir para ver quién miente “más bonito”. Quién promete “pobreza cero”, “hambre cero”, “desempleo cero”, “insalubridad cero”, “analfabetismo cero” … con desparpajo, sonrientes, rozagantes y cínicos. Acaso el “plus” de la mentira en la “pos-verdad” sea su capacidad de consenso aplastante, su manera de obturar la duda. Incluso su glamour autoritario. La “plus-mentira” basada en componentes dinámicos de usurpación simbólica para asesinar la verdad con las banderas de lo que se niega o se combate. Hitler se hizo llamar “socialista”, Franco en nombre de Dios produjo matazones diabólicas. Así que ni la “pos-verdad” ni la “plus-mentira” son novedades ni hallazgos teóricos actuales y acaso un factor decisivo, o de su vigencia, sea el uso de las tecnologías subordinándolas a sus fechorías. La tecnología aporta su “prestigio” para hacer más contundente el desprestigio de la verdad. Total pasará nada. Y todo conduce a la antipolítica. Los procesos electorales convertidos, por las mafias en el poder, en emboscadas ideológicas.

Estamos en una encrucijada de importancia suprema donde toda idea de “democracia” está en peligro y bajo amenaza. Es litigio filosófico profundo y crítico que atañe a la “verdad” sus búsquedas, encuentros y desencuentros siempre históricos. No sobre el valor de su existencia social e histórica sino sobre sus depredadores aunque en la “pos-verdad” se los niegue. Y todo esto pone de relieve la responsabilidad social por la verdad, su lugar y sus desafíos.

Es fundamental desplegar fuerzas políticas empeñadas en sellar con la verdad cada pliegue de las luchas sociales; marcar con el fuego de la verdad cada hecho social o individual de las masas y para las masas. La verdad que expresa la ética política de la lucha emancipadora. La verdad desde las bases con sus derrotas y sus victorias. La verdad y sus procesos, sus logros reveladores como saltos cualitativos de conciencia y compromiso. La verdad que es táctica inmediata de combate, la verdad revolucionaria siempre. En suma, si el capitalismo anhela manipular la percepción, las creencias y la confianza de los pueblos con mentiras, rumores y calumnias, con promesas prefabricadas para que se conviertan en todo lo contrario, para venderse en campañas políticas modelo farándula; para imponer “guerras económicas” y convencernos de que la voluntad popular no es confiable o lograr que nadie pueda reconocer la verdad de las luchas y eso deje de tener importancia… entonces hay que doblar la apuesta por la verdad que habita en las bases, en los pueblos y en sus luchas. Mentir no es una gracia.

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    La Vuelta de Obligado

    Extracto del libro Los mitos de la historia argentina 2, de Felipe Pigna, Buenos Aires, Planeta. 2004.https://www.elhistoriador.com.ar/articulos/epoca_de_rosas/la_vuelta_de_obligado.php

     

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    El 20 de noviembre de 1845, siendo el general Juan Manuel de Rosas responsable de las Relaciones Exteriores de la Confederación Argentina, tuvo lugar el enfrentamiento con fuerzas anglofrancesas conocido como la Vuelta de Obligado, cerca de San Pedro. La escuadra agresora intentaba obtener la libre navegación del río Paraná para auxiliar a Corrientes, provincia opositora al gobierno de Rosas. Esto permitiría que la sitiada Montevideo pudiera comerciar tanto con Paraguay como con las provincias del litoral. El encargado de la defensa del territorio nacional fue el general Lucio N. Mansilla, quien tendió de costa a costa barcos “acorderados” sujetos por cadenas. La escuadra invasora contaba con fuerzas muy superiores a las locales. A pesar de la heroica resistencia de Mansilla y sus fuerzas, la flota extranjera rompió las cadenas y se adentró en el Río Paraná.

    Quizás uno de los aspectos más notables e indiscutidamente positivos del régimen de Rosas haya sido el de la defensa de la integridad territorial de lo que hoy es nuestro país. Debió enfrentar conflictos armados con Uruguay, Bolivia, Brasil, Francia e Inglaterra. De todos ellos salió airoso en la convicción –que compartía con su clase social- de que el Estado era su patrimonio y no podía entregarse a ninguna potencia extranjera. No había tanto una actitud nacionalista fanática que se transformaría en xenofobia ni mucho menos, sino una política pragmática que entendía como deseable que los ingleses manejasen nuestro comercio exterior, pero que no admitía que se apropiaran de un solo palmo de territorio nacional que les diera ulteriores derechos a copar el Estado, fuente de todos los negocios y privilegios de nuestra burguesía terrateniente.

    En el Parlamento británico se debatía en estos términos el pedido brasileño y de algunos comerciantes ingleses para intervenir militarmente en el Plata a fin de proteger sus intereses: “El duque de Richmond presenta una petición de los banqueros, mercaderes y tratantes de Liverpool, solicitando la adopción de medidas para conseguir la libre navegación de el Río de la Plata. También presenta una petición del mismo tenor de los banqueros, tenderos y tratantes de Manchester. El conde de Aberdeen (jefe del gobierno) dijo que se sentiría muy feliz contribuyendo por cualquier medio a su alcance a la libertad de la navegación en el Río de la Plata, o de cualquier otro río del mundo, a fin de facilitar y extender el comercio británico. Pero no era asunto tan fácil abrir lo que allí habían cerrado las autoridades legales. Este país (la Argentina) se encuentra en la actualidad preocupado en el esfuerzo de restaurar la paz en el Río de la Plata, y abrigo la esperanza de que con este resultado se obtendrá un mejoramiento del presente estado de cosas y una gran extensión de nuestro comercio en esas regiones; pero perderíamos más de lo que posiblemente podríamos ganar, si al tratar con este Estado, nos apartáramos de los principios de la justicia. Pueden estar equivocados en su política comercial y pueden obstinarse siguiendo un sistema que nosotros podríamos creer impertinente e injurioso para sus intereses tanto como para los nuestros, pero estamos obligados a respetar los derechos de las naciones independientes, sean débiles, sean fuertes”.

    El canciller Arana decía ante la legislatura: “¿Con qué título la Inglaterra y la Francia vienen a imponer restricciones al derecho eminente de la Confederación Argentina de reglamentar la navegación de sus ríos interiores? ¿Y cuál es la ley general de las naciones ante la cual deben callar los derechos del poder soberano del Estado, cuyos territorios cruzan las aguas de estos ríos? ¿Y que la opinión de los abogados de Inglaterra, aunque sean los de la Corona, se sobrepondrá a la voluntad y las prerrogativas de una nación que ha jurado no depender de ningún poder extraño? Pero los argentinos no han de pasar por estas demasías; tienen la conciencia de sus derechos y no ceden a ninguna pretensión indiscreta. El general Rosas les ha enseñado prácticamente que pueden desbaratar las tramas de sus enemigos por más poderosos que sean. Nuestro Código internacional es muy corto. Paz y amistad con los que nos respetan, y la guerra a muerte a los que se atreven a insultarlo”.

