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Los fusilamientos de José León Suarez, a 61 años

Carlos Ciappina – http://www.diariocontexto.com.ar/2017/06/09/los-fusilamientos-de-jose-leon-suarez-a-61-anos/

 

 

Pero si este género de violencia pone al descubierto la verdadera sociedad argentina, fatalmente escindida, otra violencia menos espectacular y más perniciosa se instala en el país con Aramburu. Su gobierno modela la segunda década infame, aparecen los Alsogaray, los Krieger, los Verrier que van a anudar prolijamente los lazos de la dependencia desatados durante el gobierno de Perón. La República Argentina, uno de los países con más baja inversión extranjera (5% del total invertido), que apenas remesaba anualmente al extranjero un dólar por habitante, empieza a gestionar esos préstamos que sólo benefician al prestamista, a adquirir etiquetas de colores con el nombre de tecnologías, a radicar capitales extranjeros formados con el ahorro nacional y a acumular esa deuda que hoy grava el 25% de nuestras exportaciones. Un solo decreto, el 13.125, despoja al país de 2 mil millones de dólares en depósitos bancarios nacionalizados y los pone a disposición de la banca internacional que ahora podrá controlar el crédito, estrangular a la pequeña industria y preparar el ingreso masivo de los grandes monopolios (Rodolfo Walsh, 1968)

Primero, el relato

Nueve de Junio de 1956, nueve meses después del Golpe de Estado que derrocó el gobierno constitucional de Juan Domingo Perón, un grupo de militares y civiles dirigidos por el General Juan José Valle se rebelaron contra la Dictadura militar que gobernaba el país.

El movimiento  estalló en varios puntos del país en forma descoordinada y desigual. En Capital Federal el objetivo era tomar la antena de alcance  nacional del Automóvil Club Argentino para emitir una proclama al pueblo; otros estaban esperando la señal para tomar el Regimiento de Infantería de Plaza Italia en Capital Federal , algunos se habían reunido para esperar la señal en una casa de la localidad de Florida en el Gran Buenos Aires, otros se reunieron en una escuela de Avellaneda.

Todos fueron descubiertos antes que puedan llevar adelante lo previsto. El Gral. Raúl Tanco se refugió en la Embajada de Haití. La esposa del embajador detuvo al General del Ejército Quaranta en la puerta. El General , al grito de “correte negra de mierda”, violó la embajada y entró para llevarse al General y a cinco de sus compañeros. No hubo tregua ni respeto a ninguna ley internacional.

En Rosario, los confabulados fueron detenidos sin que alcanzaran sus objetivos: toma de comisarías y de radios. La Gendarmería, la Policía y el ejército fueron movilizados y detuvieron a unos pocos jóvenes sublevados. Fueron a parar a la comisaría 12 de Rosario. El Comisario los dejó ir al tercer día de detenidos, para que no los vaya a buscar el Ejército.

En Salta, Abraham Cabral lideraba un grupo de sublevados. Alguien propuso volar el tren que cruza los Andes. Cabral se opone, no podían caer inocentes. Cuando el movimiento es derrotado, lo encarcelan diez y seis interminables días y lo torturan  hasta fracturarle el cráneo.

En la casa de Florida, un grupo de civiles estaba reunido (escuchando la pelea de box del campeón nacional  Lausse como pantalla), esperando la señal para sumarse al levantamiento. Irrumpió la policía. Todos fueron llevados al basural de León Suárez. El comisario Desiderio Fernández Suarez ordenó el fusilamiento sin juicio y sin legalizar siquiera la detención.

En la ciudad de La Plata se dieron los mayores éxitos del movimiento: se tomó el Regimiento 7 de calle 19 y 53, todas las Comisarías y varias instituciones platenses por el Teniente Coronel Cogorno.

El Departamento Central de la Policía resistió, Cogorno y Valle consideraron tomarlo utilizando tanques de guerra, pero desistieron pensando en el número de vidas que iba a costar tal acción.

El teniente Coronel Cogorno fue fusilado en el regimiento 7 y el subteniente de reserva Alberto Juan Abadie en lo que hoy es la escuela de adiestramiento de perros de la Policía Bonaerense en el paseo del Bosque.

En La Pampa, los sublevados lograron tomar la ciudad capital por un tiempo pero tienen que entregarse cuando el Ejército entró a la misma.

El movimiento se agotó en tres días y los principales líderes y algunos civiles fueron detenidos. La Dictadura militar proclamó el Estado de Sitio y la pena de muerte después de las detenciones y con este argumento fusiló a varios de los sublevados. En  total, fueron treinta y ocho los fusilados entre civiles y militares. Sin juicio, sin ley.

El Gral. Juan José Valle se entregó esperando detener la ola de fusilamientos y persecuciones. Su compañero de curso en el Colegio Militar, Pedro E. Aramburu, gobernaba el país después del golpe militar contra Perón. Era quien había firmado la orden de fusilamiento. La esposa del Gral. Valle, quien conocía a Aramburu, se trasladaba a pedir por la vida de su esposo en un intento desesperado por salvarle la vida. “El sr. Presidente duerme y pidió no ser molestado”, fue la respuesta que recibió.

El Gral. Valle fue fusilado.

Fueron asesinados en el basural de León Suarez; Carlos Alberto Lizaso, Nicolás Carranza, Francisco Garibotti, Mario Brión y Vicente Rodríguez.

En sedes militares los fusilamientos se llevaron a cabo en: la Unidad Regional de Lanús, en el Regimiento 7 de La Plata y en el Bosque, en Campo de Mayo, en el Regimiento 2 de Palermo y en el Penal de Las Heras.

En estas sedes los fusilados fueron: General de división Juan José Valle; Coroneles Ricardo Santiago Ibazeta, Alcibiades Eduardo Cortínez y José Albino Irigoyen; Teniente coronel Oscar Lorenzo Cogorno; Capitanes Eloy Luis Caro, Dardo Néstor Cano y Jorge Miguel Costales; Tenientes 1º Jorge Leopoldo Noriega y Néstor Marcelo Videla; Subteniente Alberto Juan Abadie; Suboficiales principales Miguel Ángel Paolini y Ernesto Gareca; Sargentos ayudantes Isauro Costa y Luis Pugnetti; Sargentos Hugo Eladio Quiroga y Luis Bagnetti; Cabos Miguel José Rodríguez y Luciano Isaías Rojas; ciudadanos Clemente Braulio Ross, Norberto Ross, Osvaldo Alberto Albedro, Dante Hipólito Lugo, Aldo Emir Jofre, Miguel Ángel Mauriño, Rolando Zanetta, Ramón Raúl Videla y Carlos Irigoyen.

Todos fueron fusilados por un decreto posterior a su supuesto “delito” (sublevarse contra una Dictadura es, obviamente un derecho y una obligación democrática) . La gran mayoría sin ningún juicio , ni siquiera sumario y varios (los de León Suárez) en forma clandestina.

Segundo, la interpretación de la crónica:

Aún hoy (y después de varias dictaduras más) el relato de los hechos de junio de 1956 sigue conmoviendo y generando dolor y rebeldía. Cómo todas las epopeyas heroicas sólo puede crecer con el tiempo y, la memoria,  rescata cada vez más los detalles y a los protagonistas de esos hechos.

Pero un aspecto sin el cual sería incomprensible tanta saña , es el de interpretar y encuadrar los sucesos del  9 al 12 de Junio en el momento en que se produjeron.

¿Porqué se rompió la tradición de no fusilar por motivos políticos a los líderes militares de una sublevación?

¿Porqué se llegó violar el espacio hasta de las embajadas para perseguir a los sublevados?

¿Porqué se ordenó fusilar en forma clandestina a civiles indefensos?

La respuesta es desde esa época y desde hoy bastante clara: lo que estaba en juego era mucho más que el anhelo del retorno del Gral. Perón. O dicho de otro modo, la intención de los sublevados, llamar elecciones libres sin proscripciones, suponía el seguro triunfo y regreso de Perón, y esto,   ponía en discusión el modelo de país que la “Libertadora” y sus aliados civiles tenían previsto.

Por  supuesto, que la represión era aceptada y fervientemente apoyada por los tradicionales dueños del poder económico y político que habían visto con temor y repulsión como durante diez años se habían ido  ocupando “sus” espacios tradicionales en las ciudades, en los teatros, en los cines, en la cultura, en las pautas de consumo, en la Universidad, en el  machismo de una organización política y sindical cerrada a la participación femenina. Todo un orden social había sido puesto en discusión, y, para horror de la oligarquía y sus intelectuales , los “negros” realmente se creían ciudadanos con iguales derechos al resto de los ciudadanos “decentes” del país.

Esta visión simbólica escondía, por supuesto, una comprobación mucho más concreta: la transformación social era el resultado de cambios profundos en la distribución de la riqueza, los alcances de la organización sindical, el respeto de los derechos laborales y sociales, la nacionalización de empresas públicas y la creación de varias nuevas, el cierre al ingreso indiscriminados de productos que podían producirse en el país, el fin del control terrateniente sobre la comercialización de ganado y granos, la autonomía en materia de política internacional. En síntesis, el primer momento de la historia argentina en que efectivamente hay una distribución de la riqueza que afecta los intereses de quienes dirigían desde siempre  a su antojo los resortes claves de la economía.

Cuando los sublevados de Junio comienzan su movimiento cívico- militar, están enviando un mensaje claro: esa Argentina nueva está en riesgo de desaparecer y nosotros la queremos recuperar.

La dictadura de Rojas y Aramburu lee correctamente lo que está en juego.

Ellos, y los actores económicos privilegiados desde adentro del país  y desde fuera  tienen precisamente el proyecto opuesto, y actúan sin límites éticos , sin piedad y sin pasión.

A partir de este momento , y durante dieciocho años, la preocupación central del poder económico-militar fue la de impedir el regreso al gobierno de quienes habían iniciado la construcción de un proyecto de país nacional y popular. Los fallidos intentos de las dictaduras militares por alcanzar la cuadratura del círculo (esto es lograr legitimidad política llamando a elecciones donde le estaba prohibido participar al partido que era mayoría) terminaban invariablemente en nuevas dictaduras que aumentaban la represión sobre el movimiento peronista.

Lo que la dictadura “leyó mal” fue el resultado de su “escarmiento”.

Lejos , muy lejos de sumirse en la apatía y el temor, en las fábricas, los barrios, las villas, los pequeños pueblitos del interior, las escuelas y si, finalmente también , las universidades, se inicia el  lento y constante crecimiento de una ola de resistencias, reclamos , luchas, reuniones que se transformarán en un mar que con el Gral. Perón como líder , quebrará una a una los proyectos represivos de las distintas dictaduras.

