Espacio de Sergio

Sitio de opiniones, noticias y música


Deja un comentario

El uso de la mentira como una forma de fraude electoral

Fernando Buen Abad Domínguez – http://www.la-epoca.com.bo/index.php?opt=front&mod=detalle&id=6436

mentira

Una democracia seria debería sancionar con todo rigor las mentiras electorales. Antes, durante y después. Debería haber tribunales populares instruidos con todo el poder para ejecutar leyes que resguarden el voto, como documento histórico que es, y como exigencia de cumplimiento político inexcusable. Justicia exigente al máximo que debería encarcelar al que promete falsedades, para ejecutar traiciones, tanto como al que corroe votos para imponer fraudes. La voluntad democrática de los pueblos debería contar con blindajes de hierro y con castigos ejemplarísimos. Para que nadie se atreva a la falacia y para que nadie se sorprenda del castigo ejemplar y contundente. Por el engaño (también electoral) nos han traicionado más que por la publicidad… y ya es mucho decir. Es que estamos verdaderamente hartos de la democracia burguesa… urge el avance de la democracia participativa y de las bases.

Debería haber un comité popular de ética que sometiera a escrutinio y sanción el papel de aquellos “medios de comunicación” que solidarizaran con el plan de las mentiras en campaña y que, como resultado de su connivencia delincuencial probada, perdieran todo permiso para el uso de “medios” de manera definitiva… de por vida. Para garantizar la legitima libertad de expresión de la voluntad democrática. Por salud cultural y comunicacional para todos.

Debería exigirse, al lado de los requisitos para gozar de una candidatura (y del dinero del pueblo que eso conlleva en muchos países) la firma de compromisos de promesas, pasar de la palabrería de la “buena voluntad” aparente, a los proyectos realizables con explicación del sustento conceptual, político, técnico y financiero. Uno por uno caso por caso. Debería ser una exigencia pasar la prueba, el examen, que las bases decidan para garantizar el nivel de conocimiento y aceptación que desde la base debe tener cualquier candidato a cualquier cargo “público” o “privado”. Sin excusas porque de los cargos “privados” también salen dediciones que involucran a lo “público”.

Reina el desparpajo de la impunidad. Reina la alevosía en el descaro premeditado. Reina la estratagema del engaño que “embriaga” con demagogia a los votantes para traicionar lo dicho haciendo lo indecible. Reina el absolutismo de la desfachatez oligarca, irresponsable e impúdica, borracha de munición “antidisturbios” y oropel de “informativos” centrales. Ellos sonríen, bailan y cantan. Ellos se aplauden, se abrazan y se besan. Reina el relato de empresarios triunfadores de avaricia macabra sobre el abismo de las falacias donde pende de un hilo inflacionario la verdad que teje la amargura. Por decreto de “necesidad y urgencia”. Hay que ver el desastre que han hecho en México, en España, en EE.UU…

Así las cosas nos llenan con “frases hechas” inyectadas de estafa. Nos llenan las calles con propaganda de “cambios” y “futuro”. Nos llenan el oído con promesas endulzadas entre nepotismo promiscuo y capitalismo de amigos. Nos infectan la vida con su oratoria esculpida con cinceles de predicadores. Hablan de progreso a cambio de votos; hablan de felicidad a cambio de votos; hablan de empleo, educación, justicia, salud y vivienda a cambio de votos y prometen oportunidades a granel, aquí y allá, oportunidades a raudales, oportunidades para todos y en todas partes… igualdad de de oportunidades pero no igualdad de condiciones. Eso es sólo para ellos. La mentira como moneda de curso legal.

Es la pachanga desaforada de la “plus-mentira” convertida en parte del paisaje y en forma de resignación. Muchas personas aceptan que los “políticos” mientan porque andan en “campaña”. Como si fuese lógico o natural. La mentira premeditada queda liberada de toda culpa o penitencia. Reina la inmoralidad misma y se hace Cultura. El vacío de principios. La desfiguración alevosa de la realidad cómo signo de clase. El dogmatismo de la falacia, el fundamentalísimo de la irracionalidad impune. Y entonces lo falso es real.

Y, entonces, parece que la gracia es competir para ver quién miente “más bonito”. Quién promete “pobreza cero”, “hambre cero”, “desempleo cero”, “insalubridad cero”, “analfabetismo cero” … con desparpajo, sonrientes, rozagantes y cínicos. Acaso el “plus” de la mentira en la “pos-verdad” sea su capacidad de consenso aplastante, su manera de obturar la duda. Incluso su glamour autoritario. La “plus-mentira” basada en componentes dinámicos de usurpación simbólica para asesinar la verdad con las banderas de lo que se niega o se combate. Hitler se hizo llamar “socialista”, Franco en nombre de Dios produjo matazones diabólicas. Así que ni la “pos-verdad” ni la “plus-mentira” son novedades ni hallazgos teóricos actuales y acaso un factor decisivo, o de su vigencia, sea el uso de las tecnologías subordinándolas a sus fechorías. La tecnología aporta su “prestigio” para hacer más contundente el desprestigio de la verdad. Total pasará nada. Y todo conduce a la antipolítica. Los procesos electorales convertidos, por las mafias en el poder, en emboscadas ideológicas.

Estamos en una encrucijada de importancia suprema donde toda idea de “democracia” está en peligro y bajo amenaza. Es litigio filosófico profundo y crítico que atañe a la “verdad” sus búsquedas, encuentros y desencuentros siempre históricos. No sobre el valor de su existencia social e histórica sino sobre sus depredadores aunque en la “pos-verdad” se los niegue. Y todo esto pone de relieve la responsabilidad social por la verdad, su lugar y sus desafíos.

Es fundamental desplegar fuerzas políticas empeñadas en sellar con la verdad cada pliegue de las luchas sociales; marcar con el fuego de la verdad cada hecho social o individual de las masas y para las masas. La verdad que expresa la ética política de la lucha emancipadora. La verdad desde las bases con sus derrotas y sus victorias. La verdad y sus procesos, sus logros reveladores como saltos cualitativos de conciencia y compromiso. La verdad que es táctica inmediata de combate, la verdad revolucionaria siempre. En suma, si el capitalismo anhela manipular la percepción, las creencias y la confianza de los pueblos con mentiras, rumores y calumnias, con promesas prefabricadas para que se conviertan en todo lo contrario, para venderse en campañas políticas modelo farándula; para imponer “guerras económicas” y convencernos de que la voluntad popular no es confiable o lograr que nadie pueda reconocer la verdad de las luchas y eso deje de tener importancia… entonces hay que doblar la apuesta por la verdad que habita en las bases, en los pueblos y en sus luchas. Mentir no es una gracia.

  •  
    Anuncios


    Deja un comentario

    ¿Por qué desapareció Santiago Maldonado en Argentina?

    Por Daniel Cholakian – http://www.contrainfo.com/27005/por-que-desaparecio-santiago-maldonado-en-argentina/

    Santiago Maldonado desapareció el 1ro de agosto de este año, luego de la represión de la Gendarmería argentina ante una protesta. La acción violenta se llevó a cabo dentro de la Pu Lof en resistencia Cushamen, territorio perteneciente a la comunidad mapuche, en una inhóspita zona del sur del país.

    Árida y fría, la región es parte de un paisaje inmenso, donde pueden encontrarse comunidades indígenas, grupos de pequeños productores trashumantes y grandes capitalistas globales como Benetton o Lewis. Estos cuentan con millones de hectáreas, acceso privado a recursos naturales y connivencia casi ilimitada de los poderes políticos, judiciales y mediáticos de la región.

    Todo lo que sucedió en relación con la desaparición de Santiago Maldonado no es ajeno a cualquier posible relato latinoamericano. Una comunidad indígena reclama su derecho histórico a la tierra que habita y con la que vive. Los dueños de la tierra, apoyados por el estado, convierten a los territorios en propiedad y explotación capitalista. En cualquiera de nuestros países, del Río Bravo a la Tierra del Fuego, las comunidades indígenas son expulsadas, expropiadas y desplazadas de los territorios en los que se desarrollaron a lo largo del tiempo.

    Somos una enorme mayoría de mestizos, de hablantes multilingües, pero nos constituyó el gran relato del western y el elogio de la propiedad privada.

    Santiago Maldonado acompañaba a esta comunidad mapuche en su reclamo territorial. Siete u ocho de ellos cortaban una ruta nacional, junto a la entrada a la Pu Lof. Reclamaban por la libertad del lonco Facundo Jones Huala, detenido injustamente, dos veces juzgado y absuelto. El juez federal Otranto ordenó a la Gendarmería que despejará la ruta. Hacia allá fueron casi un centenar de hombres, con camionetas, vehículos especiales, armas y equipos de comunicación. Lograron rápidamente despejar la ruta, ya que en la noche del 31 de julio se había levantado el corte. Al otro día, los gendarmes persiguieron dentro de su propio territorio a los manifestantes.

    ¿Por qué los gendarmes ingresaron a la comunidad si ese espacio no depende del Estado federal y por lo tanto requerían una orden de otro juez? Allí se encuentra una de las claves para comprender la historia de la desaparición de Santiago Maldonado.

    La Gendarmería adujo que los miembros de la comunidad arrojaban piedras sobre sus efectivos desde su propio territorio. Lejos de retirarse y escapar al alcance de las piedras, el centenar de gendarmes avanzaron de modo violento sobre estos ciudadanos que, abandonados de todo Dios y todo gobierno, fueron siempre deslegitimados como sujetos de derecho.