    Se ve que Su Graciosa Majestad decía una cosa y hacía otra, porque en la mañana del 20 de noviembre de 1845 pudieron divisarse claramente las siluetas de cientos de barcos. El puerto de Buenos Aires fue bloqueado nuevamente, esta vez por las dos flotas más poderosas del mundo, la francesa y la inglesa, históricas enemigas que debutan como aliadas, como no podía ser de otra manera, en estas tierras.

    La precaria defensa argentina estaba armada según el ingenio criollo. Tres enormes cadenas atravesaban el imponente Paraná de costa a costa sostenidas en 24 barquitos, diez de ellos cargados de explosivos. Detrás de todo el dispositivo, esperaba heroicamente a la flota más poderosa del mundo una goleta nacional.

    Aquella mañana el general Lucio N. Mansilla, cuñado de Rosas y padre del genial escritor Lucio Víctor, arengó a las tropas: “¡Vedlos, camaradas, allí los tenéis! Considerad el tamaño del insulto que vienen haciendo a la soberanía de nuestra Patria, al navegar las aguas de un río que corre por el territorio de nuestra República, sin más título que la fuerza con que se creen poderosos. ¡Pero se engañan esos miserables, aquí no lo serán! Tremole el pabellón azul y blanco y muramos todos antes que verlo bajar de donde flamea”.

    Mientras las fanfarrias todavía tocaban las estrofas del himno, desde las barrancas del Paraná nuestras baterías abrieron fuego sobre el enemigo. La lucha, claramente desigual, duró varias horas hasta que por la tarde la flota franco-inglesa desembarcó y se apoderó de las baterías. La escuadra invasora pudo cortar las cadenas y continuar su viaje hacia el norte. En la acción de la Vuelta de Obligado murieron doscientos cincuenta argentinos y medio centenar de invasores europeos.

    Al conocer los pormenores del combate, San Martín escribía desde su exilio francés: “Bien sabida es la firmeza de carácter del jefe que preside a la República Argentina; nadie ignora el ascendiente que posee en la vasta campaña de Buenos Aires y el resto de las demás provincias, y aunque no dudo que en la capital tenga un número de enemigos personales, estoy convencido, que bien sea por orgullo nacional, temor, o bien por la prevención heredada de los españoles contra el extranjero; ello es que la totalidad se le unirán (…). Por otra parte, es menester conocer (como la experiencia lo tiene ya mostrado) que el bloqueo que se ha declarado no tiene en las nuevas repúblicas de América la misma influencia que lo sería en Europa; éste sólo afectará a un corto número de propietarios, pero a la mesa del pueblo que no conoce las necesidades de estos países le será bien diferente su continuación. Si las dos potencias en cuestión quieren llevar más adelante sus hostilidades, es decir, declarar la guerra, yo no dudo que con más o menos pérdidas de hombres y gastos se apoderen de Buenos Aires (…) pero aun en ese caso estoy convencido, que no podrán sostenerse por largo tiempo en la capital; el primer alimento o por mejor decir el único del pueblo es la carne, y es sabido con qué facilidad pueden retirarse todos los ganados en muy pocos días a muchas leguas de distancia, igualmente que las caballadas y todo medio de transporte, en una palabra, formar un desierto dilatado, imposible de ser atravesado por una fuerza europea; estoy persuadido será muy corto el número de argentinos que quiera enrolarse con el extranjero, en conclusión, con siete u ocho mil hombres de caballería del país y 25 o 30 piezas de artillería volante, fuerza que con una gran facilidad puede mantener el general Rosas, son suficientes para tener un cerrado bloqueo terrestre a Buenos Aires”.

    Juan Bautista Alberdi, claro enemigo del Restaurador, comentaba desde su exilio chileno: “En el suelo extranjero en que resido, en el lindo país que me hospeda sin hacer agravio a su bandera, beso con amor los colores argentinos y me siento vano al verlos más ufanos y dignos que nunca. Guarden sus lágrimas los generosos llorones de nuestras desgracias aunque opuesto a Rosas como hombre de partido, he dicho que escribo con colores argentinos: Rosas no es un simple tirano a mis ojos; si en su mano hay una vara sangrienta de hierro, también veo en su cabeza la escarapela de Belgrano. No me ciega tanto el amor de partido para no conocer lo que es Rosas bajo ciertos aspectos. Sé, por ejemplo, que Simón Bolívar no ocupó tanto el mundo con su nombre como el actual gobernador de Buenos Aires; sé que el nombre de Washington es adorado en el mundo pero no más conocido que el de Rosas; sería necesario no ser argentino para desconocer la verdad de estos hechos y no envanecerse de ellos”.

    El encargado de negocios  norteamericano en Buenos Aires, William A. Harris, le escribió a su gobierno: “Esta lucha entre el débil y el poderoso es ciertamente un espectáculo interesante y sería divertido si no fuese porque (…) se perjudican los negocios de todas las naciones”.

    Dice el historiador H. S. Ferns: “Los resultados políticos y económicos de esa acción fueron, por desgracia, insignificantes. Desde el punto de vista comercial la aventura fue un fiasco. Las ventas fueron pobres y algunos barcos volvieron a sus puntos de partida tan cargado como habían salido, pues los sobrecargos no pudieron colocar nada”.

    Los ingleses levantaron el bloqueo en 1847, mientras que los franceses lo hicieron un año después. La firme actitud de Rosas durante estos episodios  le valió la felicitación del general San Martín y un apartado especial en su testamento: “El sable que me ha acompañado en toda la guerra de la independencia de la América del Sur le será entregado al general Juan Manuel de Rosas, como prueba de la satisfacción que, como argentino, he tenido al ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que trataban de humillarla”.


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    ¿Por qué desapareció Santiago Maldonado en Argentina?

    Por Daniel Cholakian – http://www.contrainfo.com/27005/por-que-desaparecio-santiago-maldonado-en-argentina/

    Santiago Maldonado desapareció el 1ro de agosto de este año, luego de la represión de la Gendarmería argentina ante una protesta. La acción violenta se llevó a cabo dentro de la Pu Lof en resistencia Cushamen, territorio perteneciente a la comunidad mapuche, en una inhóspita zona del sur del país.

    Árida y fría, la región es parte de un paisaje inmenso, donde pueden encontrarse comunidades indígenas, grupos de pequeños productores trashumantes y grandes capitalistas globales como Benetton o Lewis. Estos cuentan con millones de hectáreas, acceso privado a recursos naturales y connivencia casi ilimitada de los poderes políticos, judiciales y mediáticos de la región.

    Todo lo que sucedió en relación con la desaparición de Santiago Maldonado no es ajeno a cualquier posible relato latinoamericano. Una comunidad indígena reclama su derecho histórico a la tierra que habita y con la que vive. Los dueños de la tierra, apoyados por el estado, convierten a los territorios en propiedad y explotación capitalista. En cualquiera de nuestros países, del Río Bravo a la Tierra del Fuego, las comunidades indígenas son expulsadas, expropiadas y desplazadas de los territorios en los que se desarrollaron a lo largo del tiempo.

    Somos una enorme mayoría de mestizos, de hablantes multilingües, pero nos constituyó el gran relato del western y el elogio de la propiedad privada.

