Espacio de Sergio

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Son horribles

Gustavo Varela – http://www.revistasudestada.com.ar/articulo/1461/son-horribles/

 

Son otra cosa. No son la rancia aristocracia del siglo XIX; no son las fieras fascistas del treinta. Se parecen a los de la Revolución Libertadora (los antiperonistas se parecen, cualquiera sea la filiación política o ideológica). Pero estos de ahora son definitivamente otra cosa. Varias, no una, pero lo que más son es efectivos (por eso mismo son patoteros).

En la política son de genealogía reciente, de fines de los años setenta y comienzos de los ochenta: finanzas y era digital. O sea, máquinas de producción y resultado. Ni Roca, ni Agustín P. Justo, ni Frondizi. Ni Onganía, ni De la Sota, ni Cobos. Eso es carne vieja. Los de ahora son buitres de carroña actual. No son de derecha: no es ese el rango que los mide. Son otra cosa; neo-empresarios, de bicicleta, aire libre y viernes casual. No tienen país de origen, no les importa la Argentina. Pueden vivir aquí o en cualquier lado.

No son conservadores ni ilustrados. Son gentes a pura eficiencia y con muchos recursos técnicos. No tienen cultura, apenas aquella necesaria para el desplazamiento. En general son iletrados, de bostezo fácil frente a un libro.

Tienen preocupación por las formas, porque es parte del mismo asunto. Formas superficiales, de packaging de felicidad y armonía, de cartel en el subte que dice: “Si alguien se siente mal, ayudémoslo”. Lo obvio se convierte en slogan. Este marketing de vida sana y comprensión es la exudación de la economía política que sostienen.

Son corporaciones que negocian. Ni fábricas fordistas ni empresa familiar. Estas corporaciones no tienen dueño, los excede. Son más grandes las acciones que la voluntad individual de un dueño. Por eso no importa si es Mauricio Macri o quién sea. Macri es un muy buen exponente, sí, pero el asunto es más amplio, de inscripción internacional, de lazos más complicados, de intereses cruzados.

Tienen entrenamiento en el exterior, todos bajo el ala de las finanzas; son eficaces, muy eficaces para lo que quieren. Insisto: no son la derecha ni son conservadores. Son neo. Pura demolición a fuerza de anticipación financiera.

Neo; no es ambición sino procedimiento: es la forma de operación sobre los otros. La eficacia no admite caras, ni parentescos, ni pertenencia grupal. Cuando hablan de equipo es porque los vínculos responden a esquemas funcionales. Son cuerpos de abrazo rígido, de compromiso con la tarea y nada de comunión. Es un equipo gélido. Por eso se abrazan como repeliéndose.

La forma de operar sobre los otros es bajo una apariencia (amenaza) de modernización permanente. El Ministerio de modernización es la institucionalización del dominio financiero por encima de cualquier otra razón.

No son humanistas, no dudan. Retroceden, a veces, pero no dudan. Saben a dónde van y no necesitan que haya alguna mediación. No tienen un proyecto de país. No les importa. Son lo más agudo del capitalismo, su bisturí más impiadoso.

No es un nombre. Son otra cosa: una raza política nueva que casi no conocemos.

La política como aplicación

La administración del gobierno actual tiene una forma específica de ejercer poder: es la política vaciada como aplicación (app). No hay votantes, hay usuarios. Eso ofrecieron en las elecciones: aplicaciones para usuarios. Es decir, herramientas de uso y habilitación personal: ser felices, estar todos juntos, la alegría es poder colaborar, en todo estás vos, mirar al futuro. La aplicación más elocuente: cambiemos. Ante cualquiera de estas aplicaciones, la fuerza argumental en contra es vista como violencia. Y en el colmo de la aplicación, como soberbia.

La política como aplicación es el desplazamiento del elector al usuario móvil. La eficacia y la extensión de los íconos salen de las pantallas y se instalan y actualizan en la vida cotidiana.

Google play: 700 mil aplicaciones bajadas. Android: más de un millón. Apple, millón y medio aprobadas desde 2008. 35.000 millones de descargas. La extensión no reconoce clase social ni lugar de origen. 35.000 millones (sólo de Apple) es signo de una práctica orgánica, de un tipo de necesidad vital. 35.000 millones: no elegimos, estamos adentro.

Sergio Massa como opositor peronista es una aplicación del gobierno actual. En otras funciones, lo mismo Hugo Moyano y el Momo Venegas. Los intendentes radicales, volver al mundo, el fin del cepo, ñoqui, contramilitancia, todas son aplicaciones conminadas al uso y la propagación. Y efectivas para administrar usuarios. El yaguareté de los billetes es la aplicación “basta de historia política”. Multitasking Pro.

Narcotráfico: la reiteración del tema, la insistencia y difusión permanente, es la composición de una nueva aplicación. Es necesario instalar el ícono en cada pantalla: Narcotráfico. No vemos claramente qué es; es suficiente el ícono. Eugenio Zaffaroni da un reportaje. Argumenta: “Al narcotráfico no le importa la Argentina porque queda lejos de Estados Unidos, lejos del lugar del consumo. El narcotráfico no es un problema aquí”. La aplicación se distribuye igual. A la aplicación no le importa Zaffaroni, no hay lugar para los argumentos de Zaffaroni.

La aplicación es eficiencia sin ética ni compromiso. Por eso puede ser una y lo contrario. Carlos Melconián: “Vamos a devaluar”; Macri, un día después: “No devaluamos”. La aplicación se actualiza. Todo es posible.