    ¿Quién dio la orden represiva? Se desconoce a ciencia cierta, pero en todos los casos ha sido ilegal, pues no había orden judicial para ingresar al territorio de la comunidad. Las sospechas recaen sobre el jefe de gabinete del ministerio de seguridad, Pablo Noceti, quien estuvo coordinando las tareas en la zona en los días previos y en la misma jornada de represión. Tuvo reuniones con los jefes de los destacamentos de Gendarmería y se habría encontrado con grupos representativos de los terratenientes de la región. El plan era hostigar, estigmatizar y caracterizar de violentos a los habitantes de la Lof, de modo que pudiera avanzarse sobre ese territorio sagrado y vital que, habiendo sido ocupado por Benetton, fue devuelto a la comunidad en 2015.

    Si todos apuntan a Noceti, lo cierto es que su jefa, la ministra de seguridad Patricia Bullrich, afirmó ante el Congreso Nacional que él apenas estaba de paso “y se bajó a saludar”. No hay dudas que lo actuado por Noceti, a quien se encubre desde hace tres meses, es parte de la política del gobierno

    Los últimos 40 años

    Argentina ha logrado configurar un caso excepcional en materia de justicia en relación con los delitos perpetrados por la última dictadura. Hay desaparecidos en Chile, Uruguay, Brasil, Perú, Bolivia, Guatemala o El Salvador durante las dictaduras. Y bajo regímenes democráticos, los hubo y los hay en Colombia, Honduras y México. Pero el término “Desaparecido”, referido a quien fue secuestrado por motivos políticos y cuyo cuerpo no fue encontrado, se acuñó a partir de la experiencia de lucha en Argentina.

    Este año celebraron 40 de existencia dos organizaciones que trascendieron el país, pero que fueron centrales para esto: Madres y Abuelas de Plaza de Mayo.

    En estos 40 años la sociedad argentina generó un conjunto de saberes y subjetividades en torno a la tríada Memoria, Verdad y Justicia, que la mantiene movilizada permanentemente. Cada 24 de marzo, aniversario del último golpe militar, cientos de miles de personas se movilizan en todo el país en un acto que repone casi ritualmente el espanto y la memoria, impidiendo el olvido e (re)impulsando la búsqueda de la verdad y la justicia.

    Argentina busca cada día a sus desaparecidos, tanto desde la sociedad civil como desde el Estado. La memoria de la dictadura es acto y no mero gesto evocativo. Comprender la vitalidad de esta lucha es esencial para entender el enorme impacto social y político de la desaparición de Santiago Maldonado.

    Los largos tres meses

    Durante el tiempo en el cual Santiago estuvo desaparecido el gobierno evitó dar información, especialmente luego de una torpe y malintencionada presentación de la ministra Bullrich ante el Senado nacional. Ocultó información, minimizó la participación de su segundo (subordinado), Noceti, tanto en reuniones previas como en el mismo terreno de la represión y mintió sobre datos concretos de las acciones llevadas a cabo por la Gendarmería: falseó la cantidad de los datos de efectivos y móviles utilizados; negó el uso de armas, que luego se comprobó que llevaban algunos oficiales; situó la acción de los mismos a un espacio alejado del río Chubut, al que se supo luego llegaron al menos siete de ellos; y aseguró que ella iba a proteger a los gendarmes porque son muy necesarios para la política de seguridad del gobierno: “No voy a tirar ningún gendarme por la ventana”, afirmó.

    Los primeros testimonios conocidos de testigos presenciales, coincidían en que mientras todos los miembros de la comunidad huyeron y cruzaron el río, Santiago, que no sabía nadar, no lo hizo. Se escucharon gritos de los gendarmes asegurando que “tenían a uno”. Rápidamente, según los testimonios, los gendarmes subieron un bulto a una camioneta y luego de ésta lo pasaron a un vehículo todo terreno. Al hacerlo, varios gendarmes formaron una barrera humana que impidió ver que estaban haciendo entre los vehículos. Luego los vehículos salieron de la comunidad con rumbo incierto.

    La investigación, a cargo del mismo juez federal que ordenó desalojar la ruta, tomó el curso que el gobierno deseaba, y colaboró con el encubrimiento de la Gendarmería. El juez Otranto tardó semanas en ordenar el registro de aquellos vehículos, avisando previamente al ministerio de seguridad, que pidió a la Gendarmería que tuvieran esos vehículos preparados para la inspección. Eso les permitió que estos fueran lavados. Si alguna vez el cuerpo de Santiago o alguna de sus pertenencias estuvieron allí, era imposible encontrar cualquier rastro.

    La información oficial fue casi inexistente, pero el gobierno operó para distraer la atención sobre la responsabilidad de la Gendarmería a través de sus muchos medios aliados; los medios de comunicación.

    Primero difundieron un video en el cual se veía a un joven con rastras en un comercio de una provincia al norte del país. Afirmaban que un camionero había dicho que lo había dejado allí y que era Santiago Maldonado. Inmediatamente el joven Francisco Maestre se reconoció en el video y explicó, a través de las redes sociales, que quien aparecía en casi todas las pantallas argentinas era él y no Santiago Maldonado.

    Sin un sentido claro, más que distraer la atención, el diario Clarín publicó una nota titulada “Hay un barrio de Gualeguaychú en donde todos se parecen a Santiago”. También, según las noticias falsas difundidas cotidianamente, estuvo en un monasterio en la provincia de Mendoza, donde el sacerdote lo habría asistido; junto con un grupo de mapuches habrían atacado el puesto de una estancia y habría sido herido y probablemente muerto, ocultado por los mapuches; como aparentemente tomó algunas clases de artes marciales, se afirmó que un karateca como él no podría ser víctima de una represión sin armas de fuego; se informó de la aparición de un cuerpo con características similares en el sur de Chile, pero hasta la propia presidenta de ese país tuvo que desmentirlo; y en el colmo de las parodias, el juez mandó a allanar una peluquería en una localidad a miles de kilómetros de Chubut, pues la peluquera dijo que le había cortado unas rastras a un joven y que estaban allí, en su negocio. Más tarde una pareja dijo que en principios de agosto habían llevado Santiago Maldonado en su coche, pero lo informaron 20 días después porque estaban viajando y no le habían prestado atención a las noticias.

    Elisa Carrió, diputada electa por la ciudad de Buenos Aires, con más del 50% de los votos insinuó que el caso podría ser una maniobra del kirchnerismo para atacar al gobierno y, sobre el cierre de la campaña electoral, días antes de que se encontrara el cuerpo de Santiago, afirmó que “hay un 20% de posibilidades de que este chico esté en Chile con el RIM [por RAM]”

    Desarrollaron también un fuerte ataque a la familia Maldonado. Fuentes oficiosas dentro del gobierno llegaron a insinuar que Maldonado se mantenía oculto en colaboración con los mapuches, para sostener la idea de la desaparición forzada y perjudicar políticamente al gobierno frente a las elecciones legislativas. Así, la víctima era convertida en verdugo.

    La falsa información, que era replicada por funcionarios públicos como si fueran indicios de verdad, conducía a instalar una hipótesis: Santiago Maldonado nunca había estado en la comunidad mapuche y si había estado se había ido de allí por sus propios medios. En el peor de los casos, estaba muerto y su cuerpo había sido ocultado por los mapuches.

    Cuando ya nada de eso se sostenía, instalaron que podría ser que un gendarme se hubiera excedido y por efectos de la violencia hubiera fallecido. De ese modo habría un “exceso” y no desaparición forzada de persona.

    Al mismo tiempo los mapuches se convirtieron para los medios y funcionarios en el grupo terrorista llamado RAM (Resistencia Ancestral Mapuche), vinculados a las FARC colombianas y financiados por capitales británicos. “Atrás de la RAM hay una organización inglesa”, aseguró la ministra Patricia Bullrich. La estigmatización de los mapuches fue políticamente intencionada. La estrategia sirvió a invalidar sus reclamos y hacer poco creíbles sus testimonios.

    El lenguaje, que no es zonzo, es una de las principales armas del dispositivo de poder y control del Estado y sus aliados. O del poder y su estado aliado, nómbrelo como prefiera.

    Mientras tanto, Gonzalo Cané, secretario dentro del ministerio de seguridad, participaba cada mañana de los interrogatorios a los testigos junto al juez e instruía a los gendarmes sobre qué y cómo debían declarar. Lo que no hizo el juez Otranto para impedir que se conozca la verdad merece un artículo cuanto menos tan extenso como éste.

    A pesar de eso, la información que generaron la familia, los organismos de DDHH, muchos buenos periodistas y la propia comunidad, permitió arribar a una certeza: Santiago desapareció durante la represión ilegal de la gendarmería dentro de la comunidad mapuche.

    Las redes, las calles

    Rápidamente los organismos de DDHH recogieron el guante y acompañaron la demanda de los familiares de Santiago. Todas las palabras se hicieron una sola voz, recogiendo aquella experiencia de los 40 años: “Aparición con Vida YA!” fue el reclamo colectivo. Las redes sociales se hicieron eco con una pregunta excluyente “¿Dónde está Santiago Maldonado?”

    La imagen de Santiago se hizo ícono y sólo replicarla cargaba el aire con la demanda. Proclive a ganar la calle, la sociedad salió a reclamar por la aparición con vida de Santiago Maldonado, desaparecido por la gendarmería. La primera convocatoria fue el 11 de agosto, donde la concurrencia se mostró profundamente dolida. Volver a pensar en la desaparición de un joven que se movilizó por una idea política era inconcebible para miles de argentinos.