    Santiago Maldonado acompañaba a esta comunidad mapuche en su reclamo territorial. Siete u ocho de ellos cortaban una ruta nacional, junto a la entrada a la Pu Lof. Reclamaban por la libertad del lonco Facundo Jones Huala, detenido injustamente, dos veces juzgado y absuelto. El juez federal Otranto ordenó a la Gendarmería que despejará la ruta. Hacia allá fueron casi un centenar de hombres, con camionetas, vehículos especiales, armas y equipos de comunicación. Lograron rápidamente despejar la ruta, ya que en la noche del 31 de julio se había levantado el corte. Al otro día, los gendarmes persiguieron dentro de su propio territorio a los manifestantes.

    ¿Por qué los gendarmes ingresaron a la comunidad si ese espacio no depende del Estado federal y por lo tanto requerían una orden de otro juez? Allí se encuentra una de las claves para comprender la historia de la desaparición de Santiago Maldonado.

    La Gendarmería adujo que los miembros de la comunidad arrojaban piedras sobre sus efectivos desde su propio territorio. Lejos de retirarse y escapar al alcance de las piedras, el centenar de gendarmes avanzaron de modo violento sobre estos ciudadanos que, abandonados de todo Dios y todo gobierno, fueron siempre deslegitimados como sujetos de derecho.

    ¿Quién dio la orden represiva? Se desconoce a ciencia cierta, pero en todos los casos ha sido ilegal, pues no había orden judicial para ingresar al territorio de la comunidad. Las sospechas recaen sobre el jefe de gabinete del ministerio de seguridad, Pablo Noceti, quien estuvo coordinando las tareas en la zona en los días previos y en la misma jornada de represión. Tuvo reuniones con los jefes de los destacamentos de Gendarmería y se habría encontrado con grupos representativos de los terratenientes de la región. El plan era hostigar, estigmatizar y caracterizar de violentos a los habitantes de la Lof, de modo que pudiera avanzarse sobre ese territorio sagrado y vital que, habiendo sido ocupado por Benetton, fue devuelto a la comunidad en 2015.

    Si todos apuntan a Noceti, lo cierto es que su jefa, la ministra de seguridad Patricia Bullrich, afirmó ante el Congreso Nacional que él apenas estaba de paso “y se bajó a saludar”. No hay dudas que lo actuado por Noceti, a quien se encubre desde hace tres meses, es parte de la política del gobierno

    Los últimos 40 años

    Argentina ha logrado configurar un caso excepcional en materia de justicia en relación con los delitos perpetrados por la última dictadura. Hay desaparecidos en Chile, Uruguay, Brasil, Perú, Bolivia, Guatemala o El Salvador durante las dictaduras. Y bajo regímenes democráticos, los hubo y los hay en Colombia, Honduras y México. Pero el término “Desaparecido”, referido a quien fue secuestrado por motivos políticos y cuyo cuerpo no fue encontrado, se acuñó a partir de la experiencia de lucha en Argentina.

    Este año celebraron 40 de existencia dos organizaciones que trascendieron el país, pero que fueron centrales para esto: Madres y Abuelas de Plaza de Mayo.

    En estos 40 años la sociedad argentina generó un conjunto de saberes y subjetividades en torno a la tríada Memoria, Verdad y Justicia, que la mantiene movilizada permanentemente. Cada 24 de marzo, aniversario del último golpe militar, cientos de miles de personas se movilizan en todo el país en un acto que repone casi ritualmente el espanto y la memoria, impidiendo el olvido e (re)impulsando la búsqueda de la verdad y la justicia.

    Argentina busca cada día a sus desaparecidos, tanto desde la sociedad civil como desde el Estado. La memoria de la dictadura es acto y no mero gesto evocativo. Comprender la vitalidad de esta lucha es esencial para entender el enorme impacto social y político de la desaparición de Santiago Maldonado.

    Los largos tres meses

    Durante el tiempo en el cual Santiago estuvo desaparecido el gobierno evitó dar información, especialmente luego de una torpe y malintencionada presentación de la ministra Bullrich ante el Senado nacional. Ocultó información, minimizó la participación de su segundo (subordinado), Noceti, tanto en reuniones previas como en el mismo terreno de la represión y mintió sobre datos concretos de las acciones llevadas a cabo por la Gendarmería: falseó la cantidad de los datos de efectivos y móviles utilizados; negó el uso de armas, que luego se comprobó que llevaban algunos oficiales; situó la acción de los mismos a un espacio alejado del río Chubut, al que se supo luego llegaron al menos siete de ellos; y aseguró que ella iba a proteger a los gendarmes porque son muy necesarios para la política de seguridad del gobierno: “No voy a tirar ningún gendarme por la ventana”, afirmó.

    Los primeros testimonios conocidos de testigos presenciales, coincidían en que mientras todos los miembros de la comunidad huyeron y cruzaron el río, Santiago, que no sabía nadar, no lo hizo. Se escucharon gritos de los gendarmes asegurando que “tenían a uno”. Rápidamente, según los testimonios, los gendarmes subieron un bulto a una camioneta y luego de ésta lo pasaron a un vehículo todo terreno. Al hacerlo, varios gendarmes formaron una barrera humana que impidió ver que estaban haciendo entre los vehículos. Luego los vehículos salieron de la comunidad con rumbo incierto.

    La investigación, a cargo del mismo juez federal que ordenó desalojar la ruta, tomó el curso que el gobierno deseaba, y colaboró con el encubrimiento de la Gendarmería. El juez Otranto tardó semanas en ordenar el registro de aquellos vehículos, avisando previamente al ministerio de seguridad, que pidió a la Gendarmería que tuvieran esos vehículos preparados para la inspección. Eso les permitió que estos fueran lavados. Si alguna vez el cuerpo de Santiago o alguna de sus pertenencias estuvieron allí, era imposible encontrar cualquier rastro.

    La información oficial fue casi inexistente, pero el gobierno operó para distraer la atención sobre la responsabilidad de la Gendarmería a través de sus muchos medios aliados; los medios de comunicación.

    Primero difundieron un video en el cual se veía a un joven con rastras en un comercio de una provincia al norte del país. Afirmaban que un camionero había dicho que lo había dejado allí y que era Santiago Maldonado. Inmediatamente el joven Francisco Maestre se reconoció en el video y explicó, a través de las redes sociales, que quien aparecía en casi todas las pantallas argentinas era él y no Santiago Maldonado.

    Sin un sentido claro, más que distraer la atención, el diario Clarín publicó una nota titulada “Hay un barrio de Gualeguaychú en donde todos se parecen a Santiago”. También, según las noticias falsas difundidas cotidianamente, estuvo en un monasterio en la provincia de Mendoza, donde el sacerdote lo habría asistido; junto con un grupo de mapuches habrían atacado el puesto de una estancia y habría sido herido y probablemente muerto, ocultado por los mapuches; como aparentemente tomó algunas clases de artes marciales, se afirmó que un karateca como él no podría ser víctima de una represión sin armas de fuego; se informó de la aparición de un cuerpo con características similares en el sur de Chile, pero hasta la propia presidenta de ese país tuvo que desmentirlo; y en el colmo de las parodias, el juez mandó a allanar una peluquería en una localidad a miles de kilómetros de Chubut, pues la peluquera dijo que le había cortado unas rastras a un joven y que estaban allí, en su negocio. Más tarde una pareja dijo que en principios de agosto habían llevado Santiago Maldonado en su coche, pero lo informaron 20 días después porque estaban viajando y no le habían prestado atención a las noticias.