Cedamos siempre el asiento. Dejemos bajar antes de subir. Tiremos la basura en los cestos: aplicaciones para la vida Pro. La más clara, la que indica el gesto de un solapado disciplinamiento social: Esperemos siempre detrás de la línea amarilla.

No todo es aplicación. El poder judicial, el poder mediático y las fuerzas de seguridad no son aplicaciones, son la garantía de funcionamiento de las aplicaciones. ¿Para qué? Para la marcha precisa de la economía financiera y del vaciado político.

La aplicación que ya no sirve, se borra o se elimina (Ernesto Sanz y buena parte del radicalismo).

El ícono Pro, con su tecla de avance, no es un partido sino una aplicación con voluntad de vaciado político. El gobierno Pro no fue votado, fue descargado por un 51 por ciento de usuarios. Esa es su conquista inesperada. Y, a la vez, toda su fragilidad.


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Argentina: Represión y totalitarismo plutocrático

E. Raúl. Zaffaroni* – http://www.lateclaene.com/ral-zaffaroni-represin

 

El gobierno de Macri ya tiene una presa política y, al parecer, ahora un desaparecido. Por cierto, debemos ponernos de pie y reclamar la aparición con vida del joven Maldonado y, por ende, denunciar y repudiar la actual ola represiva y la lamentable conducción política de las policías que, en detrimento de las tareas propias de ese servicio civil, distrae esfuerzo y personal en represión y vigilancia política, al tiempo que la defectuosa conducción permite el surgimiento de conductas desviadas en las propias instituciones.   

No obstante, más allá de nuestros penosos datos folklóricos nacionales, lo cierto es que el actual gobierno, siguiendo el modelo de Chile, pretende criminalizar como terroristas a los Mapuche. Pero la ley que introdujo la figura penal de terrorismo en nuestra legislación fue extorsionada al gobierno anterior por el GAFI, so pena de fuertes sanciones económicas a nuestro país.

En síntesis: lo que nos sucede dista mucho de tener su origen en la Argentina, pues es producto de un cambio sustancial en el poder planetario. Sin este contexto, no comprenderemos qué nos está sucediendo y, en consecuencia, no sabremos contra quién luchar.

La Tercera Posición peronista es un buen punto de arranque para entender el presente: se trataba en sustancia de rechazar, por un lado, al totalitarismo stalinista y, por el otro, la explotación del hombre por el hombre del capitalismo. Lo que no se podía vislumbrar con claridad en ese momento, era que el primero era un totalitarismo en acto, en tanto que el segundo también lo era, pero en potencia.

Desde que se implosionó el primero, el segundo viene desplegando todo su potencial de totalitarismo plutocrático, arrasando los estados sociales de derecho y cualquier intento aún discretamente keynesiano, para dar paso al reemplazo de los soviets y sucedáneos por la dictadura de los Ceos de las corporaciones transnacionales. No puede menos que llamar la atención la facilidad y rapidez con que los regímenes del totalitarismo implosionado se adaptaron al nuevo.

Poco va quedando de la democracia: los políticos de los países elegidos como sede de los Ceos mayores que concentran riqueza en función de los negociados y sueldos que se asignan, son hoy meros gestores de los intereses de las corporaciones, nosotros estamos en manos de Ceos de segunda categoría, los medios masivos monopolizados crean realidad y formatean la subjetividad de sus receptores decidiendo elecciones, los estados pasan a ser marionetas en sus manos y, si molestan, se los destruye militarmente o se lo debilita corrompiendo su institucionalidad.

Este esquema de poder sostiene a una humanidad cuyo 1% concentra en riqueza el equivalente a lo que la mitad más pobre de nuestra especie necesita para subsistir o para morirse con paciencia, dos tercios de la humanidad se halla en estado de necesidad y un tercio consume lo que no necesita para vivir, aunque para sostener esta situación se estén destruyendo con celeridad las condiciones de habitabilidad de la especie en el planeta. El catecismo ideológico de este totalitarismo plutocrático corporativo es la versión laica de la Divina Providencia recreada como mano invisible del mercado, aunque usurpe desvergonzadamente el nombre del viejo liberalismo.

El actual totalitarismo plutocrático corporativo pretende configurar un modelo de sociedad con un 30% de incluidos y un 70% de excluidos. Para eso requiere contener a los excluidos, lo que hace formateando subjetividad mediante sus corporaciones de medios masivos y, necesariamente, con represión.

La represión se legitima mediante una abierta confesión del ideal totalitario con una distopía de orden: una sociedad con seguridad total y libre de toda amenaza, con extrema prevención, tolerancia cero a la desviación, vigilancia y generalizado control tecnológico, con desconfianza al extranjero y al extraño, estigmatización de la crítica e institucionalización masiva.

Esta distopía de orden no está exenta de contradicciones, en las que no se repara puesto que su enunciado no apela a la razón sino a la emotividad: no se explica la necesidad del fuerte aparato tecnológico de control si, al mismo, deposita una irracional confianza en la función preventiva y disuasoria de la punición y la prisionización.

Estamos, pues, en lucha contra un totalitarismo que hoy (a diferencia de los tiempos en que se enunciaba la Tercera Posición) está en franca expansión en acto. El joven Maldonado puede ser el Felipe Vallese de esta etapa que, por cierto, no se abre por nuestros folklóricos avatares argentinos.