La resistencia que se inicia en el levantamiento de junio se inscribe , por  lo tanto , en esa lucha por volver a un proyecto democrático nacional y popular.

Los fusilados de junio florecerán dieciocho años después, en marzo de 1973,  cuando el peronismo vuelva al poder en  forma todavía mas amplia y mayoritaria, incorporando a sus tradicionales columnas sociales (los obreros y los trabajadores urbanos y rurales), a las clases medias  y a los jóvenes universitarios.

Los fusilados de junio siguen floreciendo hoy, sesenta y un años después.


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La doble moral de la legalidad liberal en América Latina

Fernando Rodríguez Ureña * – http://www.la-epoca.com.bo/index.php?opt=front&mod=detalle&id=6007

libertad

La Revolución Francesa fue la partera del Estado Moderno que materializó la visión liberal de la naciente burguesía, procreando una visión de la política que las libertades y la propiedad fueron sus baluartes a defender.

Su sacrosanta división de poderes que presupone un Estado que garantiza su institucionalidad sostenida en la legalidad y el equilibrio de los pesos y contrapesos que produce su racionalidad política, vendría a constituir el tipo ideal de un aparato que gobierna con justeza a la sociedad.

Sin embargo, este modelo ideal es justamente eso. Esos principios a lo largo de la historia fueron subvertidos por el propio sistema, qué en el ejercicio de una doble moral, predica una cosa y practica otra.

Por ejemplo, los golpes de Estado producidos por militares fueron una práctica usual cuando al sistema le convenía derrocar gobiernos que eran antisistémicos, pues cuestionaban sus baluartes mencionados: las libertades y la propiedad.

La experiencia latinoamericana es absolutamente contundente en datos y resultados: gobiernos de orden nacionalista, populista y socialista, fueron desterrados del poder a partir de golpes militares, generalmente cruentos.

La historia de los años 60s es muy clara: Allende en Chile, Torres en Bolivia, Velasco en el Perú, Janio Cuadros en Brasil, Arturo Frondizzi en la Argentina, junto a la Guatemala de Jacobo Arbenz en los 50 o la invasión de la Grenada de Coard 1983, son algunos de los ejemplos que marcaron a fuego a las democracias latinoamericanas.

Durante el ciclo de los Gobiernos democráticos, electos por la vía del voto, el propio sistema produjo otro tipo de injerencias como las democracias restringidas o las democracias controladas, que igualmente eran favorecidas desde el Pentágono y la Casa Blanca.

Hoy la situación no ha cambiado mucho ya que no se usan los golpes de carácter militar sino aquellos los golpes parlamentarios, apoyados por el poder judicial y sustentados por las guerras de cuarta generación y la guerra económica.

Y es más, el modelo que el neoliberalismo usa es aquel derroca parlamentariamente al presidente electo, impone un presidente títere de transición y finalmente impone un candidato fuerte, de derecha, que garantiza el control político y económico de la restauración neoliberal.

En Honduras, Roberto Micheletti se quedó como presidente transitorio luego de sacar a Manuel Zelaya de su legítimo cargo y luego impuso a Porfirio Lobo por la vía electoral.

En Paraguay se da el golpe parlamentario contra Fernando Lugo, imponiendo transitoriamente a Federico Franco para dar paso a Horacio Cartes, quien garantiza el proceso de restauración conservadora.

En el Brasil de Michel Temer se ejecuta el golpe parlamentario en contra de Dilma Rousseff, imponiendo inmediatamente la agenda de la restauración neoliberal. Y claro, en ese modelo, sus días están contados en la medida en que su responsabilidad en actos de corrupción ha desnudado su carácter. Seguramente en los próximos días estaremos presenciando la fabricación de un nuevo presidente para garantizar la restauración.

Temer saldrá de escena como ocurriera con Micheletti en Honduras y Franco en Paraguay.

Así, de una manera maquiavélica se instauran operadores transitorios para clausurar procesos democráticas progresistas y revolucionarios y abrir nuevos periodos que deben aparentar seguir siendo democráticos.

Vivimos una nueva etapa golpista que usa la legalidad democrática como arma que se vuelca contra la democracia liberal misma. Nunca se puso de mayor evidencia la doble moral liberal para hacer política. Ahí sus nuevos manuales y formas de operación.

En ese contexto, es moralmente posible plantearse la necesidad de subvertir esa legalidad fariseica desde una nueva legalidad generada en el seno mismo de los gobiernos democráticamente electos y que impulsan gobiernos progresistas y revolucionarios.

Venezuela se planteó una nueva Constituyente para garantizar su democracia popular.

¿No deberíamos pensar algo parecido para Bolivia? Claro que sí. Frente a la doble moral liberal y burguesa, debemos generar nuestra propia legalidad que impida la restauración del neoliberalismo como ocurrió en la Argentina de Macri o “los procesos golpistas constitucionales” de Brasil, Paraguay y Honduras.

*       Dirigente del Movimiento Guevarista.


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    LOS PROFETAS DEL ODI@

    Ava Gomez y Barbara Ester* – http://www.celag.org/los-profetas-del-odi/

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    Nuevos discursos emergen en la derecha regional. En contextos de polarización y frente a gobiernos progresistas que han regido prolongadamente, las derechas han radicalizado su discurso de odio. Aun en los casos en que han retornado al poder (Brasil y Argentina) su revanchismo se ha exacerbado a límites inimaginables. El avance de las nuevas tecnologías de información y comunicación (NTIC) y la proliferación de las redes sociales han sido un territorio fértil a la hora de propagar el imaginario político de los sectores que, aunque no necesariamente acomodados, al menos creen serlo, incorporando nuevos estratos a la clase media). Como estrategia de distinción en sociedades de consumo, al igual que en la guerra, todo vale.

    La masificación de las redes sociales, foros y distintas plataformas virtuales ha servido como marco para la propagación y difusión de nuevos sentidos comunes que segmentan la ciudadanía en individuos de primera y de segunda. Así, términos como chori-planeros, cucas, piqueteros, el populacho, negros, macacos, hordas, malandros, chaburros, zarrapastrosos, perraje, cachifas[1] y cartoneros constituyen los nuevos estigmas que entrelazan pobreza, fenotipos y adscripciones políticas. Una constelación de representaciones sociales de fuerte contenido político que se propaga con rapidez, va conformándose como sentido común y normalizando simbólicamente situaciones de violencia física y exclusión extrema. A este fenómeno se lo conoce como “aporofobia”, en alusión al rechazo, miedo y desprecio hacia el pobre, al desamparado, ese amplio segmento social que queda fuera del contrato tácito entre individuo y sociedad, en el que hay que dar para recibir. Ellos no dan, ergo, no merecen[2]. Y, en consecuencia, hay que anular a sus líderes y derribar o impedir gobiernos que los incluyan.

    El punto álgido de los imaginarios que se crean y recrean a través de estos discursos es su materialización por medio de la aplicación de prácticas de “limpieza social” llevadas a cabo por parte de organizaciones paraestatales –bandas criminales, paramilitarismo urbano- quienes buscan en la alteridad un enemigo común, cuya desaparición se ejecuta dentro de un proceso de tolerancia institucional y aceptación “incómoda” de las ciudadanías identificadas con este tipo de discursos.

    Métodos

    I Lawfare, la guerra sucia

    Uno de los más efectivos recursos esgrimidos por las derechas latinoamericanas es la práctica conocida como lawfare[3], es decir el uso instrumental de artilugios jurídicos que tienen como objeto la persecución política, destrucción de imagen pública e inhabilitación de un adversario político. La Justicia, en consonancia con los medios de comunicación hegemónicos, ha logrado de este modo redireccionar la opinión pública e inclinar la balanza a favor de sus intereses económico-políticos. Este modus operandi ya ha sido aplicado con éxito en países como Brasil, Argentina y Perú[4].

    II Trolls, influencers y la guerra de las memes

    Para autores como Manuel Castells[5], nos encontramos ante un nuevo mundo en donde la información ya no es unidireccional sino multiaxial, evidenciando cada vez más nuevas formas de los ciudadanos de acceder a la información. La prensa en papel se encuentra en vías de extinción y en su lugar aquellos mismos periódicos han devenido en multimedios con plataformas digitales. Asimismo, el uso de las redes sociales ha facilitado enormemente la difusión de noticias, lo que ha llevado a nuevas formas de dirigir la opinión pública mediante la proliferación de trolls[6], comentadores y foreros cuyos posts sesgados por el odio y los prejuicios buscan instalar distintas posiciones frente a temas de actualidad. Sumado a la falta de legislación sobre la veracidad de la información, la cual se mueve a un ritmo cada vez más vertiginoso, proliferaron ejércitos de generadores de noticias falsas que difunden y “comparten” velozmente, logrando influenciar los humores y pasiones de la población. Por lo general se trata de fotos adulteradas, caricaturas, o fotos con expresiones desfavorables y un mensaje corto y contundente – los denominados “memes”-.

    III Fuerzas de choque: Paramilitares y mercenarios

    Las derechas, o al menos una masa de ciudadanos dispuestos a movilizarse por el principal trending topic de la derecha: el antipopulismo. Este concepto opera a dos niveles, por un lado bajo la construcción de un relato al que los medios -financiados por los grupos económicos concentrados- le aportan espectacularidad; por otro como estrategia de distinción de las clases medias adictas al consumo de dicho relato.

    Las consignas antipopulistas enarboladas por las derechas regionales, que a priori pueden ser muy convocantes como “lucha contra la corrupción”, “lucha contra el narcotráfico”, “eficiencia estatal” logran aglutinar adhesiones ciudadanas. Cuando sus estrategias de desestabilización no logran ser efectivas, el clima de hostilidad aumenta. Llegado el caso, han demostrado capacidad de articulación internacional, de desabastecimiento para quebrar el umbral de resistencia, e incluso el ejercicio de la violencia. Asesinato a líderes campesinos, activistas, militantes o meros manifestantes.

    Los tradicionales grupos ilegales de extrema derecha están en alza. El paramilitarismo es el último eslabón del relato del odio cuando no logra imponer su victoria. Adicionalmente, el asesinato de referentes populares alcanza su máxima expresión al ser perpetrado por individuos que ni siquiera son partidarios de una ideología acorde, sino simplemente mercenarios en post de un rédito económico[7].