    Elisa Carrió, diputada electa por la ciudad de Buenos Aires, con más del 50% de los votos insinuó que el caso podría ser una maniobra del kirchnerismo para atacar al gobierno y, sobre el cierre de la campaña electoral, días antes de que se encontrara el cuerpo de Santiago, afirmó que “hay un 20% de posibilidades de que este chico esté en Chile con el RIM [por RAM]”

    Desarrollaron también un fuerte ataque a la familia Maldonado. Fuentes oficiosas dentro del gobierno llegaron a insinuar que Maldonado se mantenía oculto en colaboración con los mapuches, para sostener la idea de la desaparición forzada y perjudicar políticamente al gobierno frente a las elecciones legislativas. Así, la víctima era convertida en verdugo.

    La falsa información, que era replicada por funcionarios públicos como si fueran indicios de verdad, conducía a instalar una hipótesis: Santiago Maldonado nunca había estado en la comunidad mapuche y si había estado se había ido de allí por sus propios medios. En el peor de los casos, estaba muerto y su cuerpo había sido ocultado por los mapuches.

    Cuando ya nada de eso se sostenía, instalaron que podría ser que un gendarme se hubiera excedido y por efectos de la violencia hubiera fallecido. De ese modo habría un “exceso” y no desaparición forzada de persona.

    Al mismo tiempo los mapuches se convirtieron para los medios y funcionarios en el grupo terrorista llamado RAM (Resistencia Ancestral Mapuche), vinculados a las FARC colombianas y financiados por capitales británicos. “Atrás de la RAM hay una organización inglesa”, aseguró la ministra Patricia Bullrich. La estigmatización de los mapuches fue políticamente intencionada. La estrategia sirvió a invalidar sus reclamos y hacer poco creíbles sus testimonios.

    El lenguaje, que no es zonzo, es una de las principales armas del dispositivo de poder y control del Estado y sus aliados. O del poder y su estado aliado, nómbrelo como prefiera.

    Mientras tanto, Gonzalo Cané, secretario dentro del ministerio de seguridad, participaba cada mañana de los interrogatorios a los testigos junto al juez e instruía a los gendarmes sobre qué y cómo debían declarar. Lo que no hizo el juez Otranto para impedir que se conozca la verdad merece un artículo cuanto menos tan extenso como éste.

    A pesar de eso, la información que generaron la familia, los organismos de DDHH, muchos buenos periodistas y la propia comunidad, permitió arribar a una certeza: Santiago desapareció durante la represión ilegal de la gendarmería dentro de la comunidad mapuche.

    Las redes, las calles

    Rápidamente los organismos de DDHH recogieron el guante y acompañaron la demanda de los familiares de Santiago. Todas las palabras se hicieron una sola voz, recogiendo aquella experiencia de los 40 años: “Aparición con Vida YA!” fue el reclamo colectivo. Las redes sociales se hicieron eco con una pregunta excluyente “¿Dónde está Santiago Maldonado?”

    La imagen de Santiago se hizo ícono y sólo replicarla cargaba el aire con la demanda. Proclive a ganar la calle, la sociedad salió a reclamar por la aparición con vida de Santiago Maldonado, desaparecido por la gendarmería. La primera convocatoria fue el 11 de agosto, donde la concurrencia se mostró profundamente dolida. Volver a pensar en la desaparición de un joven que se movilizó por una idea política era inconcebible para miles de argentinos.

    La segunda marcha fue el 1 de septiembre, a un mes de la desaparición de Santiago, y convocó a cientos de miles. Esa noche, en una acción organizada por infiltrados, se desataron hechos de violencia durante la desconcentración y la policía cargó contra jóvenes que no participaron de ninguna agresión. Detuvieron personas a la salida de bares que ni siquiera estaban cerca del lugar. La represión fue violenta y el miedo se instaló nuevamente en los cuerpos. Ahora no solo había un desaparecido, estaban presos muchos jóvenes que habían ido pacíficamente a reclamar por Maldonado.

    Para el 1 de octubre, día en que se cumplieron dos meses de la desaparición, la marcha fue nuevamente muy importante. Pero había temor a la represión. Muchos hijos marcharon con sus padres, muchas organizaciones extremaron sus cuidados. Desde el palco los hermanos de Santiago, Sergio y Germán, pidieron a todos desconcentrar rápido y en paz.

    Esos miles de personas movilizadas, la insistencia de algunos periodistas que no dejaron de informar diariamente, y la presión de los organismos internacionales, lograron un cuadro de situación que facilitó el apartamiento del juez a pedido de la familia Maldonado.

    El nuevo juez, Cuando escuché a Sergio Maldonado decir que había estado siete horas cuidando el cuerpo sin vida de Santiago, que por entonces no estaba seguro que fuera de su hermano, no pude dejar de pensar en esas madres, estos hermanos y éstos Estados ejecutores de desapariciones forzadas de ciudadanos, y al mismo tiempo, encubridores de asesinos., cambió el enfoque, tomó medidas precisas y el 17 de octubre el cuerpo de Santiago Maldonado apareció ahogado en el río Chubut, a metros del lugar donde fue visto por última vez. Después de 78 días y al menos tres rastrillajes de la zona, Santiago fue encontrado en una zona por la que cientos de personas habían pasado desde aquel primero de agosto ¿es posible que nadie lo haya visto? ¿Estuvo allí todo este tiempo? Ojalá algún día podamos saberlo.

    Los días que restan por venir

    El viernes 20 de octubre se realizó la autopsia sobre el cuerpo de Santiago Maldonado. Al momento de escribir este artículo aún no hay ningún informe oficial al respecto. El juez Lleralsólo dijo al salir de la misma que “no hubo lesiones en el cuerpo, por lo menos que pudieran ser determinadas por los peritos”. Esto permitió que los voceros oficiosos y muchos funcionarios determinaran que Santiago Maldonado se había ahogado y que la Gendarmería no tuvo responsabilidad alguna en su muerte. Aunque muchos aseguran que el cadáver no estuvo allí durante los 78 días, e incluso afirman que por la profundidad del río en el lugar (cerca de un metro) era imposible que se ahogara, el gobierno y sus aliados dan por concluida la discusión y lo que ocurrió fue un mero accidente. La familia por su parte, asegura que Santiago fue asesinado. La calle volverá a ser el lugar donde los ciudadanos reclamaran ahora por Verdad y Justicia para Santiago Maldonado y su familia.