    La segunda marcha fue el 1 de septiembre, a un mes de la desaparición de Santiago, y convocó a cientos de miles. Esa noche, en una acción organizada por infiltrados, se desataron hechos de violencia durante la desconcentración y la policía cargó contra jóvenes que no participaron de ninguna agresión. Detuvieron personas a la salida de bares que ni siquiera estaban cerca del lugar. La represión fue violenta y el miedo se instaló nuevamente en los cuerpos. Ahora no solo había un desaparecido, estaban presos muchos jóvenes que habían ido pacíficamente a reclamar por Maldonado.

    Para el 1 de octubre, día en que se cumplieron dos meses de la desaparición, la marcha fue nuevamente muy importante. Pero había temor a la represión. Muchos hijos marcharon con sus padres, muchas organizaciones extremaron sus cuidados. Desde el palco los hermanos de Santiago, Sergio y Germán, pidieron a todos desconcentrar rápido y en paz.

    Esos miles de personas movilizadas, la insistencia de algunos periodistas que no dejaron de informar diariamente, y la presión de los organismos internacionales, lograron un cuadro de situación que facilitó el apartamiento del juez a pedido de la familia Maldonado.

    El nuevo juez, Cuando escuché a Sergio Maldonado decir que había estado siete horas cuidando el cuerpo sin vida de Santiago, que por entonces no estaba seguro que fuera de su hermano, no pude dejar de pensar en esas madres, estos hermanos y éstos Estados ejecutores de desapariciones forzadas de ciudadanos, y al mismo tiempo, encubridores de asesinos., cambió el enfoque, tomó medidas precisas y el 17 de octubre el cuerpo de Santiago Maldonado apareció ahogado en el río Chubut, a metros del lugar donde fue visto por última vez. Después de 78 días y al menos tres rastrillajes de la zona, Santiago fue encontrado en una zona por la que cientos de personas habían pasado desde aquel primero de agosto ¿es posible que nadie lo haya visto? ¿Estuvo allí todo este tiempo? Ojalá algún día podamos saberlo.

    Los días que restan por venir

    El viernes 20 de octubre se realizó la autopsia sobre el cuerpo de Santiago Maldonado. Al momento de escribir este artículo aún no hay ningún informe oficial al respecto. El juez Lleralsólo dijo al salir de la misma que “no hubo lesiones en el cuerpo, por lo menos que pudieran ser determinadas por los peritos”. Esto permitió que los voceros oficiosos y muchos funcionarios determinaran que Santiago Maldonado se había ahogado y que la Gendarmería no tuvo responsabilidad alguna en su muerte. Aunque muchos aseguran que el cadáver no estuvo allí durante los 78 días, e incluso afirman que por la profundidad del río en el lugar (cerca de un metro) era imposible que se ahogara, el gobierno y sus aliados dan por concluida la discusión y lo que ocurrió fue un mero accidente. La familia por su parte, asegura que Santiago fue asesinado. La calle volverá a ser el lugar donde los ciudadanos reclamaran ahora por Verdad y Justicia para Santiago Maldonado y su familia.

    Epílogo

    La tarde que encontraron el cuerpo de Santiago, su hermano Sergio y su cuñada Andrea permanecieron allí, cuidando que nadie tocara nada hasta que llegaran los peritos especializados. “Estuvimos desde las 13:00 hasta las 20:00 al lado de ese cuerpo, porque no confiamos en nadie y para que nadie le hiciera nada y que no lo tocaran. Porque desde un primer momento nos atacaron”, declararon.

    Hace exactamente un año yo estaba en México, y concurrí al Congreso Latinoamericano de Antropología Forense, donde se dio un gran espacio a los familiares de las víctimas. Pude hablar con varios de ellos, todos con historias muy complejas y desgarradoras. Pero hubo un relato de una madre que me impactó como pocas historias. Ella nos contó que a varias de ellas las llamaban para darles el cuerpo de su hijo y que al verlo, se daban cuenta que no eran quien decían que era. Si rechazaban el cuerpo, los funcionarios les decían que entonces debían descartarlo, porque para ellos estaba identificado y la familia no lo quería recibir.

    Algunas madres decidieron recibir esos cuerpos, darles sepultura y cuidarlos, convirtiéndose en custodios de un cuerpo que no sabía de quién era. No podía dejar su destino en manos de quien cuanto menos lo revictimizaba al privarlo de su verdadera identidad. Ellas cuidarían ese cuerpo hasta poder entregarlo a la verdadera madre.

    Cuando escuché a Sergio Maldonado decir que había estado siete horas cuidando ese cuerpo, que por entonces no estaba seguro que fuera de su hermano, no pude dejar de pensar en esas madres, estos hermanos y éstos Estados que son perpetradores y al mismo tiempo encubridores.

    La historia de Santiago Maldonado es parte de la historia de NuestrAmérica.


    Deja un comentario

    Pueblos originarios: Historia criminal de la Gendarmería

    http://www.anred.org/spip.php?article15364

    gendarme

    En la década de los ’60, quizás hasta principios de los ’70, miles de adolescentes – y no tanto – esperaban todas las semanas la llegada a los kioscos de la revista D’Artagnan, que junto con El Tony y Fantasía constituían el trípode que sostenía el éxito de ventas de Editorial Columba, por entonces líder indiscutible del mundo de las historietas en la Argentina. En las páginas de D’Artagnan, entre personajes mucho más famosos como Nippur de Lagash y Gilgamesh el inmortal o el agente de inteligencia Dennis Martin, se colaba un gendarme recio llamado Hilario Corvalán, creado por Sergio Almendro y dibujado, entre otros, por Néstor Olivera y Horacio Altuna.

    clip_image001

    Corvalán – igual que su antecesor, también en D’Artagnan, el Sargento Morales, vaya apellido – era de los buenos: tenía una conciencia moral impecable, respetaba la ley, obedecía las órdenes siempre correctas y mesuradas de sus superiores, perseguía a ladrones y contrabandistas, y nunca, pero nunca, cometía una injusticia contra un indio. No debe extrañar: el gendarme bueno Corvalán era por entonces una pieza más de una batería de penetración cultural que incluía historietas protagonizadas por buenos policías, buenos soldados y buenos marinos a través de los cuales se buscaba instalar –y sostener – en la sociedad argentina una imagen impoluta de las fuerzas armadas y de seguridad. Porque la bondad y la corrección de estos personajes no era una excepción sino que se mostraba como el reflejo del espíritu de las fuerzas que integraban.

    En todo caso, el espíritu de cuerpo que se dibujaba en Hilario Corvalán estuvo ausente el 1° de agosto pasado cuando fuerzas de Gendarmería entraron de manera violenta e ilegal en la Pu Lof de Cushamen para escarmentar a la comunidad mapuche y, en medio de una represión brutal, desaparecer a Santiago Maldonado. Tampoco se hizo presente los días que siguieron, cuando la Gendarmería, el gobierno nacional que la comanda y los medios hegemónicos montaron una batería de acciones de distracción, encubrimiento y criminalización de las víctimas para ocultar su responsabilidad en una desaparición forzada que, ahora se sabe, terminó en una muerte cuyas circunstancias y causas todavía deben investigarse a fondo en medio de una maraña de versiones falsas.

    Si algo tienen en común la ficción encarnada en el gendarme Hilario Corvalán de la historieta y la actuación de la Gendarmería Nacional en los hechos de Cushamen –pero también a lo largo de toda la existencia de la fuerza – es la vocación de encubrimiento del accionar criminal que atraviesa toda su historia.

    Télam 06/09/2016 Buenos Aires: La ministra de Seguridad de la Nación, Patricia Bullrich, acompañada de Gerardo Milman, secretario de Seguridad Interior, y Eugenio Burzaco, secretario de Seguridad, presenta el nuevo sistema de identificación para entrar a los estadios, que incluye una relación con el DNI de cada hincha. Foto: Jose Romero/telam/aa

    “Debemos recordarlos como lo que fueron: centinelas de la Patria que eligieron servir al país por vocación”, dijo en diciembre de 2015 la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, en la ceremonia de despedida de los 43 gendarmes muertos en un accidente vial cuando se dirigían a la provincia de Jujuy para colaborar en la represión de la Túpac Amaru como parte del plan del gobierno provincial de Gerardo Morales para desmantelar la organización social encabezada por Milagro Sala.

    La funcionaria reflotó así la imagen pública que el gobierno del conservador de Jaime Gerardo Roberto Marcelino María Ortiz buscó imprimirle cuando la creó, por Ley 12.367, en julio de 1938, durante la “década infame”. Centinelas de la Patria, guardianes de las fronteras, detrás de esas funciones manifiestas la Gendarmería no demoró en desnudar otro rostro, el de fuerza represiva del Estado al servicio de los grandes intereses económicos privados.

    clip_image003

    Esa misión ya venía impresa en su nombre, tomado de la Gendarmería Volante, un cuerpo mercenario privado creado por La Forestal, con el apoyo del gobierno santafesino de Enrique Mosca (futuro número dos de la fórmula de la Unión Democrática que enfrentó a Juan Domingo Perón en los comicios de 1946), luego de la gran huelga de los trabajadores de esa empresa en 1919. Conformada con los mismos criterios de reclutamiento que la Legión Extranjera francesa, la Gendarmería Volante fue utilizada sistemáticamente para reprimir a los obreros organizados hasta el cierre de la empresa de capitales británicos, en 1923.

    Quince años más tarde, la Gendarmería estatal nacerá con esa historia cargada en sus genes.