Es menester usar las neuronas que la biología o Dios nos ha dado y poner los dedos en el enchufe de la conciencia nacional y regional, para ponernos de pie. Hoy todos debemos ser Mapuche: Queremos al pibe Maldonado vivo.

Buenos Aires, 7 de agosto de 2017

*Profesor Emérito de la Universidad de Buenos Aires


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“VENEZUELA: LA MURALLA DE AMERICA LATINA”

Stella Calloni – http://nacionalypopular.com/2017/07/30/la-muralla-de-america-latina/

VENEZUELA

El gobierno y el pueblo de Venezuela son, en este duro tiempo de avance imperial en Nuestra América, la muralla que se levanta en medio de una guerra contrainsurgente de baja intensidad y de cuarta generación, de extrema violencia.

Es precisamente de cuarta generación la más brutal guerra mediática que estamos viviendo en nuestra región, en el golpismo del Siglo XXI y en el diseño de la potencia imperial Estados Unidos, de llevar adelante su plan geoestratégico de recolonización de nuestra América.

Se equivocan los que piensan que este es sólo un retorno conservador o neoliberal.

Es un avance colonizador, porque la decisión de Estados Unidos es tomar el control total de su llamado “patio trasero”, a partir de la aparición de nuevas potencias que han cortado de un solo tajo el unilateralismo con que avanzaba sobre el mundo.

Paul Wolfowit, el gran consejero de los presidentes norteamericanos, había establecido ya en 1992, después de la caída del Muro de Berlín y la Unión Soviética, que era el momento de avanzar en una expansión global, sin límites y sin fronteras.

Para eso sirvió el nunca aclarado “atentado” contra las Torres Gemelas y su extraña implosión en septiembre de 2001.

Acto seguido, EE.UU. declaró la guerra infinita y anuló las soberanías nacionales en todo el mundo.

En Yugoslavia ya habían probado cómo usando el arma de la desinformación, que consiste en convertir la mentira en un arma de guerra a nivel global, podían tener una impunidad absoluta.

A eso, le sumaron la enorme capacidad de realizar falsos atentados, para avanzar en nombre de la lucha antiterrorista o antinarcotráfico donde quisieran.

Entonces se volcaron a Afganistán, Irak, Libia y Siria, pero en este último la resistencia heroica del gobierno de Bashar Al Asad, el pueblo y el ejército se transformaron en una pesadilla para EE.UU., Israel y los países europeos que convirtieron sus gobiernos en peones del gran proyecto de la gobernanza global.

Siria pidió ayuda a la Federación Rusa y la aparición de Rusia y de China en escena cambió el eje de la noche a la mañana.

Entonces, la mirada regresó hacia Nuestra América, que a pesar de estar invadida por las fundaciones de diversos nombres de la CIA y el Pentágono de EE.UU., había logrado mediante elecciones imponer una serie de gobiernos progresistas, que además rompieron el aislamiento de Cuba.

En el siglo XXI comenzó la guerra contrainsurgente que se visualizó con los golpes de Estados. Los fracasados: Venezuela 2002, Bolivia 2008, Ecuador 2010. Y los concretados: Haití 2004, Honduras 2009, Paraguay 2012.

En los últimos tiempos, Estados Unidos avanzó sobre el triángulo de los tres países clave en la integración: Argentina, Brasil y Venezuela.

Lograron, utilizando sectores de la Justicia que han “comprado”, controlando varios medios masivos de comunicación y mediante la corrupción, dar el golpe contra Dilma Rousseff en Brasil, en agosto de 2016.

Unos meses antes, consiguieron lo que bien podría llamarse el golpe electoral en Argentina.

La injerencia brutal con la distribución de millones de dólares, por la que unificaron algunos partidos políticos en decadencia; el uso de jueces cooptados y también la alineación de los medios masivos locales, decantaron el triunfo de un gobierno en el que el presidente y sus ministros pertenecen a fundaciones norteamericanas.

Es decir, un gobierno de Washington en un poder local.

Logrado esto, recrudecieron al máximo el golpismo contra Venezuela, que nunca dejó de intentarse desde 2002. Los gobiernos de Estados Unidos creyeron que con la muerte del comandante Hugo Chávez Frías, en marzo de 2013, darían fácilmente el zarpazo sobre Venezuela, que se ha transformado en una gran muralla de Nuestra América.

Sin embargo, se encontraron con que el presidente Nicolás Maduro y los equipos formados por Chávez, más un pueblo concientizado y la existencia de algunos medios como Telesur y Venezolana de Televisión, lograron detener los más fuertes embates golpistas, con participación de paramilitares colombianos y tropas especiales de EE.UU. acantonadas en Colombia.

A principios de 2017, iniciaron un intento de Golpe con otras modalidades, pero que esencialmente se mantiene en los últimos meses por los falsos informes de la prensa en el exterior, que en un 95 por ciento controla Washington.

La guerra económica y el desabastecimiento son brutales. Millones de dólares en alimentos, medicamentos y gasolina se escurren por la amplia frontera con Colombia. Sabotajes y asesinatos en diversos lugares del país, especialmente fronterizos.

En lo que va de este año se han destruido y quemado unos 300 edificios por parte de los grupos de choque, supuestos pacíficos manifestantes que llevan cascos de un material especial, máscaras antigases y actúan con cierto orden militar, arrojando bombas incendiarias que brindan espectacularidad para la transmisión mediática.

Su criminalidad quedó evidenciada en el asesinato de posibles “chavistas”, siete de los cuales fueron rociados con gasolina y quemados.