    Epílogo

    La tarde que encontraron el cuerpo de Santiago, su hermano Sergio y su cuñada Andrea permanecieron allí, cuidando que nadie tocara nada hasta que llegaran los peritos especializados. “Estuvimos desde las 13:00 hasta las 20:00 al lado de ese cuerpo, porque no confiamos en nadie y para que nadie le hiciera nada y que no lo tocaran. Porque desde un primer momento nos atacaron”, declararon.

    Hace exactamente un año yo estaba en México, y concurrí al Congreso Latinoamericano de Antropología Forense, donde se dio un gran espacio a los familiares de las víctimas. Pude hablar con varios de ellos, todos con historias muy complejas y desgarradoras. Pero hubo un relato de una madre que me impactó como pocas historias. Ella nos contó que a varias de ellas las llamaban para darles el cuerpo de su hijo y que al verlo, se daban cuenta que no eran quien decían que era. Si rechazaban el cuerpo, los funcionarios les decían que entonces debían descartarlo, porque para ellos estaba identificado y la familia no lo quería recibir.

    Algunas madres decidieron recibir esos cuerpos, darles sepultura y cuidarlos, convirtiéndose en custodios de un cuerpo que no sabía de quién era. No podía dejar su destino en manos de quien cuanto menos lo revictimizaba al privarlo de su verdadera identidad. Ellas cuidarían ese cuerpo hasta poder entregarlo a la verdadera madre.

    Cuando escuché a Sergio Maldonado decir que había estado siete horas cuidando ese cuerpo, que por entonces no estaba seguro que fuera de su hermano, no pude dejar de pensar en esas madres, estos hermanos y éstos Estados que son perpetradores y al mismo tiempo encubridores.

    La historia de Santiago Maldonado es parte de la historia de NuestrAmérica.


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    Pueblos originarios: Historia criminal de la Gendarmería

    http://www.anred.org/spip.php?article15364

    gendarme

    En la década de los ’60, quizás hasta principios de los ’70, miles de adolescentes – y no tanto – esperaban todas las semanas la llegada a los kioscos de la revista D’Artagnan, que junto con El Tony y Fantasía constituían el trípode que sostenía el éxito de ventas de Editorial Columba, por entonces líder indiscutible del mundo de las historietas en la Argentina. En las páginas de D’Artagnan, entre personajes mucho más famosos como Nippur de Lagash y Gilgamesh el inmortal o el agente de inteligencia Dennis Martin, se colaba un gendarme recio llamado Hilario Corvalán, creado por Sergio Almendro y dibujado, entre otros, por Néstor Olivera y Horacio Altuna.

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    Corvalán – igual que su antecesor, también en D’Artagnan, el Sargento Morales, vaya apellido – era de los buenos: tenía una conciencia moral impecable, respetaba la ley, obedecía las órdenes siempre correctas y mesuradas de sus superiores, perseguía a ladrones y contrabandistas, y nunca, pero nunca, cometía una injusticia contra un indio. No debe extrañar: el gendarme bueno Corvalán era por entonces una pieza más de una batería de penetración cultural que incluía historietas protagonizadas por buenos policías, buenos soldados y buenos marinos a través de los cuales se buscaba instalar –y sostener – en la sociedad argentina una imagen impoluta de las fuerzas armadas y de seguridad. Porque la bondad y la corrección de estos personajes no era una excepción sino que se mostraba como el reflejo del espíritu de las fuerzas que integraban.

    En todo caso, el espíritu de cuerpo que se dibujaba en Hilario Corvalán estuvo ausente el 1° de agosto pasado cuando fuerzas de Gendarmería entraron de manera violenta e ilegal en la Pu Lof de Cushamen para escarmentar a la comunidad mapuche y, en medio de una represión brutal, desaparecer a Santiago Maldonado. Tampoco se hizo presente los días que siguieron, cuando la Gendarmería, el gobierno nacional que la comanda y los medios hegemónicos montaron una batería de acciones de distracción, encubrimiento y criminalización de las víctimas para ocultar su responsabilidad en una desaparición forzada que, ahora se sabe, terminó en una muerte cuyas circunstancias y causas todavía deben investigarse a fondo en medio de una maraña de versiones falsas.

    Si algo tienen en común la ficción encarnada en el gendarme Hilario Corvalán de la historieta y la actuación de la Gendarmería Nacional en los hechos de Cushamen –pero también a lo largo de toda la existencia de la fuerza – es la vocación de encubrimiento del accionar criminal que atraviesa toda su historia.

    Télam 06/09/2016 Buenos Aires: La ministra de Seguridad de la Nación, Patricia Bullrich, acompañada de Gerardo Milman, secretario de Seguridad Interior, y Eugenio Burzaco, secretario de Seguridad, presenta el nuevo sistema de identificación para entrar a los estadios, que incluye una relación con el DNI de cada hincha. Foto: Jose Romero/telam/aa

    “Debemos recordarlos como lo que fueron: centinelas de la Patria que eligieron servir al país por vocación”, dijo en diciembre de 2015 la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, en la ceremonia de despedida de los 43 gendarmes muertos en un accidente vial cuando se dirigían a la provincia de Jujuy para colaborar en la represión de la Túpac Amaru como parte del plan del gobierno provincial de Gerardo Morales para desmantelar la organización social encabezada por Milagro Sala.

    La funcionaria reflotó así la imagen pública que el gobierno del conservador de Jaime Gerardo Roberto Marcelino María Ortiz buscó imprimirle cuando la creó, por Ley 12.367, en julio de 1938, durante la “década infame”. Centinelas de la Patria, guardianes de las fronteras, detrás de esas funciones manifiestas la Gendarmería no demoró en desnudar otro rostro, el de fuerza represiva del Estado al servicio de los grandes intereses económicos privados.

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    Esa misión ya venía impresa en su nombre, tomado de la Gendarmería Volante, un cuerpo mercenario privado creado por La Forestal, con el apoyo del gobierno santafesino de Enrique Mosca (futuro número dos de la fórmula de la Unión Democrática que enfrentó a Juan Domingo Perón en los comicios de 1946), luego de la gran huelga de los trabajadores de esa empresa en 1919. Conformada con los mismos criterios de reclutamiento que la Legión Extranjera francesa, la Gendarmería Volante fue utilizada sistemáticamente para reprimir a los obreros organizados hasta el cierre de la empresa de capitales británicos, en 1923.

    Quince años más tarde, la Gendarmería estatal nacerá con esa historia cargada en sus genes.

    La masacre de Rincón Bomba

    En junio de 2005, el abogado Julio García, representante de la Federación Pilagá, interpuso una denuncia contra el Estado nacional por “crímenes de lesa humanidad” en el Juzgado Federal N°1 de Formosa. Fue la primera vez que la inmensa mayoría de los argentinos escuchó hablar de “La masacre de Rincón Bomba” o “La masacre de La Bomba”, cometida por fuerzas de Gendarmería Nacional en octubre de 1947, en la zona formoseña de Las Lomitas, contra integrantes de los pueblos originarios pilagá que se habían concentrado allí cuando venían corridos desde Salta luego de trabajar en el Ingenio San Martín del Tabacal, propiedad de Robustiano Patrón Costas, sin que se les pagaran los salarios prometidos.