    La masacre de Rincón Bomba

    En junio de 2005, el abogado Julio García, representante de la Federación Pilagá, interpuso una denuncia contra el Estado nacional por “crímenes de lesa humanidad” en el Juzgado Federal N°1 de Formosa. Fue la primera vez que la inmensa mayoría de los argentinos escuchó hablar de “La masacre de Rincón Bomba” o “La masacre de La Bomba”, cometida por fuerzas de Gendarmería Nacional en octubre de 1947, en la zona formoseña de Las Lomitas, contra integrantes de los pueblos originarios pilagá que se habían concentrado allí cuando venían corridos desde Salta luego de trabajar en el Ingenio San Martín del Tabacal, propiedad de Robustiano Patrón Costas, sin que se les pagaran los salarios prometidos.

    clip_image004

    Unos meses antes de la matanza, alrededor de siete mil hombres, mujeres y niños de esa etnia habían llegado caminando desde Las Lomitas hasta Tartagal, en Salta, con la promesa de trabajo en la zafra. Las condiciones que ofrecía el ingenio eran paupérrimas, pero el hambre pesaba más. Un artículo publicado en 1946 por el diario El Laborista describe la situación sin eufemismos: “Los toma a trabajar en su ingenio y les paga lo que quiere. Si encuentran que las condiciones del ingenio son demasiado duras se escapan antes de cumplir con su contrato, la policía particular de Patrón Costas los persigue como si fueran caza mayor y los balea y mata si es necesario”, relataba.

    Terminada la zafra, les negaron los salarios y, ante las amenazas de la policía privada de Patrón Costas, emprendieron nuevamente a pie el largo viaje de regreso a Las Lomitas, en cuyo transcurso decenas murieron víctimas del hambre y las enfermedades. “Volvieron a pie hasta Las Lomitas porque carecían de medios para hacerlo por ferrocarril”, cuenta en otro artículo el diario Norte del 13 de mayo de 1947. Se instalaron en La Bomba, un paraje cercano, donde los pilagás se reunían para escuchar la palabra de un líder evangelista de la comunidad, Luciano Córdoba, conocido como Tonkiet.

    clip_image005

    Pero en Las Lomitas tampoco había trabajo y el hambre los seguía matando. Ante la gravedad de la situación, las autoridades provinciales se comunicaron con el presidente Juan Domingo Perón, quien ordenó, como parte de una ayuda mayor, el envío de tres vagones con alimentos, ropas y medicinas. La carga llegó a la ciudad de Formosa y permaneció en la estación, a la intemperie, diez días aproximadamente. Cuando llegó a Las Lomitas había un solo vagón lleno y dos semivacíos, con los alimentos en mal estado. De todos modos fueron distribuidos entre los miles de indígenas que los reclamaban. “Qué tanto se preocupa si al final son indios”, le contestó el delegado de la Dirección Nacional del Aborigen, Miguel Ortiz, al jefe del Escuadrón de Gendarmería, comandante mayor Teófilo Ramón Cruz, cuando éste le pidió explicaciones sobre el mal estado de los alimentos. El remedio fue peor que la enfermedad: se produjo una intoxicación masiva que causó decenas de nuevas muertes.

    Mientras tanto, comenzaron a circular rumores de un ataque indígena contra Las Lomitas para conseguir alimentos y Gendarmería formó un “cordón de seguridad” alrededor del campamento pilagá, con nidos de ametralladoras, carabinas y fusiles. Nadie podía traspasarlo, de modo que los indígenas quedaron encerrados en lo que en la práctica era un campo de concentración. El 10 de octubre, el cacique pilagá Paulo Navarro, conocido como Pablito u Oñedié, pidió una entrevista con el jefe de los gendarmes para buscar una solución.

    clip_image006

    Los gendarmes contestaron con balas y en minutos causaron más de trescientos muertos entre los indígenas atrapados sin salida. La masacre continuó durante toda la noche: “Pensando que al llegar la noche atacarían avanzando sobre Las Lomitas, efectuamos tiros al aire desde todos lados para dispersarlos. El tableteo de la ametralladora, en la oscuridad, debemos recordarlo, impresiona bastante. Muchos huyeron escondiéndose en el monte, al que obviamente conocían palmo a palmo”, se justificaría después el comandante mayor Cruz.

    Los asesinatos se prolongaron durante diez días, a medida que iban acorralando a los indígenas que habían podido escapar en dirección a Pozo del Tigre y Campo del Cielo, dos localidades cercanas. Patrullas de gendarmes, apoyadas por un avión, localizaron y mataron a otras doscientas personas, cuyos cadáveres iban quemando porque “no había tiempo para enterrarlos”.

    La demanda contra el Estado en 2005 calcula que en Rincón Bomba y sus alrededores fueron asesinados más de mil indígenas y que otros doscientos desaparecieron. El gobierno jamás investigó los hechos y no hubo sanciones de ningún tipo para los gendarmes asesinos. Al contrario, no pocos de ellos fueron ascendidos por su participación en la masacre.

    Una serie de entrevistas a ancianos nivaĉle realizadas entre 2014 y 2016 por los investigadores Gustavo Núñez, Marcelo Mendieta y Pablo Chianetta, permitió también reconstruir, setenta años más tarde, otras masacres cometidas por la Gendarmería Nacional contra trabajadores indígenas de otros dos ingenios del norte argentino, Ledesma y Esperanza. Los entrevistados refirieron también que, a continuación de cada masacre, sufrieron ataques de la Gendarmería en sus propias aldeas, lo que los obligó a cruzar el Río Pilcomayo y refugiarse en Paraguay.

    clip_image007

    Las causas y las consecuencias se repiten: “Muchos nivaĉle fueron engañados por el Ingenio Ledesma, y muchos murieron ahí y también en el Ingenio La Esperanza. Muchos trabajan los nueve meses, pero no cobraban, no les pagaron. Le daban por ahí pantalón, camisa, o un poco de tela, y nada más. Los blancos decían: ‘no hay que pagarles’. Había sido idea de los blancos que a esta gente no le vamos a pagar porque allá vamos a matar a todos”, relató uno de los entrevistados, Ts’ivanti (Eduardo Ponce Duarte).

    Los testigos de los hechos ya están muertos, pero sus historias fueron transmitidas oralmente de generación en generación, como parte del acervo identitario de sus comunidades. Sus testimonios fueron recopilados en el trabajo ¡Están! El Pueblo Nivaĉle en Formosa, de la Asociación para la Promoción de la Cultura y el Desarrollo, que fue presentado en julio pasado en el Congreso Nacional.

    A los efectos de esta breve historia criminal de la Gendarmería Nacional se recuperará aquí uno de esos testimonios, referido a la segunda de una serie de masacres relacionadas con el Ingenio Ledesma, hoy propiedad de la familia Blaquier.

    “Esta historia es muy mala que me contó mi papá. La segunda matanza de nivaĉle fue en Fortín Chávez. Esta matanza ya se sabía en el Ingenio Ledesma. Los gendarmes hablaron con los jefes del ingenio y les dijeron que les querían matar a los indios. El jefe de obra les dijo que no todavía, que les dejen terminar el trabajo y después ellos les largan, y ahí sabrán qué hacer ustedes. Trabajaron muchos meses, nueve meses, un año, y el jefe de la obra les decía a los nivaĉle que compren armas. Vat’ôsĵat compró una escopeta”, relató Môshee (Esteban Madrid Cano), que en el momento de la entrevista tenía 74 años.

    clip_image008

    “Siempre volvían en distintos grupos, de veinte, de quince. Así llegaron a ese fortín y les dijeron que descansen, que les iban a dar de comer, parecido a la otra matanza. A algunos les gustó la idea y a otros no les gustó y decían no hay que aceptar. Así que algunos quedaron y otros no. Los gendarmes les dijeron: pueden descansar acá, vamos a carnear una vaca para que coman asado y puedan cocinar, y eso le puso bien arisco a la gente, así contó mi padre. Él estaba en ese grupo, decía que ellos se separaron sino los gendarmes iban a matar a todos. Mi papá cuenta que el papá de una señora, que se llama Marta, desarmó su arma y puso en una maleta chica, y se fue con la gente que no quiso quedar. Cuando iban a mil metros, más o menos, ya se escucharon los tiros. Griterío dice que había, y ahí algunos en ese momento se escaparon. La matanza anterior fue en El Quemado, y ésta en Fortín Chávez, en el año ’40 más o menos. Los nivaĉle que iban solos se escaparon, y a los otros que quedaron, como era campo, los mataron”, continuó.

    “Vat’ôsĵat, que desarmó su escopeta, fue herido, y ahí se dio cuenta que también tenía escopeta y armó su escopeta. Mató dos gendarmes y corrió para escapar – siguió relatando -. Le seguían. Él encontró un pozo y se escondió en un chañaral tipo isla. Ahí se metió. Llegaron los gendarmes y vieron que entró ahí, y cuando fueron a ver él les tiró. Ellos también tiraron pero no le veían a él. Después vino el jefe de los gendarmes y él le tiró y le mató, y ahí vinieron los gendarmes y alzaron a su jefe y se fueron, y después de eso pudo salir para este lado y venir. Los gendarmes los perseguían con perros, con caballos, y algunos iban a pie. Esta historia no es buena”.

    El Estado tampoco investigó jamás ninguna de estas masacres, que recién más de medio siglo después comienzan a salir a la luz pública.

    Una historia repetida La participación de la Gendarmería Nacional en el plan sistemático de desaparición de personas implementado por el Estado Terrorista durante la última dictadura cívico-militar exigiría un artículo aparte. Los juicios por delitos de lesa humanidad han demostrado sin lugar a dudas la activa participación de la fuerza en la represión ilegal y probaron la presencia de muchos de sus integrantes en los grupos de tareas y los centros clandestinos de detención.

    clip_image009

    En pleno siglo XXI, cuando la Argentina lleva más de tres décadas viviendo en una institucionalidad republicana que no desconoce los altibajos en la calidad de vida democrática, la participación de la Gendarmería en la represión de los reclamos de las comunidades indígenas retorna, a la manera de los síntomas freudianos, dando cuenta de su verdadera estofa.