La imagen de las víctimas corriendo desesperados, es mostrada, por supuesto, como si fueran crímenes de los organismos de policía y seguridad.

Sin embargo, de las 109 víctimas, la mayoría era chavista y no participaba en estas acciones, y una minoría era opositora.

Pero esto no es lo que se informa.

Mientras el secretario general de la OEA, el uruguayo Luis Almagro, es casi el comando político y diplomático del golpe, Maduro logró sostener el llamado al diálogo en forma permanente y por eso su convocatoria a una Asamblea Constituyente para profundizar los avances sociales, que la oposición rechazó, fue apoyada por gran parte de la población.

Sin embargo, eso no lo muestran los periódicos extranjeros, como ocurre en Argentina.

Lo que pasa en Venezuela esencialmente es una guerra mediática que, como se dice, “le da letra” a la derecha mundial, que especialmente cuenta con el apoyo del ilegítimo presidente de Brasil, Michel Temer; de Mauricio Macri, quien intenta imponerse ante Washington como el líder del sur sin lograrlo; y por supuesto de los mandatarios de México, Colombia, Honduras, Guatemala y Paraguay, cuyos pueblos están viviendo en el terror.

La Constituyente de hoy, donde se eligieron a 545 constituyentes, se instituyó en una acción en favor de la paz.

La convocatoria de Maduro a la oposición podría haber dado lugar a una salida pacífica inmediata, pero a esto se opone Washington, a quien le “conviene” la violencia y las muertes.

Necesitan apoderarse de Venezuela, donde existen las mayores reservas de petróleo del mundo y otros recursos.

La cercanía con ese país es vital, más aún cuando es complicada la situación en Medio Oriente. Debería anotarse como un “triunfo” de nuestra América el hecho de que los “amigos”, “asociados” o “títeres” de EE.UU. no lograron expulsar a Venezuela del Mercosur.

El futuro de América Latina se juega en Venezuela, un país que fue y sigue siendo solidario con los pueblos de América, de África, con los invadidos y ocupados, con los pobres del mundo y al que debemos agradecer su dignidad y heroísmo en estas circunstancias.


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Argentina: Cuando el odio entra en campaña

Bárbara Ester – http://www.celag.org/argentina-cuando-el-odio-entra-en-campana/

Génesis del odio: Yegua

El origen del odio al kirchnerismo no fue claro. Sin embargo, pueden rastrearse sus comienzos en los comentarios que se dejaban en los espacios virtuales de los diarios de mayor circulación, Clarín y La Nación.  El odio fue in crescendo y quedó al descubierto en las proclamas de los “cacerolazos” –llevados adelante por sectores medios y altos- durante el gobierno kirchnerista. Allí los carteles que llevaban los “caceroleros” decían “yegua”, “¡no te vayas con Chávez! Andáte con…chuda” o “histérica” entre otros. Lo que evidenciaban los mensajes era que el foco estaba puesto en su condición de mujer, “quién se cree que es (una mujer) para hablar por cadena nacional, para cortarme la novela o el fútbol, o bien para ostentar poder” eran algunos de los imaginarios reinantes. Una mujer electa presidenta en dos oportunidades consecutivas incomodaba bastante, tanto por su condición, como por sus políticas.

Militantes de las redes

La disputa por la Ley de Medios que el kirchnerismo presentó ante el Congreso significó el punto más álgido de virulencia mediática, el cual encontraría en las redes sociales un terreno fértil para hacer circular sus discursos de odio. Las frases agresivas sobre los proyectos clave de la gestión anterior, como las leyes de identidad de género o actos emblemáticos en defensa de los Derechos Humanos, fueron impugnadas y criticadas anónimamente desde las redes.

Poco a poco comenzó a instalarse una reprobación hacia la militancia, a la que se tildó de ociosa, de fanáticos o de “ñoquis”. El mejor ejemplo del odio hacia la militancia fue expresado por Maia Ferrua[1], ex funcionaria del Ministerio de Modernización, quien se burló en redes sociales del femicidio de Micaela García, militante del Movimiento Evita, una agrupación vinculada a la anterior gestión.

Los actos multitudinarios fueron criticados  con repugnancia. Primero por la asociación de pobreza e ignorancia. Se buscó deshumanizar a  los y las participantes, que eran presentados como  “ganado”. Luego, fueron vinculados con oportunistas que “participaban  por el chori y por la coca” o “se embarazan para cobrar un plan”. El periódico Clarín en 2009, titulaba: “La fábrica de hijos: conciben en serie y obtienen una mejor pensión del Estado” para referirse a las mujeres de bajos recursos que perciben el beneficio de madre de 7 hijos[2]. Finalmente todo se redujo a su condición social, a su estética o a su color de piel: “por negros” y “kukas, que no quieren trabajar”.

Construyendo enemigos

La llegada al poder de Cambiemos tuvo como principal plataforma de campaña las redes sociales, con un discurso estructurado sobre el ataque al gobierno anterior. Se lo  tildó de populista y despilfarrador. Un conjunto de promesas de Cambiemos sostenían que “el cambio” mantendría la mayoría de los beneficios que el gobierno anterior había otorgado, es decir que la re-estructuración no conllevaría despidos y devaluación. Que la inflación bajaría, que mantendrían el presupuesto para la ciencia, que se “llegaría” a la pobreza cero y, a la vez, que se   eliminaría el impuesto a las ganancias. Como sabemos, todas promesas incumplidas con agravamiento de indicadores sociales negativos.