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    Unos meses antes de la matanza, alrededor de siete mil hombres, mujeres y niños de esa etnia habían llegado caminando desde Las Lomitas hasta Tartagal, en Salta, con la promesa de trabajo en la zafra. Las condiciones que ofrecía el ingenio eran paupérrimas, pero el hambre pesaba más. Un artículo publicado en 1946 por el diario El Laborista describe la situación sin eufemismos: “Los toma a trabajar en su ingenio y les paga lo que quiere. Si encuentran que las condiciones del ingenio son demasiado duras se escapan antes de cumplir con su contrato, la policía particular de Patrón Costas los persigue como si fueran caza mayor y los balea y mata si es necesario”, relataba.

    Terminada la zafra, les negaron los salarios y, ante las amenazas de la policía privada de Patrón Costas, emprendieron nuevamente a pie el largo viaje de regreso a Las Lomitas, en cuyo transcurso decenas murieron víctimas del hambre y las enfermedades. “Volvieron a pie hasta Las Lomitas porque carecían de medios para hacerlo por ferrocarril”, cuenta en otro artículo el diario Norte del 13 de mayo de 1947. Se instalaron en La Bomba, un paraje cercano, donde los pilagás se reunían para escuchar la palabra de un líder evangelista de la comunidad, Luciano Córdoba, conocido como Tonkiet.

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    Pero en Las Lomitas tampoco había trabajo y el hambre los seguía matando. Ante la gravedad de la situación, las autoridades provinciales se comunicaron con el presidente Juan Domingo Perón, quien ordenó, como parte de una ayuda mayor, el envío de tres vagones con alimentos, ropas y medicinas. La carga llegó a la ciudad de Formosa y permaneció en la estación, a la intemperie, diez días aproximadamente. Cuando llegó a Las Lomitas había un solo vagón lleno y dos semivacíos, con los alimentos en mal estado. De todos modos fueron distribuidos entre los miles de indígenas que los reclamaban. “Qué tanto se preocupa si al final son indios”, le contestó el delegado de la Dirección Nacional del Aborigen, Miguel Ortiz, al jefe del Escuadrón de Gendarmería, comandante mayor Teófilo Ramón Cruz, cuando éste le pidió explicaciones sobre el mal estado de los alimentos. El remedio fue peor que la enfermedad: se produjo una intoxicación masiva que causó decenas de nuevas muertes.

    Mientras tanto, comenzaron a circular rumores de un ataque indígena contra Las Lomitas para conseguir alimentos y Gendarmería formó un “cordón de seguridad” alrededor del campamento pilagá, con nidos de ametralladoras, carabinas y fusiles. Nadie podía traspasarlo, de modo que los indígenas quedaron encerrados en lo que en la práctica era un campo de concentración. El 10 de octubre, el cacique pilagá Paulo Navarro, conocido como Pablito u Oñedié, pidió una entrevista con el jefe de los gendarmes para buscar una solución.

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    Los gendarmes contestaron con balas y en minutos causaron más de trescientos muertos entre los indígenas atrapados sin salida. La masacre continuó durante toda la noche: “Pensando que al llegar la noche atacarían avanzando sobre Las Lomitas, efectuamos tiros al aire desde todos lados para dispersarlos. El tableteo de la ametralladora, en la oscuridad, debemos recordarlo, impresiona bastante. Muchos huyeron escondiéndose en el monte, al que obviamente conocían palmo a palmo”, se justificaría después el comandante mayor Cruz.

    Los asesinatos se prolongaron durante diez días, a medida que iban acorralando a los indígenas que habían podido escapar en dirección a Pozo del Tigre y Campo del Cielo, dos localidades cercanas. Patrullas de gendarmes, apoyadas por un avión, localizaron y mataron a otras doscientas personas, cuyos cadáveres iban quemando porque “no había tiempo para enterrarlos”.

    La demanda contra el Estado en 2005 calcula que en Rincón Bomba y sus alrededores fueron asesinados más de mil indígenas y que otros doscientos desaparecieron. El gobierno jamás investigó los hechos y no hubo sanciones de ningún tipo para los gendarmes asesinos. Al contrario, no pocos de ellos fueron ascendidos por su participación en la masacre.

    Una serie de entrevistas a ancianos nivaĉle realizadas entre 2014 y 2016 por los investigadores Gustavo Núñez, Marcelo Mendieta y Pablo Chianetta, permitió también reconstruir, setenta años más tarde, otras masacres cometidas por la Gendarmería Nacional contra trabajadores indígenas de otros dos ingenios del norte argentino, Ledesma y Esperanza. Los entrevistados refirieron también que, a continuación de cada masacre, sufrieron ataques de la Gendarmería en sus propias aldeas, lo que los obligó a cruzar el Río Pilcomayo y refugiarse en Paraguay.

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    Las causas y las consecuencias se repiten: “Muchos nivaĉle fueron engañados por el Ingenio Ledesma, y muchos murieron ahí y también en el Ingenio La Esperanza. Muchos trabajan los nueve meses, pero no cobraban, no les pagaron. Le daban por ahí pantalón, camisa, o un poco de tela, y nada más. Los blancos decían: ‘no hay que pagarles’. Había sido idea de los blancos que a esta gente no le vamos a pagar porque allá vamos a matar a todos”, relató uno de los entrevistados, Ts’ivanti (Eduardo Ponce Duarte).

    Los testigos de los hechos ya están muertos, pero sus historias fueron transmitidas oralmente de generación en generación, como parte del acervo identitario de sus comunidades. Sus testimonios fueron recopilados en el trabajo ¡Están! El Pueblo Nivaĉle en Formosa, de la Asociación para la Promoción de la Cultura y el Desarrollo, que fue presentado en julio pasado en el Congreso Nacional.

    A los efectos de esta breve historia criminal de la Gendarmería Nacional se recuperará aquí uno de esos testimonios, referido a la segunda de una serie de masacres relacionadas con el Ingenio Ledesma, hoy propiedad de la familia Blaquier.

    “Esta historia es muy mala que me contó mi papá. La segunda matanza de nivaĉle fue en Fortín Chávez. Esta matanza ya se sabía en el Ingenio Ledesma. Los gendarmes hablaron con los jefes del ingenio y les dijeron que les querían matar a los indios. El jefe de obra les dijo que no todavía, que les dejen terminar el trabajo y después ellos les largan, y ahí sabrán qué hacer ustedes. Trabajaron muchos meses, nueve meses, un año, y el jefe de la obra les decía a los nivaĉle que compren armas. Vat’ôsĵat compró una escopeta”, relató Môshee (Esteban Madrid Cano), que en el momento de la entrevista tenía 74 años.