    Las acciones represivas brutales de los últimos tiempos contra las comunidades mapuches, con su momento (hasta ahora) más trágico en la irrupción en la Pu Lof de Cushamen que culminó con la desaparición y la muerte de Santiago Maldonado, muestran una vez más cuál ha sido una de sus funciones básicas a lo largo de toda su historia: la de una fuerza der seguridad del Estado instrumentada al servicio del poder económico.

    Ayer fueron los Arrieta-Blaquier de Ingenio Ledesma y los Patrón Costas del Ingenio San Martín del Tabacal; hoy se llaman Luciano Benetton y Joe Lewis. Los nombres cambian, pero la historia es la misma.

    Mientras tanto, el gobierno nacional y los medios de comunicación hegemónicos quieren contarles a los argentinos una nueva versión de la historieta de Hilario Corvalán, el gendarme bueno, centinela de la Patria.

    Pero la verdad no se puede encubrir con una historieta. La historia es muy distinta.


    Deja un comentario

    ¿Dónde está Santiago Maldonado?

    Julián Andreu – http://hamartia.com.ar/2017/10/01/autoamnistia/

    donde esta

    Cuando los asesinos de la dictadura sabían que el final de su oscuro, feroz y sangriento proceso que encabezaron desde el 24 de marzo de 1976 tenía final y la guerra de Malvinas le había puesto punto final político, los protagonistas buscaron su propio perdón.
    La Ley 22.924 promulgada el 22 de septiembre de 1983 se conoció como Ley de autoamnistía, algunos de sus artículos:

    ARTÍCULO 1º — Decláranse extinguidas las acciones penales emergentes de los delitos cometidos con motivación o finalidad terrorista o subversiva, desde el 25 de mayo de 1973 hasta el 17 de junio de 1982. Los beneficios otorgados por esta ley se extienden, asimismo, a todos los hechos de naturaleza penal realizados en ocasión o con motivo del desarrollo de acciones dirigidas a prevenir, conjurar o poner fin a las referidas actividades terroristas o subversivas, cualquiera hubiere sido su naturaleza o el bien jurídico lesionado. Los efectos de esta ley alcanzan a los autores, partícipes, instigadores, cómplices o encubridores y comprende a los delitos comunes conexos y a los delitos militares conexos.

    ARTÍCULO 5º — Nadie podrá ser interrogado, investigado, citado a comparecer o requerido de manera alguna por imputaciones o sospechas de haber cometido delitos o participado en las acciones a los que se refiere el artículo 1º de esta ley o por suponer de su parte un conocimiento de ellos, de sus circunstancias, de sus autores, partícipes, instigadores, cómplices o encubridores.

    ARTÍCULO 12. — Los Jueces Ordinarios, Federales, Militares u organismos castrenses ante los que se promuevan denuncias o querellas fundadas en la imputación de los delitos y hechos comprendidos en el artículo 1º, las rechazarán sin sustanciación alguna.

    Un proceso de terror que tenía una maquinaria propagandística a favor y era muy poco lo que se podía conocer. Las primeras que pudieron quebrar ese cerco de silencio fueron las Madres de Plaza de Mayo, a costa de que varias de sus miembros sufrieron la tortura y la desaparición. Aún con esto no se amedrentaron y siguieron adelante, gracias a ello el mundo pudo conocer el régimen de terror impuesto en Argentina.
    No voy a caer en la facilidad de decir que este gobierno es ni siquiera parecido a la dictadura, aunque juega al límite de la legalidad y de los principios que suponen una democracia.
    En ese “juego” de una legalidad precaria o extinta, sus lineamientos son bien claros, desde la frase “los DDHH son un curro” se intentan llevar puestos derechos básicos.
    Este gobierno carga ya en su corto período con una presa política, Milagro Sala, que ya no solo está privada de su libertad, sino que ahora intentan acallarla, ni siquiera puede expresar lo que piensa, solo les falta amordazarla, están a un paso.
    Pero tiene algo más grave, este gobierno carga con un desaparecido que cada día lo vuelve a desaparecer con sus infamias. Hace dos meses que no sabemos donde está Santiago Maldonado, mientras la Ministra de Seguridad juega a los soldaditos y a sacarse fotos con avioncitos tuneados, su renuncia sería la mejor noticia que nos podría dar.
    Tanto Mauricio Macri, como Patricia Bullrich, Marcos Peña, entre otros, son responsables y encubridores de la desaparición forzada de Santiago Maldonado, delito de lesa humanidad e imprescriptible como tal.
    Cuando este gobierno termine en el tiempo que sea ¿Dictarán su autoamnistía tanto en lo económico como en lo político? Un buen ejemplo fue la que intentaron llevar adelante los asesinos de la dictadura cívico militar, con todo el poder del Estado cautivo de su régimen de terror. Sería un buen espejo en el cual se podrían ver y no olvidar lo que tantas veces les hicimos escuchar a esos asesinos “como a los nazis les va a pasar, a donde vayan los iremos a buscar..”


    Deja un comentario

    Santiago Maldonado: crónica de una desaparición forzada

    Andrea Barriga y Ariel Petruccelli* – http://www.sinpermiso.info/textos/santiago-maldonado-cronica-de-una-desaparicion-forzada

     

     

    Es una tarde soleada en el valle neuquino, con algunas nubes que forman en su unión una posible tormenta… observamos la ciudad en su movimiento constante y nos preguntamos ¿Dónde está Santiago Maldonado? Chew müley am Santiago Maldonado? Un eco queda retumbando en el ambiente, el eco de su ausencia…

    …Chew müley am?…

    …Chew müley am? …

    …Chew müley am?…

     

    Es sabido por casi todos y todas las valletanas que las nubes que allá en el oeste forman la tormenta son “nubes de agua”, como se les dice a las nubes que en algún lugar de su recorrido descargan su lluvia. Estas tormentas son formadas en el Pacífico y habitualmente disparan sus aguas en la zona cordillerana, la cual tiene grandes valles con lagos de aguas trasparentes y muy frías e infinitos cursos de agua dulce que se entrecruzan, correntosos, hasta desvanecerse ya en el océano Pacífico, en el oeste, ya en el Atlántico. Cuando uno avanza hacia el este, hacia el Atlántico, el paisaje cambia bruscamente. Desaparecen los frondosos y mágicos bosques cordilleranos, se esfuma la zona montañosa y volcánica -con picos de hasta 3.776 metros de altura- plagada de pasos que se transitan en ambos sentidos, de este a oeste y viceversa. En esta zona, la cordillera de los Andes va descendiendo en altura hasta juntarse, al sur, con los océanos. El paisaje que nos espera por delante es ahora diferente: una planicie árida que se extiende por más de 500 kilómetros, helada en invierno y tórrida en verano, cuya vegetación no supera el metro y medio de altura. Pequeños arbustos agazapados, plantas de espinas puntiagudas, liebres, guanacos, zorros y ñandúes, arañas y víboras son algunos de los sobrevivientes en este clima hostil, en el que los cursos de agua escasean, sobre todo en el verano, cuando las temperaturas máximas superan los 35°C. Toda esta superficie fue antiguamente el fondo del océano. Este panorama se extiende por cientos de kilómetros hasta el Atlántico, que es contenido por acantilados en los cuales las olas golpean con el nehuen de kvrvf (la fuerza del viento), como reclamando un territorio que antaño fue suyo.

    En este espacio, al que los mapuche llaman Wallmapu, las relaciones sociales que se desarrollan son intrincadamente multidimensionales. Antiguamente, comunidades trashumantes de las “gentes de la tierra” recorrían los kilómetros que separan el Pacífico del Atlántico, buscando pastura para sus animales y comerciando continuamente. En la actualidad, convivimos en Wallmapu los descendientes de aquellos pueblos que se asentaron en estas tierras hace más de 12 mil años, los descendientes de los españoles que llegaron al continente hace 500 años, los descendientes de miles de europeos que arribaron huyendo de la miseria y de las guerras, dos estados nacionales que empezaron a conformarse hace 200 años y aún hoy continúan empecinados en desconocer su carácter colonial (en relación a los pueblos originarios), y las grandes empresas transnacionales que empezaron a llegar hace poco más de un siglo, por la tierra y las pasturas, y que hoy vienen por la riquezas ictícola, el petróleo y los minerales. La convivencia es muy compleja.

    En esta región, la población se dedica a muchas y diversas actividades. La misma se divide en núcleos urbanos de gran crecimiento en los últimos años, y extensas y casi despobladas zonas rurales. La “urbe” más grande del territorio es Temuco con 245.347 hab., seguida por Neuquén con 231.780 hab., San Carlos de Bariloche con 113.450 hab., y Padre las Casas de 58.795 hab. Todas estas tierras fueron apropiadas para los estados-nación de Argentina y Chile, por medio de una violenta invasión a los territorios mapuche que tuvo lugar a fines del siglo XIX, y que se conoce popularmente con los indignos nombres de “Conquista del Desierto” y “Pacificación de la Araucanía”. Así, Temuco y Padre Las Casas pertenecen a Chile, y Neuquén y San Carlos de Bariloche a la Argentina. Mientras más al sur, menos urbanidad.