    Los prejuicios

    I Discriminación y xenofobia

    Los discursos de la derecha tradicional han tenido un claro tinte xenófobo y racial acompañado, en muchos casos, por políticas que apuntan en este sentido. Cierre de fronteras, construcción de muros, mayor control del flujo migratorio, entre otras. Lo nuevo es la viralización de propuestas cada vez más subidas de tono y el empleo de términos peyorativos cada vez más deshumanizantes –perros, macacos, cucarachas-.

    Desde la época colonial, la mal llamada raza ha sido el principio ordenador de las relaciones sociales en América. Aún continúa operando. El imaginario es recreado incluso por funcionarios públicos, en la Argentina este discurso ha sido utilizado para justificar el mal estado de los Hospitales Públicos, convirtiendo a los migrantes de países limítrofes en chivos expiatorios de la crisis sanitaria, encubriendo así el recorte presupuestario.

    II Violencia

    Distintos comunicadores han hecho uso y abuso de su palabra para marcar tendencia destilando racismo y xenofobia. El conductor radial Baby Etchcopar -quien en muchas ocasiones ha manifestado su apoyo al oficialismo- afirmó en su programa “Hoy estamos muy felices, por lo menos en lo que a mí respecta, que voté a Macri. Cada vez que veía que bajaba un machete de la Gendarmería, yo ponía el himno nacional” aludiendo a la represión del 6 de abril en la ruta 197. En la misma línea continuó su alegato: “Al fin vimos los palos, al fin vimos que los están cagando a patadas en el orto. Y los que se preguntaban esta mañana en la tele, ‘¿hacía falta reprimir?’… Sí, te lo contesto yo, sí, porque ¿sabés qué pasa?, esos alcornoques no entienden más palabras que el golpe, porque son bestias, porque ellos se manejan con el golpe”[8].

    El uso y aceptación de la violencia también se asocia a discursos relativos a la memoria de las víctimas de abusos y torturas en procesos dictatoriales. Así sucedió durante la votación a favor del Coronel Ustra, torturador de Dilma, por parte de Diputado Bolsnaro, quien sentenció: “Pela memória do coronel Carlos Alberto Brilhante Ustra, o pavor de Dilma Rousseff’’ (Por la memoria del coronel Carlos Alberto Brilhante Ustra, el temor de Dilma Rousseff)[9].

    III Mujer

    El discurso estigmatizante ha calado profundo en el sexo femenino, siendo la fertilidad de las mujeres de bajos recursos el principal blanco de distintos ataques. En Argentina, el diputado oficialista Javier Dindart[10] fue desplazado el pasado año a raíz de sus declaraciones como presidente de la Comisión de Niñez y Adolescencia, luego de afirmar que las adolescentes se embarazan para cobrar la AUH (Asignación Universal por Hijo).

    La ex mandataria Cristina Fernández de Kirchner ha sido víctima de distintos insultos en referencia a su condición de mujer, agravios que no están directamente relacionados con las políticas públicas de su gobierno. “Loca de mierda”, “histérica”, “conchuda”, “puta”, “bipolar”, “yegua”, son sólo algunos de los insultos más vacíos y discriminatorios[11].  Bajo la misma lógica, Dilma Rousseff ha sido igualmente víctima de agravios semejantes. Para colmo de males, luego de ser destituida el nuevo gobierno de Michel Temer no incluyó a ninguna mujer –tampoco “negros”- en la conformación de su Gabinete, hecho que no ocurría desde los tiempos del régimen militar (1974-1979)[12].

    Los cuerpos de las mujeres han sido y continúan siendo el lienzo en blanco donde se plasman los mayores prejuicios sociales de nuestras sociedades latinoamericanas. No es casual que el macrismo en Argentina – país que en 2017 registra un femicidio cada 18 horas- haya construido a su enemigo en referentes femeninos como Milagro Sala, Hebe de Bonafini, CFK o la canciller venezolana Delcy Rodríguez. En este último caso, en su primer visita al país con el gobierno de Cambiemos ya en funciones, a la canciller venezolana no sólo le impidieron participar de la reunión de ministros de Relaciones Exteriores del Mercosur sino que también fue golpeada en el antebrazo -al punto tal que un médico debió inmovilizarle la zona agredida, marcando un hecho inédito en la diplomacia internacional[13]-.

    IIII Homosexualidad, homoparentalidad

    El rechazo a la alteridad puede observarse en torno al movimiento LGTBI y a todo tipo de orientación sexual que visibilice esa ‘desviación’ que niegan, que es ‘antinatura’, ‘sucia’ y ‘pecaminosa’. De esta forma han sido descritas por el senador conservador de Colombia, Roberto Gerlein, las relaciones entre personas del mismo sexo. En sus propias palabras: “qué horror un catre compartido por dos varones (…) es un sexo sucio, asqueroso, un sexo que merece repudio, un sexo excremental”[14].

    Las declaraciones expresadas por Gerlein se desprenden de un discurso generalizado en la extrema derecha que tiende a ligar también a la noción cristiana de la “virtud de la familia” y las relaciones heteroparentales en la misma. Así, la arremetida contra las familias homoparentales es otro de sus caballos de batalla: la propuesta de referendo en contra de la adopción igualitaria fomentada por la senadora ultraconservadora Viviane Morales, que no superó el primer debate en la cámara de representantes, fue respaldada, no obstante, por 2 millones de personas favorables a la iniciativa[15].

    Cuando se materializa el exterminio

    Los prejuicios terminan por materializarse en la aniquilación de la diversidad y el sujeto “que sobra”. En algunos países, como es el caso de Colombia, las dinámicas de la denominada “limpieza social” son formas de hacer real este discurso; los ‘nadie’ se convierten en diana de las bandas criminales asociadas al paramilitarismo que operan a través de sus redes urbanas, asesinando a personas con desordenes mentales (52), vendedores ambulantes (60), mujeres en prostitución (77), ciudadanos LGBTI (125), recicladores (140), habitantes de la calle (640), consumidores de sustancias psicoactivas (420), entre otros[16].

    En Brasil esta forma de discriminación se cobró 343 víctimas en 2016[17] entre el colectivo homosexual, bisexual, travesti y trans. La homofobia en su máxima expresión, es decir como crimen de odio, perpetra un asesinato cada 25 horas según el recuento llevado a cabo por el Grupo Gay de Bahía (GGB).

    El asesinato de líderes políticos, militantes, mujeres, colectivos LGTBI, o indigentes por su mera condición de alteridad constituye un flagelo con escasa atención pública y que en algunos casos ha sido invisibilizado en el marco de otras violencias, asociadas por ejemplo al conflicto armado o al impacto de la delincuencia común -ese saco roto donde caben tantas formas de aniquilación institucionalmente toleradas-.

     

    [1] Mujeres que se emplean en los quehaceres domésticos.

    [2] http://www.europapress.es/epsocial/derechos-humanos/noticia-no-xenofobia-aporofobia-rechazo-pobre-20170514114457.html

    [3] http://www.celag.org/lawfare-la-judicializacion-de-la-politica-en-america-latina/

    [4] http://www.celag.org/mostrar-los-dientes-reiventando-le-mani-pulite-en-argentina-peru-y-brasil-por-barbara-ester-esteban-de-gori-y-camila-vollenweider/

    [5] https://telos.fundaciontelefonica.com/url-direct/pdf-generator?tipoContenido=articulo&idContenido=2009100116310137

    [6] Esta denominación refiere a una persona que publica mensajes provocadores u ofensivos con la principal intención de molestar o provocar una respuesta emocional negativa en los usuarios y lectores. De este modo logra alterar la conversación normal en un tema de discusión, y enfrenta a los usuarios entre sí.  Más información en: https://kb.iu.edu/d/afhc

    [7] http://www.resumenlatinoamericano.org/2017/05/12/venezuela-sicarios-derechistas-asesinan-en-caracas-a-ex-militante-del-mir-de-chile/

    [8] http://www.infobae.com/sociedad/2017/04/06/baby-etchecopar-hoy-estoy-feliz-al-fin-vimos-los-palos/

    [9] https://extra.globo.com/noticias/brasil/coronel-ustra-homenageado-por-bolsonaro-como-pavor-de-dilma-rousseff-era-um-dos-mais-temidos-da-ditadura-19112449.html

    [10] https://www.clarin.com/politica/diputado-oficialista-adolescentes-embarazan-auh_0_H1iF5slL.html

    [11] http://www.8300.com.ar/2013/05/03/maten-a-la-yegua/

    [12] http://internacional.elpais.com/internacional/2016/05/13/actualidad/1463171897_512719.html

    [13] https://www.pagina12.com.ar/8861-el-golpe-a-venezuela-fue-en-el-cuerpo-de-la-canciller

    [14] https://www.youtube.com/watch?v=NhWIooLt4io

    [15] http://www.elespectador.com/noticias/politica/se-hundio-referendo-de-viviane-morales-el-no-gano-en-tercer-debate-articulo-693218

    [16] http://www.elespectador.com/noticias/judicial/homicidios-exterminio-social-colombia-articulo-628091

    [17] http://www.telesurtv.net/news/Registran-1-muerto-cada-25-horas-victima-de-homofobia-en-Brasil-20170125-0023.html

     

    *Ava Gómez es Socióloga y Comunicadora, con Máster en Estudios Latinoamericanos. Actualmente es investigadora predoctoral de la Universidad de Salamanca, en el área de Ciencia Política. Centra su investigación en el análisis de las políticas públicas de comunicación en América Latina. Ha colaborado con diferentes Universidades en Colombia y España, además de trabajar con reconocidos grupos de investigación de los dos países.

    *Barbara Ester es Licenciada en Sociología, Universidad de Buenos Aires (UBA) Profesora en Sociología Universidad de Buenos Aires (UBA). Maestranda. Investigadora Proyecto UBACyT del Instituto de Estudios de América Latina y el Caribe (IEALC) de la Facultad de Ciencias Sociales – Universidad de Buenos Aires.


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    ¿Por qué tanta obsesión con Venezuela?