Los buenos augurios, sumados a una campaña colorida y desideologizada, lograron atraer al votante apuntando al individuo en lugar del colectivo. Sin lugar a dudas parte de las clases medias que recuperaron su poder adquisitivo gracias al consumo promovido por el kirchnerismo fueron sensibles a un hastío producido y reproducido por los medios. Los mismos sectores que en la crisis del 2001 cantaban “piquete y cacerola, la lucha es una sola” disolvieron su solidaridad tras haber recuperado su poder adquisitivo y afirmarse en nuevas expectativas de consumo. Comenzó a instalarse una nueva subjetividad que hizo posible que el derecho del peatón a transitar por las calles sea más importante que cualquier otro derecho (laboral o social) vulnerado. La apelación del macrismo a una nueva subjetividad consumista, ecologista y New Age no se corresponde con la tradicional derecha culta y de élite argentina, sino con un nuevo sentido común de las capas medias que ponen –paradójicamente- sus intereses y esperanzas en el macrismo.

El macrismo desde el gobierno encontró en la figura de CFK a la responsable directa e indirecta de todos los males. Toda explicación del ajuste neoliberal del macrismo es justificado a partir de la figura de la ex mandataria, o algo tan etéreo e intangible como “la pesada herencia”.  Así, la falta de inversiones, la toma de deuda o los despidos son efectuados con nula responsabilidad gubernamental o política.

Derechos y humanos

En 2014, cuando todavía gobernaba la capital porteña, Macri afirmó que de resultar electo presidente acabaría con “el curro de los Derechos Humanos” -probablemente se trate de la única promesa que intentó cumplir-. El gobierno de Cambiemos significó una reactualización de la teoría de los dos demonios e intentó desmantelar el consenso social en torno al genocidio perpetrado por la última dictadura militar. Distintos funcionarios han puesto en duda el número de desaparecidos, cuestionado a las referentes y activistas -madres o abuelas de Plaza de Mayo-. Sin ir más lejos, el pasado 24 de marzo, aniversario número 41 del último golpe de Estado, las redes sociales comenzaron a difundir una imagen de algunos diputados oficialistas posando con un cartel que rezaba “Nunca más a los negocios con los derechos humanos”. En el plano internacional, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y la diplomacia internacional han denunciado la arbitraria detención de  Milagro Sala, quién ya lleva más de un año privada de su libertad.  Ese odio construido en relación a la militancia y hacia los sectores populares se articula en la figura de Milagro Sala, mujer, con rasgos indígenas y dirigente social.

Ajuste y Represión

Mauricio Macri asumió en diciembre de 2015. El 29 de enero de 2016, entre 85 y 100 jóvenes de la murga “Los Auténticos Reyes del Ritmo” ensayaban en la villa 1.11.14 cuando se presentó  la Policía Federal  y la Gendarmería Nacional. Dispararon balas de goma. Siete personas resultaron heridas, entre ellos tres menores de edad. Recientemente, once gendarmes fueron citados a declarar por el incumplimiento de sus deberes y el ejercicio de violencia injustificada. Nahuel Berguier, abogado de una de las víctimas afirmó que “pasada la primera vuelta electoral de 2015, comenzó a imperar en las fuerzas de seguridad un clima de revancha, que se denotó en el aumento inmediato de las denuncias de violencia institucional, las razzias, las vejaciones. Es un discurso que se elabora y promueve  desde el gobierno, siendo replicado en el accionar de las estructuras intermedias y en los bajos rangos de las fuerzas de seguridad. Hay que recordar que después del hecho, salió Bullrich a reivindicar la actuación de estos agentes, y hasta se sacó fotos con ellos”[3].

Protesta social

Julieta Quirós, antropóloga  y especialista en organizaciones sociales y sus métodos de protesta, considera que la versión oficial de Cambiemos ha reeditado la imagen estigmatizante de la protesta social, haciendo hincapié en ‘los métodos’ de la protesta o sus efectos colaterales. “Esa operación de demonización e irracionalización de la protesta es condición de posibilidad para la represión”[4], sostiene Quirós. Así, fueron justificadas las represiones a docentes, manteros, extranjeros, pueblos originarios, mujeres, estudiantes, trabajadores, sindicalistas o  artistas.

Mientras parte de la política de derechos humanos de la gestión kirchnerista fue reservar la represión para una última instancia, un sentido común progresista veía con beneplácito esta postura. En los últimos tiempos, este sentido común se trastocó y desde los medios se fogoneó el hastío a el “caos” de la protesta. La empatía con el manifestante fue dejada a un lado y la primera plana de los periódicos o las imágenes en programas de TV se la llevaba el caos del tráfico en la ciudad.

Desde la asunción de Macri cuatro gremios fueron intervenidos, lo que representa una clara confrontación con  el  sector sindical en un contexto de caída del salario real, inflación y despidos masivos. A menos de dos meses para las elecciones legislativas de agosto de 2017, es el propio presidente el que instó al jefe de gobierno porteño de Cambiemos, Horacio Rodríguez Larreta, a reprimir una protesta social. Precisamente porque desde el laboratorio de Durán Barba –principal asesor político del macrismo- estimaron que el rédito sería mayor al perjuicio que la represión suponía. El 28 de junio, manifestantes –en su mayoría cooperativistas- cortaron la avenida 9 de Julio en las puertas del Ministerio de Desarrollo Social. No se trataba de desestabilizadores sino de referentes de distintas organizaciones sociales que buscaban mediante este método obtener visibilización para negociar unas medidas concretas, las cuales habían expuesto sin éxito ante la ministra de Desarrollo Social, Carolina Stanley.  Los reclamos incluían tarifas diferenciales para las empresas recuperadas, sostener los emprendimientos de las cooperativas frente al creciente desempleo y la declaración de la emergencia alimentaria.