    Hay una porción de la población que aún sigue produciendo sus medios de vida. Suelen ser pequeños productores que han logrado mantener un pedazo de tierra, y también comunidades indígenas que han resistido su desintegración por más de 500 años. También están los artesanos que viven de la venta de su producción manual, y muchas veces mantienen la movilidad intercordillerana que tuvo siempre la población de esta región. Es que la división política creada a fines del siglo XIX entre Chile y Argentina, tomando el cordón montañoso de los Andes como punto divisorio, no tomó en cuenta que en realidad esto nunca fue un impedimento para el contacto sociocultural entre ambos lados. Y aunque lo hayan intentado prohibir de diferentes maneras, la tradición ha sido más fuerte y se mantiene en la actualidad un constante intercambio e interacción de saberes, costumbres, personas, bienes, servicios y culturas. La cordillera es un puente, no una barrera.

    La zona de los lagos, como se conoce la parte norte y centro de la Patagonia, es también un lugar de encuentros. Personas de todo el mundo y de todas las edades disfrutan de estos paisajes maravillosos mientras andan a pie, con su mochila en la espalda, caminando kilómetros hasta que algún vehículo les ofrece un viaje sin costo hasta la próxima parada. Muchas de ellas aprenden a hacer artesanías en el camino, y es con la venta de las mismas que van sustentando los gastos del viaje. Algunos recorren así varios países.

    Un joven, nacido en 25 de Mayo, provincia de Buenos Aires, recorrió de esta forma Argentina, Uruguay, Brasil y Chile. En este último país, se había quedado con amigos que le regaló la vida, y a sus 28 años tatuaba para ganarse el pan. Su pertenencia era al mundo. Su apodo, “el Brujo”, describe a un joven interesado por el conocimiento de las hierbas medicinales de su tierra. No es mapuche, pero se reconoce en cualquier causa que considere justa. Cuando así lo creía, no tenía problemas en luchar junto a quienes estuvieran luchando. Apoyó la protesta de pescadores de Chiloé cuando una empresa tiró salmón podrido cerca de la costa generando una marea roja, contaminación de moluscos comestibles, que puso en jaque a los habitantes de la isla que se dedican a recolectarlos y venderlos. Con esa filosofía libertaria de la vida, Santiago Maldonado cruzó una vez más la cordillera de los Andes con intención de pasar algunos días en la comarca de El Bolsón, provincia de Río Negro, con sus otros amigos, y luego ir a visitar a su familia a 25 de Mayo. Según sus proyectos, volvería a Chile a tatuar nuevamente para juntar algunos pesos que le permitieran cumplir otra de sus metas: cruzar el Atlántico, rumbo a España…

    Sin embargo, los acontecimientos tomaron otro rumbo. Santiago estuvo en El Bolsón vendiendo artesanías; de allí se dirigió a la Pu Lof Mapuche de Cushamen, una comunidad de resistencia que ocupó una pequeña superficie en 2015, en el noroeste de la provincia del Chubut. Para llegar a la comunidad hay que tomar la ruta 40 y viajar al menos cien kilómetros en un paisaje que es boscoso al principio, y luego se torna achaparrado y desértico. Para quien le gusta viajar, como indudablemente es el caso de Santiago, la ruta 40 no puede obviarse. Recorre la Argentina en toda su extensión geográfica, desde la Quiaca al norte hasta los remotos confines australes. Ruta mítica, transitarla toda, más de 5 mil kilómetros, o por partes, es un placer para los viajeros. En esta ruta legendaria, salió al encuentro de Santiago una causa que él consideró justa: la lucha desigual que mantiene una de las comunidades del pueblo mapuche contra la poderosa empresa Benetton.

    La empresa Benetton es propietaria, desde el año 1991, de 900 mil hectáreas ubicadas en la zona de los Lagos, Chubut, y en la provincia de Buenos Aires. Este territorio, antes de la ocupación violenta y genocida del ejército argentino, era tierra en la cual vivían los mapuche. No eran sus propietarios, porque no tenían sentido de propiedad como lo entiende el capitalismo y sus representantes. La sociedad y la tierra, para los mapuche, es una unidad. Se piensan a sí mismos, y se sienten, “gentes de la tierra”: ellos le pertenecen a la tierra, no al revés. No eran sociedades “pacíficas” como quiere el mito del “buen salvaje”. Tampoco vivían en una guerra constante destruyéndose unos a otros, como lo pretende la “leyenda negra”. Tenían conflictos y generaban acuerdos políticos, como cualquier otro pueblo, para convivir en tan extenso territorio. Porque si bien es cierto que el territorio es inmenso, también es cierto que no todas las tierras son productivas. El clima de la Patagonia puede ser muy hostil.

    Los estados argentino y chileno persiguieron, secuestraron, torturaron, servilizaron y asesinaron a miles de indígenas, incrementándose la violencia entre 1860 y 1890. A partir de entonces las tierras de la actual Patagonia pasaron a ser fiscales en un principio, vendidas casi inmediatamente a terratenientes de la oligarquía y a empresas extranjeras. Desde ese momento el acoso hacia los hermanos mapuche es no sólo perpetrado por los estados sino también por los privados. Su objetivo, defender la propiedad capitalista de la tierra. Su método: violencia y represión, incluso cuando eso implique violar las propias normas constitucionales de una república democrática.

    La Constitución Nacional Argentina modificada en 1994 en el Artículo 72 inciso 17 establece: Reconocer la pre-existencia étnica y cultural de los pueblos indígenas argentinos (sic). Garantizar el respeto a su identidad y el derecho a una educación bilingüe e intercultural; reconocer la personería jurídica de sus comunidades, y la posesión y propiedad comunitarias de las tierras que tradicionalmente ocupan; y regular la entrega de otras aptas y suficientes para el desarrollo humano; ninguna de ellas será enajenable, transmisible, ni susceptible de gravámenes o embargos. Asegurar su participación en la gestión referida a sus recursos naturales y a los demás intereses que los afectan. Las provincias pueden ejercer concurrentemente estas atribuciones”.

    Irónicamente, los mapuche luchan amparados por la Constitución, mal que les pese a las autoridades.

    Así es que después de un largo proceso de organización la comunidad mapuche de Cushamen decide recuperar parte de sus tierras, e instalar la Pul Lof de Cushamen. La reacción del Estado argentino defendiendo los intereses de la Benetton no se hizo esperar: la comunidad comienza a sufrir hostigamientos de diversa índole, tanto de parte de agentes privados contratados por la empresa, como de parte de las fuerzas estatales: amenazas, detenciones, un puesto de gendarmería instalado en las inmediaciones, drones que sobrevuelan la zona, etc. En enero de este año, Gendarmería ingresó violentamente a la comunidad como castigo al bloqueo de una vía férrea de carácter turístico: La Trochita, que paradójicamente tiene como itinerario un viaje qué, partiendo desde Esquel llega a otra comunidad mapuche asentada en la zona, la comunidad recuperada de Nahuel Pan. Pero a la comunidad de Cushamen la desalojaron. Hubo varios heridos y las dos chozas de madera que tienen como hogar fueron incendiadas junto a “todos los bienes”: apenas un par de colchones y ropa. Fue la primera “cacería”. Los gendarmes obtuvieron como “presa”, junto a otros jóvenes que fueron detenidos, interrogados y golpeados, a Facundo Jones Huala, el Lonko de la comunidad, quien sigue preso en Esquel (a causa de un pedido de extradición de la justicia chilena). También detuvieron aquella vez a Ariel Garzi. Este último realizó denuncias de acoso y detenciones ilegales por parte de la policía, aún después de transcurridos meses de aquella violenta represión. Amigo de Santiago Maldonado, no estuvo en la represión del primero de agosto, pero cuando se enteró de que había desaparecido, lo llamó a su celular. Alguien atendió el teléfono. Cuando fue a presentar esta prueba, le otorgaron la “garantía” de testigo “protegido”. La ministra de Seguridad Patricia Bullrich, sin embargo, develó su identidad.

    Son muchas las personas que, sin ser mapuche, visitan la comunidad acompañando el reclamo. Artesanos, mochileros, viajantes, laburantes del lugar que se sienten solidarios con los hermanos mapuche. Porque muchas veces ellos, ciudadanos argentinos con “plenos derechos”, tampoco tienen acceso a las tierras, ni a las costas privatizadas de ríos y lagos. Luciano Benetton con más de 900 mil hectáreas, el multimillonario Douglas Tomkins con 350 mil hectáreas, Joe Lewis con 18 mil hectáreas y Ted Turner con 5 mil hectáreas, son propietarios de gran parte de la Patagonia, teniendo dentro de sus latifundios, lagos enteros y ríos desde su nacimiento a su desembocadura.

    En cada costa se lee: Prohibido Pasar. Propiedad Privada. La propiedad privada nos priva la libertad.

    Santiago llegó a la Pu Lof de Cushamen decidido a acompañar la lucha que llevaban adelante los peñi mapuche, ya no sólo por la devolución de la tierra, sino también como forma de denunciar el hostigamiento que sufrían día a día, y pedir la liberación de su Lonko.

    El piquete se instaló en la ruta 40. La misma atraviesa la estepa patagónica. Sube y baja según los caprichos del terreno. La vista llega hasta el horizonte, a no ser que la cumbre casi desnuda de algún cerro aparezca ocultándolo. De a momentos hay caídas bruscas; algunas demasiado empinadas, otras que descienden suavemente hacia el cauce de algún arroyo o río que tiene la voluntad de pasar por allí. Es el caso del río Chubut que atraviesa el territorio de la comunidad. Son tierras productivas. Puede haber vida social en ellas. Y es por eso que Benetton es tan receloso con las mismas. Las necesita para que los millones de ovejas que tiene pastoreen en la zona a fin de que produzcan la lana que es llevada como materia prima para sus empresas europeas. A nosotros sólo nos queda el paisaje de las ovejas pastando y balando. A veces, sus voces semejan gritos de dolor que se escuchan acompañando al viento en una fría tarde de invierno.