    Antonio García Danglades – http://matrizur.org/2017/04/por-que-tanta-obsesion-con-venezuela/

    Amnistía Internacional, Naciones Unidas e incluso el propio Departamento de Estado norteamericano han acusado recientemente al gobierno del presidente Peña Nieto de México de violaciones flagrantes a los derechos humanos. Sus respectivos informes coinciden en que la desaparición forzada, la tortura, la corrupción y la impunidad son prácticas generalizadas en todo el país. De acuerdo a Amnistía Internacional, en 2016 se registraron en este país más de 36 mil homicidios, fueron descubiertas decenas de fosas comunes con victimas de ejecuciones extrajudiciales, y aumentaron considerablemente los casos de tortura y desapariciones forzadas cuyos registros llegan a la descomunal cifra de 29 mil 917 personas. Al menos una docena de periodistas fueron asesinados y cientos han sido objeto de amenazas, hostigamiento e intimidación por parte de funcionarios públicos. La libertad de manifestarse públicamente continuó siendo cercenada gracias a la Ley de Movilidad que, aun cuando la corte determinó que ésta solo pautaba un régimen de autorización previa, prohibió todas las manifestaciones en las principales avenidas de la capital.

    En Brasil, los escándalos de corrupción que pesan sobre el gobierno de facto, y del propio Michel Temer, amenazan la aplicación exprés de reformas neoliberales que buscan retrotraer el país a un pasado de exclusión y pobreza generalizada. Apenas llegado al poder, Temer consiguió la aprobación de la llamada “enmienda del fin del mundo” que congela por 20 años la inversión social en educación y salud. Recientemente aprobó la nueva Ley de Tercerizaciones, que seguramente provocará el despido masivo de trabajadores de la administración pública, negándole además el derecho a los trabajadores tercerizados de que puedan estar representados sindicalmente, entre otras reformas estructurales que niegan los derechos laborales conquistados en los últimos años. Cuarenta millones de personas se sumaron a una huelga general convocada en vísperas del día del trabajador por las principales centrales sindicales del país, y salieron a las calle a manifestarse en contra de las medidas neoliberales de Temer.

    El gobierno del presidente Mauricio Macri en Argentina también enfrenta una situación socioeconómica adversa. Sus políticas neoliberales han provocado el despido masivo de trabajadores, aumento desproporcionado de las tarifas de todos los servicios públicos, y lo más preocupante, una inflación descontrolada. En respuesta, la sociedad argentina ha reclamado activamente sus derechos con “ruidazos”, cortes de rutas, ocupación de empresas y manifestaciones masivas que han venido creciendo significativamente.

    Gobiernos en Paraguay, Colombia, Honduras y Perú, entre otros, enfrentan desafíos similares ante una sociedad latinoamericana mucho más madura políticamente y consciente de sus derechos sociales y económicos.

    Sin embargo, la respuesta de estos países, y del Secretario General de la OEA, a los preocupantes problemas socioeconómicos y de violaciones a los derechos humanos ha sido solo una, al unísono y de manera contundente: “¡Maduro debe salir ya!”.

    El Petróleo Venezolano

    Los gobiernos neoliberales de la región, en alianza con el Departamento de Estado y la oposición venezolana, han trabajado incansablemente para colocar a Venezuela en el foco de la atención mundial. Estos factores, a través de una campaña mediática totalmente sesgada, y aprovechando el deficiente desempeño comunicacional del gobierno venezolano y su escaso relacionamiento con las fuerzas sociales internacionales, han logrado imponer en la opinión pública la falsa noción de que el gobierno democráticamente electo del Presidente Nicolás Maduro es una “dictadura” que reprime y tortura salvajemente las manifestaciones “pacificas” de una oposición “democrática”, ocultando en todo momento su lado más oscuro y violento.

    Es cierto que Venezuela posee las reservas de petróleo más grandes del planeta, las cuales fueron verdaderamente nacionalizadas a partir de la revolucionaria Ley de Hidrocarburos de 2001 que, desde entonces, ha contribuido a mejorar sustancialmente las condiciones de vida de la población más vulnerable al colocar la ganancia petrolera al servicio de la sociedad, y ha sido determinante en el proceso de integración regional. No es casual que esta misma ley fuera el detonador del golpe de Estado meses más tarde de su promulgación. Las empresas transnacionales enfurecieron al quedar sin el control exclusivo que habían disfrutado durante todo el siglo pasado, especialmente la Exxon, transnacional que ahora controla el Departamento de Estado y la política exterior de la administración Trump.

    Históricamente, el petróleo venezolano fue asumido como propiedad de las transnacionales norteamericanas, y que el Estado venezolano, en pleno ejercicio de su soberanía, haya asumido su pleno control como derecho soberano e inalienable, ha sido considerado como un arrebato a la ganancia neta multimillonaria de este conglomerado, y por ende, una amenaza a lo que reclaman como sus legítimos derechos capitalistas. Como lo asegura el insigne intelectual Noam Chomsky (1994), es natural que las empresas rechacen “las restricciones externas a su capacidad de tomar decisiones y actuar libremente.”

    En un escenario de incertidumbre planetaria provocada por el calentamiento global y las campañas de amenazas, guerras y violencia del imperio norteamericano en el Medio Oriente, y ahora en Asia, el apetitoso petróleo venezolano, en el “patio trasero” de la potencia militar más grande del planeta, constituye un rubro invalorable para la seguridad económica y geoestratégica del mayor consumidor de petróleo del mundo, que difícilmente le podrá sacar los ojos de encima.

    No es solo el petróleo.

    En 2005, durante la llamada “Cumbre de las Américas” en Mar del Plata, Argentina, los dignos presidentes Evo Morales de Bolivia, Lula Da Silva de Brasil, Hugo Chávez de Venezuela y su anfitrión Néstor Kirchner, debieron enfrentar las enormes presiones de la administración Bush y los gobiernos neoliberales de la región que pretendían adoptar el proyecto hegemónico de Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA). La semilla que había sembrado el presidente Chávez con su solitaria reserva al libre comercio en la Cumbre de Quebec de 2001, había germinado en la región. Ante un claro rechazo regional, el ALCA finalmente debió ser abandonado, lo que constituyó una victoria histórica para las fuerzas progresistas de América Latina y el Caribe. El eco de “ALCA… ¡AL CArajo!” de Evo, Lula, Chávez y Kirchner, y hasta de Maradona, retumbó en todo el continente, y Estados Unidos, representada por el propio presidente Bush, debió admitir que “no están dadas las condiciones necesarias para lograr un acuerdo de libre comercio”. (Declaración de la IV Cumbre de las Américas, 5 de noviembre de 2005)

    Después de la Cumbre de Mar del Plata, más nadie hablaría del ALCA. Por el contrario, meses antes, el 28 de abril de 2005, los Presidentes Fidel Castro Ruz de Cuba y Hugo Chávez Frías de Venezuela, firmaban la Declaración Final de la Primera Reunión Cuba-Venezuela para la aplicación de la “Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA)”, novedoso mecanismo de integración, que a diferencia del ALCA, se fundamenta en los principios de solidaridad , cooperación y complementariedad, para acabar con la pobreza y la exclusión social, y lograr un desarrollo sustentable para los pueblos, y que ha cosechado numerosos éxitos en la región más desigual del mundo.

    No ha sido casualidad que a partir de entonces, una ola de gobiernos progresistas resultaran electos y re-electos democrática y abrumadoramente en Ecuador, Uruguay, Paraguay, Honduras, Republica Dominicana, Perú, El Salvador, Santa Lucia, así como en Argentina, Brasil, Bolivia y Venezuela, cada uno con sus propias características y particularidades, pero con un fin certero. En tan solo ocho años la membrecía del ALBA ya superaba la docena de países, se había creado la UNASUR y el Consejo Suramericano de Defensa, el sistema de intercambio comercial SUCRE, los programas sociales continentales como la Misión Robinson y la Misión Milagros, y por si fuera poco, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC) que por primera vez en 500 años de historia reunía a todos los países de la región en una misma organización, incluyendo a Cuba, y con un agenda social sumamente progresista.

    Este cambio de época, como bien lo denominara el presidente ecuatoriano Rafael Correa, en primer lugar puso en evidencia el fracaso de los regímenes neoliberales que dominaron la región en los años ochenta y noventa, y más importante aún, significó el proceso de apropiación soberana de los recursos naturales para colocarlos al servicio de los pueblos, e iniciar un proceso de integración verdadera de toda la región latinoamericana y caribeña, incluso transversal a las tendencias ideológicas, que acabara con el tutelaje estadounidense y su Doctrina Monroe.

    La nueva derecha Latinoamericana

    Ante este equilibrio de fuerzas progresistas en la región, se inició una campaña restauradora del neoliberalismo con los golpes de Estado en Honduras y Paraguay, los cuales contaron con el apoyo y la bendición de Washington y la OEA. Estos golpes impunes fueron seguidos de una intensa maniobra internacional para desestabilizar económicamente a Argentina y Venezuela, lo que tuvo una incidencia determinante en los resultados electorales, a nivel presidencial y parlamentario respectivamente, y que aunado al fallecimiento del Presidente Chávez – para muchos asesinado -, abonaron el terreno para ejecutar con éxito el golpe de Estado en Brasil contra la presidenta Dilma Rousseff, provocando así una nueva geografía política en América Latina.

    Las campañas de desestabilización se acentuaron igualmente en Bolivia, Ecuador y Nicaragua, justo en la antesala de sus respectivos procesos electorales. Evo Morales en Bolivia perdió el referéndum que le permitiría buscar la reelección, y la Alianza País de Rafael Correa debió enfrentar conatos de violencia y acudir por primera vez a una segunda vuelta electoral para ratificar el triunfo de su candidato, el ahora presidente Lenín Moreno.