Tal vez lo más grave sea que las escenas de policías de civil arrastrando de los pelos a manifestantes, cooperativistas o  desocupados no generaron un repudio masivo. Por el contrario, vastos sectores de la sociedad aprobaron o justificaron  el accionar policial priorizando su interés individual a transitar la ciudad sin ser demorados. Estas escenas ya se evidenciaron en la represión a docentes ante el intento de instalar una carpa itinerante frente al Congreso -un domingo, sin daños colaterales a transeúntes- luego de reiterados paros. El método de la huelga fue impugnado por un discurso que consideraba que no era el método adecuado. En vísperas electorales y gracias a la movilización, miles de docentes obtuvieron al fin un aumento del 24%.

El rechazo y el odio en marcha

El odio está en marcha. La construcción del odio, del rechazo y del hastío –promovida desde Cambiemos- busca reorganizar el campo político e impactar en las próximas elecciones. Allí se enfrentan dos liderazgos que necesitan consolidarse electoralmente: Mauricio Macri y Cristina Fernandez de Kirchner. El quid de la cuestión  parece apuntar a la exPresidenta y a un electorado que está en proceso de redefinición cultural y, parte de éste, asediado por las malas condiciones económicas.

[1]http://www.politicargentina.com/notas/201704/20385-echaron-a-la-funcionaria-pro-que-se-burlo-del-asesinato-de-micaela-garcia.html

[2]https://www.clarin.com/ultimo-momento/fabrica-hijos-conciben-serie-obtienen-mejor-pension_0_Sk6l6QqCTFx.html

[3]http://www.agenciapacourondo.com.ar/violencia-institucional/represion-murga-en-el-bajo-flores-citan-indagatoria-gendarmes-implicados

[4] http://www.revistaanfibia.com/cronica/codigos-de-la-calle/


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Venezuela: ¿Quién piensa por nosotros?

Javier Pineda Olcay – http://noesnalaferia.cl/2017/07/09/venezuela-quien-piensa-por-nosotros/

 

Si le preguntamos a nuestros familiares o amigos por el peor gobierno del mundo probablemente nos respondan Venezuela. No importa que los estándares internacionales de desarrollo humano de Venezuela estén por sobre el promedio de los países de América Latina. Tampoco parece importar que en México mueran 23.000 personas al año (más que en Afganistán e Irak) o que sea el país con más periodistas muertos. No importa que en la mayoría de los países del Caribe y Centroamérica hayan altísimos niveles de desnutrición infantil o los índices de pobreza alcancen a cerca de la mitad de la población, a diferencia de Venezuela.

Pareciera no importar que en Brasil el actual presidente, Michel Temer, esté ahí a través de un golpe de Estado blando o que esté acusado por corrupción. No importa que las medidas económicas de Macri en Argentina tengan a la mitad de la población en la pobreza. No importa que en Colombia maten todas las semanas a dirigentes sociales. El peor Gobierno sigue siendo el de Venezuela.

¿Por qué la mayoría de las personas sigue pensando que es el peor Gobierno del mundo si el 99% de ellos nunca ha estado ahí? Por la prensa, quizás. Todos los días vemos en los noticiarios televisivos y en las portadas de los periódicos malas noticias sobre Venezuela. No importan las atrocidades que se cometan en otros países, siempre son más importantes las “heroicas” manifestaciones venezolanas (sólo de la oposición, porque ni siquiera muestran las multitudinarias marchas del chavismo).

Los mismos medios de comunicación que criminalizan a los estudiantes y mapuches en Chile por manifestarse tratan a los encapuchados que QUEMAN PERSONAS como luchadores por la libertad. Las bombas mólotovs lanzadas que incendian instituciones públicas en Venezuela y ponen en riesgo la vida de personas son justificadas, mientras que esa misma molotov que se lanza en contra del capital forestal en el Wallmapu es un arma terrorista. El actuar de la policía venezolana para disolver las manifestaciones que alteran al orden público es considerado como un acto represivo y tiránico, mientras que el actuar de la policía que golpea a mujeres, niñas y niños, estudiantes, mapuches en Chile es considerado como un deber que permita restaurar el orden público y “defienda” a esas mayorías silenciosas que no se manifiestan.

Lo mismo hicieron con Libia. Un país absolutamente desconocido en el norte de África pasó de un día para otro a ser preocupación mundial. Aquellos países que no se quejaban hace unos años cuando tenían acuerdos comerciales con Gaddafi, ahora lo consideraban un tirano del cual debían proteger al pueblo libio. No importaba que la mayoría de los gobernantes del “primer mundo” que apoyaban (y siguen apoyando) en África y Medio Oriente sean dictadores. El único país en el cual importaban sus “condiciones humanitarias” era Libia, a pesar de que sus índices de desarrollo humano hayan sido los más altos de toda África. Vaya coincidencia: Libia era uno de los mayores exportadores de petróleo y sus recursos se encontraban en manos del Estado.