    Los gendarmes llegaron al piquete a la madrugada, cuando aún no asomaba el sol. Se ve en las imágenes la figura desgarbada y bamboleante de Santiago, junto a media docena de peñi que “hacían el aguante”. Un oficial lee la orden de desalojo. Comienza el operativo. Los peñi se retiran. Decenas de gendarmes comienzan la persecución a través de la árida estepa. Los uniformados irrumpen tierra adentro, violando la orden legal que establecía meramente desalojar la ruta 40. Balas, gases lacrimógenos, gritos, cacería. Barren con las ruca de madera, sacan brutalmente a las mujeres y niños que se resguardaban adentro, las incendian. Y, mientras tanto, continúan persiguiendo a su presa al grito de: “agarren a uno”. Los peñi, y con ellos Santiago, consiguen llegar a la costa del río Chubut, decididos a cruzar sus correntosas y gélidas aguas.

    Allí, junto al río, fue la última vez que los peñi vieron a Santiago. No alcanzó a cruzarlo. Los gendarmes lo alcanzaron, lo golpearon, lo subieron a un unimog y se lo llevaron.

    A Santiago se lo llevó gendarmería. Y nosotros, mapuches, europeos, argentinos, chilenos, ciudadanos del mundo, nos seguimos preguntando: ¿DÓNDE ESTÁ SANTIAGO MALDONADO?

    …Chew müley am?…

    …Chew müley am?…

    …Chew müley am?…

     

    * Andrea Barriga es profesora de historia y activista social en la Patagonia.

    * Ariel Petruccelli es autor, entre otros libros, de Docentes y piqueteros y El marxismo en la encrucijada.


    Deja un comentario

    Sin territorio no hay vida

    Jesús González Pazos* – https://www.alainet.org/es/articulo/187963

     

    En los tiempos que vivimos hablar de derechos humanos ha perdido mucho espacio y sentido en las grandes declaraciones políticas. Es una realidad que evidencia que éstos, en el pasado más reciente, se usaron en demasiadas ocasiones como arma arrojadiza con fines más de contienda político-ideológica que de preocupación verdadera por el ser y estar de la humanidad. Así, aun hoy, pese a la escasez de esos discursos, todavía estos derechos son usados con evidentes intencionalidades, cuando menos, muy discutibles. Se echa mano de ellos para condenar al gobierno de Venezuela, pero se olvidan los mismos cuando se habla, por ejemplo, de México (200.000 asesinados, 30.000 desaparecidos y 350.000 desplazados en la última década). Qué decir cuando se da asiento en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU a Arabia Saudí o cuando algunos gobernantes, pese a la constante violación de esos derechos y al financiamiento ideológico y dinerario del yihadismo que hace la monarquía saudí, justifican con no se sabe qué argumentos hacer negocios con ese país, ya sea vendiendo trenes de alta velocidad para el desierto o armamento de todo tipo y condición. El negocio es el negocio y los derechos humanos son otra cosa que no deben mezclarse con los primeros.

    Sin embargo, esto no debe hacernos caer en el pesimismo. En su mayoría el reconocimiento y ejercicio de todos los derechos humanos, individuales y colectivos, y para todas las personas y pueblos, debe de seguir siendo una constante en las acciones por construir sociedades realmente más justas y democráticas de hecho. Subrayaremos este último término, de hecho, en complementariedad imprescindible con otro, de palabra, que en demasiadas ocasiones se queda simplemente en eso, en la palabra, en el discurso sin su concreción en obra.

    Este mes de septiembre se cumple la primera década de una de las últimas declaraciones internacionales de derechos de las Naciones Unidas. La Asamblea General de este organismo aprobó el 13 de septiembre de 2007 la Declaración sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas. La misma suponía un hito en la lucha de más de 400 millones de personas que, a lo largo del planeta, siguen existiendo y exigiendo que se les reconozca como tales, al tiempo que como pueblos con los mismos derechos que los demás. Desde los procesos coloniales se había intentado eliminar, y así se había hecho en demasiadas ocasiones, a estos pueblos negándoles incluso el derecho a ser considerados personas, en un evidente ejercicio de racismo y xenofobia en sus grados más extremos.

    Pero la persistencia del movimiento indígena logró no solo volver a hacer visibles a estos pueblos ante el mundo, sino ir sentando en las mesas de negociación a muchos gobiernos para avanzar en el reconocimiento de sus derechos. A lo largo de las décadas 80 y 90 del siglo pasado se reformaron numerosas constituciones y se aprobaron leyes en múltiples países, especialmente de América Latina, que supusieron ostensibles avances en estos procesos. Incluso llegando a poner sobre la mesa de discusión nuevos conceptos de organización política como es la posibilidad del estado plurinacional en el marco del ejercicio del derecho de autodeterminación, o la filosofía del Buen Vivir como forma de organización del pensamiento, pero también social, política y económica, con especial reflexión sobre la relación con la naturaleza. Pues bien, uno de estos momentos culminantes está precisamente, por su globalidad planetaria, en la aprobación referida en la que la Asamblea General de Naciones Unidas reconocía y establecía el carácter específico de los derechos individuales y colectivos de estos pueblos.

    Evidentemente el paso siguiente, una vez conseguido dicho reconocimiento, está en el ejercicio verdadero y con garantías de la totalidad de los derechos, empezando por algunos centrales como es la posibilidad real de ejercer el de autodeterminación y a definir su propio desarrollo como pueblos, evidentemente, ambos en directa relación con el ejercicio de los derechos territoriales. Y este es el gran problema hoy, hasta el punto de que esa visibilidad y supervivencia recuperada vuelve a estar en peligro.

    El artículo 23 de la Declaración establece que “los pueblos indígenas tienen derecho a determinar y elaborar prioridades y estrategias para el ejercicio de su derecho al desarrollo”. Si entendemos éste último término como un todo que contiene la posibilidad de definir los caminos y formas de caminar por parte de estos pueblos, su ejercicio se convierte en elemento irrenunciable para poder seguir existiendo y siendo lo que ellos mismos definan y quieran. Porque además, el artículo 26 establece que “los pueblos indígenas tienen derecho a las tierras, territorios y recursos que tradicionalmente han poseído, ocupado o de otra forma utilizado o adquirido”, con el añadido de que “los Estados asegurarán el reconocimiento y protección jurídicos de esas tierras, territorios y recursos. Dicho reconocimiento respetará debidamente las costumbres, las tradiciones y los sistemas de tenencia de la tierra de los pueblos indígenas de que se trate”. Poco más habría por añadir ante la claridad de este artículado.

    Sin embargo, en el sistema neoliberal hoy impuesto estos derechos son permanentemente violados por agentes tales como las empresas, ya sean éstas nacionales o transnacionales, con la aquiescencia de los estados que, en la inmensa mayoría de los casos, prefieren proteger los “derechos” de las élites económicas en vez de los de estos pueblos. Así se ha denunciado en muchas ocasiones a lo largo de esta última década, y así hoy se sigue haciendo por parte de las organizaciones indígenas; estos pueblos soportan las mayores violaciones sobre sus tierras y territorios por parte de empresas cuyo único objetivo es la explotación salvaje de los recursos naturales para la obtención del máximo de beneficios económicos.

    Un repaso por diversos países, solo en el continente americano, permite entender perfectamente la realidad de la afirmación anterior. En los últimos tiempos del gobierno de Obama y los más recientes de D. Trump saltó a los medios de comunicación la protesta de los pueblos sioux (dakotas) ante la construcción de un enorme oleoducto en sus tierras y el alto impacto medioambiental que éste podría suponer.

    En Guatemala, el país “se vende barato” a transnacionales mineras o hidroeléctricas, irrespetando el reconocido derecho a la consulta previa, libre e informada que tienen los pueblos indígenas que día a día se posicionan contra estas violaciones territoriales. Honduras ocupó cierto espacio en la prensa tras el asesinato de la dirigente lenca Bertha Cáceres por la defensa de este pueblo del río que le da la vida; pero en este país es continuo el asesinato de líderes indígenas que luchan por esto mismo.

    La firma de acuerdos de paz en Colombia, a pesar de los grandes beneficios que éstos suponen para el país, ha traído consigo un aumento de las muertes de líderes sociales e indígenas en todo el territorio, tras los que se esconden interés del paramilitarismo en abierta confluencia con los de oligarquías y trasnacionales por explotar los recursos naturales que ahora, con el fin de la guerra, quedan abiertos a una carrera sin freno.

    En un salto al sur del continente, en estas semanas, se protesta en Argentina por la desaparición (1 de agosto) del joven Santiago Maldonado, quien participaba en actos del pueblo mapuche en la Patagonia en defensa de sus tierras y derechos. Argentina rememora así una de las páginas más negras de su historia, como fue la última dictadura y los miles de desaparecidos; el pueblo mapuche rememora el permanente expolio de los últimos 150 años sobre su territorio, hoy de la mano de empresas internacionales, como Chevron o Benetton que posee, ésta última, casi un millón de hectáreas en este extremo del mundo.

    Por todo esto en América Latina y por mucho más en ese mismo continente y lo invisibilizado en los demás (África, Asia…), cuando se cumple la primera década de la aprobación por las Naciones Unidas de la Declaración de Derechos de los Pueblos Indígenas, el grito de éstos es claro. El reconocimiento de derechos debe ir acompañado de su ejercicio porque, por ejemplo, sin territorio no hay derechos, hay empobrecimiento y aculturación que les aboca a la desaparición, no hay autodeterminación posible y desarrollo propio, en suma, sin territorio no hay vida. Y esto es algo sencillo de entender porque a todos los pueblos nos pasa lo mismo y así lo sentimos.