    No obstante, la derecha que ha obtenido recientemente importantes cuotas de poder, tanto a nivel del ejecutivo como parlamentario, se caracteriza por el ejercicio de la anti-política. En su mayoría no son políticos tradicionales nutridos en luchas partidistas, donde la negociación y el consenso de posiciones políticas imperan sobre la imposición de normas y conceptos ortodoxos vinculados al capital. Así lo demuestran los empresarios Mauricio Macri en Argentina, Horacio Cartes en Paraguay, Pedro Pablo Kuczynski en Perú y el actor Jimmy Morales en Guatemala, entre otros mandatarios que, aun proviniendo de la política, mantienen estrechas relaciones con el aparato transnacional privado, como es el caso de Temer en Brasil, Santos en Colombia y Peña Nieto en México. Estos mandatarios ejercen la acción de gobierno de igual manera que en el ámbito privado corporativista. Estos gobiernos, que anteponen el capital al ser humano y el ambiente, se asemejan mucho a los regímenes instaurados por los fascistas italianos a partir de 1920, que convirtieron las agrupaciones privadas en órganos del Estado, y que dio paso al “neue Ordnung” de Hitler y “ordine nuovo” de Mussolini, caracterizados por la “conglomeración de gobierno y grandes corporaciones”. (Chomsky, 1994)

    El caso venezolano lo ilustra muy bien. Los líderes de la extrema derecha que hoy controla la oposición y su agenda de acciones violentas – a diferencia de los sectores tradicionales que promueven la moderación -, en su mayoría provienen de familias adineradas con estrechos nexos al aparato financiero y transnacional del país. María Corina Machado, una de las más fervientes defensoras del golpe de Estado, es hija de multimillonarios y familia de uno de los empresarios más poderosos del país, fundador del canal antichavista Globovisión. Incluso llegó a formar parte de la junta directiva de Sivensa, la primera corporación siderurgia venezolana de capital privado que surge en 1997 de la privatización de SIDOR, el mayor complejo siderúrgico de toda América Latina, donde compartía funciones con Pedro Carmona, el autoproclamado dictador tras el golpe de 2002. Del mismo modo, Leopoldo López Mendoza, quien dirigió las acciones violentas de la oposición en 2014, procede de una familia que, hasta la llegada al poder del Presidente Chávez, disfrutó por muchas décadas las mieles del poder. Esto le permitió formarse en los colegios privados más exclusivos del país, así como en centros de estudio en Princeton, Ohio y Harvard. Precisamente, los favores familiares le facilitaron ingresar a puestos de alto nivel en la industria petrolera, donde a través de su madre, para entonces Directora de Asuntos Públicos, consiguió ilegalmente el financiamiento necesario para la fundación de su propia ONG. Ambas figuras personificaron la nueva generación de la derecha venezolana que, en lugar de insertar su acción política en los desacreditados partidos políticos, decidieron fundar organizaciones civiles privadas para adelantar su agenda neoliberal y que luego utilizarían como plataforma para dar el salto político con el financiamiento directo de la Fundación Nacional para la Democracia (NED), la Agencia Internacional para el Desarrollo de Estados Unidos (USAID) y el Instituto Republicano Internacional (IRI).

    El objeto de la nueva derecha latinoamericana ha sido la instauración de lo que Chomsky definió muy bien como un sistema donde el Estado integra la mano de obra y el capital bajo el control de una estructura vertical corporativa, donde el poder reside en la mano de los banqueros, inversionistas y empresarios, en una palabra, “fascismo”. Chomsky argumenta que cualquier forma de poder concentrado no desea ser sujeto del control democrático popular, así como tampoco a la disciplina del mercado, por lo que sectores poderosos y ricos se oponen naturalmente al funcionamiento de la democracia, así como se oponen al funcionamiento del mercado.

    Esta aseveración explica en buena manera la campaña restauradora del neoliberalismo en la región y particularmente en Venezuela las razones del golpe de Estado de 2002 y la usurpación del poder en ese momento por parte del presidente de la asociación de empresarios más grande del país, así como la furia con la que los gobiernos neoliberales de la región, junto a la extrema derecha venezolana y el Departamento de Estado dominado por la Exxon, han actuado en contra el proceso democrático venezolano, incluso exigiendo el desconocimiento de los poderes públicos democráticos y defendiendo las acciones violentas de la extrema derecha.

    El inoxerable retorno de la izquierda

    El futuro de la derecha en América Latina no es muy alentador. En Brasil, el ex presidente Lula Da Silva lidera todas las encuestas de intención de voto para la elección presidencial de 2018, tanto en primera como en segunda vuelta, muy por encima del candidato neoliberal. Ante este escenario, la derecha transnacional ha debido activar mecanismos mediáticos y judiciales para impedir su candidatura. A la fecha, el ex presidente brasilero había acumulado cinco imputaciones judiciales admitidas, de las decenas intentadas, tres de las cuales son llevadas por el juez Sergio Moro, conocido por su defensa al neoliberalismo, apoyo al gobierno de facto y contrario a las políticas progresistas de Lula y Rousseff.

    En México, el retorno al poder del Partido Revolucionario Institucional (PRI) después de 12 años de fracasos electorales, significó la posibilidad de otros 70 años de imbatibilidad. Sin embargo, la esperanza del PRI ha sido sepultada por la estrepitosa gestión del presidente Peña Nieto, hundiendo en las preferencias electorales de la ciudadanía al partido forjado en la heroica revolución mexicana, ahora devenido a neoliberal e injerencista. Dos estudios sobre la intención del voto encargados por el propio poder ejecutivo, ubican al izquierdista Manuel López Obrador, líder del Movimiento Regeneración Nacional (Morena), a la cabeza de las preferencias electorales cercano al 18 por ciento, siete puntos por encima de su más cercana competidora del partido neoliberal PAN, coincidiendo así con otras mediciones realizadas a nivel federal y local, que incluso lo colocan con una diferencia de hasta diez puntos. En sentido contrario, más de un tercio del electorado jamás votaría por el PRI. (La Jornada, 23 de marzo de 2017)

    Por su parte, las elecciones legislativas en Argentina pautadas para octubre próximo, estarán signadas por el creciente declive de la gestión del gobierno de Macri en el electorado, que ahora cuenta con un rechazo que supera el 60 por ciento, lo que a su vez podría significar una excelente oportunidad para la izquierda si ésta logra conciliar las diferencias al interior del peronismo, particularmente de cara a la contienda presidencial de 2019.

    La obsesión: extirpar de raíz o retroceder

    La estrechez política de la nueva derecha latinoamericana le debe hacer pensar que extirpar de raíz a la izquierda en su país pasa inexorablemente por el desprestigio y derrumbe de la Revolución Bolivariana en Venezuela. De allí que consideran necesario e impostergable el derrocamiento del Presidente Nicolás Maduro, el desplazamiento de todos los poderes públicos consolidados en revolución, y la desaparición de las fuerzas políticas que lo apoyan.

    En Venezuela pues, la derecha continental se juega la posibilidad de su permanencia sostenida en el poder. Así como en los albores del nuevo siglo la solitaria reserva que hizo el Presidente Chávez al acuerdo de libre comercio en la Cumbre de Quebec significó un ejemplo a seguir en el futuro inmediato por los pueblos del continente, en esta oportunidad la derecha latinoamericana no puede permitirse otro vuelco político histórico.

    La permanencia del Presidente Maduro en el poder y la continuidad de la Revolución Bolivariana, con la importancia geoestratégica que ésta tiene para el continente, podría tener un efecto devastador para las derechas de Brasil, México y posiblemente Argentina. La posibilidad de que los dos países más grandes de América Latina, Brasil y México, tengan gobiernos progresistas en 2018, significaría un nuevo equilibrio de poder que sin dudas amenazaría la propia existencia de la derecha neoliberal y enrumbaría nuevamente a la región hacia su plena independencia, soberanía y consolidación de sus procesos históricos, sin tutelajes ni dominio externo.


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    Una plaza que es un mundo

    Por María Adela Antokoletz – Fotos Mónica Hasenberg – http://revistaharoldo.com.ar/nota.php?id=207

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    La autora de este texto es hija de una de las fundadoras de Madres de Plaza de Mayo, que el 30 de abril de 1977 hicieron su primera ronda. A 40 años de ese hecho gigante repasa aquellos días de ausencia que se hacía carne y grito. “Una madre que se va convirtiendo en Madre es, simplemente, imparable”, escribe y adelanta: “Ellas no son pasado. Siguen hoy mismo sembrando nuestro futuro”.

    Playa de Málaga, en España, casi desierta al atardecer. Mi madre y yo allí, en agosto de 1983. Silencio por fuera, silencio del vacío en el corazón. Un cuidador va cerrando las sombrillas mientras tararea –para sorpresa mía- no una canción andaluza sino un tango. Le digo a mamá que escuche. El hombre canta, bajito:

    Con Malvina o sin Malvina

    grito tu nombre por las esquinas

    mientras que los generales

    se dan al tango por los portales.

    Tango de las Madres locas

    locas de amor y silencio.

    ¡Con vida se los llevaron

    y con vida los queremos!

    Mamá le dice, cuando se acerca y nos saluda: “Me emociona su canción. Soy una de las Madres de Plaza de Mayo”. Y él contesta la frase más adecuada: “Lo siento mucho, señora”.

    Un hombre sencillo, que comprende las cosas.

    El Tango de las Madres Locas fue obra de un gran poeta y cantautor, el granadino Carlos Cano, muerto demasiado joven (54 años) en el año 2000. Carlos Cano había escuchado por televisión a mi madre y a Hebe de Bonafini durante la gira de denuncia que ambas hicieron por varios países europeos a principios de 1983, y conmocionado se levantó para crear ese tango en que, graciosamente, omite la “s” de Malvinas por razones de métrica… pero acierta en lo hondo. Una anécdota: viviendo yo en Madrid en la década de 1980 fui con una Madre gallega, la inolvidable Carmen Cornes de Castiglioni, a escuchar a Carlos Cano en un colegio mayor. Cuando empezaron los primeros acordes del tango, ambas nos pusimos el pañuelo blanco. No puedo retratar la expresión de su rostro… Al terminar, fuimos a saludarlo. Nos abrazó muy fuerte, con enorme emoción. Como la nuestra. https://www.youtube.com/watch?v=VK27VmXiExY

    Desde que Mario Andrés, hermano de mi querida cuñada Liliana, llegó a mi casa en Buenos Aires para decirnos que el departamento donde vivían Liliana y mi hermano Daniel estaba abierto, revuelto, vacío, la vida se partió en dos. Mi madre, mis tías y yo estuvimos todo el día con Mario, al lado del teléfono, con la atención en vilo, sobrecogidos de angustia. Y al día siguiente, lo mismo. Mamá caminaba a lo largo del pasillo, ida y vuelta, durante horas, sin hablar, sólo a la espera. Al tercer día ella y yo salimos. Empezaba así la búsqueda. La misma que hoy sigue y sigue, cada día.

    A mamá, como a mí (y como a tantas otras familias) se nos estremeció la vida cuando Daniel fue detenido desaparecido. Y ese volcán hizo crecer en nosotras una conciencia de la dimensión política de la vida.

    Dos o tres días después del secuestro, perpetrado por un grupo de tareas de la Marina, conocimos a los delegados de Amnesty International que visitaban la Argentina en misión de conocimiento de la situación de los derechos humanos en nuestro país. Los acompañaba el abogado y docente Emilio Mignone, a quien tanto debemos en el campo de los derechos humanos. Allí empezó una amistad con los Mignone que sigue firme hasta hoy.

    En todos estos años vi llorar a mamá una sola vez. Fue un 24 de marzo, en Plaza Lavalle, donde se inauguraban dos pequeños monumentos en homenaje a abogados y a empleados judiciales detenidos desaparecidos. Los hijos de los abogados apoyaron la mano en la superficie aún blanda de uno de ellos, dejando la marca indeleble de su memoria joven; en ese momento, mi madre lloró. Nunca más vi que lo hiciera.