Puesta en escena conocida: (1) desprestigio en la prensa; (2) financiamiento a oposición y mercenarios contratados para desestabilizar algunas zonas del país; (3) reconocimiento como interlocutor válido a la oposición; (4) inventos de ataques o auto-atentados de la oposición y generación de clima de “intervención humanitaria”; (5) decisión del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas para “intervenir humanitariamente” (a veces se pueden saltar este paso, como en Irak); (6) asesinar al “dictador”; (7) privatizar el petróleo. Y pareciera que este último es el objetivo: luego de la “intervención humanitaria” en Libia, a nadie le importa que el país esté sumido en el caos, que gran parte de su territorio esté controlado por mercenarios y por organizaciones terroristas como Al Qaeda. Tampoco importa la crisis de refugiados ni que las condiciones de vida de las personas en Libia sean mucho peor a los momentos anteriores al bombardeo “humanitario”.

Vaya coincidencia: Venezuela es el país con mayor reserva de petróleo del mundo y su explotación se encuentra en manos del Estado desde el Gobierno de Hugo Chávez. A diferencia de los más de 30 días que se demora en llegar el petróleo de Medio Oriente a Estados Unidos, el petróleo de Venezuela tarda menos de 5 días. ¿Será esa la verdadera razón del ataque mediático a Venezuela?

Hace unos días un inspector de la policía científica de Venezuela se robaba un helicóptero para disparar ráfagas de balas y lanzar granadas en contra del Tribunal Supremo de Justicia. Este hecho hubiese sido condenado por toda la comunidad internacional si se hubiese tratado de otro país, pero como se trataba de Venezuela los gobiernos autodenominados como democráticos guardaron silencio. Los medios de comunicación trataron el hecho prácticamente como una anécdota, destacando que el autor de los hechos era actor, además de inspector de la policía científica de Venezuela.

Las editoriales y noticias en contra del Gobierno venezolano no paran. El boicot económico tampoco. Mientras en los supermercados y locales de abastecimiento los productos escasean, en los barrios altos los almacenes no tienen problemas. Como siempre, el pueblo es el que sufre las consecuencias de las acciones de los poderosos para recuperar sus intereses. Al igual que en Libia y en Irak, están creando las condiciones para intervenir militarmente a Venezuela. Da igual si el discurso de la oposición sea ahora “más democracia”, “más libertad” o “más comida”. Están decididos a destituir al Gobierno de Maduro cueste lo que cueste. No dudan en sacrificar a un pueblo para recuperar las riquezas del petróleo en beneficio propio. Esto lo vivimos en Chile. Los poderosos de siempre se dedicaron a desabastecer la economía local para que hubiese grandes filas buscando alimentos y se acrecentara el descontento popular, mientras que los ricos nunca pasaron hambre. Al día siguiente del golpe de Estado todos los mercados se encontraban con alimentos. Miles de ejecutados políticos y detenidos desaparecidos fueron el precio a pagar para “eliminar las colas” para la comida y saquear hasta el último recurso del país.

Frente a la guerra sin cuartel de los poderosos del mundo y de Venezuela en contra del pueblo venezolano no se puede ser vacilante. Venezuela está lejos de ser el paraíso y como todo proceso de transformaciones sociales está lleno de tensiones y se han cometidos errores. Pero el proceso bolivariano ha significado que Venezuela se haya transformado en un pueblo soberano y un apoyo vital para los procesos transformadores en toda Nuestra América, además de lograr un avance notable en el acceso a derechos sociales y derechos humanos en general del pueblo venezolano.

Sabemos que cuando el Imperio mete mano, los que sufren son los pueblos. No les bastará con privatizar el petróleo y privatizar los derechos sociales, también comenzarán con los asesinatos y desapariciones como ha sido lamentablemente frecuente en los países de la periferia.

Y si esto es así, ¿por qué seguimos odiando a Venezuela? No dejemos que piensen por nosotros los medios de comunicación que están al servicio de los poderosos: nos hacen amar al opresor y odiar al oprimido. En estos momentos de crisis en que están en juego las posibilidades de éxito de los procesos revolucionarios en Nuestra América, no podemos ser indiferentes y tenemos el deber de solidarizar activamente con el pueblo venezolano.

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Disculpe el Señor

LEANDRO CABELLO – http://rinacional.com.ar/sitio/disculpe-el-senor/

Para ponerle una fecha certera a la debacle del poder adquisitivo de los trabajadores diremos 16 y 17 de diciembre de 2015; días en los que se modificaron las retenciones y que se devaluó, respectivamente. Esto significó que los exportadores recibieron más dólares por cada producto y más pesos por cada dólar. Quedaba luego equiparar la nueva rentabilidad del mercado internacional con el interno, dando puntapié inicial a la enorme inflación del 2016.

Entre noviembre (2015) y enero (2016), sólo en el Gran Buenos Aires (que representa alrededor de un cuarto de la población), cambiar el régimen de retenciones y el tipo de cambio significó: 187.000 nuevos indigentes, 1.223.000 nuevos pobres y 175.000 nuevas personas en situación de vulnerabilidad. Estos indicadores empeoraron en los meses siguientes fundamentalmente por la quita de subsidios. La contrapartida son los $128 millones adquiridos por los exportadores, anunciados con bombos y platillos por Macri en la Rural.