     

    * Jesús González Pazos – Miembro de Mugarik Gabe


    Deja un comentario

    Argentina – Tras la campaña antimapuche, una realidad: van por la tierra

    Diego Monton* – https://www.alainet.org/es/articulo/187860

    Un bombardeo mediático que apunta a instalar nuevamente, como hace 150 años, la idea de que los pueblos originarios son salvajes y violentos. Todo a base de mentiras y burdas generalizaciones. La desaparición de Santiago, y la indiferencia oficial, pareciera dar el mensaje de que cualquier joven de la ciudad debe pensar bien antes de solidarizarse con las causas indígenas.

    El Gobierno Nacional ha desatado una fuerte campaña de estigmatización y criminalización del pueblo mapuche y sus organizaciones, en ese marco se produce la desaparición forzada de Santiago Maldonado. Un bombardeo mediático que apunta instalar nuevamente, como hace 150 años, la idea de que los pueblos originarios son salvajes y violentos. Todo a base de mentiras y burdas generalizaciones. La desaparición de Santiago, y la indiferencia oficial, pareciera dar el mensaje de que cualquier joven de la ciudad debe pensar bien antes de solidarizarse con las causas indígenas.

    Sin embargo, no es solo contra el Pueblo Mapuche. Ya en noviembre del año pasado tanto el Diario La Nación como Clarín publicaron varias notas sobre casos en los que acusaban a “falsos indígenas” de “usurpar” campos de empresarios e inversores. Las notas hacen referencia a Salta, Santiago del Estero y Jujuy.

    En abril de este año, Gabriel Levinas, tituló en Clarín: “El fantasma de los Diaguitas, y una disputa absurda y cruel en los Valles Calchaquíes”, nota en la cual niega la existencia de los Diguitas, miente y descalifica a los referentes indígenas de la zona y luego arremete en defensa de un empresario.

    ¿Cuál es la motivación de esta sucia campaña? Aquí un posible hipótesis

    Pretenden anular la ley 26160, y generar las condiciones para que el capital financiero internacional profundice la subordinación de nuestras tierras y territorios a sus dinámicas especulativas.

    En el marco de la crisis global del capitalismo, los capitales especulativos desarrollaron estrategias para mantener sus tasas de acumulación de la mano de la mercantilización de la tierra y los bienes naturales. Lo que se tradujo en una ofensiva en todo el mundo, empresas y capitales que operaron procesos de acaparamiento y concentración de la tierra.

    Argentina no fue una excepción, sin embargo, el  kirchnerismo tomó cuenta de las luchas y demandas de diversas organizaciones y movimientos y se sancionaron una serie de Leyes que adquieren un carácter estratégico en ese contexto.

    En el año 2006, la ley 26160, amparada en el artículo 75 de la Constitución Nacional, declara la Emergencia en materia de posesión y propiedad de las tierras que tradicionalmente ocupan las comunidades indígenas. En el año 2009, fue sancionada, la ley 26.331 de Protección Ambiental de los Bosques Nativos, que plantea un ordenamiento territorial para evitar el desmonte indiscriminado, en el año 2011 la Ley de Tierras rurales (26137) que regula y pone freno a la extranjerización de la Tierra, y en 2015 la Ley 27.118 de Reparación Histórica de la Agricultura Familiar que entre varias medidas, legisla la suspensión de los desalojos a familias campesinas.

    A medio camino quedó la inclusión de la función social de la propiedad en el nuevo código civil, aunque se dio paso en el reconocimiento de la propiedad comunitaria indígena. Estas leyes, que bien se pueden analizar desde la perspectiva de nuevos derechos, (avances en el reconocimiento de los derechos de los pueblos originarios, las comunidades campesinas y los agricultores familiares) también son herramientas que ponen al Estado en un rol de control y regulación de los movimientos del capital financiero y conformaron un gran avance en la perspectiva de preservar los bienes comunes frente al avasallamiento privatizador del Neoliberalismo.

    La concepción sobre el necesario desarrollo colectivo para lograr el bienestar individual, podemos encontrarla en la mayoría de los habitantes del campo profundo, (agricultores familiares, campesinos y pueblos originarios), pues en la vida rural, se vive y sobrevive de la mano de la solidaridad. Además la relación con la tierra, la naturaleza y la producción es una relación que va mucho más allá de la ganancia, es una forma de vida, la tierra, es trabajo, es cultura, es memoria y es identidad. Esto plantea una contradicción fundamental con la lógica del capital financiero, lo que se traduce en conflictos territoriales que en innumerables ocasiones derivan en situaciones violentas, pues empresarios inescrupulosos intentan apropiarse de la tierra al costo que sea, que en muchos casos ha sido vidas humanas. Esta conflictividad es permanente, aunque no tiene la visibilidad que debiera por darse alejada de los centros urbanos.

    En el año 2013, la Secretaría de Desarrollo Rural y Agricultura Familiar de la nación publicó un “Revelamiento y sistematización de problemas de tierra de los agricultores familiares” dando cuenta de 857 situaciones de conflictos en todo el país, abarcando una superficie del territorio nacional del orden de 9.293.233,80 hectáreas que afectan a 63.843 familias de agricultores familiares.

    Los gobiernos kirchneristas crearon condiciones para que estos conflictos adquieran visibilidad institucional, así surgieron las leyes mencionadas, y también quedaron otras en el camino. La democracia llegó también para los campesinos indígenas y se dio un intenso proceso de formación política de las organizaciones que quizás no estaban del todo preparadas para los escenarios institucionales.

    Las características de clase del bloque que llegó al poder de la mano de Macri y Cambiemos no nos dejan lugar a dudas, pertenecen en su gran mayoría a los sectores económicos concentrados que históricamente estrecharon alianzas con el poder colonial e imperial, y hoy buscaran por todos los medios terminar con todo lo que obstaculice la libre circulación del capital y el saqueo de nuestros bienes comunes en manos de las corporaciones transnacionales. El Consejo Nacional de la Agricultura Familiar Campesino Indígena ya no cumple el rol para el que fue creado. Las organizaciones Campesinas, de la agricultura familiar y de pueblos originarios, prácticamente no tienen espacios de participación en el Estado, nuevamente todo el escenario institucional es de la Sociedad Rural y las transnacionales.

    Desde su llegada al poder, comenzaron la contraofensiva acorde a los intereses neoliberales, la Ley de Reparación histórica de la Agricultura Familiar (que entre muchas otras cosas plantea la suspensión de los desalojos de familias campesinas) nunca fue reglamentada a pesar de que estaba listo el proyecto y el informe para hacerlo. A la ley de Tierras rurales, el presidente Mauricio Macri la flexibilizó a la medida de las empresas extranjeras, mediante el decreto 820/2016. Respecto a la ley de Bosques Nativos comenzaron haciendo ensayos de modificación en Córdoba, pero el movimiento campesino, organizaciones ecologistas y sindicales los frenaron.

    La ley 26160 debe prorrogarse en noviembre o de lo contrario pierde vigencia. El Instituto nacional de Asuntos indígenas, ha relevado el territorio de 759 de las 1532 comunidades registradas de pueblos originarios, falta a relevar más del 60% para determinar su territorio y luego establecer los títulos de propiedad comunitaria.

    De no prorrogarse esta ley, más de 1500 comunidades vuelven a quedar jurídicamente vulnerables a desalojos. Hay tres proyectos en la Cámara de Senadores para lograr esta prórroga y sin embargo se viene dilatando su tratamiento.

    Sostenemos, que toda la campaña contra el pueblo mapuche está inserta en este proceso y que uno de los objetivos es la anulación de la ley 26160 para quitar herramientas jurídicas a las comunidades.

    Como lo han demostrado históricamente, los pueblos originarios no cederán, han defendido la tierra, la vida y la cultura por más de 500 años, los campesinos y campesinas tampoco se dejaran arrebatar la tierra sin presentar resistencia. La disparidad de fuerzas es enorme, de un lado trabajadores y trabajadoras de la tierra, del otro, grandes corporaciones apoyadas por el propio gobierno nacional, los medios hegemónicos de comunicación y un sector del poder judicial. Pero, la solidaridad de los trabajadores y una mayor articulación de las luchas urbanas con las luchas agrarias y populares cambiaría el escenario. La ética y la razón están del lado de los campesinos indígenas.

    Pero, lo que está en juego, no es solo la vida y la cultura de los pueblos agrarios, es mucho más que eso, es que la tierra y los bienes naturales queden totalmente subordinados al capital financiero, a los buitres, a la timba. Está en juego la soberanía alimentaria, las fuentes de agua dulce y los bosques.

    Quizás sea tiempo de que el movimiento popular en su conjunto, (el movimiento sindical, los intelectuales, artistas, políticos), profundice el debate sobre la tierra como un tema central para la emancipación de nuestro pueblo. Ahora, en plena campaña, donde debatimos sobre qué modelo de país queremos, sería importante poder contextualizar que la estigmatización del pueblo mapuche, la desaparición de Santiago Maldonado, la militarización de los territorios requiere propuestas políticas de fondo, entre ellas la función social de la tierra, desde una perspectiva pluricultural, que priorice los intereses del pueblo y garantice un desarrollo en armonía con la naturaleza, como uno de los pilares para construir la justicia social y para que las generaciones venideras también puedan debatir su futuro.

     

    * Diego Monton es miembro de la Coordinación Nacional del Movimiento Nacional Campesino Indígena (MNCI) y de la Secretaria de Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo (CLOC) Vía Campesina.