    Mamá no era una persona con interés en la política; sí en la organización para lograr un objetivo. Así lo había demostrado en San Nicolás de los Arroyos, su ciudad natal, cuando reorganizó y dio brillo social a dos asilos: uno de huérfanas, otro de ancianas. Esa figuración social servía para obtener aportes. Por esas mejoras que mamá conseguía, las mujeres mayores rezaron novenas para que ella no fuera trasladada a tribunales de otra ciudad –lo que finalmente sucedió, sin embargo-.

    Las condiciones culturales de mi madre la volvían apta para ir a reclamar, a exigir, a presionar de la forma que pudiera a funcionarios represores, periodistas reticentes, religiosos no prudentes sino cómplices de la dictadura. Las Madres recuerdan una presentación ante el diario La Nación en que, al empleado que le proponía al grupito de mujeres retirarse, mamá le espetó frases similares a estas:  “¿Y éste es el diario que fundó Mitre? ¡Qué vergüenza sentiría Bartolomé Mitre si viera cómo nos tratan!”, con lo cual acudió un funcionario de mayor nivel y eso ayudó a que se publicara una solicitada en esos tiempos tan tempranos.

    Cada familia, cada madre en el país, salieron a buscar a sus detenidos desaparecidos. Hay que reconocerlo: la dictadura fue creativa en vocablos. Las madres no imaginaban, en 1976 y 1977, el cabal significado que tendría ese sustantivo complejo: apresados por agentes del Estado y llevados de la más inhumana manera a una ausencia para siempre. Las fuerzas armadas y de seguridad se abatían sobre la población entera como un manto criminal, que iba a regalar al mundo esa otra palabra, universal pero teñida para siempre de argentinismo: los desaparecidos.

    Las Madres acudieron adonde podían: cuarteles, iglesias, instituciones oficiales, colegios de abogados, barrios donde preguntaban a los vecinos por las circunstancias de los secuestros. Y también acudieron a adivinos y brujas. ¿Quién puede sorprenderse de esto? Recibir alguna respuesta, la que fuere, era para ellas cuestión de vida o muerte.

    Mientras muchas familias esperaban ser recibidas en la Vicaría Castrense por el ambiguo sacerdote Emilio Gracelli, quien cumplía disimuladas funciones de espía de la dictadura, una madre, Azucena Villaflor de Devincenti, comprobó que las salas institucionales no eran el ámbito para reclamar con eficacia, y propuso reunirse allí donde el aire libre concentra el mayor simbolismo en nuestro territorio: la Plaza de Mayo.

    Un  grupito de mujeres llenas de incertidumbre y que sólo atinaban a preguntarse unas a otras a quién tenía detenido cada una se reunió un sábado 30 de abril de 1977 en la Plaza casi vacía. En sucesivos encuentros surgió el jueves como el mejor día. Mi madre y sus hermanas fueron parte de ese grupo fundante, que esa tarde ignoraba aún lo que estaba creando.

    No sabían, por entonces, que estaban construyendo uno de los hechos de ética más poderosos en la historia argentina.

    Las madres crecieron. ¡Cómo no iba a ser así, si les habían arrancado a sus hijos! Una madre que se va convirtiendo en Madre es, simplemente, imparable. Nada las detenía. Ni siquiera el secuestro masivo de algunas de ellas y otros compañeros –entre ellos una religiosa francesa- en las veredas de la Iglesia Santa Cruz en diciembre de 1977, y de la otra monja francesa y de la misma Azucena dos días después, como parte del mismo operativo de la Marina.

    Una de las acciones más difíciles de imaginar hoy día por su coraje extremo es el regreso a la Plaza de Mayo el jueves siguiente, con Azucena y las demás Madres detenidas desaparecidas.

    Puede suceder que un líder fundamental ejerza su acción impulsora durante muy poco tiempo. Azucena Villaflor convocó a las Madres durante el mes de abril, y los criminales de lesa humanidad la desaparecieron en diciembre de 1977. Seis meses tan sólo. Pero la historia de los movimientos sociales argentinos fue otra a partir de sus palabras convocantes, allá en la Vicaría, cerca del puerto de Buenos Aires.

    Cuando les fue posible, las Madres trascendieron fronteras. Mi madre –que siempre reconoció el miedo que sentía- proponía dar entrevistas en el extranjero mostrando el rostro; otras preferían no hacerlo así, al menos en los primeros años. Para mamá, mostrar quiénes eran les daría seguridad. Con los años, los demás países fueron igual conociendo los rostros de estas Madres que empezaban a reflejarse en otras Madres en Turquía, El Salvador, Marruecos, en las compañeras españolas que manifestaban mensualmente frente a la embajada argentina en Madrid, en las/los franceses que hacían lo mismo en la esquina de la embajada en París, todos en contra de la ominosa dictadura de nuestro país.

    Y apareció el pañuelo blanco. ¿Pañal tal vez, o simple trozo de tela blanco para reconocerse unas a otras en la peregrinación a Luján, en 1978? Como haya sido, ese pañuelo se ha vuelto padre/madre de miles de pañuelos en la cabeza de mujeres del mundo, que ya han conocido su propia capacidad de movilización y no pueden volver a la pasividad. Hace unos 20 años, hojeando una conocida mía una guía turística mexicana sobre la Argentina, vio con sorpresa que su portada no mostraba las cataratas o algún paisaje de El Calafate: allí figuraba una Madre con su pañuelo blanco. ¿Uso banal del símbolo de las Madres? ¿Adopción universal y comprometida de tal símbolo? El significado profundo o superficial del pañuelo blanco depende de quien lo va a usar, de las mentalidades y circunstancias de quienes lo interpreten.

    Hemos ido creciendo en conciencia junto con las Madres, en contacto con ellas. Si alguna vez no coincidimos con una frase o una acción de alguna, reconocemos sin embargo cómo nos han moldeado como ciudadanas y ciudadanos del país y del mundo. Pese a que llegamos a escuchar, en días de elecciones, frases de vecinos al modo de: “¡Uf, otra vez tenemos que venir a votar!”, hierve el corazón de gratitud por las formas democráticas conseguidas a fuerza de lucha y sangre de tantos enamorados de la patria, y también de tantos pasos incansables de las Madres en la Plaza de Mayo y en otras plazas del país.

    Las Madres no son pasado. Siguen hoy mismo sembrando nuestro futuro. Si pienso en mi hermano, siento que su detención desaparición tuvo lugar ayer mismo, hace un rato. El dolor se renueva donde vayan mis propios pasos. Pero también brota el saber reír, el juntarse con amigos, la celebración. Porque así han hecho ellas, y así se comportaban nuestros detenidos desaparecidos.

    Y ese “rayo que no cesa” de iluminarme, de iluminarnos, abierto por las Madres con el sencillo gesto de ponerse el pañuelo blanco, marca nuestro propio caminar hacia un futuro más justo en lo social, más inclusivo en la economía del país.

    Bien lo dijo Julio Cortázar en su discurso en el Coloquio de Abogados de París, en enero de 1981, frente a Boris Pasik, Rodolfo Mattarollo, Eduardo Luis Duhalde y otros abogados y militantes amigos de las Madres:

    Hay que mantener un obstinado presente, con toda su sangre y su ignominia, algo que ya se está queriendo hacer entrar en el cómodo país del olvido: hay que seguir considerando como vivos a los que acaso ya no lo están pero que tenemos la obligación de reclamar, uno por uno, hasta que la respuesta muestre finalmente la verdad que hoy se pretende escamotear. Por eso este coloquio y todo lo que podamos hacer en el plano nacional e internacional, tiene sentido que va mucho más allá de su finalidad inmediata; el ejemplo admirable de las Madres de Plaza de Mayo está ahí como algo que se llama dignidad, se llama libertad, y sobre todo se llama futuro.

     

    Daniel Antokoletz era abogado y profesor universitario. Fue secuestrado el 10 de noviembre de 1976


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    Argentina en contrarrevolución (accidentada)

    Jorge Beinstein – http://www.alainet.org/es/articulo/184971

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    La hipótesis de que Argentina se encuentra actualmente sumergida en un proceso de tipo contrarrevolucionario puede parecer exagerada, no tendría sentido hablar de contrarrevolución cuando no había en 2015 ninguna amenaza revolucionaria sino una experiencia que desde el punto de vista económico podría ser caracterizada como keynesianismo light extremadamente sensible a las presiones del establishment y asociada a un paquete político-cultural igualmente moderado que aunque entre otros temas reivindicaba a la militancia revolucionaria de los años 1960 y 1970 lo hacía borrando su programa y sus formas de lucha, reduciéndola a la imagen herbívora de una generación “idealista” que “quería cambiar el mundo”. Eso y un poco más (sobre todo una gradual transferencia de ingresos hacia las clases bajas) bastaron a las élites dominantes para alzar la bandera del combate contra el “populismo” y arrastrar a grandes sectores de la capas medias.

    No todas las contrarrevoluciones han sido generadas por situaciones o peligros revolucionarios, en ciertos casos se trataba de procesos que buscaban liquidar reformas o bloqueos que impedían la ofensiva elitista. Si nos atenemos a la experiencia histórica esa moderación del adversario constituye una condición importante para la irrupción de avalanchas reaccionarias, Ignazio Silone se refirió al ascenso del fascismo italiano como “la victoria de una contrarrevolución enfrentada a una revolución inexistente”[1], ausencia que incentivó la agresividad fascista segura de su impunidad.

    De 1955 a 1976

    Podríamos ubicar en 1955 a la primera tentativa contrarrevolucionaria[2], el objetivo de sus protagonistas locales era el retorno a la vieja sociedad oligárquica de comienzos del siglo XX, el intento fracasó pese a las represiones y proscripciones desbordado por el nuevo país con sus sindicatos obreros, sus industrias y sus nuevas clases medias. Aunque no fracasó del todo ya que inició un complejo proceso de sometimiento a los Estados Unidos, de extranjerización industrial y financiera, de concentración de ingresos, de reconversión policial de las Fuerzas Armadas. El mismo despertó resistencias populares que se fueron extendiendo y radicalizando hasta llegar a disputar el poder hacia comienzos de los años 1970, su cuerpo político era el peronismo que como lo señalara Cooke se había convertido en “el hecho maldito del país burgués” bloqueando su estabilización. Los círculos dirigentes no podían consolidar su predominio mientras que las fuerzas populares no conseguían derrocarlos, es lo que Portantiero definió como empate hegemónico. No se trató de un tira y afloje con resultado cero, ese pantano cubierto por una densa capa de podredumbre política engendró gérmenes, primeros desarrollos y articulaciones de un abanico social parasitario que se fue adueñando de los circuitos económicos e institucionales del país interrelacionado con la expansión imperial de los Estados Unidos.