Entre diciembre del 2015 y mayo del 2017 se acumula una inflación del 57%, mientras que el aumento del salario mínimo vital y móvil (SMVyM) fue del 44,2%. Para comprender las causas del deterioro del poder adquisitivo de los argentinos, hay que separar el actual gobierno en dos etapas. La primera, caracterizada por lo explicado previamente (devaluación, inflación), significando una fuerte transferencia de riqueza del mercado interno a los exportadores, y la actual.

En esta segunda etapa la inflación se ha desacelerado y el tipo de cambio se ha estabilizado. La apertura de las importaciones, la caída del consumo y el dólar estable ha hecho bajar los precios de varios rubros, mientras que el único que se mantiene encareciéndose es el de alimentos. Mientras menor es el poder adquisitivo, estos productos tienden a ocupar mayor parte o la totalidad del presupuesto mensual, cuando no lo superan.

Tanto inflación como tipo de cambio estable son herramientas fundamentales para los especuladores. Cambian pesos por Letras que tienen una tasa de interés arriba del 2% mensual. Luego, al reclamar los pesos correspondientes, necesitan que la cotización del dólar no se haya modificado, así cambian por dólares.

Aparece así un nuevo problema: no todos los empresarios especulan, también producen, pero muchos carecen de conciencia nacional. El gobierno federel les ofrece entonces algunas formas de equiparar las ganancias especulativas con las productivas.

Por un lado tenemos las “mafias de los juicios laborales”, que según el presidente son la causa del cierre de las PyMEs. Contundentemente tenemos que decir que estas cierran por los tarifazos y por la imposibilidad de acceder al mercado crediticio. El objetivo de buscar el fin de los juicios laborales (a secas, sin el término “mafias”) es disminuir el costo de las grandes empresas y marcar la cancha: cualquiera puede ser despedido, sobre todo los de mayor antigüedad o los de militancia sindical, sin mayores consecuencias.

Por otro lado, el SMVyM era de $8.060; debería de aumentar inmediatamente a unos $14.000 para que una familia pueda costear la Canasta Básica Total (CBT). La oferta de las cámaras empresarias fue de llegar a $9.800 en julio del año que viene en tres cuotas, la cual fue rechazada. Entonces el gobierno intervino impuso, por decreto la superadora oferta de $200 más, lo que da $10.000. Menores salarios es mayor rentabilidad.

Mientras tanto, la cobertura del SMVyM sobre la CBT ha caído un 28% en 18 meses, y la tasa de interés de las LEBAC ha llegado al 25,5%. Si bien no son datos económicamente complementarios, sirve para ejemplificar cómo el Estado ha intervenido para hacer que una parte de la sociedad pierda poder adquisitivo y para que otra aumente sus ganancias, siendo esto la transferencia de riqueza. Fundamental es decir que los que pierden tienen que sufrir las vicisitudes y tragedias del descenso social. Los que ganan no ascienden ni se consolidan como clase social, sino que se mantienen, solo aumenta su rentabilidad.

¡Pobres los viejos ricos que tendrán que gastar su renta extraordinaria en mudarse o en adquirir la seguridad necesaria para que no se les llene de pobres el recibidor!


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Perón, muerte y resurrección

 

PABLO VÁZQUEZhttp://rinacional.com.ar/sitio/peron-muerte-resurreccion/

peron

 

Militar y docente, conductor y político, ante todo fue el intérprete de un sentido histórico nacional. En una época de corrupción política y sometimiento al Imperio Británico, canalizó entre 1945 a 1955 las esperanzas de aquellos que buscaron el despegue industrial, la integración social y la dignificación de los trabajadores. Y ellos encontraron en Perón su referencia política y pertenencia cultural.

Derrocado en 1955, su retorno por el poder popular en 1972 – 1973 significó un hito liberación que aún motiva. En sus memorias de reciente publicación, Antonio Cafiero reflexionó: “Perón tuvo que enfrentar la falta de comprensión de su propuesta de unidad nacional y de revolución pacífica. Desde distintos sectores, aparentemente opuestos, las acciones terrorista pretendían socavar al gobierno constitucional y popular… el 1º de julio de 1974, Perón nos dejaría para siempre”.

Dos meses antes de su muerte Perón anunció el Modelo Argentino.

La base fue recuperar al hombre y sus valores, donde la Argentina es el hogar.

A las tres banderas justicialistas: Soberanía Política, Independencia Económica y Justicia Social, anexándole la de Cultura Nacional. La síntesis de las mismas, expresada en la Tercera Posición – potenciada esos años con el Tercer Mundo – se complementó con la evolución a través del Continentalismo y Universalismo.

Incorporó la cuestión ecológica y racionalización de recursos naturales como política de Estado. Se contempló el papel de los medios de comunicación y se potenció el aspecto científico – tecnológico, interactuando con lo económico, lo político y lo social. A su vez se remarcó el rol de la mujer y la juventud en este Modelo Argentino.

Planteó formas más amplias de institucionalización, a través de la Democracia Social y la participación de las instituciones intermedias en el marco de la Comunidad Organizada. En la misma gobierno, partidos políticos, intelectuales, empresarios, Iglesia, Fuerzas Armadas y trabajadores.

El contenido del mismo  mostró cabalmente la dimensión de estadista y adelantado a su tiempo, a vez que, dolorosamente, enseñó que el haber  descontinuado su  obra tuvo consecuencias irreparables.

Perón: figura política del siglo XX, epónimo de una época y catalizador de anhelos de millones de argentinos.

A pesar de tensiones políticas actuales, las ideas de Perón se proyectan en sentir del pueblo peronista, quien mantiene vivo su legado.