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    “Siempre volvían en distintos grupos, de veinte, de quince. Así llegaron a ese fortín y les dijeron que descansen, que les iban a dar de comer, parecido a la otra matanza. A algunos les gustó la idea y a otros no les gustó y decían no hay que aceptar. Así que algunos quedaron y otros no. Los gendarmes les dijeron: pueden descansar acá, vamos a carnear una vaca para que coman asado y puedan cocinar, y eso le puso bien arisco a la gente, así contó mi padre. Él estaba en ese grupo, decía que ellos se separaron sino los gendarmes iban a matar a todos. Mi papá cuenta que el papá de una señora, que se llama Marta, desarmó su arma y puso en una maleta chica, y se fue con la gente que no quiso quedar. Cuando iban a mil metros, más o menos, ya se escucharon los tiros. Griterío dice que había, y ahí algunos en ese momento se escaparon. La matanza anterior fue en El Quemado, y ésta en Fortín Chávez, en el año ’40 más o menos. Los nivaĉle que iban solos se escaparon, y a los otros que quedaron, como era campo, los mataron”, continuó.

    “Vat’ôsĵat, que desarmó su escopeta, fue herido, y ahí se dio cuenta que también tenía escopeta y armó su escopeta. Mató dos gendarmes y corrió para escapar – siguió relatando -. Le seguían. Él encontró un pozo y se escondió en un chañaral tipo isla. Ahí se metió. Llegaron los gendarmes y vieron que entró ahí, y cuando fueron a ver él les tiró. Ellos también tiraron pero no le veían a él. Después vino el jefe de los gendarmes y él le tiró y le mató, y ahí vinieron los gendarmes y alzaron a su jefe y se fueron, y después de eso pudo salir para este lado y venir. Los gendarmes los perseguían con perros, con caballos, y algunos iban a pie. Esta historia no es buena”.

    El Estado tampoco investigó jamás ninguna de estas masacres, que recién más de medio siglo después comienzan a salir a la luz pública.

    Una historia repetida La participación de la Gendarmería Nacional en el plan sistemático de desaparición de personas implementado por el Estado Terrorista durante la última dictadura cívico-militar exigiría un artículo aparte. Los juicios por delitos de lesa humanidad han demostrado sin lugar a dudas la activa participación de la fuerza en la represión ilegal y probaron la presencia de muchos de sus integrantes en los grupos de tareas y los centros clandestinos de detención.

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    En pleno siglo XXI, cuando la Argentina lleva más de tres décadas viviendo en una institucionalidad republicana que no desconoce los altibajos en la calidad de vida democrática, la participación de la Gendarmería en la represión de los reclamos de las comunidades indígenas retorna, a la manera de los síntomas freudianos, dando cuenta de su verdadera estofa.

    Las acciones represivas brutales de los últimos tiempos contra las comunidades mapuches, con su momento (hasta ahora) más trágico en la irrupción en la Pu Lof de Cushamen que culminó con la desaparición y la muerte de Santiago Maldonado, muestran una vez más cuál ha sido una de sus funciones básicas a lo largo de toda su historia: la de una fuerza der seguridad del Estado instrumentada al servicio del poder económico.

    Ayer fueron los Arrieta-Blaquier de Ingenio Ledesma y los Patrón Costas del Ingenio San Martín del Tabacal; hoy se llaman Luciano Benetton y Joe Lewis. Los nombres cambian, pero la historia es la misma.

    Mientras tanto, el gobierno nacional y los medios de comunicación hegemónicos quieren contarles a los argentinos una nueva versión de la historieta de Hilario Corvalán, el gendarme bueno, centinela de la Patria.

    Pero la verdad no se puede encubrir con una historieta. La historia es muy distinta.


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    En 1959, Bayer denunció el “despojo” de las tierras mapuche de Cushamen

     

    Santiago Rey  – https://latinta.com.ar/2017/10/bayer-despojo-tierras-mapuche-cushamen-latinta/

    “Es urgente que los legisladores aclaren los despojos de Cushamen”. Así tituló La ChIsPa el 24 de enero de 1959. Una nota escrita por Osvaldo Bayer –fundador y director del medio- sobre el robo de tierras a Rafael Nahuelquir, en el noroeste de la Provincia de Chubut.

    Como integrante de la comunidad Ñancuchi Nahuelquir, Rafael era uno de los habitantes del predio de 625 hectáreas que le correspondieron en la distribución realizada en 1899, entre los ocupantes originarios de la zona. Puntualmente, ocupaba el denominado lote 140 de la Colonia Cushamen.

    La Ley 1501 organizó la entrega de esas tierras, distribuidas en 200 lotes de 625 hectáreas cada una.

    El detalle del despojo de esos territorios, lo expuso Bayer en la publicación La ChIsPa, editada en Esquel, en 1959. El periódico sólo duró cuatro meses -ocho números-, pero fue tiempo suficiente para que el periodista, escritor e historiador deje sentada su mirada sobre el proceso de corrimiento y matanza de los pobladores originarios de esas tierras.

    El periodista Bruno Nápoli editó hace pocos meses un libro con los facsímiles del periódico La ChIsPa. Los textos referidos a la situación en Cushamen se convierte en un material motivo de consulta clave para entender la vigencia del reclamo mapuche en ese territorio.

    Nápoli repasa que “en 1958, Osvaldo Bayer se radica en la ciudad de Esquel, contratado por el diario local como redactor. Por diferencias insalvables en el tratamiento político de las notas, es despedido del diario, sin paga y con una acusación desopilante: tentativa de homicidio contra el empresario/dueño del medio. Lejos de correrse de escena, decide quedarse y fundar el periódico ‘La ChIsPa’”.

    En ese periódico “denuncia a los latifundistas y terratenientes del lugar, describe con detalle el robo de las tierras de Cushamen por parte de comerciantes y políticos, celebra la revolución cubana, y desgrana toda su pluma contra las políticas económicas heredadas del golpe de 1955 y continuadas por lo que el periódico llama ‘la gran estafa argentina’ (el gobierno de Arturo Frondizi)”.

    La ChIsPa -que como “bajada” agregaba en su portada “Contra el Latifundio-Contra el Hambre-Contra la Injusticia”- investigó “el tema de las tierras de Cushamen”. Textualmente, el primer artículo de la serie, señalaba: “Hace cerca de cuarenta años que el Estado entregó al jefe aborigen Rafael Nahuelquir un predio de 625 hectáreas en el lote 140 de la Colonia Cushamen (…) así comienza el detallado drama de la tierra en Cushamen (…) que publicaremos en nuestras páginas a partir del próximo número”.

    En el número siguiente del periódico, bajo el título “Los dramas negros de Cushamen”, el medio detalla que “un ciudadano árabe de nombre Juan Sfeir (…) solicitó al jefe aborigen Rafael Nahuelquir le alquilara la casa en que éste vivía, en el lote 140 de la colonia. El señor Sfeir nunca pagó un centavo a Rafael Nahuelquir, y además se negó a entregar la casa, que luego vendió con mejoras de su propiedad a otro ciudadano árabe: Heikel El Khazen. Este caballero estableció un comercio y desde él comenzó el despojo de las familias aborígenes de la colonia”.

    El medio creado por Bayer detalla un engorroso proceso, en el que se vieron perjudicados la viuda e hijos de Nahuelquir; y, en cambio, como el comerciante Julio Telleriarte y el tasador Luis Zuschlag operaron para quedarse con las tierras. La estrategia incluyó un remate, realizado “sin notificar a los herederos”, y del cual fue comprador el propio Telleriarte, aquel comerciante que debía interceder ante el tasador.