    La dictadura instalada en 1976 marcó el salto cualitativo del proceso degenerativo del sistema, la acumulación de cambios perversos se convirtió en victoria del capitalismo gangsteril donde convergían viejos oligarcas reconvertidos y burgueses advenedizos, militares, propietarios rurales y de grandes medios de comunicación, contratistas del estado, industriales, banqueros y comerciantes, masa difusa atravesada por la integración de la cultura de la especulación financiera y de los negocios rápidos en general con prácticas criminales a gran escala.

    Más allá de su final político grotesco la contrarrevolución de 1976 implantó cambios duraderos ya que a partir de ella la clase dominante transformada en lumpenburguesía dejó definitivamente atrás sus componentes industrialistas-nacionales (poco serias) u oligárquicas-aristocráticas (con turbios pasados no muy lejanos). También obtuvo otros éxitos no menos significativos como la consolidación en los espacios políticos, judiciales, sindicales y comunicacionales de redes mafiosas que pasaron a ser el elenco central del sistema y sobre todo al hundir en el pasado a los desafíos revolucionarios de los años 1960-1970.

    De todos modos no consolidó estructuras estables de dominación, la dinámica cortoplacista y transnacionalizada fue llevando al sistema hacia el desastre de 2001 que aparentó sellar su agotamiento histórico aunque en realidad solo se trató del repliegue táctico de élites aturdidas y algo asustadas por el derrumbe a la espera de tiempos mejores.

    La era Menem, había marcado en los años 1990 el auge ideológico de ese ciclo, coincidió con los fenómenos globales de financierización y unipolaridad estadounidense y dejó entre sus varias herencias a una derecha peronista política y sindical que venía de antes pero que pasó a formar parte del instrumental operativo normal de los círculos dominantes.

    De 2001 a 2015

    La degradación de los años 2000 y 2001 no derivó en una nueva contrarrevolución, las clases dirigentes deterioradas fueron incapaces de superar por derecha su propia crisis, no pudieron aglutinar a sus núcleos centrales imponiendo un régimen durable de penuria generalizada para las clases bajas y la posibilidad de agrupar a las capas medias como furgón de cola fue quebrada por el desenlace económico catastrófico de fines de 2001. Entonces se produjo una situación que al parecer reproducía la de los años del “empate hegemónico” aunque en realidad se trataba de otra cosa: un pantano sin alternativas, sin banderas a la vista, donde la clase dominante no podía mostrar las suyas y las clases populares carecían de ellas.

    El resultado fue la irrupción en 2003 de un híbrido progresista que fue avanzando en el espacio de “lo posible”, la mejoras de los precios internacionales de las materias primas, la expansión del mercado de Brasil y otros beneficios externos fueron combinados con estrategias de ampliación prudente del mercado interno. Aumentaron los salarios reales recuperando los niveles de mediados de los años 1990 pero por debajo de los de mediados de los 1980 inferiores a su vez de los de mediados de los 1970. Se redujo la desocupación, se duplicó el número de jubilados (y se renacionalizó el sistema jubilatorio) pero quedaron intactos los intereses de los grupos parasitarios dominantes.

    La experiencia alcanzó su techo cuando comenzó el desinfle de los precios internacionales de las materias primas mientras la expansión indolora del mercado interno tocaba los límites del sistema. Se agotó la ampliación de ese mercado apelando al achicamiento del desempleo con salarios reales en alza moderada, el paso siguiente necesario habría sido distribuir ingresos hacia las clases bajas a gran escala acelerando las subas salariales, lo que requería establecer un fuerte control público del comercio interior (bloqueando las corridas inflacionarias), del comercio exterior y del mercado de divisas (para liberar a la economía del chantage de los exportadores concentrados) y del sistema bancario (para reducir costos financieros). Pero eso no se podía hacer sin el quiebre del poder de bloqueo de las mafias cuyos instrumentos mediáticos y judiciales cumplen un rol decisivo. Dicho de otra manera para que la economía siguiera creciendo era necesario ir más allá de los límites concretos del país burgués-mafioso desplegando una revolución popular democratizadora del conjunto de las relaciones sociales, objetivo inexistente en el imaginario de aquel gobierno. Los argumentos básicos del kirchnerismo eran que esa ofensiva no solo no era necesaria sino que además resultaba suicida dado el enorme poder de la derecha o bien que no existía el respaldo popular necesario para dicha aventura. Claro, el respaldo no aparecía porque no era incentivado mediante grandes medidas sociales (salariales, crediticias, etc.). Así fue como la dinámica astuta de “lo-posible” se convirtió en el camino hacia la derrota, el híbrido pudo reinar durante doce años gracias al repliegue inicial de las élites dirigentes, pero su reinado posibilitó la recomposición de esas élites, su redespliegue económico, mediático, político, judicial, orquestando un enorme tsunami reaccionario.

    La contrarrevolución

    Con la llegada de Macri a la presidencia se desencadenó un fenómeno que combina aspectos propios de una restauración conservadora y sus brotes neofascistas con otros que expresan una desaforada fuga saqueadora hacia adelante. Nostalgias de los tiempos de la dictadura militar y del menemismo más algunas pequeñas dosis desteñidas de viejo aristocratismo oligárquico unidas al ímpetu del saqueador completamente desinteresado de esas u otras nostalgias a lo que se agrega el desprecio hacia los pobres, todo ello atravesado por componentes de barbarie altamente destructivas.

    Observemos en primer lugar el comportamiento del sujeto del desastre, reiteración ampliada y radicalizada del espectro lumpenburgués de los años 1990 donde se presentan personajes de configuración variable inmersos en complejas tramas de operaciones que van desde actividades industriales mezcladas con embrollados negocios de exportación e importación hasta turbios contratos de obras públicas, ganando mucho dinero con la compra-venta de jugadores de fútbol vinculada el blanqueo global de fondos provenientes del narcotráfico, concretando emprendimientos agrícolas, subas desaforadas de precios, contrabandos, manipulaciones financieras, estafas al Estado y manejos de multimedios. Mundo tenebroso protegido por redes mediáticas y judiciales, reducida lumpenburguesía transnacionalizada, rodeada por un círculo más extendido de aspirantes a la cumbre donde se revuelcan jueces, políticos, burócratas sindicales, periodistas y comerciantes audaces, ejerciendo su influencia sobre grandes masas fluctuantes de clase media.

    Es posible visualizar a la cima de la clase dominante argentina como a una suerte de articulación mafiosa inestable que puede en ciertas coyunturas unir fuerzas en torno de una ofensiva saqueadora pero que más adelante aparece sumergida en interminables disputas internas acosada por las consecuencias sociales y económicas de sus saqueos y por un contexto global de crisis.

    Dos personajes sintetizan el recorrido histórico de esa clase desde sus lejanos orígenes en la colonia hasta hoy: José Alfredo Martines de Hoz y Maurizio Macrì.

    La familia Martinez de Hoz se instaló en Buenos Aires hacia fines del siglo XVIII y amasó una primera fortuna con el contrabando y el tráfico de esclavos, convertida luego en gran propietaria terrateniente (exterminio de pueblos originarios mediante) en 1866 el descendiente José Toribio Martinez de Hoz fundó en su casa la Sociedad Rural Argentina, bastión de la oligarquía, mucho tiempo después José Alfredo Martinez de Hoz encabezando negocios legales e ilegales muy diversificados fue en 1976 el cerebro civil de la dictadura militar dándole cobertura institucional a los negocios parasitarios dominantes como el dictado de la Ley de entidades financieras vigente hasta la actualidad. Los Martinez de Hoz representan el ciclo completo que va desde los orígenes coloniales pasando por la consolidación aristocrática-terrateniente hasta llegar a su transformación lumpenburguesa.

    Por su parte Maurizio Macrì es el primogénito de un clan mafioso originario de Calabria, su abuelo Giorgio acumuló una importante fortuna en la Italia mussoliniana como contratista del estado en obras públicas (principalmente en la Abisinia ocupada por el ejército italiano), terminada la guerra fundó una fuerza política neofascista, pero acosado por los nuevos tiempos democráticos emigró a la Argentina seguido luego por sus hijos en 1949. Su primogénito Franco continuando la especialidad de su padre se convirtió al poco tiempo en empresario del sector de la construcción haciendo grandes negocios como contratista del estado y contrajo matrimonio en los años 1950 con Alicia Blanco Villegas perteneciente a una tradicional familia de terratenientes de la Provincia de Buenos Aires. El gran salto se produjo durante la última dictadura militar en estrecha relación con varios de sus jefes, fue el caso del Almirante Massera con quien compartió la pertenencia a la célebre logia mafiosa italiana P2. Siguiendo la línea sucesoria clásica, su primogénito Maurizio aparece, según lo explican diversos autores, como el heredero y jefe natural del clan familiar, el capobastone de la ’ndrina (si empleamos la terminología de la mafia calabresa: la ‘ndrangheta)[3]. Es un caso sin precedentes en la historia argentina y muy raro a nivel global el que un personaje de este tipo ocupe la presidencia de un país aunque esa aberración puede ser comprendida a partir de la degradación profunda de la burguesía argentina. Ya no se trata de políticos o militares vendidos a las mafias ni de oligarcas devenidos mafiosos sino de un mafioso convertido en Presidente.

    Todo esto nos sirve para entender mejor la contrarrevolución en curso. Desde diciembre de 2015 se sucedieron vertiginosamente medidas como la hiperdevaluación del peso, la reducción o anulación de impuestos a la exportación, la suba de tasas de interés y de tarifas de electricidad o la apertura importadora y la liberalización del mercado cambiario que aumentaron el ritmo inflacionario, contrajeron los salarios reales, achicaron el mercado interno, incrementaron el déficit fiscal, la desocupación y la fuga de capitales. Como es lógico las inversiones extranjeras anunciadas nunca llegaron mientras aumenta sin cesar la deuda pública externa. Todo lo anterior puede ser sintetizado como un gran saqueo concentrador de ingresos que van siendo sistemáticamente enviados al exterior, pillaje desenfrenado sostenido con deudas que en principio debería derivar tarde o temprano en una mega crisis al estilo de lo ocurrido en 2001.