    Bayer lo relató así: “En resumen: muerto el jefe de la familia se nombró un tasador de los bienes. Ese tasador exigió la suma de 160 pesos por el pago. Los hijos de Nahuelquir pagaron esa suma a Luis Telleriarte, quien les dio un recibo. Años después el tasador reclamó el pago de los 160 pesos ante el juez”.

    “El juez -agregó el periodista, en 1959- ordenó entonces el remate de los bienes de Nahuelquir resultando comprador nada menos que Luis Telleriarte, quien hizo un gran negocio”.

    “Del dinero obtenido en el remate los herederos no han recibido hasta la fecha un solo centavo. Les queda la casa habitación que valientemente se negaron a desalojar”, detallaba La ChIsPa.

    Telleriarte se convirtió en Diputado Provincial por la Unión Cívica Radical del Pueblo, en Chubut, y pidió una “investigación” por las publicaciones de La ChIsPa. Bayer lo provocó desde las páginas de su medio: “Él comenzó el principio del camino como un vulgar ciudadano, luego acumuló dinero y experiencia y con eso pensó que nadie se iba a cruzar en su camino, pero el hombre propone y Dios dispone: se reunieron varios hombres responsables y valientes y crearon el periódico La Chispa, ¿para qué? Para decir la verdad aunque ésta sea dicha a señores que hoy son legisladores”.

    Y continuó: “¿Por qué pide el citado legislador una investigación parlamentaria? ¿Por qué no pide que la Justicia intervenga como correspondería? ¿Tendrá cola de paja y miedo a que se le queme? (…) Por último contestaremos al señor Telleriarte sobre algo por él dicho: ‘Sin prestigio no podría sentarme un minuto más en esta banca’ ¿Qué espera para levantarse Señor Telleriarte, o cree por ventura tener prestigio?”.

    Uno de los artículos sobre el tema se publicó en la tapa del periódico, junto a un recuadro que daba cuenta de otra noticia relacionada con la situación de la tierra y la explotación de los trabajadores rurales. “Leleque no pagar” es el título bajo el cual se detallan los resultados de una asamblea de socios de la Sociedad Rural de Esquel. “Los latifundistas ingleses dicen no tener plata para pagar el pan de los trabajadores criollos, que con el sudor de sus frentes mantienen a todos esos ‘misters’ y ‘ladies’ de Londres, que se hallan prendidos como garrapatas de nuestra sangre”, concluía el artículo.

    Se trata de la misma Sociedad Rural que 58 años después firmó un comunicado reclamando protección para sus latifundios, “amenazados” por el reclamo territorial de los pueblos originarios. Ni una línea dedicó la Sociedad Rural en ese comunicado a la desaparición forzada de Santiago Maldonado.

    La zona arrebatada por Telleriarte es parte de la estancia que pasó por manos de la Compañía de Tierras del Sud Argentino S. A., y ahora posee Luciano Benetton; los territorios son los mismos que recuperaron los integrantes del lof en Resistencia Cushamen; las víctimas de aquellos sucesos y de la represión de hoy siguen siendo las mismas.


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    ¿Dónde está Santiago Maldonado?

    Julián Andreu – http://hamartia.com.ar/2017/10/01/autoamnistia/

    donde esta

    Cuando los asesinos de la dictadura sabían que el final de su oscuro, feroz y sangriento proceso que encabezaron desde el 24 de marzo de 1976 tenía final y la guerra de Malvinas le había puesto punto final político, los protagonistas buscaron su propio perdón.
    La Ley 22.924 promulgada el 22 de septiembre de 1983 se conoció como Ley de autoamnistía, algunos de sus artículos:

    ARTÍCULO 1º — Decláranse extinguidas las acciones penales emergentes de los delitos cometidos con motivación o finalidad terrorista o subversiva, desde el 25 de mayo de 1973 hasta el 17 de junio de 1982. Los beneficios otorgados por esta ley se extienden, asimismo, a todos los hechos de naturaleza penal realizados en ocasión o con motivo del desarrollo de acciones dirigidas a prevenir, conjurar o poner fin a las referidas actividades terroristas o subversivas, cualquiera hubiere sido su naturaleza o el bien jurídico lesionado. Los efectos de esta ley alcanzan a los autores, partícipes, instigadores, cómplices o encubridores y comprende a los delitos comunes conexos y a los delitos militares conexos.

    ARTÍCULO 5º — Nadie podrá ser interrogado, investigado, citado a comparecer o requerido de manera alguna por imputaciones o sospechas de haber cometido delitos o participado en las acciones a los que se refiere el artículo 1º de esta ley o por suponer de su parte un conocimiento de ellos, de sus circunstancias, de sus autores, partícipes, instigadores, cómplices o encubridores.

    ARTÍCULO 12. — Los Jueces Ordinarios, Federales, Militares u organismos castrenses ante los que se promuevan denuncias o querellas fundadas en la imputación de los delitos y hechos comprendidos en el artículo 1º, las rechazarán sin sustanciación alguna.

    Un proceso de terror que tenía una maquinaria propagandística a favor y era muy poco lo que se podía conocer. Las primeras que pudieron quebrar ese cerco de silencio fueron las Madres de Plaza de Mayo, a costa de que varias de sus miembros sufrieron la tortura y la desaparición. Aún con esto no se amedrentaron y siguieron adelante, gracias a ello el mundo pudo conocer el régimen de terror impuesto en Argentina.
    No voy a caer en la facilidad de decir que este gobierno es ni siquiera parecido a la dictadura, aunque juega al límite de la legalidad y de los principios que suponen una democracia.
    En ese “juego” de una legalidad precaria o extinta, sus lineamientos son bien claros, desde la frase “los DDHH son un curro” se intentan llevar puestos derechos básicos.
    Este gobierno carga ya en su corto período con una presa política, Milagro Sala, que ya no solo está privada de su libertad, sino que ahora intentan acallarla, ni siquiera puede expresar lo que piensa, solo les falta amordazarla, están a un paso.
    Pero tiene algo más grave, este gobierno carga con un desaparecido que cada día lo vuelve a desaparecer con sus infamias. Hace dos meses que no sabemos donde está Santiago Maldonado, mientras la Ministra de Seguridad juega a los soldaditos y a sacarse fotos con avioncitos tuneados, su renuncia sería la mejor noticia que nos podría dar.
    Tanto Mauricio Macri, como Patricia Bullrich, Marcos Peña, entre otros, son responsables y encubridores de la desaparición forzada de Santiago Maldonado, delito de lesa humanidad e imprescriptible como tal.
    Cuando este gobierno termine en el tiempo que sea ¿Dictarán su autoamnistía tanto en lo económico como en lo político? Un buen ejemplo fue la que intentaron llevar adelante los asesinos de la dictadura cívico militar, con todo el poder del Estado cautivo de su régimen de terror. Sería un buen espejo en el cual se podrían ver y no olvidar lo que tantas veces les hicimos escuchar a esos asesinos “como a los nazis les va a pasar, a donde vayan los iremos a buscar..”