    El fenómeno no se reduce al plano económico extiende sus garras hacia el conjunto de la vida social, desde la destrucción sistemática de la educación pública, hasta la sinuosa reinstalación de la teoría de los dos demonios alivianando la carga del genocidio de la última dictadura (que según el gobierno macrista no sería tan grande) y el intento de ir reduciendo los derechos sindicales y de protesta, pasando por el gradual despliegue represivo y el bombardeo mediático convencional y a través de las redes sociales inflando formas subculturales fascistas. Visualizando su dinámica general y más allá de los discursos oficiales, el gobierno macrista apunta desde su instalación hacia la consolidación de una dictadura mafiosa, sistema autoritario de gobierno con rostro civil y apariencia constitucional, que viene avanzando en medio de desprolijidades y tanteos. La lógica del proceso es simple: el achicamiento del mercado local combinado con un mercado internacional enfriado que no permite auges exportadores empuja a las élites dominantes a acentuar la rapiña interna lo que plantea crecientes problemas de control del descontento popular. La intoxicación mediática resulta insuficiente, la base social del gobierno se va restringiendo, entonces el recurso a la represión directa con más o menos coberturas “legales” se va convirtiendo en un instrumento cada vez más importante.

    El pantano y el laberinto

    Dos imágenes, la del pantano y la del laberinto, facilitan la comprensión de la tragedia argentina.

    Los primeros meses de 2017 marcan el empantanamiento del proceso, la impopularidad del gobierno asciende rápidamente, algunos círculos opositores señalan fracasos macristas como resultado de la torpeza del presidente, de su falta de inteligencia, sería más acertado verlos como las consecuencias del choque entre una mentalidad mafiosa simplificadora y audaz, muy eficaz en el mundo de los negocios turbios pero crecientemente ineficaz ante el despliegue de una sociedad compleja. Un amplio abanico de complicidades parlamentarias y sindicales, de no-oficialismos complacientes, posibilitó el avance arrollador de los primeros meses, pero la persistencia de la recesión y la multiplicación de perversidades gubernamentales fueron generando una oposición popular creciente. La realidad se presenta como un pantano que traba, dificulta la marcha de los depredadores cuyos delirios se hunden en el barro viscoso del territorio conquistado. La lógica del poder hace que las tentativas por salir de esa situación tienden a agravarla, la intoxicación mediática va perdiendo eficacia, las arbitrariedades judiciales y las represiones engendran su contrario: repudio popular. El gobierno va cambiando de aspecto, la memoria latente mafiosa-fascista de la ‘ndrina original, del mussoliniano abuelo Giorgio, convergiendo con los recuerdos de los magníficos negocios realizados en los tiempos de Massera y Videla, asoma desde el rostro crispado de Maurizio desplazando a la cara amable fabricada por los asesores de imagen. El sello autoritario convocante de minorías feroces aparece como la bandera de la contrarrevolución acosada.

    De todos modos el actual sistema de poder no se apoya solo en sus propias fuerzas, cuenta con un aliado decisivo: la debilidad estratégica de sus víctimas enredadas en un laberinto que les ha impedido hasta ahora pasar a la ofensiva. Laberinto simbólico, psicológico, pero también construido con aparatos sindicales y represivos, instituciones degradadas, dinámicas económicas depresivas.

    Como no recordar a los dirigentes opositores y a otros no tanto repitiendo desde los primeros días del proceso su deseo de que “al gobierno le vaya bien porque de ese modo al país también le irá bien” mientras el gobierno devaluaba, eliminaba retenciones a la exportación, subía las tasas de interés, liberaba importaciones, daba las primeras señales represivas. Como no tener presentes a esos mismos personajes insistiendo en que el de Macri es un gobierno legítimo, avalado por su origen electoral democrático y que por consiguiente debería disfrutar de gobernabilidad hasta el final legal de su mandato (fines de 2019) ignorando su llegada al poder a través una sucesión de manipulaciones mediáticas y judiciales que bien podría ser caracterizada como golpe blando y su desarrollo posterior como construcción zigzageante pero sistemática de un sistema dictatorial.

    Nos encontramos ante el bloqueo ideológico de políticos que predican el sometimiento a “las instituciones” (mafiosas) y de jefes sindicales dedicados a enfriar las protestas sociales, empezando por la cúpula de la CGT, condenando a las bases populares a recorrer un embrollado laberinto regiminoso sin salida real. Tratan de convencernos de que ese laberinto tiene una puerta de salida y que un conjunto de sabios dirigentes ha podido localizar el hilo de Ariadna que permitirá superar la encerrona. Recomiendan aferrarse al mismo y recorrer mansamente pasadizos que atraviesan plazos electorales (y sus correspondientes intrigas politiqueras), decisiones arbitrarias de camarillas judiciales, avalanchas mediáticas y posibles diálogos con un poder autoritario. En realidad el laberinto no tiene salida, la única posibilidad emancipadora es destruirlo en los cerebros de las víctimas, en las calles, desplegando una amplia ofensiva popular, aplastando las fortalezas elitistas (mediáticas, judiciales, empresarias, políticas).

    Lo que aparece con el fracaso económico de Macri: una recesión que puede derivar en la normalización de una “economía de baja intensidad”, de estancamiento tendencial prolongado (más allá de algunas expansiones anémicas), puede llegar a convertirse en la consolidación de una sociedad desintegrada, caótica, albergando vastas áreas sumergidas en la pobreza y la indigencia, gobernada por una cúpula mafiosa (con o sin el capobastone calabrés).

    Si observamos el largo plazo constataremos que desde la formación de la Argentina moderna, hacia fines del siglo XIX, se ha perpetuado la reproducción, como componente imprescindible del subdesarrollo, de una clase dominante oligárquica que llega ahora finalmente a su nivel de degeneración extrema de articulación mafiosa navegando en los circuitos globales de negocios parasitarios. Ese recorrido histórico fue de tanto en tanto atravesado por tentativas democratizadoras que buscaban principalmente integrar al sistema a capas sociales excluidas. Pero una y otra vez el sistema las desbarató imponiendo su dinámica excluyente, lo han podido hacer porque esas oleadas populares nunca eliminaron los pilares esenciales de su dominación, apaciguadas, desviadas, engañadas por los mitos cambiantes del país burgués, sus pasadizos institucionales, seudopatrióticos o globalistas, dialoguistas o restauradores del orden.

    En última instancia se trata del combate entre la creatividad del pueblo, reproducción ofensiva de identidad, desarrollo de luchas, enfrentada hoy a fuerzas tanáticas desatadas por una élite cuyo único horizonte es el saqueo.

     

    Notas:

    [1] Ignazio Silone, “L’école des dictateurs”, Gallimard, Paris, 1981. [2] Queda abierta la reflexión acerca del significado del golpe de estado de 1930. [3] Recomiendo la lectura de:


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    La fuerza de ‘los de abajo’

    Andrés Mora Ramírez (*) – http://prensa-latina.cu/index.php?o=rn&id=80455&SEO=la-fuerza-de-los-de-abajo

    Fuerza-Orbe

    El ciclo posneoliberal latinoamericano, que inauguró nuestro siglo XXI con sus particulares expresiones nacional-populares y progresistas, no podría explicarse sin la presencia activa de un amplio y vigoroso arco de movimientos sociales, que supieron resistir, primero, a las dictaduras militares de la década de 1980, y después a la tecnocracia neoliberal de los años 1990 -devota de la globalización hegemónica- que vino a ocupar el lugar dejado por los mandos castrenses, sólo para alcanzar idénticos objetivos por otros medios.

    Era el tiempo de la democracia de baja intensidad, como la designó el intelectual argentino Guillermo O’Donnell: las formas electorales se imponían al contenido político emancipador, en una región que se perfilaba ya como la más desigual del planeta.
    Con aguda ironía, el mexicano Carlos Monsiváis observaba que el neoliberalismo finisecular hacía del libre mercado ‘el tótem que preside la eternidad del capitalismo, en la inevitable versión salvaje’, y agregaba: ‘el mercado libre aspira al rango de culto de índole religiosa, en el lugar exacto donde estuvo la revolución. Y los convertidos al credo financiero ejercen el odio a la discrepancia antes asociado con el estalinismo. De los vencedores es la ira que a sí misma se sacraliza’.
    Los vencedores, en efecto, desataron una ofensiva política, económica y cultural que inocula desesperanza en amplios sectores de las sociedades latinoamericanas, proclamó la derrota de la revolución, proscribió las alternativas y ofreció un eterno presente de consumo y cultura de masas como consuelo para las utopías rotas. Fue una guerra de tierra arrasada en el campo de la ideología y la batalla de ideas. En esas condiciones, ¿qué futuro les esperaba a nuestros pueblos? Los movimientos sociales ofrecieron una respuesta: era preciso reconstruir los tejidos desgarrados a fuerza de bayonetas y desapariciones, y optar por la auténtica intensidad democrática desde la acción colectiva. Frente al dictum del fin de la historia, con el que Fukuyama saludó el triunfo del capitalismo y la imposición de la democracia de mercado como modelo único, en América Latina se empezó a escribir una contrahistoria:
    Desde finales de los años 1980, y hasta mediados de la primera década del siglo XXI, las sublevaciones populares e indígenas se sucedieron en Venezuela, Ecuador, Bolivia, Argentina y Brasil, y crearon las condiciones que permitieron el ascenso al poder de liderazgos políticos que fracturaron la hegemonía neoliberal, en una región que, hasta entonces, parecía irremediablemente condenada a permanecer bajo la égida del imperialismo estadounidense y del capitalismo salvaje.
    Hoy, en una coyuntura en la que las derrotas electorales de algunos de esos gobiernos plantean incertidumbres sobre el futuro del ciclo nacional-popular y progresista, las manifestaciones masivas que por estos días sacuden a Argentina y Brasil, en rechazo de las políticas de ajuste de los presidentes Mauricio Macri y Michel Temer, envían un mensaje esperanzador.
    Una vez más, como en tantas otras ocasiones en nuestra historia, son las organizaciones políticas y sociales, los trabajadores y estudiantes, los ciudadanos indignados, los luchadores y luchadoras de nuestra América los que, con la energía soterrada de los de abajo, nos muestran que sí es posible confrontar la restauración neoliberal porque todavía existe la fuerza social suficiente para rebelarse y disputar el campo político a unas derechas que no tienen más proyecto que la destrucción de las conquistas y avances de estos años.

    (*)Investigador, analista y docente de la Universidad de Costa Rica.